Música

Rubio: refugio en esta tierra que no entiendo

Rubio, quizás una de las propuestas más originales en la escena experimental latinoamericana, desembarcó por primera vez en Buenos Aires. El público porteño recibió el jueves 13 de febrero su bautismo de fuego de parte de la banda chilena. Fue en el marco de la gira despedida de su álbum debut: Pez. Un encuentro íntimo en el boliche palermitano Niceto Club.


Por Fede Llera. Fotos Prensa

Rubio es el proyecto actual de la artista chilena Francisca Straube. Es exactamente ahí donde reside su originalidad. Aunque muchos pretendan colgarse la corona, pocos pueden ostentar con honestidad, seguridad y solvencia la evidencia de ser el viaje íntimo y personal de una artista con convicción que se anima a compartir su singularidad. Es, en última instancia, la manifestación de su manera única de recomponer la relación con lo cotidiano.

Entre los años 2017 y 2018, Rubio sacudió la escena con una serie de cinco singles dobles. Este y otros trabajos posteriores le valieron una nominación como Artista Revelación 2017 para los premios Pulsar, numerosas entrevistas entre las que se destacan la presentación en KEXP y presencia en grandes festivales internacionales como el Primavera Sound (Barcelona) y el Ruido Fest (Chicago). En 2018 sacó su primer disco, Pez, en el 2019 el single Pájaro Azul y en enero de 2020 el single Ir. El 5 de marzo estrenará La pérdida, un EP de cuatro canciones, antesala de su próximo álbum.

“Rubio lo abraza todo. Con un pie en la electrónica y sus posibilidades técnicas y otro en la música étnica y folklórica, logra generar una atmósfera tribal, casi ritual”.


En vivo, la banda de Straube rápidamente nos sumerge en un mundo onírico y ancestral. Un mundo que dialoga con otros mundos. Quizás descartados por este, el mundo material y conocido, el de todos los días. En el mundo de Rubio la instrumentación y las palabras se deforman, se desmarcan y corren de los roles que les conocemos para convertirse en artefactos y texturas al servicio de la expresión de un mundo propio.

En seguida destaca la riqueza rítmica de Rubio. Es que en ese diálogo con lo que este mundo descarta, Rubio lo abraza todo. Con un pie en la electrónica y sus posibilidades técnicas y otro en la música étnica y folklórica, logra generar una atmósfera tribal, casi ritual. En este viaje Francisca oficia como una suerte de sacerdotisa o bruja de la tribu. Es a través del baile, su interpretación y su presencia escénica que muchas veces rescata las sutilezas rítmicas que la banda despliega en capas.

Viendo a Rubio, uno tiene la sensación de estar viendo sombras pelear entre las sombras y hasta llega a preguntarse: ¿Quién es Rubio? ¿Son las sombras que dan pelea arriba del escenario o son aquella luz que todo lo quema y contra la que pelean? Como sea, y desde donde sea, Rubio nos pone en guardia y nos invita a plantarnos frente al misterio, sumergirnos en la oscuridad y darle pelea.

Francisca Straube ha dicho que Pez surge de su extrañamiento ante “este mundo que no entiendo” (Coral). Y es ahí donde sucede la magia. Porque Francisca, a través de Rubio y de Pez, nos sumerge en sus aguas – ese océano donde ella respira – para que podamos mirar al mundo a través sus ojos y compartir esa extrañeza y fascinación. Y eso es arte, o al menos así le decían en mi barrio hace unos años.

Una verdadera pena que aún ante la insistencia del público que pedía una más mientras se veía forzado a escuchar los cortes de difusión de rotación obligada en las FM y playlist de rigor y, aún a pesar de las ganas y la buena predisposición de la banda de corresponder a su público, desde el control-room del boliche palermitano no hubo ni asomo de voluntad de permitir que la banda toque un tema más.

Mientras el público coreaba “niceto culiao”, Fran dio pelea una vez más. Esta vez con luz de sala encendida contra un telón de escena que desde algún lugar le cerraban. Como si alguien hubiera decretado que ya habíamos espiado suficiente detrás de la cortina y que era hora de volver a estar lejos de Rubio. Ese refugio en menores que arde, suave, “en esta tierra que no entiendo”.

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