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Ojo de pombero | Desafiando el mito en busca de venganza

Una familia azotada por la impunidad de esta leyenda que se desentraña; una familia comandada por una mujer que se llama Juana y que desafía en todo momento las andanzas del pombero. Esta comedia rural o drama bizarro de Toto Castiñeiras, completa su trilogía campera, que incluye Gurisa (2016) y Voraz y Melancólico (2019).


Por Pablo Pagés.

Nos paramos sobre el mito. Detención absoluta. Esta puesta de Toto Castiñeiras trabaja sobre eso, pero solo es un punto de partida: lo distorsiona, lo hiperboliza y lo amasa como una arcilla pegajosa y rojiza, medio litoraleña.

Dejemos la cuestión mitológica de los riegos de lado. Hay mitos para todos: los que narran, los que cuentan una fábula, los que moralizan, los que funcionan como ejemplos, los más últimos como son los de Maradona y Messi.

Un mito cumple siempre una función específica: intentar mostrar algo que no tiene explicación pero que deambula dentro los territorios cosmogónicos de las diferentes culturas.

Castiñeiras da vueltas como una marioneta llevando una casi tragedia a una comedia agridulce, sobre un escenario que explota todas las posibilidades de los actores, que van cambiando su fisonomía de acuerdo a la profundización del mito en escena.

Mordaz y disociada, lacónica y cerca del paroxismo, con mucho cuerpo. Muy sensible al tacto y a la voltereta, a la caída y nuevamente a la voltereta. Una caída y una letra que los actores han tomado en sangre propia y que expresan de forma gigante entre palabra y cuerpo.

En esta obra estamos viendo algo muy actual, muy ruidoso, y mejor que lo sea porque se trata del mito más dañino que existe, el de la negación. El ocultamiento y la saturación de un deseo que se ve lacerado por la violencia, por la fuerza y la bestialidad que emerge entre los miedos de las jóvenes mujeres frente a un deseo inmerso en una testosterona carnavalesca y despiadada.

“La mise en scène continúa apostando a una trilogía de leyendas, desafiando las leyes de las gravedades entre el cuerpo, la verba y los espacios físicos”.


¿De cuál violencia estamos hablamos? La de la violación, el abuso sexual; el hombre enajenado y embrutecido por un coctel etílico que le pertenece solo por iracundo, endogámico y dominador.

Se lee entre líneas el patriarcado de por medio, pero uno hecho de embrujos y rarezas, uno muy primitivo, pero que sigue matando de manera silenciosa las posibilidades de justicia de muchas mujeres que crecen entre el monte y la crudeza.

Ellas, solas y autoflageladas; fuertes, vírgenes y tremendamente desprotegidas. No importa. El falo azota y lastima por saciar un deseo tan próximo al capricho y al cinismo.

En este país, donde se repiten los abusos y femicidios, no es de extrañar que sobreviva el mito del pombero. Un ser que aparece y se va. Viola, embaraza y las deja ante una soledad, que se pierde entre rituales que se repiten, entre un miedo próximo y otro lejano.

Parados aquí se comprende en primera instancia. Pero Toto Castiñeiras lleva esta puesta a los límites de las velocidades de los actores, que se convierten por momentos en clowns que escupen sus expresiones al límite del lenguaje y de la rabia.

Las vestimentas coloridas e icónicas deambulan. Entran, salen y vuelven sobre lo dicho pero de forma distinta o con diferentes tonalidades entre la materia del cuerpo. Una que ya agenció los experimentos de una forma de hablar, que se construye entre el karma y el vómito gutural del dolor. Una familia azotada por la impunidad de esta leyenda que se desentraña; una familia comandada por una mujer que se llama Juana y que desafía en todo momento las andanzas del pombero. Alguien a quien ella ya conoce desde hace tiempo.

Siempre a mil revoluciones, esta puesta no abandona nunca al espectador y mantiene al público entre un sarcasmo efectivo y una puesta espectacular, poco vista entre lo que se exhibe por estos pagos.

La mise en scène continúa apostando a una trilogía de leyendas, desafiando las leyes de las gravedades entre el cuerpo, la verba y los espacios físicos. Una increíble demostración de sensibilidad y pericia a la hora de seguir apostando por nuestro teatro.


FICHA TÉCNICA

Elenco: Mariela Acosta, Toto Castiñeiras, Mariano Torre, Julieta Laso y Luciana Buschi.
Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux
Diseño de Vestuario: Daniela Taiana
Música Original y Canciones: Lucio Mantel
Fotografía: Facundo Suárez
Diseño gráfico: Romina Salerno
Prensa: Daniel Franco
Asistencia de dirección: Rocío García Loza
Producción ejecutiva: Rocío Gómez Cantero
Dirección: Toto Castiñeiras
 
Jueves a las 21:30 hs en Teatro El Picadero (Pasaje Santos Discépolo 1857, C.A.B.A.)

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