Poéticas

Martina Cruz: “Me sorprende hasta dónde puede llegar un cuerpo por sobrevivir y amar”

La poeta, que acaba de publicar su nuevo poemario, Manos como nubes, editado por Santos Locos Poesía, nos describe las ideas y sensaciones que confluyeron a la hora de su escritura, al tiempo que analiza el escenario de la poesía actual.


Por Pablo Andrés Rial. Foto de Portada: Leo Litta.

La poeta argentina Martina Cruz (Temperley, 1997), autora de obras como Camino negro al fondo (El Rucu Editor), El tiempo me está tatuando (Ausencia Editora), Cuando se incendia mi casa (Elemento Disruptivo), entre otras, nos cuenta acerca de sus comienzos en la escritura, la manera que tiene de ver a la poesía y de su último poemario, Manos como nubes (Santos Locos). Martina ha sido publicada en revistas de Argentina, Uruguay, México, Turquía, Inglaterra e Italia y es ganadora del primer premio del Certamen Maribel López Pérez-Ojeda de micropoesía y del VI Concurso Nacional de Cuento y Poesía SADE Filial Junín.

Martina comenzó a vivir la poesía desde los dieciocho años, leyendo de manera incansable varias obras poéticas. Nos contó que una de las primeras lecturas que la marcaron fue la de un libro que le regalaron de Alejandra Pizarnik, algo que la impulsó a escribir sus primeros versos y a participar de los Slams de poesía.

La poeta temperlina, influenciada principalmente por Cristina Peri-Rossi, Mariano Blatt, Fabián Casas, Sharon Olds y Robyn Myers, no consigue definir su poesía, pero sí piensa que, inevitablemente, posee una mixtura de características que la representan.

“Me gustaría que tenga equilibrio entre crudeza y ternura. Creo que es lo que me hubiera gustado leer de chica. Sé las temáticas a las que vuelvo: la muerte, las familias disfuncionales, los trabajos temporales, la nostalgia en el amor, las películas. No sé. Me reconozco en los poemas, con mis carencias y frustraciones”.

“El que escribe tiene que estar atento. Las cosas que más emocionan solo se ven si estás prestando atención”.


Al momento de escribir se siente desprolija, aunque no reniega de eso y se percibe poco detallista; sin embargo, reconoce que da vueltas en la estructura del verso o en el ritmo de las palabras. No obstante, por encima de lo demás, siempre coloca a la narrativa y el hilo de la emoción, puesto que es lo que realmente se conecta con el pensamiento creativo, que, asegura ella, puede surgir a partir de una imagen sensorial o un sonido que despierte al poema.

“Si me pasó algo o vi algo, siempre hay territorio. Suelo escribirlo en un cuadernito que llevo conmigo siempre. La primera versión del poema la escribo ahí. Realizo una edición cuando lo pasó a la compu y luego edito mucho si va a ser parte de algo más grande. Si el poema es parte de un libro, lo pienso en ese contexto y edito lo que se necesite para que participe de ese hilo. Una edición siempre sucede después de leerlo en voz alta en vivo. Hay algo de ese momento que suele hacer que caiga la ficha con respecto al ritmo y la emoción. El cuerpo es el que da la última edición”.

Foto: Ciclo Romance

Con el paso de los años, sus versos pasaron por distintas tonalidades, se trasmutaron, tanto a un nivel de solemnidad como hacia una apertura donde se juega más con el proceso de escritura: “Le doy más vueltas, lo deformo, lo pongo en jaque, escribo de nuevo. Dejé de pensarlo como inspiración y lo deseo como material”. Y si bien hoy día no se identifica con todos sus poemas, aún lo hace con algunos de ellos. En ese sentido, relativiza acerca de lo efímero que a veces puede resultar la poesía escrita con el paso del tiempo: “Pero hay varios poemas con los que sigo conectando. Me emociona que haya cosas a las que nos aferramos”.

A propósito de las consideraciones acerca de qué es ser un buen escritor o escritora, Martina reflexiona: “Creo que el que escribe tiene que estar atento. Las cosas que más emocionan solo se ven si estás prestando atención. No naturalizar nada. Mirar todo lo que se pueda. Y creer en tu forma de describirlo”.

En relación a cómo ve la poesía actual y a los poetas consagrados, agrega: “A la poesía actual no quiero criticarla. Tampoco a la anterior. Es simplemente reflejo de su época y su lugar. No puede ser más que lo que es. No es poco. No creo que todos los poetas consagrados sean buenos. Es un mundo muy extraño el artístico. Hay mucho lobby, cosa que me embola. Hay amiguismo y premios delirantes. Estaría bueno dejar de movernos en lógicas tan exitistas. Las redes sociales armaron ciertas burbujas de famosos y consagrados. Que alguien las explote a ver qué pasa”.

En ese sentido, acota: “No puedo medir en lógica bueno-malo a los poemas que se escriben. Me emocionan algunos. Odio otros poemas. Lo que sí creo que se nota es el uso de herramientas. ¿Todos sus poemas son iguales? ¿Está repleto de lugares comunes? ¿Qué me cuentan? ¿Me tocan alguna fibra? Solo puedo hacerles preguntas y así entender por qué un poema me emociona o no”.

Finalmente, la autora de Manos como Nubes, de la editorial Santos Locos Poesía, nos habla de la manera en que fue germinando su obra y qué le representa: “Es el libro que intento escribir hace años. Creo que varios poemas se venían gestando desde antes, en otros libros incluso. Me frustraba. En 2020 terminé de cerrar una versión, después de pasar por tiempo y dos talleristas diferentes. Después llego la edición de Santos Locos. Me gusta mucho el trabajo que hacen y ya nos conocíamos con el editor. Me escribió para editarme, le mostré mi pdf y empezamos el laburo. Mails y mucha contención emocional de su parte”.

Y suma: “Estoy muy agradecida, no solo porque siempre me parece una locura que me quieran editar, también porque el mundo del libro es cada vez más inestable. Estoy segura de que editar poesía en este contexto es ser un valiente. Agradezco que sigan. Fue muy lindo el proceso una vez que salió el libro también. Las presentaciones, las fechas. El alivio de finalizar algo después de tanto tiempo. Es un poemario muy tripa y corazón. Hubo algo catártico en que saliera a la luz”.

En cuanto a las ideas que atraviesan al libro, aclara: “El poemario diría que se trata de atravesar una enfermedad. Sobre todo, lo que sucede después. Les diría que se encontrarán con el duelo y una familia un poco disfuncional. Me sorprende hasta dónde puede llegar un cuerpo por sobrevivir y amar. Busqué algo de eso. Ojalá les llegué”.

Actualmente, la poeta y guionista nos comenta que, por un lado, se encuentra muy enfocada en proyectos audiovisuales que saldrán a luz en el corriente año. Y que, por otra parte, está buscando realizar con su equipo de trabajo una película que escribió. Sumado a lo anterior, nos da la gran noticia de que un libro está comenzando en sus cuadernos. Y concluye: “Lo siento muy en la instancia germen. Me encanta esta situación, el momento en dónde algo se enciende”.



Martina Cruz
Manos como nubes
Santos Locos Poesía
2022

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