En Macrored (Marabilia, 2026), la escritora, tallerista y librera nacida en Barranquilla lleva los límites de internet hasta un punto de quiebre, a una presencia que empieza a decidir cómo vivimos, cómo nos vemos y cómo nos relacionamos. En su primer libro de relatos de ciencia ficción, la tecnología se vuelve una forma de explorar, desde el futuro, las tensiones más reconocibles de este presente.
Por Claudia Sobico.
Con Macrored (Marabilia 2026), su primer libro de relatos de ciencia ficción, Claudia Amador construye un universo en el que las posibilidades del género sirven para explorar algunas de las tensiones del presente. Escritora, tallerista y librera nacida en Barranquilla, Colombia, Amador es profesional en Estudios Literarios por la Universidad Autónoma de Bucaramanga y ha publicado cuentos en diversas antologías.
Su escritura ha recibido varios reconocimientos: en 2020 obtuvo el XV Concurso Internacional de Cuento Ciudad de Pupiales y en 2022 fue reconocida por el concurso Relata. En 2023 recibió la Beca de Publicación de Obra Inédita del Programa Nacional de Estímulos del Ministerio de Cultura de Colombia, que hizo posible la publicación de Macrored. Un año después obtuvo el Premio Nacional de Narrativa Elisa Mújica por Altasangre, su primera novela, otorgado por la Gerencia de Literatura del Idartes.

Definís la Macrored como la internet con asteroides. ¿Podrías especificar a qué te referís?
¡Sí! Alguna vez quise decir «internet en esteroides», pero salió «asteroides» y se quedó, ja, ja. La Macrored es, en cierto sentido, un espectro futuro de lo que podría ser —y de lo que ya es— internet: ese espacio sin tiempo, inmenso, que está en todas partes y, de alguna manera, en todos nosotros; que permanece siempre encendido, activo y funcionando. Es un no lugar que, paradójicamente, se ha convertido en uno de los principales alojamientos de la información, de la interacción y de muchas de nuestras dinámicas y percepciones cotidianas. En Macrored, esa red deja de ser solo un espacio al que los personajes pueden acceder y empieza a dictar y controlar prácticamente todos los aspectos de sus vidas: qué se ponen, cómo se ven, dónde se conectan, cómo se relacionan. La red sale de su condición de no lugar y empieza a abarcarlo todo, a adquirir cada vez más agencia. La Macrored es una mutación de internet llevada a un extremo al que espero no lleguemos.

“La red sale de su condición de no lugar y empieza a abarcarlo todo, a adquirir cada vez más agencia. La Macrored es una mutación de internet llevada a un extremo al que espero no lleguemos”.
El cuento Protosalón de las muñecas es, de alguna manera, el origen de este libro de cuentos. ¿Podrías contarnos un poco de qué va y cómo se te ocurrió la idea para ese cuento?
Este fue el primer cuento que escribí, por allá en 2018, en el que aparece la Macrored. Surgió, como muchos de estos cuentos, del internet mismo. Encontré el perfil de un cirujano plástico que afirmaba poder dejar a sus clientas como “Barbies”, y lo primero que se me vino a la cabeza fue el título: «Protosalón de las muñecas». La premisa, en ese momento, era bastante sencilla, al igual que la crítica que había debajo: mujeres imposibles, construidas –armadas– en todos los aspectos para triunfar en la Macrored. Ahí aparece también el germen de uno de los temas centrales de muchos de los cuentos del libro: la estética mediada por fuerzas externas y, cada vez más, controlada por la tecnología. La pregunta es cuánto de lo que consideramos deseo propio está realmente producido, modelado o impuesto desde afuera.
La Macrored dialoga con una sociedad hiperconectada que de alguna manera deshumaniza la violencia. ¿Nacen de ahí varios relatos?
Claro, sí. Venía escribiendo muchos de los cuentos desde 2018, un momento en donde el internet empezaba a expandir más su brújula moral, entonces Twitter empezó a mostrar contenido que se salía de la censura. Empezaron a surgir nuevas formas de burlarse de la censura y se empezaron a filtrar videos súper explícitos muy violentos que antes quizás se encontraban más en la deep web o incluso en Tumblr. Tumbler tiene una historia muy fuerte de contenido violento explícito escondido, como de nicho. Entonces en esos años empieza a explotar esta hiperviolencia o ese límite entre lo que es y no es permitido para los usuarios de redes sociales, tanto para subir como para consumir contenido. También surge el consumo de morbo, una especie de consumo “accidental”. Recuerdo que un par de veces estaba escroleando en Twitter y encontré un par de videos, así de la nada, muy violentos. Uno de ellos era un castigo social a un violador en Brasil y le estaban quemando la espalda y yo digo Uf qué fuerte. Y obviamente es un video que da mucha cólera y mucha rabia de alguna manera. Los comentarios obviamente apelan mucho a la justicia del pueblo porque las autoridades no hacen nada pero también uno se pone a pensar hasta qué punto el cerebro humano puede relacionarse con la violencia a través de la pantalla. Es muy difícil y complejo porque resulta que ya estamos empezando a ver el mundo real y su crueldad en vivo y en directo y eso crea una despersonalización que a mí me interesa mucho plasmar y problematizar porque nos movilizamos a través de los sentidos y las emociones. Y ahorita que en Colombia pasó un terremoto por ejemplo obviamente las imágenes fueron súper atroces y tanta exposición y tanta costumbre a la violencia, como los conflictos armados o las guerras que están pasando fuera o lejanas a nosotros pues al cerebro al final entonces ya nada le perturba.

“”Ya estamos empezando a ver el mundo real y su crueldad en vivo y en directo y eso crea una despersonalización que a mí me interesa mucho plasmar y problematizar porque nos movilizamos a través de los sentidos y las emociones”.
Otra de las líneas que se puede discernir en tu escritura, además de la preocupación por el consumo de un canon estético y el consumo de violencia, es lo intertextual o intermaquinal. ¿Qué ves ahí?
Sí. Me interesan mucho lo intertextual, lo metatextual y, en general, todas esas formas que rompen la línea “estable” entre escritor y lector, consumidor y consumido, usuario y creador, creación y dispositivo. Me interesa especialmente trabajar con mundos posibles, gemelos o mutados del nuestro, donde los límites entre una cosa y otra empiezan a fundirse. Internet es, en ese sentido, un caldo de cultivo: nos ofrece contenido interactivo, nos convierte en consumidores, pero también hace que nos consumamos entre nosotras y a nosotras. Es una dinámica circular, casi infinita. Las películas, los videojuegos y los contenidos transmedia llevan mucho tiempo explorando esas posibilidades, y a mí me interesa preguntarme hasta dónde puede llegar la literatura cuando intenta hacer algo parecido. Por eso también me interesa pensar el libro como un dispositivo.
¿Qué diferencia esencial te parece que existe entre la producción de textos generados por una IA y los generados por una persona?
Pienso que no hay una comparación. La IA es una herramienta, y además una herramienta muy útil. Sus implicaciones éticas me parecen complejas, pero también siento que ya es parte de nuestra realidad y que cada vez estará más presente en ella. Más que pensar en su desaparición, creo que el reto está en exigir un uso responsable.
Y cuando hablo de responsabilidad, no pienso solo en quienes la utilizan, sino también en quienes la desarrollan y promueven. A veces el debate se concentra únicamente en si es moral o no usarla, pero dejamos de lado otras preguntas fundamentales: ¿cómo hacer que sea sostenible?, ¿cómo reducir su impacto ambiental?, ¿qué responsabilidades tienen las empresas que la impulsan? Con los recursos que existen, muchas de estas cuestiones podrían abordarse mejor; simplemente no han sido una prioridad.
Respecto a la creación de textos, me gusta pensar —y de alguna manera lo planteo en “Fantesc”— que quizá, en un futuro muy lejano, una inteligencia artificial podría adquirir algún tipo de conciencia creadora. Pero, si eso ocurriera, sería una conciencia distinta a la humana. La escritura humana nace de una serie de factores que son imposibles de separar de la experiencia vivida: el contexto, la relación con el mundo, la mediación de los sentidos, la memoria, el inconsciente, las frustraciones, las vivencias, los deseos y también los estímulos inmediatos del entorno.
La IA no habita esas experiencias. Funciona como una enorme red de referencias que puede reorganizar patrones y producir textos. Puede emular muchos de esos elementos, pero no vivirlos.
Ahí la ciencia ficción nos permite especular. ¿Y si algún día una IA desarrollara una forma propia de conciencia? ¿Y si generara arte desde una experiencia que nos resulta imposible comprender? ¿Y si la inteligencia artificial es también una nueva forma en que la naturaleza continúa un proceso evolutivo?
Hay un cuento hermoso de Luis Carlos Barragán, Tiempos muertos, donde ya para el final, cuenta cómo las construcciones humanas siguen el mismo flujo de la naturaleza y del continuo cósmico, aunque estemos tan cerrados en nuestro egoísmo que creamos que son nuestras.
Contame además acerca de tus otras actividades. Además de escritora veo que sos influencer. ¿Qué significa eso para ti? ¿Por qué elegiste esa actividad? ¿Qué contenidos compartes?
Más que considerarme influencer, me interesa pensar en las posibilidades que tienen las redes sociales como herramientas para comunicar, compartir y mostrar lo que hacemos alrededor de la cultura.
Entre 2021 y 2022, por ejemplo, me interesaba mucho crear y compartir pequeñas historias de terror, hablar sobre el gótico, compartir teorías literarias y, en general, producir contenidos alrededor de los géneros especulativos. Era una manera de acercarme a otras personas que tenían intereses similares y también de explorar otras formas de hablar sobre literatura.
Después me mudé a Bogotá y empecé a trabajar a tiempo completo y mis roles se fueron transformando. Me enfoqué más en mi trabajo como librera y, posteriormente, como tallerista, proponiendo espacios de lectura y escritura, muchos de ellos alrededor de los géneros fantásticos.
Desde aproximadamente 2022 también he encontrado en la gestión cultural otra forma de relacionarme con la literatura. He trabajado en la organización y gestión de encuentros y eventos, y he participado en espacios tanto académicos como culturales que buscan acercar la literatura a públicos diversos, atenuar ciertas brechas de acceso y hacer que estos espacios sean más flexibles y habitables.
Siento que todos estos roles forman parte de una misma búsqueda: mi interés por trabajar con la cultura, por encontrar nuevas formas de acercar la literatura a las personas y por generar espacios alrededor de ella.

Claudia Amador
Macrored
Marabilia
2026

