El Pregonero

Viejos, solos y enfermos


Editorial

Cuando ya no hay molestias ni enfados, la mentira triunfa, se normaliza. Se transforma en parte de lo diario, en el motor de nuestras discusiones, construye el entorno en el que exponemos nuestra vida. Es difícil romper con la mentira, cuando la mentira ya forma parte de nosotros, cuando edifica nuestro discurso, cuando hemos construido nuestra identidad ideológica a partir de ella. 

El pasado viernes, dos días antes de las PASO, los medios dieron apertura a la última gran función del circo. Una burda encuesta de la consultora Elypsis que proponía un virtual empate técnico entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos fue fogoneada por Clarín, La Nación y demás multimedios con el objetivo de confundir a la sociedad. El viejo truco de generar un estado promisorio para que el entusiasmo genere empatía entre los votantes indecisos. Los resultados, abrumadores y casi irreversibles, a la vista de la elección, dejó a los célebres comunicadores fuera de juego, expuestos a la burda operación del mercado y teniendo que dar explicaciones forzadas y victimistas. Luis Majul, en sintonía con el presidente, pidió disculpas por no investigar lo debido. Jorge Lanata atinó a decir que los comunicadores estuvieron ajenos a la realidad. Eduardo Feinmann habló de la necesidad de escuchar el viento celeste. Alfredo Leuco llegó a pedirle a Macri que revea su decisión de continuar en el gobierno.

Pero no. Nada de esto se trata de un error o algún tipo de dejadez. Los popes periodísticos siempre han seguido la lógica del mercado. Son parte de él. Son empresarios. Sicarios de la información. Trafican con su imagen en pos de prestigio, plata y poder. Por eso culpabilizaron a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel. Por eso demonizaron a Cristina y a La Cámpora. Por eso generaron listas negras de colegas identificados con el gobierno pasado. Por eso callaron ante los miles de despidos en Télam, Clarín y Radio Nacional. Por eso tergiversan la historia en beneficio de los ajustadores. Por eso inventan cuentas en el extranjero que nunca desmienten. Por eso son parte de una red mafiosa que involucra a la Justicia y a los servicios de inteligencia. Por eso van a cambiar de camiseta. Una y otra vez. Porque es su naturaleza. Porque no les interesa la diferencia entre la verdad y la mentira. Porque saben acomodarse. Porque la memoria es frágil. Porque nosotros los alimentamos e hicimos dioses.

Hoy están dispuestos a seguir. Impunes. Como si nada. Acusando a Macri de inútil, de insensible, de psicópata, de mal de Hubris. Es su naturaleza: corren detrás del sentido común cuando no pueden construirlo. Se adaptan, como el moho. No hay que festejarlos, nadie les dobló la mano. Los denunciaremos, hasta el cansancio. Hasta que se hagan cargo de su manipulación. Del odio que promulgaron entre el pueblo. Del sinfín de basura que escupieron contra la militancia, contra aquellos que creen en un proyecto político, en un modelo de país. Contra aquellos que luchan por el bien común, que tienen empatía para con el otro. Contra los que no son indiferentes con el prójimo y creen en la distribución y en la equidad social. Porque la patria somos todos. Porque nos negamos a vivir de nuestro narcisismo y morir como ellos, “viejos, solos y enfermos”. 

Hoy el periodismo es otra víctima de una crisis que trasciende lo económico. Estos agentes enfermizos, enriquecidos en base a la mentira y la conspiración, son una clara muestra del síntoma. Pero nosotros creemos que se puede sanar. El periodismo no puede ser partidista, más allá de las creencias particulares que cada uno comulgue. Estamos para informar, nunca para ocultar. Que no nos vuelvan a querer vender pescado podrido. No vamos a olvidar a estos infames que por unas monedas de oro enterraron a tantos compañeros y medios en la profunda ignominia, en la desesperación. Es verdad, los tiempos son críticos, y cuesta salir de ellos, pero la única batalla que se pierde es la que se abandona, como una vez tatuó en la historia el “Che” Guevara. Y en eso estamos, y seguiremos, buscando el hilo de esperanza entre las ruinas, con la memoria al hombro, con los pies sobre el barro de la historia, escuchando a las voces de nuestro pueblo.

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