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Deviniendo Tato | Uno de los hombres más lúcidos del teatro argento

La obra, interpretada por Maxi Sarramone, es un patchwork de fragmentos de textos dramáticos, sesiones de psicodrama, artículos y anécdotas en torno a Eduardo “Tato” Pavlovsky. Un homenaje desterritorializado que nos acerca a la figura del psiquiatra y dramaturgo argentino.


Por Pablo Pagés.

Me hubiese gustado ser parte de esos grupos de psicodrama con Tato. Pero no pasó por algo que aún no entiendo; yo podría haber encajado perfectamente en semejantes experimentos. Tato era genial, por cierto, pero tenía esa cosa de salir del corset académico y probar continuamente diversas formas de encontrarnos fuera de este yo, multiplicado en ellos.

Por los noventa yo era muy pibe. Había conocido la historia de Tato de refilón, por un amigo que frecuentaba los encuentros y se ganaba la vida corrigiendo textos universitarios. De la noche a la mañana empezó a realizar psicodrama. Tomando un tinto en un bar de Congreso medio rantifuso, me invitó a participar, pero por “h” o por “b” nunca concreté el asunto. Lo pensaba, pero algo de toda esa cuestión filosófica me daba cagaso. Estar o no estar preparado era lo de menos. La cosa era poder comunicarme con gente mucho más loca y más inteligente que yo. Pero, ramificado en unos momentos, y desplazado en otros, me hundía en un lisérgico temor a lo que no podía manejar.

Deviniendo Tato es una gran obra. No solo por el merecido recuerdo, sino por la estrategia escénica con la que laburan el actor, Maxi Sarramone, la puesta de Gaby Villalonga y Martín Pavlovsky.

La obra recorre con maestría las sesiones grupales de terapia encabezadas por Pavlovsky. Con una voz narrativa que acompaña los recuerdos del durante y el después de esas experiencias, se concibe la puesta conceptual de Tato: el drama y lo colectivo como respaldo frente a la mezquina individualidad con que se atraviesan las realidades humanas.

Claro, eso era Tato: la fragmentación sucesiva de los yo que integraban sus sesiones de psicodrama. Cómo un actor puede ser tantas personas a la vez y comunicarse entre ellas, es un mérito de Sarramone seguramente.

Con el tiempo, ya sin poder ingresar en el universo Tato, lleno de recuerdos y anécdotas, tuve algunas incursiones en diferentes encuentros teatrales y de psicodrama. Pero esto ni por las tapas se arrima a lo que se vio en Nün, un espacio pequeño con todas las cuestiones protocolares y de cuidados de este momento en cuestión.

La obra representa una sesión pero también hay recuerdos que cruzan la parte más fea de nuestra historia, la última dictadura cívico-militar (¡qué espanto que uno tenga que decir “cívico”!). Es una obra que revive a una de las cabezas más lúcidas que nos ha dado el teatro argento en todas sus formas inexorables.

Y sí, se lo digo a todos los psicoanalistas que pululan por estos lugares: Aman su puta burguesía, sus anaqueles con las obras de Freud o Lacan, que por cierto muchos son meramente decorativos. El análisis, como los cementerios, son una extensión de la propiedad privada. Como bichos gregarios que somos nos ayudan los laberintos y espejos, y las dramatizaciones de conjunto que nos ponen frente a nuestras miserias y miedos. El sexo es mejor en conjunto; los oficios, nuestra infancia, nuestros rituales, nuestra cultura, todo forma parte de esta unidad descompuesta que se levanta siempre de las cenizas con las voces de los otros. Buscando consensos, acuerdos, luchas; hasta los silencios se dirimen en un manto de voces que creemos nuestras.

Las últimas palabras del actor caen como un balde de agua de helada sacudiendo todas las dudas que se manejaron a lo largo de esta magnífica interpretación del universo pavlovskiano. Como cuando Hamlet levanta en su mano esa calavera. Shakespeare nunca estuvo equivocado.

Recomiendo ir a Nün a ver Deviniendo Tato. Porque está hecha de un discurso que muchas veces se dispara hacia diferentes lugares para conquistar nuevos territorios y volver a su eterno retorno de empezar otro punto de fuga.


Deviniendo Tato
Nün Teatro Bar
Juan Ramírez de Velasco 419
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
$ 650,00 – Domingos 18:30 hs – Hasta el 25/04/2021

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