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No importa dónde | Implosiones del texto shakesperiano

Juan Manuel Correa y Lucía Grosso encarnan esta versión de Richard The Second, de William Shakespeare en el teatro Nün. En la interpretación de los actores y en el uso de la música, Shakespeare nos intenta decir el origen patético de la política.


Por Pablo Pagés.

Antes de pensar una puesta creo que también se debe pensar en el teatro donde se la va a hacer. Nün es pequeño, justo. Exige grandes destrezas actorales en donde los que pisan las tablas tienen que saltar de un personaje a otro, fragmentado y díscolo, pero profundamente entendible. Nün es el escenario donde se hacen grandes piruetas existenciales. En cierta forma volvemos a un teatro donde el espacio escénico no importa tanto como el actor en la búsqueda de su discurso y viceversa.

Shakespeare entra de taquito en esta fórmula enloquecida. Cuántas puestas del mismo fracasan porque el decorado le gana a la historia y a la actuación. Sí señor, Shakespeare merece contorsiones de malabarista. Es el gran existencial, romántico, trágico y pesimista de los clásicos.

Y claro, bienvenida esta puesta que se llama No importa dónde. Nunca importó. Lo que se recrea constantemente es la impotencia dramática de una tragedia absolutamente evitable. Y con este abanico prosaico el mismo William se adelanta a su generación y ya comienza con una precisión de cirujano a desmembrar el cuerpo que da forma al poder. Acá Shakespeare nos intenta decir sin saberlo el origen patético de la política.

Por eso no importa dónde. El tema es que esta famélica forma de destrucción se acabe de una vez. Entonces la dramaturgia y los cruces de Correa y Peña son acertados. Y vaya que lo logran. Cambiaron las reglas del juego pero seguimos administrando la locura como en el principio de los tiempos. He aquí la actualidad de nuestro dramaturgo en cuestión.

Creo que William se hubiese llevado de maravillas con Michel Foucault si ambos estuvieran disfrutando de una misma contemporaneidad. Ambos desde sus pasiones son antropólogos de su propia tribu. Pero eso no pasó y William fue quizá el teatrero que más adelantó el horror de las nuevas formas políticas contemporáneas en donde cada paso es una finísima costura de iniquidades.

En esta obra, Juan Manuel Correa maneja un registro situacional formidable, en una demostración bella de todas las implosiones que puede provocar en el cuerpo el discurso shakesperiano. Con sutilezas, formula pasajes de otros textos del mismo William para que quede en claro cuáles son los ejes temáticos que apabullaron en vida al mismo autor.

La reina y Ofelia interpretadas por la misma Lucía Grosso juegan un papel con el que se puede seguir adelante. Emancipadoras, tiernas, enormes y cotidianas, demuestran esa faceta incondicional del amor que se diluye en el aire como el discurso enloquecido de Ricardo arrojado a una prisión terrible y sucia.

Una chelista, Milena Eibuszyc, da pequeños golpes en donde se ve claramente cuál es la apuesta de Claudio Peña sobre este texto. La música o los sonidos, por momentos son registros disonantes que ayudan al caos dramático y existencial del texto. Cuando se indagas las cosas, son borrosas y poco entendibles, el desarrollo de la puesta deja entre líneas de qué va la cuestión entre tanta ausencia, cuando el discurso solo se materializa como una desesperada manera de punto de fuga.

Es una puesta generosa porque hasta su título forma parte del relato encriptado de Shakespeare mientras se debate en profundidad dilaciones sobre los sentidos de la existencia. No importa dónde porque sencillamente puede ser en cualquier lado, con similar entorno, de seguro, sucederá lo mismo. No importa dónde porque las cuestiones intestinas de las causas y efectos del poder son iguales en cualquier parte.

Vayamos a Nün a ver esta obra porque nos llenará de amables preguntas y notables comparaciones con este presente continuo que lucha por encontrar respuestas.


Autoría: William Shakespeare
Adaptación: Claudio Peña
Actúan: Juan Manuel Correa, Lucía Grosso

Diseño de Vestuario – Paula Molina – ADEA / Diseño de Luces – David Seldes/ Productora Ejecutiva – Carolina Posse/ Productores asociados – EL y CelloClub/ Diseño Gráfico y Fotografía – Julián Aguirre/ Música original y Adaptación – Claudio Peña/ Asist. De Dirección – Iván Vrhovski/ Prensa -Daniel Franco/ Dirección – Peña y Correa

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