En Qué difícil es decir te quiero (Editorial La Papa), el escritor y dramaturgo empuja la prosa hacia los bordes de la dramaturgia y convierte la novela en un territorio inestable. Allí, las voces se rozan, se superponen y se desorientan mientras Samy —un aspirante a autor de culto— intenta conquistar la posteridad escribiendo sobre el cuerpo y el misterio de su amada Lorena.
Por Marvel Aguilera. Foto original: Eloy Rodríguez Tale
Las cicatrices, las líneas de expresión, las manchas del paso del tiempo. Cada marca en el cuerpo es la representación de la experiencia en el afuera; un lienzo epidérmico abierto a un trazo permanente que, más que exponer lo que tenemos, habla de lo que somos. De nuestra forma de estar en el mundo. Basta recordar esa frase de Merleau-Ponty que dice “esta carne de mi cuerpo es participado por el mundo, él la refleja, ella lo contiene”. ¿Pero cuánto de ficción hay en una interpretación de nuestro cuerpo sobre esa realidad vivida? ¿Cuántas de esas cicatrices dicen sinceramente lo ocurrido? ¿Cuántas de esas arrugas reflejan realmente los golpes del tiempo? Marcos Rosenzvaig se mete de lleno en la encrucijada entre ficción y realidad, o quizás entre la narrativa tradicional y la in media res, o quizás entre lo expresivo y lo aspiracional en la creación, o puede que en todas ellas.
En Qué difícil es decir te quiero (Ediciones La Papa) Marcos continúa danzando entre los límites de la dramaturgia para tensionar un poco más el potencial de la prosa, buscando plasmar la ilusión de la trascendencia escritural. O dicho de otra forma, la fugacidad de lo que pretendidamente es inmanente. Una novela donde las voces se deslizan casi yuxtaponiéndose hasta perder el eje de su propio estadio sentimental. Samy, el protagonista, en su afán de dar el salto como autor de culto, está dispuesto a inmortalizar una novela sobre el cuerpo de su amada Lorena. Una mujer indomesticable, salvaje por momentos, pero con ínfulas mundanas de estrellato.

“La permanencia del tatuaje en la piel, hecho tinta por un chino que bordea entre atender el súper y dar señales místicas, más que una celebración pictórica de la transgresión humana, desemboca en una marca obituaria, espejando la arrogancia de un ambiente intelectual colmado por el consumo efectista y el show business”
En un correlato de ida hacia el abismo, Rosenzvaig salta de una realidad a otra, rompiendo paredes del género. En un hibrido que va y viene sobre ramificaciones de un mismo eslabón: la obsesión, la muerte y los condicionamientos del éxito. En ese derrotero, que bien podría oscilar entre El hombre elefante y La Strada de Fellini, Lorena pasara a ser un objeto de exhibición circense, provocando un vuelco existencia en las vidas de Samy y Manuel -escritor y actor de la novela hecha obra de teatro-, ambos invadidos en cada una de sus realidades por una pasión desbordada: el frío sudor del reconocimiento mediante el dolor y el apego de quien dicen amar, ahora convertido en un ideal banal, frágil, que solo recubre el cuerpo de una mujer al borde del colapso mental y la pulsión de muerte. El arte queda circuncidado al mero narcisismo que chorrea el patetismo de su creador, negado a enfrentarse a sus demonios personales.
La permanencia del tatuaje en la piel, hecho tinta por un chino que bordea entre atender el súper y dar señales místicas, más que una celebración pictórica de la transgresión humana, desemboca en una marca obituaria. Un espejo de la arrogancia en un ambiente intelectual colmado por el consumo efectista y el show business que tanto dice odiar, bien simbolizado por los reality shows prendidos en las teles de los hogares populares. Los personajes erigen una radiografía de la, a veces, mezquina visión de los lazos afectivos de quienes se jactan de inmortalizar grandes creaciones sobre lo sensible.
Qué difícil es decir te quiero reaviva ese universo de Rosenzvaig donde conviven historias sin miramientos, franqueando estilos y hechos históricos con la firma intención -rayando el paroxismo- de extremar las posibilidades de la ficción. Todo ello en una actualidad donde la realidad social y política suele caer en la monotonía de lo aparente y lo chabacano.

Marcos Rosenzvaig
Qué difícil es decir te quiero
Lapapa editorial
2026

