El Pregonero

Megaminería en Mendoza: Otra vez los perros del imperio


Por Pablo Pagés. Fotos Jo Thomatis

Las principales asociaciones referentes de la industria y la economía de la provincia de Mendoza aseguran que es insostenible, que ha disminuido la rentabilidad y la competitividad. Buscan plantear soluciones a mediano y largo plazo a través de la explotación minera a cielo abierto. Algo que en el mundo ya está dentro de los parámetros de lo inadmisible.

“Estamos ante una situación insostenible: los altos niveles de inflación y tasas de interés, las dificultades en el acceso al financiamiento, los niveles récord de presión impositiva del Estado nacional, provincial y municipal, están llevando a una fuerte disminución de rentabilidad de muchas actividades económicas y pérdida de competitividad, y con ello a la incapacidad para generar nuevos puestos de trabajo”, asegura el informe Desarrollo Económico de Mendoza. Bajo este panorama, estando o no en las primeras nupcias de un Gobierno que propone un desarrollo provincial integral, se encuentran los sectores más rancios de las economías locales, que parecen no soportar un minuto más las pérdidas de rentabilidades. La participación de los sectores del Producto Bruto Geográfico (PBG) constante de Mendoza arrojó que, en 2016, la mayor intervención fue de comercios, restaurantes y hoteles (22,8%) y de los servicios comunales, sociales y personales (19,6%). En tercer lugar se destacaron las industrias manufactureras (15,5%), seguidas por los establecimientos financieros (15,4%). Según este informe, el sector agropecuario sólo abarcó el 5,8%.

Se entiende que las palabras del flamante presidente funcionan para la mayoría de la sociedad pero no así para los grandes productores de materias primas, que no quieren alternar sus producciones con nuevas posibilidades de diálogo constructivo. En este sentido, tanto el campo de la pampa húmeda como las regiones que siempre sostuvieron sus rentas extraordinarias, en una producción vitivinícola atomizada en pocos nombres, ven imposible su desarrollo sin la participación subsidiaria de un Estado que siempre ayudó a los grandes oligopolios de la región. Si a todo esto le sumamos que las condiciones meteorológicas del clima están cambiando de cabo a rabo por todo el país, es evidente que en los últimos años hemos tenido una pérdida, desconocida hasta la fecha, por los enormes latifundios y bodegas. En este marco, que debiera ser un punto de arranque de diálogo entre el Gobierno y los que venían de tal o cual forma de una producción por zonas geográficas determinadas, sería más inteligente comenzar a pensar cómo se puede hacer para sustituir esas pérdidas con otras actividades. Pero no. Nunca pasa de esta manera. Los dueños de esta patria lastimada muestran su dentadura rabiosa y empiezan a desarrollar la alternativa más cruel a nuestro ecosistema. Esto significa que el desarrollo de la minería a gran escala es un peligro inminente que puede llevar a la región a perder los pocos canales de irrigación por contaminación de químicos con los que se trabaja.

Mendoza se construyó hace bastante tiempo con los diques en altura y los canales y ríos que hicieron fértil toda la zona. La minería a cielo abierto que propulsa la modificación de la Ley 7722 sería literalmente la desaparición de la provincia como región productiva y un riesgo inminente para toda la población. Pero ¿qué se puede esperar de este gobierno radical mendocino que ha coqueteado más con la derecha abyecta que con las posibilidades de los sucesivos gobiernos peronistas, empezando por Néstor? Macri fue uno de los principales promotores de la megaminería en todo el país. Ha regalado a tabla rasa todos los dividendos que se pueden extraer de la misma actividad sin cobrar un céntimo de retención.

Lo que vemos ahora es un pueblo empoderado y consciente, que está luchando para evitar que esta pesadilla se lleve adelante. También queda claro la brutalidad homicida con la que el gobierno provincial intenta frenar al pueblo. Otra vez represión. Otra vez los perros del imperio trabajan desorbitados. Otra vez la gente sale a la calle a defender su tierra. Esperemos, rogando a cualquier virgencita de ruta solitaria, que esta caterva de psicópatas no sigan avanzando en su locura.


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