Literaturas

Bakkhai de Anne Carson: Un retorno a lo ancestral

La escritora canadiense reactualiza el clásico de Eurípides desde una mirada que pone en perspectiva la discusión en torno al narcisismo y la exhibición en el escenario público, en una traducción bilingüe realizada por Bernardita Bolumburu y de la mano de la editorial chilena La Pollera.


Por Pablo Rial.

Anne Carson (Toronto, 1950) reconocida por el mundo literario como la poeta contemporánea de mayor relevancia de la lengua inglesa, autora de obras tales como Autobiografía de rojo (1998), La belleza del marido (2001) y Red Doc (2013), entre muchas otras más, presenta Bakkhai a través de la editorial chilena La Pollera. Se trata de la primera edición bilingüe cuya traducción fue llevada a cabo por Bernardita Bolumburu.

En Bakkhai se propone una nueva versión disruptiva de Las Bacantes, obra subversiva de Eurípides (dramaturgo del siglo V A.C.), quien fue considerado un revolucionario de la tragedia griega. La poeta realiza en esta versión, una suerte de paralelismo con las sociedades actuales, transmitiendo así una fuerte crítica al sistema de dominación patriarcal que las subyuga.

Como epicentro del conflicto, encontramos en la obra a Penteo (Rey de Tebas), un hombre soberbio y represor, que está enfrentado a Baco, a las bacantes e incluso también a su propia madre, Ágave. El rey de Tebas, que se caracteriza por ser violento y conservador, repudia la libertad y el goce que logran tener las mujeres, un goce que es alentado y promovido por Dionisio, dios fresco, regido por la ley del deseo y el erotismo, pero que, sin embargo, si se lo analiza a fondo, resulta ser de alguna manera similar a Penteo, ya que también castiga y ejerce poder desde un rol diferente.

“La poeta realiza en esta versión, una suerte de paralelismo con las sociedades actuales, transmitiendo así una fuerte crítica al sistema de dominación patriarcal que las subyuga”.


Bernardita Bolumburu (Santiago, 1979), encargada de la traducción de la editorial chilena La Pollera, es Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica y Magíster en Filosofía Mención Epistemología por la Universidad de Chile. Además, es profesora universitaria e investigadora, entre otras áreas, de literatura antigua grecolatina. Actualmente, forma parte de la Universidad Diego Portales.

Bernardita, ¿considerás que al traducir estás dando origen a un libro nuevo?

Si bien se ha planteado muchas veces la idea de que una traducción es también una nueva creación, en el sentido de que se presenta un lenguaje nuevo y también cambios que pueden incidir mucho en el sentido de una palabra, frase u obra, no lo considero un libro nuevo, pero sí un texto que ofrece una nueva lectura para el receptor.

Foto de Bernardita Bolumburu

¿Cómo fue encontrarse realizando una traducción de un libro que mantiene inter textualidad directa con otro ya traducido?

Siempre vi este trabajo como un proceso que rebasaba el oficio mismo de la traducción y que se instalaba dentro del marco de la investigación. Al triangular la obra entre sus diferentes traducciones y versiones, mi trabajo se centró precisamente en investigar esos cambios más allá de las palabras mismas, poniendo el foco en los cambios culturales, los cambios sociales y políticos; los cambios de paradigmas, y cómo todo eso influye en el lenguaje y en las decisiones que se toman al traducir. A veces son sólo fonéticas, pero otras veces tienen que ver con mantener el sentido de lo que se está diciendo o bien, acercar al nuevo lector ciertas frases que tal vez al traducirlas literalmente pueden perder su fuerza porque están vinculadas a ideas complejas que pertenecen a una cultura y a un tiempo específico y, por lo tanto, a un idioma. Todo ese proceso involucra un acercamiento y análisis historiográfico, y por eso investigarlo es muy enriquecedor para el producto final de la traducción.

¿Pensás que el sexismo, aún en la actualidad, es capaz de afectar a muchas traducciones?

Sí, en una gran medida puede afectarlo mucho, por eso el juego etimológico de traductor-traditore-traidor que viene de ‘traditio’ que supone “enviar un mensaje”. En ese envío siempre habría un cambio, una modificación, y, por tanto, una traición al mensaje original. Muchas veces esas decisiones son fonéticas o de concordancia gramatical, pero en la historia de la literatura muchas han tenido una intención, ya sea solapada o explícita. Por eso las traducciones involucran lo cultural, social, religioso y político.

Las deidades en los textos clásicos no responden a nuestros valores morales, ¿por qué crees que la obra Bakkhai si bien actualiza varias cuestiones, tampoco pone aquellos en relieve?

Los dioses griegos no erigían sus valores de una forma tan dicotómica y binaria como las culturas actuales y sobre todo occidentales. No existía una idea fija del bien y el mal, el “infierno” judeocristiano era el Hades, simplemente ‘el lugar de los muertos’ y los mismos dioses del Olimpo no ostentaban la idea de perfección, más bien exhibían sus errores y faltas a todas luces. Sin embargo, estaban presentes muchos códigos morales que se cumplían (Areté, Até, Hamartía, entre otros). Uno de los conceptos más importantes es la Hybris, y también la idea del destino y sus consecuencias ante los actos humanos. En esta obra se castiga esa Hybris, esa soberbia, ese descreimiento y orgullo excesivo, y también la desvinculación del ser humano con la naturaleza y sus elementos místicos, sus principios ancestrales y primigenios. Y eso es sumamente actual visto a la luz de nuestra sociedad contemporánea.

¿Cuál es tu interpretación acerca del castigo que Dionisio ejerce sobre Cadmo y Ágave?

Hay varias críticas que se plantean en torno a ese castigo, pero principalmente tiene que ver con la negación de las antiguas creencias religiosas vinculadas intrínsecamente a la naturaleza, por eso Carson habla en su prólogo del concepto de la anterioridad en Dionisio, que si bien es conocido culturalmente como un dios que surge después de los otros, es en realidad el más primigenio y prístino. Y también se presenta el castigo a la Hybris. Aristóteles plantea que en una tragedia toda falta tiene su efecto y consecuencia. Agave, si bien seguía a Dionisio en su delirio báquico, había renegado de él, de su madre y de su origen. Y Dionisio, el dios de los excesos, es precisamente quien castiga ese desenfreno de las bacantes; exige volver a las raíces y recuperar el equilibrio, y eso es muy profundo y muy bonito. A Cadmo de alguna forma le llega la desgracia de rebote porque el castigo y horror también lo sufre Penteo, hombre soberbio que pretende a toda costa mantener un paradigma y orden patriarcal que ya se estaba trizando. Desdeña a las mujeres y sus actos delirantes y libertarios, pero no duda en ponerse un vestido cuando Dionisio le da la idea, lo que demuestra además de soberbia, mucha hipocresía. Todo esto se puede relacionar con muchas sociedades actuales en diferentes niveles de discurso.



Anne Carson
Bakkhai
La Pollera
2021

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