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Jardín Fantástico | Imaginando otros mundos

La obra escrita y dirigida por Agostina Luz López retrata la convivencia de diez adolescentes en un jardín casa que funciona como escenario de creación, redescubrimientos y reflexiones acerca de la naturaleza de nuestros vínculos.


Por Marvel Aguilera.

Alguna vez Hume dijo en su famoso “Tratado de la naturaleza humana” que la memoria, los sentidos y el entendimiento están fundados en la imaginación. De que hay algo más allá de lo racional que nos conecta con lo que existe, un plus interior, un habitaje que solemos compartir con mayor fuerza cuando los mandatos del mundo adulto todavía no han terminado de domesticarnos. Es que la adolescencia es el estado donde la capacidad de asombro está más palpable, donde esa vocación de angustias e ilusiones se vuelca hacia formas más creativas, en disrupciones, en la capacidad de pensar espacios y alternativas posibles a una realidad gobernada por las apariencias, donde las autenticidades adolescentes son vistas como una anomalía contingente necesaria de corregir.

En Jardín Fantástico, Agostina Luz López recrea esa genuina curiosidad y experimentación juvenil con la puesta de un territorio natural. Un jardín que será el hogar de diez adolescentes comprometidas a transcurrir el tiempo según sus propias concepciones de los vínculos, el amor y de la mismísima realidad.

Diez chicas se reúnen en un jardín casa con la idea de poder converger sus pensamientos y sensaciones, lejos de la mirada adulta. Leyendo y comentando un libro alrededor de un ceibo; tratando de identificar su reflejo en el agua de la pileta; interpretando una pieza teatral; conectando su pensamiento con lo onírico en una habitación repleta de peluches; reconociéndose en medio un ritual nocturno de máscaras. Todo confluye y se mixtura. Historias que cruzan lo real y lo inventivo, lo imaginario y lo tangible. Es que en su universo, ellas producen las condiciones del tiempo y el espacio, donde incluso lo planificado parece impregnarse de ese espíritu espontáneo, fantástico.

Revista ruda


Los espectadores son parte invitada de ese recorrido, en una suerte de reducido teatro itinerante que los sumerge en un espacio de sentidos revueltos, de vínculos alternativos en donde los miedos y las incertidumbres, en una era de omnipotencia optimista, son expuestos sin tapujo. En que la alteridad y el narcisismo son discutidos, resignificados. Y donde el mundo adulto, repleto de clichés sentimentales y estándares normativos, es satirizado a través de la creatividad, el humor, y la picardía.

La naturaleza, por otro lado, es parte central de la atmósfera que las jóvenes actrices crean alrededor de sus diálogos. Elementos naturales que se vivifican a través de sus relatos, que toman forma jurásica en un jardín selva o se magnifican mediante las luces que potencian el encuentro lúdico de las protagonistas. Es que el agua, la vegetación, el aire, -incluso el gato que las acompaña- todo confluye en una suerte de energía que moviliza su recorrido. Porque el estado natural, aquello despojado de artificios, es el lugar en donde más podemos encontrarnos, liberar nuestra esencia, habitar desde el lenguaje, la melodía, la mímesis.

Foto: Ignacio Lasparra

Jardín Fantástico es un relato intimista pero abierto, un diario de adolescentes donde entran en juego los sueños, las aventuras y las zozobras previas al mundo adulto. Un limbo de transformaciones, de nombres alterados, de historias que hablan de algo más allá de los datos y fechas: que cuentan los gustos, las memorias sensibles, los miedos, los tipos de sueños.

Día y noche, adentro y afuera; la realidad se desgrana en una dimensión particular, una que atañe a lxs que se aventuran a ser cómplices de ella: sin categorías establecidas, sin deberes rígidos que determinen el estar, el sentir y el ser. Una pieza teatral que guarda algo del espíritu de films clásicos como Stand by me o El Club de los 5, ese redescubrirse en medio del crecimiento pero con componentes más actuales, reconocibles, y a su vez mágicos.

Agostina Luz López dirige esta obra como guiada por el sonido de los elementos naturales; la cadencia que marcan los silencios, los insectos, el sonido del viento zumbado en la boca de cada una de las protagonistas. Un aura sentimental que circunda a los espectadores, testigos directos de una pieza que lleva el teatro a un plano de pura recreación; de lenguajes, movimientos, poéticas y experimentación que va a tono con la propuesta espacial del Zelaya.

Una obra donde prima la búsqueda y que es necesario transitar liberados de preceptos. Abiertos a pensar nuestra realidad, lo que nos acontece, con esa imaginación que tantos mundos posibles nos ha sabido construir.

Ficha artística técnica

Actúan: Antonia Brill Perrotta, Catalina Burak, Sofía Guerschuny Pesci, Giulia Heras, Jacinta Perez Berch, Carolina Paula Rojas, Catalina Pietra, Noah Salamanca Tola, María Luz Silva, Lina Ziccarello.
Vestuario: Mariu Fermani
Arte: Mariana Tirantte
Asistente de arte: Imanol López
Luces: Leandro Orellano
Video: Vladimir Durán y Maximiliano Passarelli
Asistencia de video: Sofía Martínez Durán
Fotos: Ignacio Iasparra y Mariana Papagni
Foto de afiche: Mariana Papagni
Diseño gráfico: Catalina Perez Andrade
Prensa: Marisol Cambre
Asistencia de dirección y colaboración dramatúrgica: Ana Montes
Producción: Poppy Murray
Texto y dirección: Agostina Luz López

Espacio ZelayaZelaya 3134, CABA.
Funciones – sábados y domingos 18:30 hs.



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