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Martín Flores Cárdenas: “Es tan importante lo que se crea como el cómo se crea, desde dónde”

El director y dramaturgo pone en tensión los ejes del teatro a través de sus dos obras en cartel, No hay banda y La fuerza de la gravedad. Un diálogo sobre las motivaciones, herramientas y deseos de la creación artística.


Por Marvel Aguilera. Foto de portada: Valentina Kalinger.

¿Cuáles son las condiciones de posibilidad del teatro? Esa pregunta parece evocar el trabajo que viene llevando adelante Martín Flores Cárdenas, y que actualmente tiene en cartel No hay banda y La fuerza de la gravedad, ambas en Casa Teatro Estudio. Porque lo que trasluce la puesta de sus obras es que hay una historia detrás de cada representación, algo más que un detrás de escena; un relato personal o colectivo sobre aquello que nos impulsa a crear maneras de comunicarnos, de construir mundos alternativos para decir aquello que en la realidad parece no encontrar los símbolos precisos.

El tiempo, los vínculos, el límite entre la realidad y la ficción. En Cárdenas, el teatro es un develar constante, un arrojarse alrededor de lo que nos genera incertidumbres en un presente que fabrica verdades. Porque no se trata solo de lo que se muestra, sino también aquello que se oculta para irse descubriendo a partir de cada una de nuestras subjetividades. Jugar con los cimientos del teatro es en cierta forma el teatro en su estado puro: romper para volver a armar desde lo que las ruinas cuentan, desde una arcilla que se reconvierte en otra idea.

En el hogar que representa Casa Teatro Estudio, Martín apela a una mirada autogestiva, desde lo estético hasta lo administrativo, para hilar las obras que forman parte de la programación de la sala. Director, dramaturgo, actor, docente; su búsqueda va más allá de una mera puesta experimental, sino que implica un vuelco poético, una mirada espontánea a través de las miradas de un otro. Porque, como decía Nietzsche, “toda filosofía también esconde una filosofía; toda opinión es también un escondite; toda palabra, también una máscara”.

No hay banda, como cualquier obra o persona que se proponga hacerse preguntas sobre lo que se es, pasa a ser otra cosa en el instante que decide hacerlo. Es algo más que un desmontaje”.


¿Dónde creciste y qué recordás de ese lugar?

Nací en Capital y crecí en Hurlingham. Es un lugar que si bien sólo visito un par de veces al año para ver a mi familia, lo tengo muy presente porque siempre aparece. En sueños, sobre todo. Imágenes, personajes, mi primera casa, el bosque, el colegio… No me considero una persona nostálgica, para nada. No extraño nada de ser niño o adolescente. Pero muchas veces, para poder pensar ciertos asuntos uno está obligado a volver de alguna manera. Revisar cosas… Y también viven mi vieja y algunos de mis hermanos ahí, todavía. Mi vieja que es una de las personas más grosas que hay en la tierra.

¿El teatro con vos apareció desde lo lúdico o como una forma de expresar tus inquietudes internas?

Me resulta difícil separar lo lúdico de casi cualquier cosa. Aunque mi cara o lo que hago a veces pueda parecer serio, está sostenido sobre enormes y sólidas bases de boludeo. Boludear, joder… Siempre me termina llevando a lugares mucho más lúcidos y profundos que hacer o hablar “en serio”. Algo muy teatral, supongo… Reírse por dentro a cara de perro. Así apareció el teatro en mi vida, creo, de chico. Era algo necesario, inevitable, que me comprometía mucho. Como cualquier juego.

Foto (No hay banda): Valentina Kalinger.

¿Cuánto se conecta la idea detrás de No hay banda con la noción de “deconstrucción”? Y si es así, ¿cuáles son las ambigüedades que presenta una obra de teatro convencional y que buscás poner en perspectiva con ella?

La noción de deconstrucción hace unos años que viene circulando y hoy ya es común que aparezca en cualquier lado… Por suerte. Supongo que No hay banda, como cualquier obra o persona que se proponga hacerse preguntas sobre lo que se es, pasa a ser otra cosa en el instante que decide hacerlo. Es algo más que un desmontaje. Porque al mismo tiempo que muestra o desarma, arma. Oculta. En el plano más evidente, podríamos decir que está el cuerpo del autor en escena, que dice que no va a actuar y revisa el proceso de creación de una obra. Parece un gesto muy honesto y directo. Pero ese gesto, en apariencia sincero y que se jacta de estar despojado de artificio, da lugar a otros planos de contradicción y ambigüedad con relación a lo que se está viendo, haciendo y evocando. Esa es la zona que a mí más me interesa y me divierte trabajar, creo.

En el plano poético, alguna vez Nicanor Parra dijo que pensó su “antipoesía” como una forma de contrarrestar esa poesía que había perdido contacto con la vida real. ¿El teatro para vos atraviesa algún tipo de crisis de representación? ¿Por qué?

No sé. En Buenos Aires hay una diversidad en términos de representación y lenguaje tremenda. Siempre está en movimiento. Lo que sí está en crisis son ciertos sistemas de producción. En el teatro y en la mayoría de los ámbitos. Hace rato, pero hay sistemas que no dan para más. Está bueno tratar de mantenerse a un lado de la rueda, supongo, viéndola girar. Lo digo aunque no estoy muy seguro de si ese es el lugar donde estoy, o si eso es realmente posible.

También uno puede pensar que mucha de esa esencia rupturista del teatro, tan inherente a su mundo, es catalogada como “experimental” para evitar complejizar. Como si el teatro no fuera de por sí una experimentación constante…

Como una reducción, claro. Puede ser. Es el problema de las etiquetas, sí. “Teatro físico… – Pero si el teatro siempre es físico…” Entiendo. Supongo que tiene que ver con la difusión. Con tratar de guiar al público de alguna manera en tantos caracteres y bla.

Yo no estoy muy seguro de poder definir el teatro que hago. A veces uno sabe lo que hace, a veces no. En este momento me interesa probar cosas que resulten nuevas o necesarias para mí. Son pequeños experimentos en una sala para treinta espectadores. Por suerte hay un público interesado en ver esos trabajos. Si eso no sucediera, no sé qué haría. El nombre que se le dé a lo que hago o cómo es catalogado hay días que me importa más, otros menos. Está bueno pensarlo. Pero al final te van a terminar llamando como quieran.

Dijiste sobre No hay banda que la conexión con el público puede traducirse en la idea de tratar el tema de la verdad. Pienso si, en buena medida, eso responde a los tiempos que vivimos, donde todo parece regirse por lo artificial: los filtros, la IA, las fake news. ¿Cuánto crees que trabajás sobre esa desnudez de las capas de una obra?

Y… No sé cuánto. Pero hay trabajo ahí. Tiene que ver con lo que hablábamos antes. Si se duda de la veracidad de lo que el protagonista dice y expone como hechos reales, a partir de ahí se puede dudar de todo. Tampoco sería muy interesante si se estableciera o definiera que lo que dice no sucedió de ninguna manera… En vez de preguntarme o preguntarse si la obra evocada existe o existió, también podríamos preguntarnos qué hace que una obra exista, por ejemplo, que me parece más interesante.

Laura López Moyano y Martín Flores Cárdenas en La fuerza de la gravedad. Foto: Wo Portillo

¿Creés que el teatro es en mayor medida cuerpo?

Por empezar, el teatro necesita mínimamente de un cuerpo. Pero a la vez podría decir que todo necesita mínimamente de un cuerpo.

¿Cómo apareció la Casa Teatro Estudio? ¿El teatro puede ser entendido como un oficio similar al de un carpintero o herrero? ¿O necesariamente entra en juego una mirada acerca del mundo que lo hace trascender de la mera creación?

Supongo que hay muchas maneras de poner en juego nuestra mirada del mundo. La de cada unx, quiero decir. Para mí es tan importante lo que se crea como el cómo se crea, desde dónde. Esta sala es un proyecto familiar, digamos. Soy dueño junto a mi pareja y hacemos todo nosotros: boletería, venta de birra, la gráfica, él hace escenografías, yo doy clase, escribo y dirijo. Tenemos quienes nos ayudan ocasionalmente, cuando tenemos función de mis obras, por ejemplo, o viajamos a algún festival, pero nos gusta hacer todo nosotros. Es la forma que encontramos de sostenerlo, también. De ser lo más independientes posible. Tratamos de mantener en cartel las obras que elegimos todo lo que se pueda. Eso es lo mejor. Que la sala sea un lugar donde se prueben cosas que después podamos defender en la programación… Probar y encontrar un sistema de producción nuestro… Diseñar producciones a medida de cada proyecto o para cada ocasión es un privilegio que tratamos de compartir. A cada uno que llega con su proyecto tratamos de convencerlo de que aproveche la oportunidad de estar en un espacio que no exige fecha de estreno fija ni una cantidad mínima de público. Tampoco tenemos un precio fijo por ensayos. Es a voluntad y conciencia. Eso es lo mejor: poder compartir el espacio y una forma de ver la actividad. Nuestra mirada acerca del mundo, como decís vos, está tanto o más presente en cómo hacemos las cosas y desde dónde que en el resultado final, digamos. La capacidad de la sala es bien reducida y creo que las experiencias que ofrecemos están buenas. Sin embargo, mantenemos el valor de la entrada a un precio accesible como para seguir alimentando la circulación de gente, también. Te podría decir que así apareció Casa. Como una necesidad de crear en espacios y sistemas más personales.

“Diseñar producciones a medida de cada proyecto o para cada ocasión es un privilegio que tratamos de compartir. A cada uno que llega con su proyecto tratamos de convencerlo de que aproveche la oportunidad de estar en un espacio que no exige fecha de estreno fija ni una cantidad mínima de público”.

En La fuerza de la gravedad, la amistad es el tema latente, pero considero que también en las amistades está lo que define buena parte de nuestra visión de la realidad. ¿La amistad se puede pensar desde esas razones que hacen que nosotros seamos lo que somos?

La amistad o, podríamos decir, “el otro“. Sea quien sea. La obra toma el tema “amistad” para hablar sobre el vínculo con el otro. O con “lo“ otro. ¿Suena muy amplio? Es amplio. Podría decir “otredad“ o “alteridad“ pero no me gusta cómo suenan. Habla de la relación con eso fuera de nosotros que, como vos decís, nos define. El vínculo que establecemos con otros cuerpos, normas, con los espacios que ocupamos… Nos constituye. Y la gravedad nos mantiene a todos conviviendo, a la fuerza. Y no me refiero solamente a la humanidad. También a otras especies… Nadie puede escaparse a otro planeta. Y aún pudiendo huir, no podríamos nunca escapar de esa relación con lo que sea que es el otro, con ese territorio al que se llega casi siempre sin ser invitado. Acá estamos todos. Mirándonos las caras… Nosotros con nuestros amigas y amigos, con nuestros enemigos, con la familia, los gobernantes, los animales, los vecinos, lo desconocido… Todo lo que la gravedad mantiene unido. La invasión, la “conquista“, del espacio y del cuerpo del otro. La gravedad nos vuelve, en algún punto, una unidad. No sé. El mundo es el otro. Je.

¿El tiempo qué lugar ocupa en esta obra? ¿El tiempo en la amistad creés que corre distinto que para el resto de los vínculos sociales?

Puede ser. Si hablamos de tiempo, la obra nos reencuentra después de un tiempo, sí. Y eso lo celebramos. Pero también representa un duelo para nosotros. La despedida a una época que se está yendo. Esa intensidad que se narra… Es la que nos distanció, de alguna forma. Ahora nos reencontramos como amigos con Laura… A través de la obra. Porque queremos pero sobre todo porque podemos. No podíamos.

Se suele decir que el teatro independiente es consumido por aquellos que hacen teatro, ¿creés que esa visión empieza a superarse a partir de obras, como por ejemplo No hay banda, que han conseguido trascender esa esfera?

A veces pasa con algunas obras. Y una vez que empieza a pasar no se puede parar. En Buenos Aires el público se multiplica todo el tiempo. Eso es único en el mundo.

¿Considerás que le hablás a una generación quizás más joven -al menos eso observé en tus obras en cartel- que el promedio que suele ir al teatro?

Ni idea. Puede ser que haya algo del presente que me interesa. Compuesto, claro, por pasado y futuro. Pero no sé, la verdad. No lo pienso ni lo busco. Sucede.

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