El Pregonero

Lula Libre: La caída del lawfare


Por Ruda.

El fallo del Supremo Tribunal de Brasil, en manos del operador Edson Fachin, derogó las condenas por corrupción contra el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva originadas por la causa denominada Lava Jato. Asimismo, instó a iniciar una nueva investigación en otros fueros, en base a una más que explícita parcialidad de la Fiscalía y del exjuez y exministro Sergio Moro, el gran ejemplo de Justicia en los medios masivos de Argentina unos años atrás.

La orden de Fachin, un funcionario que es parte esencial del entramado de falsas denuncias y operetas del Lava Jato, surge de la inevitable información pública de los lazos entre los fiscales y el juez Moro con el único objetivo de meter preso a Lula para así evitar que compita y gane las pasadas elecciones presidenciales que dieron la victoria al impresentable Jair Bolsonaro. ¿Les suena conocida esta artimaña?

El líder y máximo referente del PT estuvo preso desde abril de 2018, un total de 580 días encarcelado, sin posibilidad de participar en la contienda presidencial, debiendo a su vez soportar que a través de los comunicadores regionales se construyera una falsa noción de corrupción del movimiento político que hizo grande a Brasil y al Mercosur, y que sacó de la pobreza a millones de trabajadorxs brasileños.

El feudo argentino en descomposición

La declaración de Cristina Kirchner por la absurda y forzada causa del dólar futuro puso también en evidencia los intereses reales que guardan los popes de la Justicia en el país. Monarcas que transmiten su poder en familia. Intocables. Feudos que articulan poder con el establishment económico, los servicios de inteligencia y la mafia periodística que habita el prime time de la televisión argentina.

¿Cuál es su proyecto de país? ¿Cuál es el sentido de justicia que tiene un funcionario millonario que se niega a pagar ganancias en medio de un país abatido económicamente por la pandemia y las deudas ilegales tomadas por el macrismo?

La Justicia en la Argentina está manejada por patriarcas. Titanes de un mundo imaginario que lejos está de la realidad que viven millones de argentinos. Conservadores por genética. Anquilosados en sillas de oro, en doctrinas amarillentas que contrastan con laa transformaciones sociales. Es así en todo el mundo. Pero en el país nadie los confronta. Son dioses vestidos de luto. Y hacen política, como ningún partido. Orientan el rumbo social y económico del país. Ensucian y vanaglorian a quién les convenga. Para mantener sus privilegios, su feudo. Sus jubilaciones astronómicas. Sus exenciones. Su manto de solemnidad, como reyes ante los que hay que arrodillarse. Endogámicos y parasitarios del progreso y ascenso social de las clases populares. Romper con su escuadra puede llevar años, pero primero hay que empezar. Una reforma judicial a la altura de los acontecimientos, impulsada por un ministrx a la altura de su cargo, y no un funcionario arlequín “agobiado”, incapaz de confrontar con Stornelli y la rumbla mafiosa cocinada en los pasillos xeneixes presididos otrora por Mauricio Macri.

La justicia social a veces no alcanza, se necesita antes dinamitar la comarca del poder, de aquellos que no son elegidos por nadie pero que determinan tu futuro y el de todxs tus seres queridos.


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