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Gerardo Romano: “El totalitarismo nazi tiene un puente de conexión con el totalitarismo neoliberal”

El reconocido actor sentó su posición sobre la situación política actual y relató su largo camino como laburante hasta llegar a las pantallas de las principales tiras televisivas. También dio detalles de sus roles destacados en El Marginal y en Un judío común y corriente.


Notas y fotos por Pablo Pagés.

El día anterior al trato de la Ley de Emergencia Alimentaria en Diputados los movimientos sociales acampaban en las inmediaciones del Ministerio de Desarrollo Social. Había quedado en verme con Gerardo Romano en su casa. Por el tráfico no pude llegar. Al principio me calenté, pero después vi cómo la poli reprimía a todo el mundo: mis cuestiones personales quedaron a un lado. A veces, cuando suceden estas cosas, uno tiene que ser considerado con los compañeros que están siempre marcando el terreno en busca de un poquito de dignidad.

Me excusé con él.

Trabajo en Aeroparque, dos días sí y dos no. Con eso me gano los garbanzos. Tengo compañeros de lucha que valen oro y por los cuales aún seguimos conservando nuestros puestos de laburo. Le pasé a Romano todos los días que tenía franco en Septiembre y Octubre, para encontrar un hueco.

Me tiró por wasap una tentativa de entrevista en uno de mis francos. A las seis, en su casa. Era perfecto. Salí con tiempo. Siempre exagerado. Conociendo Palermo aproveché para dejar el auto en un lugar seguro y recorrer la zona en busca de un bar que me guste. Fue una parrilla. Tenía algo de hambre. Pedí una parrillada para dos y una cerveza de litro. Algo de calor primaveral. Un libro que acaba de sacar Marvel Aguilera, que se llama La jaula humana, y un par de horas por delante eran el estado perfecto de las cosas en su tiempo. Pensé que iba a sobrar algo de la parrillada, pero no sobró nada. Haciendo la digestión dejé que pase el tiempo entre la cerveza y la literatura, hasta que, con un ánimo desconocido, le mandé un wasap a Gerardo diciendo que ya estaba por sus pagos. Al toque me respondió diciendo que arranque para su casa.

Toqué el portero y en seguida lo tuve abajo. Estaba con barba de unos días y el buzo al revés. No sé por qué me lo hacía más cheto. Pero en algo era como yo: un tipo que en su intimidad no le calienta mucho su aspecto, que siente más importante estar relajado y cómodo.

Mientras acomodaba mi cámara en el sillón contiguo, por si surgía algún plano sugestivo, saqué de un bolsillo de la mochila un papel todo doblado en donde había pensado unas preguntas. Romano puso a calentar agua en una pava eléctrica. Me ojeó de costado mientras ponía yerba en el mate. La pava cortó. Caminó dos pasos y se sentó frente a mí en un sillón. Le comento.

Vos sabés Gerardo que yo fui a ver tu obra con una amiga. Le pedí dos entradas a Caro Alfonso y le dije que por favor sean en la primera fila. No sé por qué quería eso. Sobre la última parte se apagaron las luces. Ella pensó que era el final y prendió el celular. Las luces se prendieron, sonó el celular en medio del silencio y vos viniste hasta el borde del escenario. La miraste y le pediste por favor si podía apagar el celular así podías continuar con la obra. Casi me mirabas a mí que estaba al lado. Fue muy fuerte ese momento. Bueno, aprovecho estar hoy con vos para pedirte disculpas.

Gerardo se ríe y me explica:

— Sí, soy de hacer esas cosas. Pasa algo, lo integro y sigo, como una demostración de alarde. Puedo estar contando el mejor chiste y que me interrumpan en el peor momento e igual hago un rulo y sigo. Entro y salgo, lo transformo en algo virtuoso. Como para que piensen: “mirá que buen actor será que lo retomó, hizo un rulo y quedó mejor”.

Agarro la cámara y le pido unas fotos. Vamos al balcón interno. El sol pega agradable. Señalo una inmensa pared del edificio cubierta por una gran enredadera; me comenta:

— Esa enredadera la planté yo. Que es la misma que hay en la punta. Fijate que hay una también por abajo.

¡Impresionante cómo prendieron todas!

— Apelopsis se llama.

Pienso un instante y tiro una idea.

Lo que pasa es que le debe dar mucho el sol.

— Sí, más o menos, no te creas, no les dan mucho el sol. Vos fíjate que esto es como un cuadrado interno relativamente alto.

¿Te gustan las plantas?

— Sí, mucho.

Gerardo tiene en su terraza interna unas cuantas macetas con distintas especies de plantas. Me cuenta pequeños detalles de ellas. También me dice que ha plantado miles de plantas, que vivió unos cuantos años por Santa Fé y que por acá tuvo una granja avícola de pollos parrilleros durante casi veinte años en un lugar que se llama Villa Ruiz, cerca de Luján. Después partió para el Uruguay, donde también plantó miles de árboles. Algo me llevó a retomar la conversación partiendo de un lugar distinto.


Contame de tu vida, de tu infancia.

Mis viejos eran clase media, media baja. Cuando los padres duermen con el hijo varón y la hija mujer en el mismo dormitorio, ¿qué sería? ¿Clase media baja? Cuando dice la gente que se enteró en lo de fulanita que a la noche ya no cenan más, que se hacen un buen sánguche con leche, ¿es un comentario de clase media baja, media o alta? Llanto al otro día de mi madre al decirles a los hijos que ya no podían cenar más, así que cómo no voy a entender lo que le pasa a la gente ahora. Yo me acuerdo que me avivé siendo chico y no se me borró nunca más, tendría seguro menos de nueve años; comíamos un pan francés con una feta de mortadela, un pan durísimo, sin un tomate, ni mayonesa, ni lechuga. Antes, el pan era el pan francés, que si le ponías una feta de mortadela era la soledad misma y era una sola feta de mortadela.

¿Tus viejos de qué laburaban?

Mi viejo era un tipo culto. Había leído filosofía, los grandes clásicos; sabía historia, le atraía especialmente la guerra de Europa, bueno, era el centro de todo Europa, es el centro todavía. Tenía dos carreras universitarias, era doctor en química y farmacéutico, y laburaba de las dos cosas. Se cagó de hambre de las dos cosas. Era director de un laboratorio también.

¿De qué época estamos hablando?

1950, era director técnico de dos laboratorios de renombre. Ahora no recuerdo los nombres. Pero no entraba un sope.

Épocas.

La historia argentina fue terrible.

Sin lugar a dudas. ¿Cuál fue tu primer laburo, una vez que terminaste la secundaria y te encontraste con que tenías que empezar a remarla en el tema laboral desde tan joven, ahí donde se le rompe la cabeza a todo el mundo, y ver si podías estudiar una carrera o algo por el estilo?

A los 19 años, me hice policía y mozo de bar, de barra, todo junto.

¿Y cuánto duró esto?

Duró un año. En realidad se hacía un curso para ser agente, un curso que duraba tres meses, digamos. En tres meses aprendías todo: a tirar, a usar el arma, a hacer el orden cerrado. Y entonces podías hacer otras cosas. Cobrábamos sueldos de agentes, hoy serían treinta lucas. Bueno, para un pibe de 18 años treinta lucas por ponerse una pistola, dirigir el tránsito, pedir documentos; te daba una presencia, una identidad. Y la ventaja además de la guita era que podías seguir estudiando, porque un policía hacía seis por veinticuatro, de lunes a sábado, seis días por semana, un día franco y dieciocho horas del día. Entonces yo podía laburar, ir a la facultad, estudiar abogacía, laburar de mozo y de policía. Dormía arriba de una tabla en el piso, y no es un eufemismo, porque el restorán terminaba a la una menos cuarto, pero después tenía que cargar la heladera: meter cuatrocientas botellas adentro, que quedan heladas cuando vas por la botellita número cincuenta y siete. Imaginate cómo te quedan las manos.

“Querían que haga una tapa para la revista Gente. Les dije que no quería, que me parecían una mierda ideológicamente, por el título “Nos equivocamos”. Me insistían, pero antes de hacerla quería saber cuál era el interés y era porque surgió que era el tipo más deseado, un sex symbol.”


¿Y con todo esto seguiste adelante con la carrera de derecho?

Así es. Hasta que me recibí y saqué mi matrícula en capital y de a poco me puse a laburar con el título y la matrícula en el área que más me gustaba, que por lo general era el derecho comercial y civil. Nadie se va a poner a hacer neurocirugía si no está especializado. Un médico cualquiera te pone el termómetro y te toma la fiebre, así pasa también en el derecho.

¿En ese momento vos ya estabas en la Juventud Peronista?

Yo ya había leído a los filósofos alemanes del siglo XIX, del siglo XVIII: Hegel, Schopenhauer, Nietzsche, sobre todo Nietzsche. Y después, de grande, empalmé con Engels y Marx. A decir verdad no era tan grande, tenía veinte años. Hay un filósofo francés que me rompió la cabeza, después de haber leído a Sartre y Foucault, que se llama Onfray.

Que ahora tiene la Universidad Popular de Normandie, casualmente viví más de un año en su capital, Caen. Tiene una crítica demoledora al pensamiento filosófico, ¿cómo es ese libro tan conocido…? “Erótica solar”, creo.

Sí, sí. Muy picante, muy, muy. Leí cosas de él que a mí me provocaron escozor.

Ahora que me acuerdo la Universidad Popular la tiene en Caen. Sí, estoy seguro. ¿Y en algún momento cuando estabas en la Juventud Peronista sentiste en riesgo tu vida?

No, porque no di ese paso. Llegué a expresar mi resistencia a la opresión a través de vínculos, pensamientos y acciones que estaban relacionados al daño sobre las cosas. Pusimos una bomba a un banco, también en una concesionaria, violencia sobre las cosas. No me daba para dar ese paso en el fuego armado y la violencia sobre las personas. No estaba preparado, no podía. Para robar tampoco, transformar algo que fuera un delito, el castigo, el dolor psíquico de la culpa, no podía. La primera vez que tuvimos una acción, en un acto, en plena dictadura, estábamos en una organización en la cual dimos el ok un compañero y yo, que éramos como amigos, y cuando llegó el día del hecho, que no sabía a donde era ni a qué hora por razones de seguridad, nos dimos cuenta que teníamos miedo. Lo hablamos y nos cagamos todos y fuimos y dijimos que no, que no teníamos los huevos para hacerlo. Está bien, no lo hagan, pero se quedan acá incomunicados. No sé, a mi me lo dijo el que manejaba la cúpula en la que me movía.

¿Qué año era eso?

Dictadura, ’66 a ’73.

[ Siempre hay un punto de giro. Una desviación, la posibilidad de ver otra perspectiva. Tenía que pasar a otro tema y no tenía lazo comunicante. Uno siempre vuelve a la retórica para solucionar momentos así. ]

Tengo un lejano recuerdo de vos, en otras décadas, en tus primeros trabajos de cine y TV, eras como un tipo algo duro en las peli, un seductor. ¿Jugabas ese papel, creo, no?

Sí, supongo que era algo que me pasaba en la vida, una deficiencia, llamémosle así. Y después pude hacerlo en la ficción, como una sublimación de cómo había transformado este tipo, este mozo de bar, entre otras cosas.

¿Cómo te corriste de ese lugar?

No sé, cómo te puedo decir… Sé que toda la vida me querían meter en un lugar que yo no quería, no quería en términos conscientes, pero había partes de eso que deseaba, supongo.

[De manera inconsciente se sucede como a la bartola otro desvío premeditado entre bambalinas].

En esta pregunta tal vez deba comentar una opinión personal: poco me interesa la oleada televisiva que provocan algunas declaraciones tuyas sobre temas que tienen que ver con la sexualidad. Pero creo que en un momento entraste en un juego disruptivo que puso en jaque la imaginería que el público había construido de vos como un tipo duro, recio; al hacer confesa tus cuestiones femeninas y cosas por el estilo. Ahora a la distancia, ¿qué crees que pasó, lo hacías de forma inconsciente para salir de ese lugar superficial de galán de telenovela?

No empezó así. Hubo un momento en el laburo que tocaron el timbre de mi casa y me dijeron que querían que haga una tapa para la revista Gente. Entonces les dije que no quería hacer una tapa, que no quería hacer una nota y que me parecían una mierda de gente. Me preguntó el porqué la directora de Gente, se llamaba Ana Donofrio. Les contesté que me parecían una mierda ideológicamente, por el título “Nos equivocamos”, por la dictadura militar y saraza. Y me insistían en por qué no quería hacer la nota. Querían que lo diga. Que lo deje explícito. Hagamos la nota y me la dejás leer antes que la publiquen, les dije. Bueno ok, me contestaron. Entonces hicimos la nota, pero antes quería saber cuál era el interés de hacerla con alguien que dice que no quiere salir en la revista porque no le interesa a quien está dirigida y que dice que es una mierda. Nosotros hicimos una encuesta, me dijeron, y surgió que eras el tipo más deseado, un sex symbol. Una categoría que hasta entonces nunca había escuchado en la Argentina, porque los actores eran galanes, eran altos, bien parecidos, de buena jeta, si bien no se podían sacar la camiseta porque tenían panza o fofedad o no tenían forma. Entonces conmigo había algo relacionado con eso que no encontraban en otros hombres. Yo les dije que era un hombre grande y que no me vinieran con eso de la encuesta, y aparecieron con una pila de papeles: numerados, foliados, con escribano y que sé yo cuánto, en donde había un trabajo sociológico y estadístico. Yo creí toda la vida que era solo para hacerme picar, pero estaban ahí también Miguel Angel Solá, Federico Luppi, Alfredo Alcón. No sé, los que estaban en esa época a esa edad, y ahí arrancó la cosa. Después claro, una cosa va llevando a la otra y terminaron viniendo de Playboy y me ofrecieron mucha plata para hacer unas fotos en bolas.

“Lo que es claramente un delito es el incumplimiento de la Constitución Nacional: contradecir una ley mediante el decreto reglamentario o nombrar dos jueces de la Corte mediante DNU o no pagarle al Correo”.


¿Tuviste alguna propuesta en lo pornográfico?

No, porno no hice. Solo fotos en bolas para la revista Playboy. Fotos eróticas. Pero fue por dinero, por mucho dinero.

¿En qué momento siendo abogado (porque vos laburaste un tiempo de abogado) entraste al tema de la actuación?

Tenía dos amores, la militancia y el rugby. Jugaba de wing en Olivos, un club clase media. El CASI, CUBA y todos esos son más oligarcas. Pero el equipo de Olivos no, porque en rigor no queda en Olivos, en realidad queda en Carapachay. Había en el equipo algunos apellidos paquetes. No podíamos hablar de nuestra militancia con un amigo que teníamos en común, que jugaba conmigo, sabíamos en lo que estábamos afuera, pero no lo hablábamos en el club para nada, porque nadie hablaba de política, no era un tema y menos en ese ambiente. Y bueno, te decía, la vejez deportiva es temprana. Me volví viejo deportivamente, antes era más temprana que ahora. Pero igual viste, la cagada a palos de la alta competencia existe, mirá lo que es Maradona, cómo se para, siendo un atleta de alta competencia le dio a los amortiguadores demasiado fuerte. Maradona está rengo porque fue un gran jugador de fútbol, ponía el freno y arrancaba y picaba.

Vos sos un tipo crítico. Yo creo que los “K” de alguna manera actualizaron y resignificaron el peronismo que estaba muerto y vapuleado por toda la década menemista, y no es por justificarlos pero entiendo que cubrir todos los ministerios cuando uno llega a un gobierno requiere de muchísima gente. Y viste como son las cosas, hubo muchos funcionarios que siguieron desde el “Turco”, en estratos de poder, y eso ayudó a que determinada prensa cercana a la oligarquía aproveche esos huecos.

Sí, claro. Yo no reconozco una corrupción en los K. Entiendo, como entiende Verbitsky, que la posibilidad objetiva es propia de un régimen totalmente totalitario y no hay delito en ninguna de las causas (podrá ser algo cuestionable éticamente). Alquilarle a un licitador de obras públicas no es un delito, es algo no bien visto éticamente. Lo que sí es claramente un delito es el incumplimiento de la Constitución Nacional: contradecir una ley mediante el decreto reglamentario o nombrar dos jueces de la Corte mediante Decreto de Necesidad y Urgencia o no pagarle al Correo o no pagar impuestos con la plata que uno tiene en el exterior. Esos son delitos claros, pero bueno, no están en la agenda de Clarín y La Nación y estamos listos. Porque, imaginate, si este tipo hubiese recibido una cascoteada con este desastre que tenemos y lo mal que llevamos viviendo estos cuatro años: la caída que hemos tenido en nuestra calidad de vida. Imaginate si este tipo le agregase todos estos choreos, esta cascoteada que tuvo Cristina.

Sí, coincido, me asombra la incapacidad que tiene este pueblo de no ver lo que está sucediendo, eso es lo que más me preocupa.

Y es también que el pueblo sale a la calle y matan treinta y seis personas. El antiperonismo se acuerda de la gente para cagarlos a tiros. Yo escuché los tiros y el helicóptero que se las tomaba. Y los tiros no eran en la Plaza, eran por ahí. Como conozco el ruido, me di cuenta al toque que estaban matando gente.

Está claro que juega con ese miedo, el miedo a la represión.

Y claro, si los caga a palos en cada vuelta, cómo no van a tener miedo. Han matado gente, Maldonado, Nahuel.

¿Vos crees que de alguna manera con esto que se viene con Alberto y Cristina volvemos a una suerte de peronismo renovado?

Va a ser un nuevo peronismo. De la simbiosis de Cristina y Alberto tiene que surgir lo mejor de cada uno, y que cada uno pueda poner lo mejor de sí y dejar afuera lo peor. Puede ser algo superador. Cuentan a favor con nuestras ganas de estar bien. Kicillof es también nuestras ganas de estar bien, su inteligencia, su claridad, su honestidad. No está buena la afirmación de que los K fueron corruptos. No encontrás un solo corrupto. Hay que aclarar bien lo de De Vido, lo de Esteche, ni hablar lo de Milagro. Es espantoso lo que estamos viviendo, y te lo dice alguien que estuvo diciendo esto mismo que estamos diciendo ahora en los medios. Yo lo decía, como muchos, habiendo ganado la elección Macri. Mientras todo el mundo estaba grogui y todavía no había asumido, yo lo consideraba Hitler, el nacionalsocialismo.

También veía que iba a suceder esto.

No, yo tanto no, quizá no me hubiera animado a hablar si hubiera sabido que iban a hacer lo que hicieron. No me hubiera animado a hablar, me hubiera cagado encima. Poder político, poder judicial, poder económico, poder mediático, todo, nunca se dio, no existía en los estados nacionales esta estructura coyuntural de la oligarquía. Se habla de todos los peronismos pero no del antiperonismo, y los golpes militares fueron todos antiperonistas. Las democracias fueron todas antiperonistas. El antiperonismo es muy superior al peronismo. Es un partido que venimos perdiendo en la historia. Vamos a salir ahora a la cancha de vuelta, otra vez. Imaginate que la derecha va a estar esperando con el fracaso, con los hambrientos, incentivando los quilombos, porque estos no tienen ningún prurito ético en hacer cualquiera. Son capaces de romper actos, de meter infiltrados, de encanar gente. Si a esa gente la tengo con un arma cerca yo me cago encima, digo: éste no tiene ningún inconveniente en matarme.

¿Es constitucional o inconstitucional la deuda?

Absolutamente inconstitucional. El artículo 75 inciso quinto de la Constitución establece que es el Congreso el que arreglará la deuda de la Nación; el que puede tomar crédito con un país extranjero es el Poder Legislativo, el Congreso, no Dujovne. El garca de Dujovne que tiene la guita afuera. Esta vuelta nos han cogido mal. En este momento constrictivo en términos económicos de la historia, estamos en el fondo del mar.

Sí claro, hicieron mierda un mercado interno que estaba absolutamente fuerte, es una cosa pavorosa.

Y la deuda, que pasa el cien por cien del PBI, quiere decir que trabajamos un año entero de cabo a rabo los doce meses y todo lo que producimos no paga la deuda. Y mientras tanto tenés que comer, pagar. O sea, es un imposible. ¿Se auditará a estos hijos de puta?

Esperemos que sí Gerardo.

¡Van a hacer negocios privados con Lagarde, van en el avión, se besan, hacen chistes y nosotros no nos enteramos de nada! Mientras, por acá, discutimos quince mangos del merendero escolar, quince pesos por pibe. Y cuando van y arreglan miles de millones de dólares no dicen ni mu, y esto está pasando por el Congreso. ¡Nos están tomando el pelo de una manera estos hijos de puta!

“Se habla de todos los peronismos pero no del antiperonismo, y los golpes militares fueron todos antiperonistas. El antiperonismo es muy superior al peronismo. La derecha va a estar esperando con el fracaso, con los hambrientos, incentivando los quilombos, porque estos no tienen ningún prurito ético en hacer cualquiera.”


[ Después de lo conversado me doy cuenta de una cosa, el tema El Marginal].

Me parece que hiciste una actuación superlativa en lo que va de tu carrera. Veo que el personaje de Antín está demasiado bien en tu carnadura actoral. Viendo tu pasado, barajo una hipótesis: muchos de los eslabones que componen esta estructura de la vigilancia, la corrupción y el castigo, son lugares que ya, por una u otra razón, conocés muy bien. ¿Hay algo de esto o yo estoy delirando?

No, imagínate que fui policía, fui abogado, fui Jefe de la División Sumaria del Ministerio de Justicia. Jefe de División Sumaria es un fiscal, solamente que una es una cuestión administrativa y la otra penal, ambas cosas. Se lo suspende, se lo expulsa, se lo exonera, siempre el hecho tiene consecuencias penales, o sea que había una actitud inquisitorial en mi personaje que la tenía registrada. Es que era un hijo de puta.

¿Quién, vos?

Sí, yo. Teníamos esta situación: alguien llegaba tarde, esperaba, lo acompañaba a la vereda y le decía “no, Pagés, es así la cosa” y te cortaba la cabeza con un hacha. No sé por qué esa cuestión de ser tan inflexible con todo. De mi padre seguro. Yo no conocí nunca una situación deshonesta de mi padre.

¿Cómo entendés el sistema penitenciario?

Ah, es el mismo esquema occidental, universal. El paradigma del presidio es el de Ushuaia, que es foucaultiano, con su panóptico y su organización.

En El Marginal vos lo tenés con todos los televisores en tu oficina.

Claro, porque rompe la relación de uno con el otro. Uno deja de existir, el uno desaparece para el otro, esa cosa de que no te pueden ver.

Todo esto me lleva a recordar los comienzos de la modernidad, allá por el 1830, en Inglaterra, en Ancoast, Manchester. Nuestro amigo barbudo sentado en un bar tomando todo ese presente como laboratorio de análisis para empezar a escribir El Capital y hablar de la plusvalía. Nos estaba diciendo que si esto seguía así cómo lo estaba viendo él, terminaba todo como la mierda.

Sí, yo opino lo mismo. Esa clarividencia. Marx en ese momento vio como funcionaba esta máquina que se llama capitalismo dentro de un sistema liberal bastante joven. Nosotros éramos “el otro” para ellos. Europa era el logos, el conocimiento, la fuerza, el Imperio. La mismidad absoluta. Parece una gran metáfora lo del Titanic, una civilización que se caía desde su centro o comenzaba a caerse.

En Un judío común y corriente se hace referencia a esto. A esa construcción occidental y cristiana que se desmorona con el holocausto. Esa capacidad aterradora de construir mitos que condenan de forma injusta a un pueblo, porque según lo que se cuenta fueron los judíos los que crucificaron a Cristo. Qué locura agarrarse de un argumento tan improbable para condenar a muerte a millones. Pero por otro lado, el pueblo alemán dio nombres como Nietzsche, Marx, Hesse, Hegel, Kant, Ana Frank, Schopenhauer, Thomas Mann, Lutero, Bertolt Brecht, una cultura hipercreativa, una espina dorsal filosófica que de alguna manera dio vuelta al mundo en un siglo.

Sí, claro, se llevaron Grecia, el pensamiento griego, a Berlín y se dio toda esta pléyade de grandes pensadores. Además, el hecho orgánico de encontrarse con las carnes rojas, los germánicos y los judíos, lo cual les da una capacidad en su coeficiente intelectual mucho más fuerte en comparación a otros pueblos. Es la bestia germánica de la que habla Hegel y Heidegger.

Siento esto que decís en Wagner.

Cuando escucho a Wagner me dan ganas de invadir Polonia.

[Ambos conocíamos esta frase de Woody Allen y nos reímos un instante].

¿Y todo esto se relaciona con la obra de teatro que estás haciendo?

Por eso mismo estoy haciendo Un judío común y corriente. Porque el totalitarismo nazi tiene un puente de conexión con el totalitarismo neoliberal. Por eso dije que Macri era Hitler. La cultura judía tiene varias capas en donde conviven varios judaísmos. Está el judaísmo de Verbitsky que es el que está en contra de la política israelí; la izquierda que está a favor de la política de derecha israelí; está el judío de derecha que está a favor de la política de derecha israelí; y está el judío itinerante, el judío errante, el diaspórico. Este personaje no manda a palestinos a matar y robarles las tierras, solo quiere ser un judío común y corriente.

¿Está bueno ser hombre?

Que buena pregunta. Está bueno existir, vivir. No sé cómo será eso de estar en la nada, porque si uno está en esa nada no tiene absolutamente ninguna consciencia. No hay percepción de la nada.

En la dedicatoria del libro que te dejo escribo “somos un intervalo entre dos ausencias”.

Sí, claro, más cruelmente dicho venimos de la nada y volvemos a la nada. La diferencia es que la segunda nada es para siempre, está enlazada con el concepto de eternidad, y la eternidad si uno la percibe en su verdadera dimensión es absolutamente enloquecedora.

La concepción de infinito me aterra.

El mundo va a girar y girar indefinidamente hasta que estalle.

¿Qué es lo que más querés que pase en este momento?

¡Que se vaya Macri! Claro, solo eso.

Somos dos.


Se produjo un silencio muy profundo y le dije que ya era suficiente. Me dio la razón. Solo comenté por arriba que había nacido en el ’74. Cuando Perón echó de la Plaza a Montoneros tratándolos de imberbes, yo estaba en la panza de mi vieja. Mis padres eran “monto” en esa época, y mi viejo estuvo en esa plaza. Tal vez, Montoneros no comprendió la vejez de Perón y lo que quería en ese momento. La cuestión fue que, un año más tarde, tuvimos que hacer un exilio interno a Tandil hasta mis veintidós años.

Gerardo me pasa un mate, ya un poco frío. De la mesa ratona que separa los sillones agarro un papel doblado sobre el que había hecho el punteo de temas. Meto la cámara en el bolso y me levanto.

Terminamos Gerardo.

— Ni me dí cuenta, cómo pasó la hora. Aguantá que busco las llaves y bajo a abrirte.

Mientras bajábamos por el ascensor se da cuenta que tiene el pulover al revés. Me mira y le contesto manteniendo el tono de cordialidad.

No te preocupes, da una onda de entrecasa que suma.

Salimos a la vereda. Nos dimos un abrazo ligero y levantamos las manos a la distancia con los dedos en V y comencé a caminar rumbo al auto que, a decir verdad, no recordaba dónde lo había dejado. Con esto de las bicisendas en algunos barrios se hace imposible. Es una tarea que te lleva media hora, por lo menos. Cuando encontrás un lugar, lo aparcás y salís corriendo. Recordaba la parrilla, que había caminado un par de cuadras, pero nada más. Llegué a la esquina y sobre la vereda de enfrente vi un bar bastante lleno. Ni lo pensé, crucé la calle, pedí una pinta amarga y bien fría, y fui bajando las revoluciones hasta tener una idea más clara de mis pasos anteriores.

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