Literaturas

Carlos Godoy: “No hay un manto de legalidad para el aborto pero hay una aceptación y un acompañamiento desde lo público”

En Jellyfish. Diario de un aborto el escritor Carlos Godoy encara la tarea de construir la voz de una chica de diecinueve años que necesita hacerse un aborto. Tras cruzar ese umbral de peligro otras cuestiones entran en escena.


Por Violeta Micheloni. Fotos Julieta Bugacoff

¿Por qué incomoda un varón que camina por la calle con un pañuelo verde atado en la mochila? Porque parece que nos está dando permiso. No importa qué tan aliado sea o cuán deconstruído vaya por la vida. Un chabón con pañuelo verde parece alguien que no reconoce los privilegios con los que vino al mundo. Uno de ellos, el de tener una voz más habilitada que la del resto de sus coterráneos, y no hablo solamente de las mujeres. Este argumento se puede rebatir fácilmente. Se puede sostener sin error que toda lucha es compartida y que, en definitiva, es la unión de las voces la que transforma, no solo las leyes y su vigencia relativa, sino las cabezas y los corazones. Desde esa mirada, más es siempre mejor. Sigamos preguntando, entonces.

¿Por qué la lucha por la legalización del aborto y la ley de IVE tendrían algo que ver con un libro, una novela, publicada por un autor de literatura? El ocho de marzo de este año, mientras se preparaban las columnas para la marcha por el Día de la Mujer, Tusquets sacaba a la calle la novela Jellyfish. Diario de un aborto del autor cordobés Carlos Godoy. Un cuadrado verde sobre el fondo negro habitual de la editorial fue el diseño elegido para la tapa. Desde ese momento Godoy viene sorteando toda clase de lecturas un poco apresuradas del texto sin dejar de reconocer la apuesta arriesgada que la escritura y la publicación representaron.


El año pasado se presenta el proyecto de ley, la situación social hace que sea de lo único de lo que estamos hablando. ¿Qué es lo que a vos te hace decidir escribir sobre el aborto?

Tenía mucha data por varios motivos. En principio porque yo trabajé con Gabriela Cerrutti en la Legislatura y desde Nuevo Encuentro se impulsó mucho el tema, sobre todo con el manual que hay dando vueltas por ahí. Yo fui uno de los que lo diseñó en parte. Entonces tenía la información, tenía números y de repente empecé a descubrir a mi alrededor casos que antes estaban tapados por la época. Con el cambio de época o de paradigma en relación con el aborto empezó a hablarse un poco más. A raíz de eso, se me ocurrió escribir este libro y el objetivo era que funcionara tanto como un testimonio, como un manual. Lo empecé escribir mientras sucedía el debate por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la idea era sacarlo el año pasado. Yo pensaba que la ley iba a salir entonces eso me apuraba. Yo calculaba que en agosto se aprobaba en Senadores, ahí tenía que bajar a Diputados con modificaciones, Diputados la volvía a elevar y con toda la furia en noviembre si había viento a favor se volvía a debatir y probablemente a aprobar.

¿Y cuando finalmente no se aprueba?

Y eso me dio más tiempo. La novela ya estaba, yo trabajo con una correctora y ya habíamos hecho casi todas las devoluciones. Busqué varias editoriales, a nadie le interesó, salvo a Paola Lucantis de Tusquets. Ella me dijo que estaba interesada y después me volvió a escribir para decirme que había conseguido que saliera en marzo. Teniendo en cuenta que en octubre estábamos empezándolo a trabajar, que saliera en marzo fue un tiempo terriblemente récord.

“La idea es que este libro pueda acompañar a alguien, pueda servir de compañía; tiene esa idea de fondo. “


“¿Cómo tiene que escribir una mujer que va a abortar por primera vez? ¿Tiene que parecer desesperada? ¿Debe parecer sufriente? ¿Soy una madre? ¿En este momento estoy empezando a ser madre y por lo tanto a volverme loca y triste y culpable? ¿Alguien leerá esto?” El lunes cinco de marzo de 2018, Yakie Dorayaki de diecinueve años se pone a escribir un diario. Unos días antes confirmó que estaba embarazada y tomó la decisión de hacerse un aborto. Los veinte días del diario serán el registro de los pasos que tiene que dar para acceder a un aborto clandestino con pastillas, la experiencia del aborto y su día a día de estudiante de Puán de clase media porteña. Sus amigos, sus salidas, su pareja y todos sus consumos integran el relato y le dan a Yakie una corporeidad bastante realista. Godoy encara la construcción de esta voz a partir de testimonios de distintas mujeres y el resultado es una post-adolescente un poco abrasiva pero increíblemente lúcida, que refleja su experiencia descarnadamente. Una voz que incita preguntas y despierta dudas pero que resulta liberadora en tanto el autor no usa a su personaje para sumarlo a la batalla por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo que en ese momento comenzaba a tener lugar en las calles de la ciudad y en todo el país, ni tampoco como escenario de la pregunta por aborto sí o aborto no. Yakie necesita un aborto y no hay nada que debatir.

¿Qué te lleva a elegir a Yakie? Porque ella es una estudiante de Puán, de un contexto social muy específico, con determinadas características… ¿Qué te lleva a ese personaje en concreto?

Por un lado, especulación, porque me parece que el público que está más comprometido con el aborto podía verse más identificado con este personaje, y, por otro, porque es data que manejo, es una chica que habla todo el tiempo de libros y yo tenía que poder fisurar por alguna parte mi voz de autor. Me costó muchísimo escribir este libro. El gran miedo desde la técnica era que se note que era un tipo hablando como mujer, que pareciera un viejo con bermudas y gorra queriendo ser joven. Entonces esos momentos de crítica que tiene son en los que yo podía colar un poco mi voz. En parte porque me estaba volviendo loco, esa voz se me quedaba en la cabeza, hablaba como el personaje, y, en un segundo momento, porque me pareció que todo el tiempo así…. Creo que era necesario filtrar el tono adolescente, daba respiros un poco de crítica. Además, es en parte la hija de una amiga que tiene dieciséis años y va al ILSE.

Sarlo sobre Los Pichiciegos decía “la novela no quiere demostrar nada y sus personajes no están en condiciones ideológicas, ni discursivas para reflexionar. Los pichis carecen absolutamente de futuro, caminan hacia la muerte, y, en consecuencia, solo puede razonar en términos de estrategias de supervivencia”. Y en este sentido hay un acuerdo en que Los pichiegos no es un manifiesto antibélico, es decir, no es una postura política desde esa perspectiva. ¿Qué opinás de esto en relación con Jellyfish y la ley de IVE?

Bueno sí, es un poco lo que dice Sarlo, en ese momento esa chica de diecinueve años lo que tiene que hacer es resolver una cosa que es su aborto para seguir con su vida. Hay un momento en el que ella dice, bueno, capaz si tuviera una pareja al lado para compartir, para poder negociar esto o darle un manto de sostén, quizás pudiera funcionar. O por más que la pareja no quisiera, si es un proyecto tener un hijo quizás también podía funcionar. Lo que pasaba en ella era que su madre la había tenido a los cuarenta, entonces no estaba dentro de su cabeza. Lo más “lógico” para un personaje como este era abortar y estaba tratando de resolver eso. En ese sentido es un poco lo que dice Sarlo en relación con la obra de Fogwill. La diferencia quizás es que ahí hay una expresión totalmente explícita de la muerte, en cambio en el aborto la muerte o no muerte, ya sea tanto del embrión producto del aborto o del riesgo personal no es algo tan evidente, está más mezclado. Quizás la idea del aborto es la muerte o cómo negociamos la muerte con nosotros mismos.

Pero al mismo tiempo es un manual, un instructivo para realizarse un aborto con pastillas.

Claro, la idea es que este libro pueda acompañar a alguien, pueda servir de compañía, hombre o mujer, no importa, tiene esa idea de fondo. Por lo menos yo pienso en esas cosas cuando escribo, si no, no me siento movilizado. Estaría bueno que se transforme en un libro de referencia.

¿Qué pensás de la ley en este momento?

El aborto sigue siendo “ilegal”, pero ya en las salitas de Flores conseguís misoprostol y eso pasó desde el año pasado hasta ahora. No hay un manto de legalidad, pero ya hay una aceptación general y una promoción y acompañamiento desde lo público, por decirlo de algún modo, aunque no esté blanqueado. Por otro lado, está la idea que sale del epígrafe del libro que es una cita de Clinton. El aborto es una cuestión de estado, eso es totalmente claro. Yo estoy de acuerdo con Alberto Fernández, no hay que debatir el aborto. El aborto no se debate, tendría que salir por DNU. O no porque generaría un problema político, pero poné guita en las salitas y que esté todo perfecto. El debate en sí me parece que es una puesta en escena de cuestiones que no sé si acompañan al momento de crisis que vivimos.

“Las redes terminan siendo una especie de compañía, pero a su vez resultan una confirmación de que uno está realmente solo. Hay instancias en las que la intimidad no se puede propagar, no se puede abrir.”


Vos estabas interesado en que el libro se publicara con el pseudónimo de Yakie. ¿Cómo te imaginabas esa posibilidad? 

Yo me imaginaba como una serie de Yakie haciendo cosas. Hay una cosa que a mí me interesa mucho que es la sexualidad de los adolescentes, en los niños. Yo tengo dos hijos y uno en camino y es bastante impresionante como la sexualidad tiene unos niveles super extraños. En la Edad Media un cambio de generación era un siglo y en los ’80, ’90 un cambio de generación era siete años; ahora no tengo ni idea. Entonces, en ese sentido, me pareció que había material como para contar la sexualidad y esos experimentos de adolescente de diecinueve años medio en una. Y yo me imaginaba una serie, Yakie va de viaje y cuenta todas sus historias sexuales, Yakie empieza a trabajar…

Pero por otro lado ella se ve a sí misma como autora.

Sí, ella todo el tiempo está hablando de que en algún momento va a escribir una gran novela y también ahí está lo que decía de la compañía. Ella se propone como autora generar un libro que sirva de compañía, diciendo que eso no es literatura, que eso es como un desahogo, que eso no es escribir, es contar tus problemas.

La tapa del libro está ilustrada con un cuadrado verde abortero y, junto con el subtítulo “Diario de un aborto”, fue una decisión de la editorial. Según trascendió vos querías que ese recuadro fuera la captura del buscador de Google con las palabras claves que aparecen cuando se busca “cómo hacerse un aborto”.

Y, la tapa era esa, yo estoy cien por ciento seguro de que la tapa era esa. Aparte porque representa la soledad de la búsqueda. Te das cuenta de que estás embarazada, ¿qué es lo primero que hacés?, ¿hablar con tu vieja?, ¿hablar con un amigo? No, te vas a Google. Como decía, apunta a ser un libro para compañía, ves esa tapa y te pasó o te está pasando lo mismo…. Por otro lado, lo que me llega a mí es que hay un rechazo medio unánime al libro y es por la tapa. Porque se lee como una especie de apropiación en la que yo no tengo nada que ver, si bien salí a bancar el libro y poner la cara y la pongo donde sea. Pero me da bronca porque no es una decisión mía.

¿Qué opinás de esta cita de Virginie Despentes? “Cuando los hombres ponen en escena personajes femeninos, rara vez suele ser para intentar comprender sus vivencias o lo que ellas sienten como mujeres. Es más bien para poner en escena su sensibilidad de hombres en un cuerpo de mujer.”

En una entrevista en una radio me preguntaron, “¿cómo hiciste para llegar a esa piel con la mujer?” y mi respuesta es que yo escucho a las mujeres, pero también tiene que ver con que yo soy escritor, mi trabajo un poco es ese, captar esa idea, esa representación, como el imitador. Pero sí, obvio, pasa mucho lo que dice Despentes. No voy a decir ejemplos, pero hoy en día podés encontrar varios libros en los que te das cuenta de que es un tipo y se ven las fisuras. También pasa con la clase, ves las costuras de clase, ves cuando alguien está hablando como pobre y no tiene ni idea de lo que es un pobre o viceversa. Yo creo que hay literatura buena y literatura mala, y en la literatura buena no ves la costura y en la literatura mala decís qué está haciendo este tipo o esta mujer. Igual eso va y viene, por ejemplo, yo estudié en la Universidad de Córdoba que es totalmente jesuita y muy demodé, en comparación a la UBA que está mucho más anclada en el siglo XX, y lo que pasaba mucho es que se veía al autor desde la biografía. Algo que me parecía super ridículo para la época. Pero resulta que hoy en día el arte contemporáneo es la biografía, hubo un momento que la obra se separó, pero hoy más que nunca todo es la exposición de uno mismo.

Ese es otro tema que en algún punto tratás en la novela, las redes, la espectacularización del sí mismo, incluso desde el hecho de que es un diario y de que el realismo al que aspira se da a partir de la experiencia privada, ¿no? Ella en un momento querría poder hacer una story cuando se está haciendo el test de embarazo.  

Claro eso lo pensé como para llevar al límite la intimidad. Ella dice, una celebrity puede mostrar su test de embarazo y todos los followers la felicitarían, pero una chica de diecinueve años no puede hacer eso en un país como Argentina donde se está debatiendo el aborto. Las redes terminan siendo una especie de compañía, pero a su vez resultan una confirmación de que uno está realmente solo. Un poco la idea del libro también es esa. Ella es una chica popular, tiene amigos, sale, tiene una vida activa. Pero cuando sucede esto está sola. Hay instancias en las que la intimidad no se puede propagar, no se puede abrir.

Para terminar, en una entrevista que te hicieron en el Canal de la Ciudad te preguntaron si el libro no podía ser considerado una apología del delito ya que la ley no salió.

Sí, yo estaba muy buenito, era la segunda entrevista que hacía. Pero lo primero que me salió responderle es qué hacemos con la ficción, qué hacemos con los policiales… Vas a encontrar más apología del delito que cosas buenas en la literatura. La literatura es un espacio de frontera.


Carlos Godoy
Jellyfish. Diario de un aborto
Tusquets

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