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El emperador de París: Apenas un delincuente

El emperador de París de Jean François Richet narra la historia de François Vidocq, genio de la evasión de las cárceles francesas devenido en metodólogo de la criminalística. Esta superproducción, que cuenta con las actuaciones de Vincent Cassel, Olga Kurylenko, Denis Lavant y Fabrice Luchini, es un correcto y bien intencionado entretenimiento.


Por Laura Bravo.

Si algo aprendimos como espectadores de series y películas del tópico fugas es que aquello que el poder en verdad odia es que se le rían en la cara. No importa la monta del burlador sino el ejercicio del ingenio orientado a exhibir su inoperancia. Esto transformó a Ronald Arthur Biggs, Steven Jay Russell y al mismísimo François Vidocq en personajes amados por el pueblo y odiados por el gobierno de turno.

Lo contradictorio, y por esto fascinante, de Vidocq es que en determinado momento cambia de bando y pone su expertise al servicio de la ley. Desde este rol, inspiró personajes literarios como Auguste Dupin de Edgar Allan Poe, Monsieur Lecoq de Émile Gaboriau y, en Los Miserables de Víctor Hugo, tanto a Jean Valjean como al policía Javert. Primer director de la Sûreté Nationale francesa, detective autodidacta, su figura remite al imperio napoleónico.

La evasión de Vidocq (Denola, 1910), Vidocq (Daroy, 1939), Escándalo en París (Sirk, 1946) y el thriller fantástico Vidocq (Pitof, 2001) fueron dispares intentos por trasladar el mito a la pantalla grande. El holandés Hans G. Kresse lo popularizó en el cómic.

Todo comienza en 1805, a pura acción, Vidocq escapa de un presidio, como tantas otras veces. La París marginal es sucia, pobre, plena de delito mientras que la otra París, a la que se acoplará tras una amnistía, tras la conversión en arrepentido, es una ciudad pujante habitada por burgueses que demandan seguridad. Entre los escenarios reconstruidos digitalmente que recupera el filme, se encuentra el Arco del Triunfo en obras, con los andamios a la vista, símbolo del crecimiento.

Como es previsible, Vidocq deberá enfrentar el prejuicio de quienes aún lo consideran un malhechor y el desprecio de las mafias de viejos conocidos. Todo a fuerza de sangre y resultado. Vincent Cassel logra que el protagonista luzca creíble, que perturbe, que cobre espesura. El papel le calza a medida. Lo consigue en una esgrima constante con experimentados actores a la altura del desafío.

Maravillosa música, salvajes peleas, despliegue de vestidos, palacios y jardines refieren destreza técnica y refinada estética. No obstante, la película no despega de las convenciones del policial de época. Pierde cuando incurre en lugares comunes, se vuelve vieja cuando se regodea en la espectacularidad.

La tecnología dota a cada fotograma de precisión y contundencia similares a las que caracterizan a otros productos de presupuesto millonario. No es original, es el requisito básico para que el espectador pague una entrada en la era de la reproductibilidad sedentaria que ofrece el streaming.

No entendemos por qué pero Richet, quien supo construir con tanta nitidez al criminal Jacques Mesrine en Instinto de Muerte (2008) y Enemigo Público N°1 (2008), elige quedarse a las puertas de Vidocq. Lo bueno es que Vidocq siempre tiene revancha.


Jean-François Richet
L’Empereur de Paris
Mandarin Production / Gaumont / France 2 Cinema
Guion: Eric Besnard, Jean-François Richet
Música: Marco Beltrami, Marcus Trumpp
Fotografía: Manuel Dacosse
Con: Vincent Cassel, Fabrice Luchini, Olga Kurylenko.
Aventuras. Francia, 2018.
119’, SAM 13.

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