Poéticas

Guillermo Cácharo: “Lo poético se nos aparece en cualquier lugar donde sepamos o podamos encontrarlo”

El poeta y escritor acaba de publicar Forastero de mí, una recopilación de su recorrido poético, un texto que se va construyendo a través de pequeñas imágenes fotográficas, que buscan retratar las formas del mundo y sus asociaciones.


Por Pablo Pagés.

A lo largo de dos décadas este libro fue creciendo de la pluma de Guillermo Cácharo. Un universo poético que busca desatarse de las convenciones del lenguaje. Cácharo construye una mirada extrañada de sí mismo. Una fractura que va desde sus más íntimos recuerdos hacia un exterior que se modifica de forma torpe y demencial.

Las experiencias del poeta en cuestión lo desarraigan y lo desvinculan de un presente que va rumbo a una forma de mirar el mundo un tanto desdoblada, viviendo con la intensidad poética de lo decisivo. En su nuevo libro de poemas, Forastero de mí (y otros poemas reunidos), editado por Miño y Dávila, Guillermo construye un conjunto de fragmentos que forman el espejo roto de su consciencia.

Cadencias, naturalización del sentido al más claro encuentro con el dolor, el amor y esos desgarramientos sociales que lo colocan ajeno a su presente. Licenciado en Letras, experimentado tallerista, músico y autor de los libros No había luna esa noche (2000), Cronología de la furia (2014) y de textos poéticos y dramatúrgicos, la potencia narrativa de Guillermo Cácharo es una necesidad de sobrevivir en los márgenes de las trincheras, incluyendo a su poética, palabras que son actuales y conocidas. Esto es, quizá, la matriz de su último libro que no da tregua entre lo fugaz y los monolitos de la verba del cotidiano.

Revista ruda

¿En tu familia hubo algún escritor?

No, escritores no; sí gente muy lectora. Mi vieja y mi viejo sobre todo (a quienes indudablemente les debo mi fascinación por los libros: aunque solo pudieron tener educación primaria), vivieron la lectura como un tesoro precioso que les ampliaba el mundo. Pese a sus dificultades de visión (tienen 89 y 97 años) siguen leyendo, ayudándose con una lupa.

¿Por qué la poesía y no la prosa?

En realidad yo he escrito más narrativa, pero voy a la poesía cuando una imagen o un motivo en forma de frase breve, siento que me pide ser trabajada como una especie de fotografía verbal (aun cuando contenga una historia), no como película. Y a partir de ahí la palabra busca dar forma a una impresión, más que a la expresión. Es decir, ir encontrando a través de la misma operación de escritura relaciones que dispara esa figura inicial (por ejemplo, ir de las hojas de otoño a las derrotas sociales, o de una rotura en un jean a la sensación de vacío). No sabría explicarlo mejor. El poema trabaja sobre una brevedad que necesita que estemos dispuestos a demorarnos en la lectura (unos pocos versos pueden requerirnos más tiempo que varias páginas de una novela).

Por otra parte, no siempre logré que convivieran ambas formas de escritura: hubo etapas en que una puso en suspenso a la otra. El libro que se acaba de publicar reúne cuatro poemarios, y justamente escribí dos de ellos cuando mi narrativa estaba en pausa, y los otros dos en épocas en que estaba escribiendo una novela y algunos cuentos.

En esta compilación de poemas vamos hacia atrás, buscando, tal vez, el tiempo perdido. ¿Esta retrospectiva a qué alude?

Es habitual que cuando se compila obra producida durante un período de tiempo extenso se la ordene de forma cronológica, empezando por lo más antiguo. Cuando surgió la posibilidad de reunir estos cuatro poemarios en un mismo volumen, lo hablé con el editor: sentí que la lectura que quería proponer era la inversa, comenzar con lo más reciente, no solo porque hay algunos poemas que se conectan con algo del momento histórico, sino porque de esa manera trataba de desarmar la posible presunción de que hay una “evolución” poética del pasado al presente. Tampoco estoy seguro de que dispuestos de esta manera sean una especie de camino hacia el origen. Quién sabe si es el pasado quien ilumina al presente o al revés. De cualquier forma, quien lea el libro elegirá su propio recorrido, y me gusta que de esa forma puedan producirse efectos de lectura muy distintos.

El tiempo tiene forma, corteza y exilio, ¿vos que sentís cuando dejás fluir tu lírica poética?

Algo que ocurre cuando escribo poesía es que casi siempre el punto de partida es un momento de improvisación, en forma de una imagen pequeña, como te decía antes, un encuentro de palabras que, si me atrae por su sonoridad, hace que el poema se empiece a construir a su alrededor. A veces lo termino en poco tiempo, otras lleva mucho trabajo, sacar y corregir. Creo que en los poemas más logrados las palabras son a la vez la corteza y lo que hay bajo ella. En ellos el lenguaje explora la paradoja de sentirse ajeno del mundo mismo que se habita.

Tu poesía pareciera actualizar el lenguaje poniendo palabras de esta cotidianeidad que nos amasa. ¿Como salió esto? ¿Y qué buscás cuando lo hacés?

Supongo que llegué a eso porque parte importante de las y los poetas que me tocan hondamente no trabajan a partir de un “vocabulario poético” sino que hallaron modos o combinaciones atrayentes a partir del lenguaje cotidiano. No sé cuánto he logrado en ese sentido, pero intento que recursos como la falta de puntuación, la disposición particular de algunas frases que no siguen la sintaxis normal, usar sinónimos aparentes, o repetir algo con diferente valor permitan leer de más de una forma el conjunto, y al menos en determinadas zonas del poema se superpongan distintas significaciones.

“Algo que ocurre cuando escribo poesía es que casi siempre el punto de partida es un momento de improvisación, en forma de una imagen pequeña, un encuentro de palabras que, si me atrae por su sonoridad, hace que el poema se empiece a construir a su alrededor”.

La fugacidad y el tiempo, la palabra trabajada, ¿qué zonas intensifican esto?

Creo que en una buena porción de estos poemas, la palabra es precisamente un intento de abrazar la fugacidad del tiempo.

¿Cómo comprendes la muerte física y la muerte poética?

Te diría que trato justamente de escribir en relación con ellas, sin comprenderlas.

¿Los límites y los laberintos cómo funcionan en lo poético y en la vida?

Me gusta pensarlos en una doble función, no contradictoria sino complementaria: que sean a la vez valla y trampolín, es decir, el obstáculo y el impulso. El tiempo es uno de ellos: límite y laberinto a la vez.

¿Podrías pensar tu vida sin el hecho poético? ¿Dónde se encuentra lo poético?

No concibo la vida humana sin lo poético (que no es lo mismo que decir “sin poesía”). Lo poético se nos aparece en cualquier lugar donde sepamos o podamos encontrarlo, por ejemplo, en cada oportunidad en que, en nuestra preocupación y necesidad de hacer sentir algo de forma profunda, no tenemos más remedio que alejarnos de la literalidad para usar el lenguaje de manera figurada. Así, está presente cuando alguien dice algo tan habitual como “lo que pasó me partió al medio”, o expresiones semejantes. Y la experiencia de lo poético está, claro, en el disfrute de la palabra en todas sus aristas: imagen, sonido, significación. Ese placer que nos resulta tan cotidiano en la niñez. Explicar qué es “la poesía” me parece más arduo y misterioso.



Guillermo Cácharo
Forastero de mí (y otros poemas reunidos)
Miño y Dávila
2022

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