Música

A 20 años de la muerte de George Harrison, entre el sitar y el rock&roll

El escritor y crítico cultural Nico Pose repasa en una serie de apuntes los aspectos centrales de All Things Must Pass y Extra Texture, dos discos fundamentales en la carrera solista del beatle.


Por Nico Pose.

Mi viejo era un fanático de los fabulosos cuatro de Liverpool, y cuando yo tenía ocho años ya había escuchado hasta el cansancio la música de Los Beatles. Me sabía de memoria sus nombres y sus caras. Junto a su extensa catarata de éxitos, las canciones que más escuchaba de George eran “Here Comes the Sun”, “Something” y “While My Guitar Gently Weeps” -más conocida como Guitarra vas a llorar -. Siempre eran esas, nunca otras. Podrían haber estado “Taxman”, “Piggies”, “For your blue” o “Blue Jay Away”.

En ese tiempo siempre viajábamos a Mar del Plata en verano. La ruta 2 y el transcurso de ese viaje era donde solía descubrir nuevas canciones que aparecían luego de que mi viejo deslizaba un cassette en el estéreo del coche. Así descubrí al Harrison solista, y así fue la primera vez que supe que existía un George más allá de Los Beatles.

El cassette que había deslizado mi viejo en ese viaje de descubrimiento fue Best of Dark Horse: 1976-1989. Esta antología caprichosa de “sus mejores temas” salió luego de la experiencia en esa gran banda que fue Traveling Wilburys (integrada por Bob Dylan, Jeff Lyne, Tom Petty y Roy Orbinson) y luego de haber editado su último álbum de estudio: Cloud 9. El álbum, de 1987, había salido al ruedo con cortes comerciales como “Got My Mind Set On You” que fue un nuevo número 1 para Harrison en Estados Unidos, el primero desde 1973, y el otro corte era “This is Love”. Cloud 9, que significa algo así como “estar en las nubes”, era un disco que contagiaba frescura, buen ánimo, tenía buenas melodías y volvía a posicionar a Harrison en todos los charts de canciones del mundo, aparecía en tapa de Rolling Stone y también en la MTV.   

En uno de esos viajes a la costa por la ruta 2 escuché la intro de “Poor Little Girl” y ya desde ese instante conocí la dulzura, el sonido original y personalísimo de su guitarra slide, que quedaría como la marca registrada del sonido harrisoniano.

Por supuesto que la antología Best Years of Dark Horse era una simple muestra comercial del Harrison solista, pero para un niño de nueve años como yo era un buen resumen de su carrera musical con el blues de “Cockamamie Business” –incluido especialmente en la antología junto a “Poor Little Girl” y “Cheer Down”- ,  el comienzo violento de los sintetizadores de “Wake Up My Love”, el sonido onírico de “Crackerbox Palace”, la canción dedicada a Los Beatles “When We Was Fab”, la balada con aire romántico “Love Comes To Everyone” y la famosa intro de slide de “Cheer Down” que, primero la escucharía en esos viajes a la costa, y después al ver por primera vez Lethal Weapon 2 con esa increíble banda de sonido armada por Eric Clapton y su banda.

“En uno de esos viajes a la costa por la ruta 2 escuché la intro de “Poor Little Girl” y ya desde ese instante conocí la dulzura, el sonido original y personalísimo de su guitarra slide”.


Esa recopilación, con la tapa azul y la foto en negro de Harrison teñida del mismo color, se podría decir que era una representación del sonido de George de esos últimos años, pero no aparecían temas que están en los que, para mí, son sus mejores discos o, al menos, los que más veces escuché de George en todos estos años: All Things Must Pass y Extra Texture.

All Things Must Pass    

Editado en diciembre de 1970, el consenso fue unánime y fue tildado de obra maestra. Rápidamente se ubicó en el primer lugar de ventas –pese a ser un disco triple – en el chart de Estados Unidos durante siete semanas al calor de “My Sweet Lord”. Así George componía una canción que pretendía despertar el lado espiritual de las personas sin importar la religión a la que pertenecieran.

Por más que la relación con su primera mujer, Pattie Boyd, se estuviera yendo a la mierda, Harrison grabó su primer álbum solista en compañía de grandes músicos, en realidad amigos, como Eric Clapton, Klaus Voormann, los integrantes de Bad Finger, Gary Brooker, Ringo Starr, Billy Preston, Jim Gordon, Gary Wrigth y el eterno Bob Dylan. Además All Things Must Pass era producido por Phil Spector, que se estaba excediendo cada día más con la bebida. Clapton también descendía al infierno de la heroína. La cocaína y el alcohol eran amigos de todos en el estudio, pero Spector le trajo verdaderos dolores de cabeza a Harrison por sus excesos. Muchas veces él tuvo que ser el productor debido al estado lamentable en que se encontraba Spector (la vida de Spector merece un capítulo aparte, fallecido de COVID este año, y condenado a prisión por haber asesinado a una actriz). Como condimento extra, Louise French, la madre de George, falleció durante la grabación.

John Lennon le había criticado la portada del álbum, quizás intuyendo que esos cuatro enanos de jardín recostados junto a él en los jardines de Friar Park representaban lo que él pensaba acerca de los Beatles luego de la engorrosa separación. 

En la reedición All Things Must Pass (2001) realizada el mismo año de su muerte, no solo aparece Harrison con el sombrero, la barba y pelo largos junto a los cuatro enanos de jardín y los árboles detrás, sino que puede verse cómo se ha alterado el paisaje con las torres de una central nuclear que arrojan humo, además de edificios que ennegrecen las verdes hectáreas de su mansión y opacan el azul del cielo. Y después, en el librito del álbum también aparece una autopista invadiendo desde la altura los jardines, modificando aún más lo que había sido su paraíso. ¿Acaso Harrison no había comprado la mansión de Sir Francis Crisp porque una vez lo habían echado por estar acostado en el pasto de los jardines de una escuela que estaba frente a Kinfauns, su casa anterior? Sí, lo había echado un tipo de seguridad porque él estaba tranquilo, además de estar muy fumado. Parece que Harrison se enojó y le dijo que ya se compraría su propio jardín así nadie podría joderlo más. En ese sentido, la tapa renovada de All Things Must Pass es la metáfora gráfica de la destrucción del planeta. Y simplemente quería avisarle a los demás que todo se estaba yendo a la mierda con millones de personas, billones de kilos hormigón, mares contaminados y cielos ennegrecidos de dióxido de carbono.   

All Things Must Pass es una perfecta combinación de variedad de estilos, desde el folk, el skiffle, el blues, rockabilly, la balada y el rock. Harrison finalmente demuestra su gran capacidad compositiva, que siempre se había mantenido en un segundo plano detrás de Lennon y McCartney. Así podemos escuchar el prolijo y sentimental solo de “I’ d Have You Any Time”, la pared de sonido y la última versión de “My Sweet Lord”, que tantos problemas legales le trajo después, sumados a canciones hermosas, muy líricas como “If Not for you”, “Run Of The Mill” y la misma “All Things Must Pass” con ese gran estribillo positivo y esperanzador o canciones inolvidables como “Apple Scruffs” o “Beware of Darkness”. Es un disco muy acústico, repleto de ritmos diversos sin abusar de solos de guitarra, en definitiva, un disco inolvidable que no va a pasar tan fácilmente. Fue reeditado este año en una edición de lujo producida por su hijo Dhani.

Extra Texture (Read All About It)

Extra Texture es un disco jazzero y con una gran carga emotiva. Puede ser que esté más cerca del skiffle, de un skiffle fino como alguna vez Harrison definió su música. Mientras que su carga sentimental, pesada, se debe al momento oscuro que estaba atravesando durante la grabación del disco. Aunque ya estuviera con Olivia, su segunda mujer y secretaria eficiente de su sello Dark Horse, George, sin embargo, no se sentía contenido ni mucho menos. Pero la culpa no era de Olivia, sino que, en ese momento particular, nadie podía contenerlo. 

Para grabar el álbum otra vez se había juntado con sus amigos, su familia musical: Klaus Voormann, Leon Russell, Jim Keltner, Gary Wright y Billy Preston. El viejo Billy que tanto había tocado en la gira de Dark Horse y era ovacionado cuando sacaba al público de todas esas letras religiosas de George y de los sonidos del sitar de Ravi Shankar. Solía ser el más aplaudido cuando hacía sus temas solistas. 

El alcohol corría otra vez a mansalva y, además, cuando tomaba merca, George se ponía insoportable. Pero en ese momento no se escapó y corrió a buscar refugio en la religión, como lo había hecho en otras ocasiones, y Extra Texture deja eso en evidencia. Harrison le puso adrede ese nombre críptico y es obvio que estaba dirigido a la prensa, esos tipos que siempre él había aborrecido por sus preguntas, sus poses de cancheros a la hora de trabajar, por mostrarse siempre superiores a los demás como si tuvieran un dios aparte. Además, todavía no se recuperaba de la fracasada gira de Dark Horse por Estados Unidos, la primera como solista, ni tampoco de sus últimos fracasos comerciales después del gran éxito que había tenido All Things Must Pass. Y por más que no lo reconociera, también le dolía su ruptura definitiva con su ex Pattie Boyd. Pensar que esa mujer había logrado que compusiera uno de sus mejores temas como “Something”, la cara A de un disco de Los Beatles, lo que él siempre había soñado en secreto. Pattie debería ser amada por los amantes del rock, porque si ella no hubiera existido tampoco Clapton habría creado canciones tan clásicas como “Layla”, “Wonderful Tonight” o “Bell Bottom Blues”.

“You”, la canción más rockera, también es el corte más comercial de Extra Texture, que alcanzó un módico número 20 en el chart. Pero lo que más me gusta a mí es el sonido triste, casi rozando el hastío, que se expande por todo el álbum y que está pegado en canciones como “Tired Of Midnigth Blue”, o “This Guitar (Can ‘t Keep From Criying)”, un temazo que es la continuación natural de “While My Guitar Gently Weeps”, donde el sonido wah-wah de la guitarra y el slide se hermanan naturalmente como si fueran amigos desde hace tiempo.  Los arreglos de piano de Leon Russel no tienen desperdicio y acentúan el clímax del disco más jazzero de Harrison. Sin duda es un álbum homogéneo a nivel sonoro, porque pese a haberlo grabado en un estado de crisis, el disco suena como la puta madre, y además con un sonido que se corresponde con las emociones del Harrison de ese mismo año. 

Extra Texture se editó el el 22 de septiembre de 1975 y fue el disco final de Apple. Si algunos lo vieron como un disco con un aire fatalista, yo creo que tiene un sonido harrisoniano innegable, más depresivo que otros álbumes, puede ser, pero a la vez genera alegría al que lo escuche en serio. Además, la voz de George estaba intacta, había regresado luego de la ronquera que había padecido en la gira de Dark Horse el año anterior. Tal vez podría haberle metido algún sitar, pero creo que ese equilibrio perfecto entre la música occidental y los sonidos de la India, recién va a lograrlo en las grabaciones que iba a dejando para la posteridad en ese gran disco despedida que es Brainwashed, cuya canción con el mismo nombre, ya anticipaba el estado mental de muchas de las personas que habitan nuestro planeta, con la cabeza quemada o el cerebro lavado por la actual tecnología.

Revista ruda

No me interesaba rememorar la vida de George Harrison que, seguramente, aparecerá en el día de hoy en diarios de todo el mundo y plataformas de noticias. Solo quería escribir sobre los álbumes que más amo de su discografía, los que más veces he escuchado durante estos años, los que más he compartido junto a amigos o familia. Así me recuerdo escuchando junto a mi viejo y mi hermano el doble en vivo en Japón, o las innumerables tardes donde sonaron y sonaron las hermosas canciones de Los Traveling Wilburys en el living de casa, o en el auto yendo a la costa acompañados del sonido de ese mágico estéreo que tantas alegrías nos dio, cuando los discos eran discos y se escuchaban completos, cuando aún no todo estaba supeditado a una lista de temas, al zapping musical, a los géneros o en esta parte del globo a todo lo que tenga que ver con el reggaetón y sus derivados.

El 31 de diciembre de 1999 George sufrió un atentado y fue apuñalado por un demente en su famosa casa de Friar Park. Seguramente se le debe haber venido a la cabeza en ese instante la cara de Mark Chapman y la de su amigo John. Parece ser que mientras el sujeto merodeaba en el piso inferior de su mansión y antes de ser atacado, George comenzó a cantar “Hare Krishna, Hare Krishna”.    

El 29 de noviembre del 2001, durante el mediodía, murió en paz como él quería, luego de un cáncer terminal. Dicen que una de las últimas frases de Harrison fue “todo lo demás puede esperar, pero la búsqueda de Dios no puede demorarse ni un segundo”.


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