Piedra Libre

En Disneylandia nadie muere por amor

Napalm” obra del artista callejero Bansky.


Por Pablo Pagés.

Con una cifra que supera los 100.000 muertos sigue amaneciendo el país que construyó una perfecta maquinaria subliminal de relatos con los cuales manejó a este planeta en los últimos dos siglos.

¿Qué sucedió en el camino?

5 – El monstruo que todos llevamos dentro

Era evidente que luego de Blade Runner el señor Ridley Scott atacaría desde el espacio exterior con Alien.

La nave espacial de transporte comercial Nostromo regresa a la Tierra proveniente del espacio exterior. Los siete miembros de la tripulación están en un estado de sueño criogénico. Al recibir una transmisión de origen desconocido (al parecer, de una luna de un planeta cercano) comienza la historia. Ya sabemos lo que pasa. El director de la película decide llevar la metonimia al máximo de sus efectos. ¿Estamos acaso hablando de una hipérbole? Difícil de precisarlo ni tampoco importa mucho su origen etimológico, porque se trata de poderosas manipulaciones. Nunca se ve al bicho hasta el final. Solo en una toma y se lo ve muy rápido, hasta que se despide hacia el espacio. Gracias a Dios, porque nuestra heroína Ripley activa los motores y el impulsor envía al monstruo hacia la próxima continuación de la saga. En las escenas finales se ve a Ripley entrando en hipersueño en su retorno a la Tierra. ¡Maldito sueño de la factoría de EEUU metiéndose en nuestros triperos como metáfora directa de su condición de dueños de nuestros inocentes cuerpos! ¡Son espectadores de su decadencia, de su infamia y brutalidad, todos los días, esta manga de alienígenas que quieren destruir el planeta y que reclaman, armados hasta los dientes, una buena película por el valor que les ha costado su entrada!

Patético.


2 – ¿Por qué carajo tenía que ser puta Magdalena?


“No me toques”, dijo nuestro primer personaje en esta brillante obra literaria de San Juan, cuando ella lo reconoció después de su resurrección. ¡No puedo entender tanta histeria en el universo!

En primer lugar, quiero asociar la respuesta de Cristo con el tema de sus discípulos cuando le preguntan cómo sabrán que ha vuelto, que ha resucitado. Cristo les dice algo críptico, que estará allí donde haya amor entre sus creyentes. Estará allí no como una persona a la que se puede tocar, sino como el vínculo de amor y solidaridad entre la gente. Esta historia, debo confesar, me fascina, y alguna que otra puta con la que he estado hoy tiene el carácter de amiga.

Hegel escribió: “El ser amado no se opone a nosotros, es uno con nuestro propio ser; nos vemos a nosotros solo en él, aunque ya no es un nosotros: es un acertijo, un milagro [ein Wunder], algo que no podemos comprender”.

Siempre el amor como un acertijo me aburre; es eso, nada personal, solo le falta algo de suspenso.

Aquí otro conocido pasaje del joven Hegel: “El ser humano es esta noche, esta nada vacía, que lo contiene todo en su simplicidad: una riqueza interminable de muchas representaciones, imágenes, de las cuales ninguna le pertenece, o que no están presentes. Se puede ver esta noche cuando uno mira a los seres humanos a los ojos.”


4 – Apocalypsis Now

Corazón de las tinieblas, de un tal Conrad. Magnífico. La novela se centra en un marinero llamado Charlie Marlow, quien narra una travesía que realizó años atrás por un río tropical, en busca de un enigmático Kurtz, jefe de una explotación del marfil, que al parecer tuvo gran éxito en sus espurios negocios. A lo largo de la novela ambos personajes se funden en cierta ambigüedad que se produce por el mismo viaje al infierno.

Marlow intuye que Kurtz ha roto con todos los límites de la vida social tal y como parece que sea, creando un imperio entre la brutalidad criminal y las sombras.
El viaje de Marlow al corazón del continente africano se transforma así en un descenso casi dantesco, pero también en una crítica al imperialismo occidental y una investigación, sui generis, acerca de la locura que encierra el poder.

Tiempo después aparece Francis Ford Coppola.

Foto: Forbes
1 – ¿Tan melancólica es nuestra condición humana?


¿Qué nos enseñó La peste, de Camus? Que las peores epidemias no son biológicas, sino morales. En las situaciones de crisis, sale a la luz lo peor de la sociedad: insolidaridad, egoísmo, inmadurez, irracionalidad. Pero también emerge lo mejor. Siempre hay justos que sacrifican su bienestar para cuidar a los aquí restantes. Publicada en 1947, La peste intenta ser una respuesta al dolor desatado por la Segunda Guerra Mundial o quizá, Camus, sin saberlo, estaba proyectando la forma de una Tercera Guerra Mundial. Ambientada en Orán, narra los estragos de una epidemia que causa centenares de muertes a diario. La propagación imparable de la enfermedad empujará a las autoridades a imponer un severo aislamiento. Todo lo que sigue es lo que estamos viviendo.


3 – Gravedades


Nadie anda saltando por las puntas de un gran monte de bambúes, desafiando a la gravedad, invadiendo planetas, ni tampoco construyendo en su imaginería una forma de religión alienada de las ficciones que se proyectan y muestran lo insoportable del ser, dentro de los cuatro límites físicos, del cuadro que nos mantiene como zombies consumiendo salchichas o zucchini o directamete glifosatos adulterados por el 5G. Tampoco dentro de cosmogonías laberínticas sin minotauros ni escaleras ni vino tinto. Solo formatean cerebros. Excepto en ese más acá que se llama niñez.

Pareciera que esta máquina que se nutre de pornografía casera está llegando a su ocaso. Tanto se hizo para sostener este sistema atado con alambre dulce, medio oxidado. Desde el comunismo chino hasta las andanzas europeizantes primermundistas. Que sus dioses me disculpen, pero la única que ha tenido cierta cordura en esta oscura noche argenta e universal, es nuestra hermana Cuba. Si no les gusta pueden ver cualquier película de zombies on-line. Cambio y fuera. Solo les confieso una cosa: me encontré con un yogui y fui a una de sus constelaciones. En mi otra vida fui un Elefante. No está nada mal creer en pelotudeces, solo que hace bien mirar la concordancia de ombligos y decir: ¡Yo no tengo nada que ver con semejante pelotudez!


2 – 1984

No me quiero olvidar de Orwell. Por supuesto, el más importante, para terminar de hilvanar, esta extensa lista de iniquinidades.

Leer 1984, la claustrofóbica fábula del totalitarismo de George Orwell, todavía produce impacto. En primer lugar, porque reconocemos lo que describe.

Faltaba esto, un sistema que pueda mantener dos ideas contradictorias con un aire de naturalidad impuesta. La más exquisita partitura apocalíptica hasta la fecha. La más pavorosa obra de arte en este infierno donde la palabra siempre es autoritaria aunque la pronuncie el Papa Francisco.

Orwell nos abrió los ojos para ver cómo funcionan los regímenes totalitarios, entre infinidad de otras cuestiones. ¿Cómo somos capaces de jodernos la vida jugando a un juego siniestro que se llama democracia? En fin. Mientras se desploma este mundo tal cual conocemos esperando una vacuna que existió desde el principio, distraídos tras modernos monitores, ellos siguen probando armas, depredando los mares y congelando esta plusvalía que los pondrá sin titubear al frente de esta locura, con más poder y más ferocidad.

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