Vértices

Andrés Bohoslavsky: “No puedo desvincularme del mundo en el que vivo, con eso construyo mi forma de expresarme”

Andrés Bohoslavsky fue armando una poética hecha de melancolía, viajes y pequeñas revelaciones. Marcado por la tragedia temprana, por la lectura de los rusos y por años de trabajo en los confines de la Patagonia, encontró en la escritura una forma de volver sobre el mundo con una mirada compasiva. En esta, su última entrevista, el poeta repasa la tragedia, los viajes, los libros y esa obstinación íntima por encontrar belleza incluso en los días más ásperos: una forma de resistencia sensible frente a la intemperie del tiempo.


Por Marvel Aguilera

“Cuando termine de refinanciar mi deuda con el banco mi vida ya no era mía.

Mi futuro al igual que mi salario quedó hipotecado para siempre.

Con el poco dinero que me sobró compré un billete de lotería y los juguetes que mis hijos soñaban.

Pero no todo estaba perdido, el número había salido primero.

Me acerqué con mis hijos de la mano a cobrar el premio mayor mientras hacíamos planes de una vida mejor.

Pero al cruzar la vereda un grupo de oficiales de justicia me dijeron que endose el cheque.

Él también estaba embargado por los mismos motivos que mi salario.

El más viejo de ellos con el cheque en su mano se giró y me dijo con una nuez burlona,

“Lo que toca toca, la suerte es loca.”

A.B

Conocí a Andrés los últimos meses de su vida, y eso quizás bastó para entender la memoria de un poeta que parecía haber vivido siglos. No solo por su característica nómade, que lo supo llevar a los rincones más solitarios y fríos de la patagonia, trabajando a destajo en un regimen casi paróxico mientras la literatura servía como guía espiritual; sino también por ese estoicisimo con el que vivía en su monoambiente del barrio de Once, frente a la liturgia dantesca de Plaza Miserere. Desde esa primera tarde en que hablamos, Andy dejó algo en claro, no quería fotos ni expresiones sobre su persona pública. Tampoco salir en redes. La historia de su vida era contingente. Su inmanencia eran los poemas. Los cientos de versos, o prosas, que recreaban ese universo tan cotidiano y surrealista a la vez, en que grandes figuras históricas o líderes políticos podían tomarse un cortado con leche en un bodegón de Barracas y enamorarse perdidamente como en la película Casablanca. Algo de eso se repitió a lo largo de nuestras charlas, la idea del “refugio”. La literatura y la poesía en especial funcionaban como eso: un escape, no desde una noción de huida, pero sí de encuentro consigo mismo, quizás con ese chico que se atrincheraba al Cine Don Bosco para ver durante toda la jornada los ciclos de Chaplin y Buster Keaton, mientras las sombras políticas del país germinaban los regímenes de terror que azotarían a nuestro pueblo.

Mientras preparaba mate en esos envases descartables de Taragui, Andrés siempre vacilaba en torno a las ideas que el cine de le devolvía, de Bella Tar a Takeshi Kitano. La belleza, la violencia, el honor, la amistad. Los conceptos que él recogía y que están presentes en sus libros, como Una noche en bosque-poesía, Miniaturas en el sendero poético, China ocho milímetros, El mundo es un poema inconcluso (y otros fragmentos), Los ojos de Sasha o el fin de un sueño rojo, entro otros, son los mismos que configuraban su visión de la condicion humana. “Yo soy el pasado porque soy un tipo melancólico, básicamente, no triste, pero sí melancólico. Y extraño muchas cosas del pasado, de mi pasado personal”. Los rusos, como Dostoievsky y Bulgakov, representaban para él más que una influencia literaria, eran su conexión a sangre con una historia ancestral, con una manera de entender la vida desde un costado más sensible, tal vez algo triste, pero decididamente corajuda frente al reino de las apariencias y la espectacularización de nuestra cultura occidental.

Del otro lado del ventanal que daba a la plaza, con un hilo de luz que cortaba los rasgos de su cara, Andrés dejó hacerse un par de fotos en blanco y negro, como si su impronta fuera parte de ese universo cinematográfico que tanto lo encandilaba. Allí habló de su vida. Casi con cierta dulzura, como desenvolviendo algo que hace tiempo estaba anudado. “Tuve una crianza de vida normal hasta que dejó de serlo. No elegí que sucedieran las cosas que sucedieron, pero sucedieron. ¿Qué podés hacer? Adaptarte, ¿no? Como sintetiza una regla de la naturaleza: la evolución”. La lectura apareció en medio de la tragedia en su vida. La muerte de su padre debido a deudas contraidas, lo llevó a refugiarse en los libros: una gran biblioteca que había quedado exenta de lo embargado. Su sueño de aquel entonces era la música, verse tocando en un gran concierto de piano, piezas de Beethoven o incluso del rock de la época. Pese a su paso por el conservatorio, el mundo del trabajo lo absorbió desde muy temprano. “Del 91 hasta que me jubilaron en el 2023 trabajé en diferentes lugares de la Patagonia. Terminé en la isla del Tierra del Fuego, fue mi último laburo (…) era un régimen de 22 días en el laburo y 20 días de blanco. Muy duro. Pero en un buen laburo”. Fue en esos lapsos que el concepto de viajar apareció fuerte en su identidad. Casi como una forma de redescubrimiento. Donde no solo es el paisaje era el que conectaba con lo distinto, sino que en esos rostros extraños que identificaban a un errante y lo conectaban con la interioridad, con una manera distinta de verse a sí mismo.

Mucho del recuerdo de Andrés tiene que ver con eso. Con el poeta que siempre andaba buscando otra manera de ver al mundo, pero al mismo tiempo de verse a sí mismo, desde la compasión, desde la simplicidad de la vida: de compartir una comida, de memorizar unos versos, de repasar una escena de un film. Cada uno de sus libros nos sumerge en miles de mundos posibles, es cierto, pero también en uno muy particular de él mismo: de esa humanidad que supo emanar desinteresadamente. En una época de hostilidad, como bien él repetía, Bohoslavsky luchaba desde la bondad de quien anhela una sociedad más justa, de quien se animó -ya de grande- a crear, a traves de las palabras, refugios personales para que cada uno de nosotros pudiera encontrar algo de calidez en medio de tanta tormenta.

En homenaje a Andrés Bohoslavsky es esta nota.

Revista ruda

Sabés que viendo algunos de tus poemas, en ese derrotero que vos describís, puedo armarme algunas imágenes. Pienso, por ejemplo, la imagen de una playa vacía, en un día nublado, medio de llovizna, donde están solo las olas y el viento. Hay imágenes de soledad que aparecen. Eso veo en tu poesía. Y hay algo de vos narrándolas como otra forma de ver el mundo, menos cotidiana, ¿no?

Bueno, el mundo pueden ser vacíos también. Pese a estar rodeado de gente. O sea, los paisajes urbanos. Como una persona sola a la madrugada en un bar, en un bodegóncito al que van jubilados, ahí gozo capaz de captar eso, y es como algo que por ahí no llamaría la atención.

Sin embargo, vos le dedicás tu pluma para contar algo más que eso. Es algo de la condición humana, de cómo vivimos.

Cuando uno escribe, supongo -por lo menos voy a hablar de lo que a mí me sucede- tiene mecanismos propios, pero también tiene objetivos propios. Si hay algo que no soy es un lírico de la escritura. Los temas que me movilizan en lo que vos lees, lo que podés encontrar, son temas que tienen que ver con una cosa muy común que es lo que le sucede a cualquier persona que conocés, de cualquier lugar. Que son temas universales, ¿no? Pero tal vez combinado con una especie de forma coloquial de escribir, porque me gusta, digamos, y porque no puedo leer lo que no entiendo, y mucho menos lo puedo escribir. Me parece que no es una crítica que le hago a nadie, pero simplemente es mi gusto personal. No puedo dejar de escribir en los términos en los que yo pienso, y también mi gusto por la lectura, o por lo que sea, están atravesados por esto que te digo. Lo que le pasa a a cualquier persona, lo que me ha pasado a mí es eso; sentir que hay cosas que hay que decir y que tienen que ver con temas que son universales. La soledad es uno. El desafecto, la crueldad, la dureza de muchos aspectos cotidianos. Ponerlos en palabras, digamos. La experiencia vital de lo que le suceda a cualquiera, y en general muy vinculada con el sufrimiento cotidiano. Busco en un territorio que no es mío contar algo que me ha sucedido a mí o a mis amigos, a personas que conozco. Por otro lado, creo mucho en la escritura lisa y llana, intimista en el buen sentido, de la experiencia personal de las cosas que nos suceden a los seres humano de carne y hueso. No puedo escribir de forma lírica.

No escribís de forma lírica, pero sí se entrecruzan mucho todos tus sentimientos por diferentes cuestiones de la vida, como por ejemplo el cine, y de repente metés a Greta Garbo en algún lugar cotidiano. Greta Garbo con Lenin.

Esas cosas me salen naturalmente. Hay algo que también te voy a decir que es específicamente de mi forma de razonar, que es como un gran cóctel mental, o sea, hay muchísimas escenas del cine que he llevado, pero no porque lo haya premeditado, sino porque son mecanismos absolutamente personales. Las cosas que asocio, digamos, con el cine –definitivamente-, con la historia o pasajes de la historia, y no sé de qué forma, porque no lo sé explicar. Sería un vanidoso si te dijera “es un mecanismo que se explica así”. No, lo desconozco eso. Es ajeno a mi voluntad, pero muchas veces me sucede, que logro replicar cosas de la historia o del cine en un poema, y bueno, que funcionen. Greta Garbo se junta con Vladimir Lenin a tomar en el bodegón ese de Barracas, que no aparece como tal, y en definitiva era una camarera y un plomero, ¿no? También el humor funciona en estas cosas.

Me ha influenciado mucho la lectura de los rusos, de Chejov, de Dostoievski, cuando era chico. Los leía a escondidas y mi fuerte influencia del cine como vocación, ¿no? Como cosa nostálgica. Pero creo que hay algo que uno no maneja, que viene no sé bajo qué formato. La otra vez leía una historia que contaba Joseph Brodsky. Una de las cosas que más le impresionó hasta que se fue a vivir a Norteamérica fueron las películas que veía en el cine de contrabando, digamos, del cine de Hollywood, y lo reflejaba en alguna de sus memorias: el cine como campo de influencia, ¿no? La literatura también. La propia literatura funcionando como un mecanismo intravenoso de los tipos que escribimos.

¿Pero vos crees que escribís para alguien? ¿O escribís para vos mismo?

En principio, la lógica de la escritura es que seas leído. Supongo que cada escritor debe tener su propia lógica de funcionamiento, sus propios mecanismos. Yo escribo básicamente por el placer que a veces me provoca escribir, no es muy seguido eh, tampoco creo que hay un método para escribir. Sí hay momentos, hay momentos que tengo la necesidad de poner en palabras algo que me sucedió o algo que me impresionó, y tal vez eso dé aparición a un texto, al cual tal vez le siguen como un mecanismo catártico otros textos. Pero también es un procedimiento incontrolable. No soy de los tipos que dicen “me voy a sentar todos los días de tal hora a tal hora a escribir algo”. No. Es más, puedo estar meses sin escribir nada hasta que algo lo dispara. Ese algo puede ser una situación, puede ser algo que me pasó a mí o algo que me contaron. Y ese puntapié inicial puede dar luego continuidad a otros textos. Pero me preguntaste si escribo para alguien. No, escribo básicamente para mi necesidad de escribir y pienso en un lector que es un tipo parecido a mí. No me imagino un lector diferente a quien soy yo. O sea, podría parecer que inconscientemente me estoy escribiendo, pero no es un mecanismo preparado.

¿Te gustaría que quien te lea es alguien que te encuentra en una librería viejísima, en medio de las ofertas, y de repente se lleva tu libro?

Me gustaría que el tipo que lea algo de lo que yo escribo le guste. Básicamente. Después si encuentra bajo precio en una librería de usados, es una buena imagen. Los poetas nunca están en la primera plana de nada. Eso creería yo, pero después ves a muchos poetas queriendo participar de una especie de mundillo de grandes festivales…

¿Tienen que estar al margen para vos?

No, no. Inclusive me parece fantástico. Hay gente en el mundo de la poesía que me parece fantástica. Soy seguidor de ellos. Solo digo que mi naturaleza es una naturaleza oculta, digamos. Muy escondida del mundo. Leía de casualidad a Epicuro que decía “vive oculto”, ¿no? Era la sentencia de él para ser feliz. Bueno, creo que me la tomé muy en serio. Hay gente que es fantástica, que escribe muy bien y que participa en cosas. Solo que a mí no me sale, mi naturaleza es absolutamente solitaria. Frágil, pequeña, no vinculante.

¿Qué fue lo primero que escribiste?

Cosas sueltas, pero en realidad comencé también un poco por obra de la casualidad y de algunas personas que me dieron una mano para publicar, y supongo que yo puse otro poco. Y comencé un mecanismo de producción de pequeña escala, pero tampoco me parece muy serio, digamos, tener una producción o no. Hay gente que ha escrito poco y ha escrito cosas fantásticas, y gente que estuvo por afuera del mundo. Y no me quiero remitir solo a la poesía, porque es encorsetarse, pero hay autores que a mí me gustan mucho que han sido póstumos. Ellos mismos se encargaron de estar afuera del mundo. Esta filosofía que yo sostengo y que me funciona como un mecanismo interesante. No soy un tipo que haga nada nuevo. pero pienso en Kafka, que lo he leído mucho. Kafka fue un tipo publicado gracias a que su amigo más próximo desobedeció la orden de quemar todo. Nunca le interesó publicar nada. Fue todo obra de la casualidad. Y mirá la obra que el mundo tiene a su disposición. Pensá en Emily Dickinson. Pensá en el mismo William Faulkner, ¿no? Creo que le pidieron el documento cuando fue a buscar el premio Nobel, porque no lo conocía nadie. Y es interesante preservarse y mantenerse alejado de algo que tiene que ver con una sobreexposición, con un narcisismo.

Me doy cuenta también que vos te refugias un poco en ese micromundo. Un ecosistema que fuiste armando de tus libros y de tus lecturas y de tus películas, pero eso no tiene que ver con abstraerse de la realidad, tiene que ver con no dejarse llevar por la corriente de lo que la industria cultural pide de un artista.

Sí, sí. Vaya nombre si lo hay el de “Industria cultural”. Creo que hay formas siempre alternativas, o sea, estoy pensando ahora que decís esta frase de “industria cultural”, en que al turismo le llaman “industria sin chimenea”. Bueno, he sido a lo largo del tiempo alguien que ha viajado mucho y nunca en forma convencional. Nunca fui un turista convencional, no creo en él. Sí creo en un tipo caminando por una ruta perdida en el sur o adentro de un campo de un parque nacional, por afuera de los circuitos convencionales. Los caminos más interesantes son los que uno construye o descubre, pero nunca son los que el sistema te lleva muchas veces de las narices.Y es duro saber que no te conozca nadie. Bueno, me alegra que no me conozca nadie porque no estoy dispuesto a perder mi tiempo para otra cosa que no sea mi forma de vivir en el mundo. No estoy dispuesto a hacer concesiones. Nadie se ocupa demasiado de esto que se llama escribir poesía como para sonar tan narcisista de decir “mirá que importante”. Esas son cosas en las que no creo. Definitivamente no. Creo que cada vez que he ido a leer han sido lugares casi marginales de estos festivales que vos nombrás, aparte no me deben ni conocer, cosas que me parece bien, que nadie pierda tiempo en un tipo como yo. Que me lea puede ser interesante, pero que me conozca… no le suma nada conocer un tipo como yo.

Lamentablemente, hoy es muy difícil llegar a que alguien pueda leerte si no tenés una propia construcción pública de escritor o de poeta.Y debe pasar seguramente que haya gente que conoce a determinado escritor y por ahí no leyó nada de ese escritor, y eso es paradójico. Hay toda una lógica de construcción de identidad de la persona por encima de la obra.

El mundo edita más o menos una Biblioteca de Alejandría por día, leí hace un tiempo. O sea que hay miles y miles de autores que se pierden, que los devuelve la historia, y que tal vez son magníficos. Los cuales conocemos. Siempre recuerdo haber pasado por alguna librería cuyos estantes de poesía estaban con telarañas, o sea que ni siquiera la gente los había mirado los libritos. Y vos decís, “capaz que detrás de esto hay una gran una cosa hermosa, con un laburo tremendo de un tipo que hizo un esfuerzo terrible para juntar un mango para poder editar este librito.”Y ese libro se lo devorará la historia, pero no me parece importante ni siquiera ser demasiado conocido, porque en realidad no es importante, o sea, uno delimita en su territorio personal las cosas que son importantes y las que no lo son. Debe haber gente que obviamente piensa en forma opuesta a mí, pero qué importancia tiene.

Es un campo muy restringido, muy pequeño, frágil. Si se vende poca literatura, muy pocos libros, aún mucho menos de poesía. Ni hablar. Las grandes editoriales ni siquiera publican libros de poesía. Creo que hay algunos autores que son muy interesantes leerlos. Algunos son más conocidos que otros, pero hay un vaciamiento respecto del hecho poético en todas las manifestaciones artísticas.

Bueno, pero eso ya es una determinación de la herramienta de la política, la destrucción de ciertos espacios en beneficio de otros. Es casi un mecanismo más ligado a la política, digamos las cosas como son. Los mecanismos que funcionan en el mundo son aquellos que tienen que ver con algún rédito económico. La poesía no. El rédito económico es una góndola, digamos, del supermercado. Y en lugar de poesía te van a meter, que sé yo, los yogures o lo que sea.La actividad del ser humano está vinculada a cuanto rédito o no le den a ese nicho del mercado, porque inclusive el libro también es un objeto de mercado que ha sido incorporado como tal al mundo económico. Entonces, las grandes corporaciones no van a editar algo que no se venda, van a editar algo que se venda, así sea un libro de Víctor Sueiro, que volvía al más allá y sacaba una nueva edición de libros, hasta que se murió de verdad, ¿Quién lee libros de poesía? ¿Quién compra un libro en un mundo donde la realidad pega tan fuerte? Un libro que vale 20, 30 lucas. La gente con eso come.

A mí me pasa que siento que nadie se anima a comprar un libro del que no tenga la certificación de su éxito.

No, el lector es también algo atípico, son pocas las personas que leen, pero hay personas que leen intensamente sin importar los méritos o las medallitas en el sistema, ¿viste? En este show de la humanidad que es esta bestiada que vivimos de instalar las cosas como si fueran un elemento a vender.

Entonces, yo creo que los poetas son marginales, incluso los buenos lo son, siguen siendo escenas marginales que sobreviven como pueden. Me alegra que así sea, ahora la poesía no vende, encima, ¿qué vamos a hacer? ¿Nos vamos a incorporar una especie de cosita gris ahí?

Uno no quiere quedar como lo que hoy se dice un hater o alguien que vive resongando de cómo es la realidad hoy, pero me hace ruido que ya la poesía no tenga grandes discursos, ¿no? Tipos o tipas que estén buscando tener un discurso que hable del modelo de nación que quieren, o del tipo de sociedad que buscan. Y hoy hay poesía sobre que tenés un gato y que no comió.

Es responsabilidad del autor de que escribe y los textos lo que hacen es reflejar su forma de pensar. No es ni más ni menos valiosa. Si me preguntás, yo tengo mucho texto de los considerados sociales, y para mucha gente en esto supongo que no le resulta simpático que un tipo hable del sistema de la explotación, de los derrotados, los perdidos, los marginales y dirá, “bueno, este tipo de qué habla”. Bueno, yo hablo de lo que me pasa a mí y lo que le pasa a millones de personas.Yo no puedo desvincularme del mundo en el que vivo. Y con eso construyo mi forma de expresar.

Bueno, pero en tu caso hay mucho texto social y mucha poesía en donde los personajes son trabajadores, pero no hay una cuestión panfletaria.

No. El trabajador es simplemente parte de una realidad que vamos a intentar escribir, de narrar, de legislar. El ser humano atraviesa o, casi te diría por afuera del concepto de trabajador, sufre de diferentes maneras, no solo las cuestiones sociales vinculadas al mundo del laburo. El ser humano sufre frente a la angustia de la enfermedad, de la muerte, del dolor. Cómo mantenerse por afuera de estos temas que son universales, ¿no?

Analizando un poco eso, para no generalizar, hoy es muy difícil dedicarse a la poesía y a la escritura sin un lugar un poco más acomodado desde lo económico y social. Entonces, vas a ver muy pocos poetas y escritores con trabajos más “populares”. Siento que es un ambiente muy ligado a los academicos, profesores, que no digo que no sean laburantes, pero que circulan territorios similares.

No deja de ser un trabajador, se supone que no está eximido de las generales de la ley. Puede ser eso. Uno con su vida puede hacer lo que quiere. También puede mentirle al mundo como quiere. Lo que no puede hacer es mentirse a sí mismo. Un médico, un enfermero, un albañil. Todos somos laburantes, eso no significa que tal vez cuando vuelva a la casa escriba, o sea, eso es cada cada vez más difícil.

Yo podría apoyar esa lógica, que alguien de que laburó todo el día y vuelve a la noche, con el cansancio mental y físico de hoy, no puede ponerse a leer una obra compleja o ver una película de Tarkovski. O sea, ahora hay una precarización tan grande que las personas ya no tienen un solo trabajo, sino que tienen un segundo o un tercer trabajo, entonces la vida es un gran caos. Entonces ya no le queda mucho tiempo. O no te podés comprar un libro porque ese dinero que tenés te va a servir para comer un par de días con tu familia. Eso sería lógico. Pero es una idea políticamente correcta, y creo ni siquiera tiene que ver con eso la causa del problema. Me parece que el nivel de clasismo generado por el sistema hace que directamente no interese. Que cultivarse a nivel conocimiento y cultura ya no sirve para este mundo marcado por el consumo y el dinero.

Con más razón, usando tus propias palabras, si el sistema te ha destrozado al punto que ya ni siquiera te interesa la cultura, Bueno, okay. Entonces, por lo menos yo como espectador de un mundo absolutamente horrible, dejame incriminarlo de vez en cuando. Dejame ponerlo en palabras, que hay algo que está muy mal y no edulcorarlo y refugiarme en textos que estén limpios e higienizados de la porquería del mundo. O sea, el mecanismo que no tengo, yo no puedo escribir de lo que no pienso y no puedo mentirme.

Lo que sucede son cosas muy fuertes, esto que vos acabás de describir es muy fuerte. Pienso que también, y no como una tarea indelegable de los poetas, nadie tiene un decálogo de los 10 mandamientos de la poesía, sería una estupidez, pero también es bueno escuchar que los poetas incriminan algo de lo que sucede en el mundo o en su país o en su metro cuadrado, ¿no? Porque pasan cosas horribles y por qué no ponerlas en esta pelea.

Incluso esa postura te lleva a una cosa culposa, ¿no? Cada vez que alguien, algún artista, esboza algún tipo de posicionamiento social, es empujado a despolitizarse.

Bueno, pero toda la vida sucede que si querés vivir en un lugar cómodo comenzás a hacer concesiones, hasta un punto tal en que vos hiciste tantas concesiones que ya no sabes ni quién sos, que es otra de las formas de rendirse, ¿no? Frente al mundo, ya no frente a tal o cual.

Uno no se puede rendir ante el mundo, ante la vida. Podés hacer todas las concesiones que quieras en la vida, nadie te lo va a impedir. La joda es que en algún momento te vas a mirar en el espejo y decir, “che, ¿quién soy?” Bueno, supongo yo que eso le sucede también a todas las personas. Las personas son aplastadas sin pedirle permiso de si se quieren rendir o no se quieren rendir; los rinden, los derrumban, los trituran.

Los que no están triturados, les quedará la satisfacción de decirle al otro lo que quiere escuchar, para seguir siendo uno o no. Pero eso es, digamos, una tarea personal.

¿Cuánto te rendiste ante el mundo? ¿Cuánto bajaste la cabeza? ¿Cuánto agachaste y dijiste que sí cuando querías decir no? Y eso también aparece en la palabra, en el papel, tiene que aparecer.

Porque es una cosa muy fuerte, por supuesto, sin convertirlo en un panfleto, quizás la tragedia también es un trabajo nada fácil. Yo utilizo el mecanismo de la prosa, porque la poesía como vehículo solo me parece que no alcanza, porque la poesía sí está muy impregnada de lo metafórico, lo críptico, lo que va más allá de la comprensión directa. Entonces, tal vez, me refugio un poco en una mezcla de prosa poética con formato en un vehículo llamado poesía, pero me siento muy cómodo contando cosas que podrían estar en cualquiera de los dos géneros, pero contarlas, decirlas.

Y en principio, ahí hay una cosa terapéutica que va al inicio la charla, cuando me preguntaste para quién escribo. Bueno, muchas veces escribo para mí, mi necesidad de soltar lo que pienso. De soltar algo contra lo que está pasando.

Me está pasando y le está pasando a mucha gente. Y esto que se llama “fingir demencia”, porque si sucede una tragedia tengo que decir que no sucede o hacerme el boludo. Sería supuestamente para ser feliz y no amargarme. En realidad es una gran mentira eso.

En realidad la búsqueda de la felicidad incluye una infelicidad absoluta. La búsqueda de la felicidad o la felicidad en sí misma es una cosa absolutamente vacía, abstracta, es un grupo de autoayuda cantando un coro de algo que no está sucediendo afuera.

Es patológico. Yo puedo ser feliz inclusive en buscar la forma de una felicidad alternativa que no provenga de las propaganda de la televisión. O sea, si la fórmula de la felicidad es convertirte en un idiota perfecto que te hace aplaudir a cualquier enfermo que aparezca prometiendo paraísos económicos o lo que sea… Bueno, yo creo que no, hay muchísima gente que se refugia en la pequeña felicidad que tiene a su alcance y es valiosísima, como llegar y comer un plato de comida con su familia y hablar de cosas más interesantes que le puedan haber pasado.

Y que tenga la televisión prendida o no, no tiene ninguna importancia, lo que no se puede hacer es engañarse ni engañar a los demás, o pensar que los demás son tan tontos como para que no se den cuenta del engaño al que le estamos impulsando. O sea, los que escriben como una formulación falsificada rápidamente son abandonados por sus lectores. Bueno, a los políticos les debe pasar lo mismo. Toda esta cosa que se imposta acerca de que en 30 años seremos irlandeses. La gente en algún momento cuando se vaya a la casa y no tenga para comer, capaz que el proyecto de Irlanda y los próximos 30 años no le alcanza. Primero tienen que llegar vivos.

Las urgencias de la gente pasan por otra lugar y supongo que los lectores de poesía también requieren de una poesía que les llegue, que no caiga en la banalidad ni en las cosas crípticas.

Me hace pensar en los electrodomésticos o las cosas que se hacían antes que duraban años, décadas.

Obsolescencia programada se llama eso. Las cosas están diseñadas para que se rompan, ¿no? ¿Sabías? Vos tenías una SIAM y sabías que iba a durar. Que le ibas a dejar a tus hijos y todo lo que fuere. El sentido es que las cosas se envejezcan prematuramente y se rompan y así el mecanismo se revitaliza y vos la heladera que compraste hace dos años, ya no te funcione.

Vuelvo a la poesía en ese sentido. Hoy cada vez que alguien escribe un poema, tiene que subirlo a las redes, y mañana tiene que hacer otro, porque “los seguidores” lo están pidiendo. Pero no, en realidad es el algoritmo el que lo necesita.

Nadie le está pidiendo a nadie que escriba un poema. Lo que está pidiendo un lector es el leer de vez en cuando un buen poema. El resto es un deseo absolutamente artificial que alguien se fabrica o el sistema fabrica o vaya a saber quiénes. En realidad nadie necesita de que haya miles de libros por día y miles de poemas.

Necesita, creo yo, de que la gente siga intentando escribir un poema, hacer un mundo un poco mejor, salir de la locura, que se terminen ciertas cosas relacionadas con la violencia, con la precarización. El mundo no reclama tanto como creen algunos. El mundo reclama cosas elementales y universales.

Esto que se llama mercado, hay que tener cuidado, porque el mercado también reclama que el dólar suba, que haya más ajustes. Podés verlo y hacerte el tonto o podés verlo y no hacerte el tonto o puede ser que desconozcas qué es lo que sucede. Gente que no sabe ni por qué carajo suceden las cosas del mundo, bueno, eso es bastante común, que ignores los mecanismos que al mismo tiempo te esclavizan.

Pero ni los poetas ni nadie está exento de estas generales de la ley.

¿No crees que hay una gran simulación en muchos aspectos de la vida social?

Sí, creo que hay algo mucho peor que la simulación. Hay la gran derrota, digamos, de la persona que decide prostituirse, entre comillas. No sé, como una especie de banalización de todo. Pero hace tiempo que arrancó.

No creo que sea un lugar para gente seria, ya sea poetas o no, escritores o no. El mundo actual es un mundo horrible, en el que hay que ajustarse. Es altamente peligroso. Hay que tener mucho cuidado con las cosas. En algún momento me llevaron a leer a la Ex Esma, que me parece un lugar que la historia lo atraviesa decididamente, ¿no? Un lugar que habían convertido de un campo de detención clandestino a una cosa maravillosa, donde no solo se leía poesía sino que había dibujo, pintura, fotografía, ferias en los corredores del patio.

¿Y eso te gustó?

Me encantó. No es una tarea menor vivir en este mundo. Han convertido la vida en una pesadilla. Todos los días escucho a mucha gente que dice, “cada vez que me levanto vivo una pesadilla.”

¿Qué podés escribir con eso que te dicen? Para la gran mayoría de la gente vivir es una pesadilla.Viven acá en este barrio (Once), bajan de los colectivos temprano, gente que viene al trabajo, donde debe estar precarizada, a ganar dos mangos y viaja dos horas para llegar, dos horas para volver. ¿Cómo se llama eso? ¿Qué escribe un tipo que observa eso como observo yo? ¿Qué escribe un tipo cuando va al hospital y ve gente sufriendo? ¿Qué puedo escribir?

No se necesita ser excesivamente sensible. Tenés que ser muy cuidadoso, sino te deprimís. Bueno, hay que convertir la tristeza y la depresión en cosas interesantes.


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