Poéticas

Desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido | Javier Galarza y su “religión Hölderlin”

Se cumple un año de la partida del poeta, ensayista y docente Javier Galarza. La poeta y psicoanalista Ianina Fornaro lo recuerda entre las páginas de su última publicación, La religión Hölderlin (Llantén, 2022).


Por Ianina Fornaro. Foto de portada: Julieta Bugacoff

Regresaba
—¿Era yo el que regresaba?—

Juan L. Ortiz

“Es la miseria lo que me impide darlo todo”,
predicó Alina como una pequeña loca de Asís.
“Si sabemos disolvernos,
podremos terminar
con la idea de un yo y de un otro”.

Javier Galarza

Estoy en Tilcara, leo La religión Hölderlin, libro de Javier. Pienso en los lazos, en la fragilidad, en que se rompen sin compasión. Leo en La religión: “ese lugar, de solidaridad y desesperación, eso que permite lazos fuertes, construcciones y reconstrucciones. Ese gesto animal que nos permite seguir en la tormenta”. También leo lo que predicó Alina: es la miseria lo que impide darlo todo. Pienso en él, en lo que sostenía, en lo que decía, en el intento de apresar un caudal de existencia que de otra forma sería inasible. En su respeto por los poetas, en la antorcha – pitonisa ardiente, diría Juan L. Ortiz – y en el encuentro con su esencia.

Recuerdo la primera frase de un texto que empecé a escribir después de su partida: “todavía camino con el dobladillo de la pollera descosido como cuando iba a la escuela”.

Abro el libro en cualquier página: “Hoy pienso, Alia, que un monje o un santo existen solo para que la pasión no se derrame sobre el mundo, para que tome forma de austeridad, para que las rejas del claustro o de la vida mediocre no sufran el desborde de lo posible. Creo que molesta el misterio, el no saber. Cada vez que quise entender algo, la cosa fracasó”. “Aposté por lo intraducible”.

Más abajo: “aun así, la mente desespera por fijar el río en un lugar”.

Deshacer el idioma del enemigo, y ganarlo una vez más para la poesía.

Pienso en tu religión, en mis compañeros de taller, en tu seriedad para seguir trabajando cuando nos dispersábamos, en tu molestia con eso.

Para discutir también se necesita un lazo fuerte, decías. A pesar de las discusiones, Chuang Tzu amaba a Hui Tzu; años después, al contemplar la tumba de su íntimo enemigo, dijo que era el único hombre de todo el imperio con el que podía conversar.

“La intemperie sin fin”, enunciada por Juan L. Ortiz; “el yo es otro” de Rimbaud.

Tu generosidad, que la poesía se esparza por el mundo, que sea un canal, como citás en la dedicatoria de Miguel Hernández a Vicente Aleixandre: “cada poeta que muere deja en manos de otro, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido”.

“Alguna vez me pregunté de cuántas personas estaremos dando testimonio al tener el deseo y la palabra. No es el yo lo que importa, podemos caminar hacia un nosotros”. JG


Generosidad alimentada por lo Deseado, diría Lévinas, y en este sentido relación que no es desaparición de la distancia, que no es acercamiento; o para ajustar con mayor aproximación: relación que proviene del alejamiento, de la separación, puesto que se nutre de su hambre.

Decís en un pasaje del libro: “No nos resignemos a este control sobre los cuerpos, no prives a nadie de tu ternura. Dales su muerte como el pan. Dales tu pulso salvaje”.

Hablás de una nueva religión: “toda religión será poética” citando a Hölderlin. Una Revelación /Revolución, “hacer efectivo lo abierto”, la ruptura de la totalidad, de la religión a la ligadura que se establece con lo absolutamente Otro que conserva su trascendencia en el seno de la historia. “Alguna vez me pregunté de cuántas personas estaremos dando testimonio al tener el deseo y la palabra. No es el yo lo que importa, podemos caminar hacia un nosotros.”

Invitás a habitar el desfasaje: ¿Por qué no intentar una ética de la catástrofe? Vení y date una vuelta por lo salvaje.

Me atrevo a romper el final de The Hollow Men de T. S. Eliot con tus palabras:

Pues ligero es
La vida es
Pues ligera es la

Así es como el mundo acaba
Así es como el mundo acaba
Así es como el mundo acaba

Ni la explosión ni el gemido. El mundo termina indefinidamente, en un movimiento que se perpetúa.


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