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Madre Ficción | Una tragedia griega uruguaya

La obra de Mariano Tenconi Blanco despliega un sutil juego de espejos: un dramaturgo porteño, interpretado por Diego Velázquez, recibe el encargo de escribir una obra, pero solo logra llevar un diario donde se repite, día tras día. Una sensibilidad que vuelve cotidiano lo trágico y poético lo aparentemente menor.


Por Cecilia Perna.

¿Qué tienen en común la antigua Atenas y la actual Montevideo? Por supuesto: la fiesta coral. Tanto la murga uruguaya como la tragedia griega clásica se abren a la escena en un tiempo festivo, fuera de la rutina de la cuidad; en concursos de espectáculos que ponen en crisis la identidad colectiva y personal. En los escenarios, se despliega un coro que se extiende fusionado con el público y, a la vez, amuralla y protege el piso sagrado en que el drama se revela. El drama… y la comedia.

En octubre de 2024, la obra Madre Ficción, del director y dramaturgo argentino Mariano Tenconi Blanco, fue estrenada por la Comedia Nacional de Montevideo, la histórica compañía de teatro que, por esos momentos, festejaba sus 77 años de existencia. En efecto, la obra fue un encargo que se le hizo al dramaturgo, para estrenarse en el marco de esas celebraciones. En un juego hermoso de fractales, la historia pega sus volteretas: Butti, el personaje encarnado por Diego Velázquez, es un director y dramaturgo teatral de Buenos Aires, que recibe un encargo de la Comedia Nacional de Montevideo, para estrenar una obra, en 1994. Quiere escribir un drama, pero solo le sale un diario, un diario en el que repite -día tras día- el drama de no poder escribir lo que le encargan.

“La máscara, como en el carnaval, es también en el teatro la chance de decir la verdad a través de los disfraces. Esa verdad que no se esconde bajo el disfraz, sino que, por el contrario, habita el disfraz mismo


Piensa en escribir una “obra luminosa”, igual que alguna vez el escritor uruguayo Mario Levrero tuvo que escribir La novela luminosa y llenó páginas y páginas contando día a día, su imposibilidad de escribirla. Butti está trabado y, en ese entretiempo, le pasa la vida. Piensa en Uruguay y piensa en autores consagrados: Idea Vilariño, Juan Carlos Onetti, Marosa di Giorgio, Delmira Agustini, Florencio Sánchez; pero también en su madre y su abuela, inmigradas a Buenos Aires, que le regalaron una Montevideo de fantasía, a través de los relatos de infancia. Butti, el personaje, en esto también hace espejo con Tenconi Blanco, para quien Madre Ficción es una obra autobiográfica: la historia, a la vez real y enmascarada, de las mujeres de su propia familia.

Es que Butti es la máscara que Velázquez porta en escena para narrar la verdad de Tenconi Blanco. La máscara, como en el carnaval, es también en el teatro la chance de decir la verdad a través de los disfraces. Esa verdad que no se esconde bajo el disfraz, sino que, por el contrario, habita el disfraz mismo.

Tenconi Blanco, en la máscara de Butti, sube al escenario corporizado en Velázquez. El cuerpo de Velázquez actuando, es el cuerpo del director desplegando y dirigiendo la escena sobre las tablas. Y aquí está el punto de coincidencia más imprevisto: si, como dice Butti, su obra es “una tragedia griega uruguaya”, la tradición tan uruguaya de la murga y la tan clásica de la tragedia griega coinciden en esto: el director del coro y el corifeo, lejos de ser autoridades externas a la escena, están inscriptos en ella y participan activa y responsablemente del espectáculo. Son ellos quienes gestionan el tiempo del ritual, ordenando y propagando las ideas, el ritmo y los afectos que van y vienen, de los personajes al público y del público a los personajes. El director de la murga, el corifeo, la máscara encarnada de Butti permanecen en el borde: gestan desde adentro y siembran hacia el afuera, creando una retroalimentación entre el público y la escena que no permite distinguir el límite que separa lo estrictamente ficcional de la metaficción.

Sobre el final de la obra, primero un monólogo, luego un diálogo, transforman personajes cotidianos en míticos; después, un singular y divertido deus ex machina termina de desdibujar las fronteras, haciéndonos, a los que estamos en las butacas, parte constitutiva de la ficción y, claro, también, volviendo la escena una realidad tangible.

¿Acaso, nos preguntamos al pasar, hay fronteras tangibles atravesando el Río de la Plata?. Antes de salir de la sala y abandonar el ritual, nos fundimos en el aplauso como en el abrazo abarcador de una madre. Quizá, la posibilidad mágica de fundirse en otrxs es la más vieja magia que sobrevive y que nos siguen regalando los escenarios, los directores-madres que no dejan nunca de implicarse por completo en el asunto.

FICHA TÉCNICA

Elenco: Diego Velazquez, Camila Peralta, Marcos Ferrante y Valeria Lois. Músicos en escena: Ian Shifres y Gonzalo Pérez Terranova. Escenografía: Rodrigo Gonzalez Garillo. Vestuario: Mariana Seropian sobre un diseño original de Cecilia Bello y Johanna Bresque. Iluminación: Matías Sendón. Música original: Ian Shifres. Coreografía: Jazmín Titiunik. Asistencia de dirección: Pablo Cusenza. Asistencia de producción: Florentina Messina. Realización de escenografía: Leandro Aguirre, Hernan Mazzaro y Feferico Barreiro. Fotos: Sebastian Freire. Comunicación y prensa: Cecilia Gamboa. Comunicación digital: Lisandro Outeda, Laura Mateu. Diseño gráfico: Trineo. Coordinación de montaje: Pablo Quiroga. Producción: Carolina Castro. Producción general: Comedia Nacional de Montevideo y Compañía Teatro Futuro. Dramaturgia y Dirección: Mariano Tenconi Blanco.

Teatro MetropolitanAv. Corrientes 1343, CABA.

Funciones: Viernes a las 22:15 hs.


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