Poéticas

Pablo Andrés Rial: “El presente te lleva siempre a la memoria”

El poeta bonaerense publicó en México su nuevo poemario, Forzado a viajar, una recopilación de imágenes, proyecciones y alegorías de la vida como tránsito permanente y su impacto en las nociones del presente.


Por Marvel Aguilera.

¿Cuánto somos a partir de dónde venimos? Pablo Andrés Rial dice que Longchamps tiene un aire pueblerino, una armonía entre la urbanización y la comunidad. Algo de eso se refleja en su andar, en sus palabras y también en sus silencios. Del otro lado del Bar El Destino, en un Abasto sumido en la resolana, Pablo desanda un ovillo de significaciones propias que podrían evidenciar su personalidad, su historia e incluso su identidad como poeta. La cercanía del mundo científico en su familia: ese metodismo para explicar y plantear sus proyectos; y la semblanza solidaria y cercana que remite a esa ciudad donde creció en juntadas, en intercambios culturales, en construcciones colectivas. Pese a ello, como poeta del sur bonaerense, construyó su bagaje literario en paralelo a una formación profesional de la mano de las ciencias económicas, como Licenciado en Administración de Empresas. Una carrera que hoy sigue marcando sus horas laborables pero que también ha influido de manera directa en la forma de afrontar el recorrido intelectual de su obra. El ser autodidacta y el ser metódico parecen complementarse en su hacer cotidiano.

Mucha de esa sana rebeldía, en un mundo plagado de ansias capitalistas, lo ha llevado a ser una suerte de “rara avis” en el ámbito de la administración de empresas, de alguien que sabe reconocer el valor de la fuerza laboral y trabajar por su felicidad, como búsqueda de una sociedad más justa. La poesía, en ese sentido, también lo pone en un lugar de fricciones, entre esa pasión de crear cultura en la tierra que lo vio crecer, y las distancias que genera el dogmatismo de ciertos sectores vinculados a la escritura, donde los rostros se repiten y la participación se achica. En esa lógica, Pablo creció muy ligado a las lecturas, ya desde chico, pero alejado de la dinámica de los talleres, a los que recién se acercaría cuando cursó brevemente en la UNA, durante la pandemia. Allá en Longchamps, esa ciudad reconocida por la réplica del obelisco y el primer vuelo regional, Pablo forjó un tejido comunitario alrededor de la escritura, la lectura y el intercambio de pensamientos en los centros culturales de los barrios. “Tengo una cuestión de que más allá de la métrica o del ritmo, de todas esas cosas que son interesantes, siempre me parece que la medida es que no quede viciado lo que uno quiere decir. Escribir con más libertad, pero esa libertad que te da saber que tenés las herramientas que vas a usar, y el para qué”, dice.

En Forzado a viajar, su nuevo poemario publicado en Paserios Ediciones (México), Pablo recoge las imágenes de una memoria latente. La ausencia y lo que permanece, las cosas y los pedazos, los lugares y los climas, los olores y los ruidos. Todo lo que transita y muta, pero al mismo tiempo continúa. La nostalgia y la melancolía repiquetean en las palabras, pero hay allí una nostalgia risueña, una que busca un halo de sol en medio de la penumbra, un olor a estofado detrás de la puerta; porque lo que Pablo indaga es la sensibilidad de los recuerdos. Allí donde la poesía plasma la esencialidad de los detalles, los resquicios y las ruinas que nos redescubren.

Revista ruda


¿Hubo algo que te hizo ver la escritura desde un lugar más personal o para vos siempre era como un área en la que intervenías y se fue profesionalizando o perfeccionando?

No sé si profesionalizando o perfeccionando, se fue madurando. Evidentemente, no soy la misma persona que escribía cuando tenía 12, 20 o con 30 ahora. Somos distintos, antes quizás era más verborrágico y más impulsivo, y ahora escribo cuidando las palabras. No llego a la extremidad de ser selectivo, pero no quiero hablar al pedo, por eso se bajó un montón el caudal de adjetivos. Tampoco me preocupo demasiado en darle un final redondo, como si fuera un cuento, en el género de poesía. Después sí escribo relatos y obras de teatro, algunos guiones para cortometrajes; esas cosas quizás involucran un poco más de elaboración en cuanto a la creación de personajes, diálogos y demás, pero la poesía te da más libertad, te permite pensar de otra manera. Todos los formatos son trabajos, pero la poesía mientras más sencilla, mejor. No me gusta la poesía que tenés que pensar un montón. No me siento cómodo con tantos artificios, tampoco me gustaría el otro extremo, pero te das cuenta cuando querés poner todo la carne del asador y usas todas las palabras más extrañas o menos usuales porque simplemente las querés poner, por más que no peguen o sean innecesarias. Ese estilo de poesía muy ornamental no me gusta, porque pareciera como una armadura, y capaz no dice nada.

¿Pero tiene que decir algo necesariamente?

Sin duda, tiene que decir algo. De hecho por eso escribimos. Ahora, el que escribe se está diciendo algo, después las interpretaciones son variables. A la otra persona, el lector, puede que no le esté diciendo nada. Ahí está la parte genuina de elaborar poesía. Vos escribís queriendo decir algo, para qué escribirías sino.

¿Queriendo decirte algo o generarte interrogantes?

Lo que pasa es que la poesía está muy ligada a la filosofía, a la finitud. El otro día escuchaba a un pibe que escribe diciendo “me cansa la poesía que habla de la madre, la poesía que habla de la muerte, la que habla del amor”. Y yo pensaba, ¿qué te queda sin eso? Uno vive acá, por eso habla del barrio. Quizás sí uno puede escribir sobre todo lo que vivió, pero también escribir sobre lo que uno no vive, por cómo lo vive. Si yo me pongo en los zapatos de otra persona, igualmente siempre va a estar basado en mi experiencia, en cómo creo yo que esa persona está viviendo o sintiendo. No puedo salir de mí. Creo que las temáticas y los interrogantes son esos, y los podés preguntar en un poema o podés patalear.

¿Cómo moldeás lo que querés decir?

Para moldear algo necesitás verlo de manera distinta a lo que ibas a hacer originalmente, y esa es la cuestión -vamos a decirle- “artesanal”. Tiene que ver con el tema de que estuviste haciendo algo y en el medio estuviste transformándolo. ¿Cuál es la idea a través de la lectura? A través de distintos puntos de vista, de una escucha, en donde uno no se ofenda porque una persona le dice “che, me parece que esto no”, que eso no te afecte el ego. Tenerlo en cuenta. Soy mucho de escuchar reportajes a escritores, me interesa mucho cómo piensan, cómo viven, cómo han vivido la escritura. Tipos que ya murieron, otros que están vivos. ¿Por qué? Porque ahí está la experiencia también y eso te ayuda un montón, tanto como leer su obra. De hecho muchos de los libros que más consumo son bibliográficos, libros de cartas por ejemplo, hay uno que me encanta que es Cartas a mi madre (Jean Cocteau), también Cartas a Theo de Van Gogh. Tenés un montón, tambien diarios como el de Pavese con El oficio de vivir. Diario de Invierno de Paul Auster. Los tipos comparten eso de ser mortales. Cada uno va buscando su espacio y en dónde tiene más cercania. Y la escritura es muy noble, la tenés cerca, solo con una lapicera y un papel.

Lo que pasa es que es muy difícil por esto que veníamos hablando de encontrar el tiempo de ponerse en el lugar de otro, de pensarse uno mismo desde otro lugar para desde ahí poder plasmar esa perspectiva.

Básicamente el laburo del que escribe es la observación, porque de ahí sale todo, de observar. Es prestarle atención al presente de una cosa que parece habitual, es sorprenderse todo el tiempo. Si vas en el tren, mirar cómo se relaciona la gente o detalles que uno pueda llegar a ver del viaje, del paisaje, la gente puteando, no importa. Esa observación es como el ancla que te lleva, quizás a dispararte: sensaciones, emociones, asociar con cosas que también viviste, y que se desprenda otra cosa. Vas asociando y es inmediato. Lo que pasa hoy es que no tenés tiempo para observar nada, no tienes tiempo, estás bloqueado.

Y también pasa lo que vos decías, de definir lo poético desde un lugar bastante humanista y del bien común, sin embargo, es difícil encontrar hoy en el arte de las nuevas generaciones, por ponerlo más amplio que la poesía, algo que no hable únicamente de la propia persona.

No veo mal hablar de vos o en primera persona, porque eso se traduce a algo social también. Si hablás de la tristeza o la impotencia de pasar una situación económica terrible, y hacés una poesía que tenga que ver con eso, estás hablando de vos pero estás representando a un montón de gente. Me ha pasado de hablar de mi viejo y que me venga un recuedo “x”, y que me mande mensaje gente que no conozco y me digan “che, me sentí identificado”. Lo otro tiene que ver con cómo hablamos, de si hablamos en tercera persona o en primera, pero esa es la transformación de la poesía.

A mi me conmueve mucho la vejez, ver esa vejez. Tiene un encanto y a la vez algo triste que viene aparejado mucho con las dolencias físicas, con la vida misma, pero a la vez un halo de contención. Es como que encontrás en ella contención. Debe ser porque me despiertan mucha sabiduría. Te dan esa sensación. Y más las ancianas que son risueñas, que se las ve bien. Y ahí estoy buscando el secreto para pasarla de la mejor manera, con esa filosofía. Y sobre esas cosas también uno escribe, y estás hablando sobre la vejez. Si hablás de una abuela, todos tenemos o tuvimos una, entonces estás hablando de los demás, porque formás parte. Si el poema es punzante y atraviesa esa fibra de la emoción, no importa en qué términos lo hablés, te ponés en ese lugar. Si solo hablás de vos, no podés crear, pero si observás y algo te atrae, esa experiencia la traducís en algo, en imágenes. Esas imágenes las puede tener cualquiera. Estoy muy arraigado a todas esas cosas.

¿Vos ves hoy a la poesía presente en la sociedad que vivimos o hay que hacer un trabajo para rascar esas devoluciones de belleza?

Me alegra que haya un montón de personas que se animen a escribir, porque significa que hay gente que tiene cosas para decir. Ahora, me parece que siento que se pudo llegar a perder algo. Tiene que ver con esto que decíamos, que no nos conmueven tantas cosas. Estamos más individualizados, por lo tanto lo que escribimos también. Te acordás que en la pandemia decíamos que íbamos a estar todos más unidos y en fraternidad con los demás. Y eso no se dio.

También estaba la idea de que al haber más tiempo, ya que uno estaba en la casa, había más lugar para conectarse con uno mismo, sin embargo había una vorágine de hacer cosas por zoom, de agotar todo tiempo posible.

Estamos cada vez en un sistema más capitalista, con más fuerza. Y eso que decís, que te da miedo el espacio libre o te impacienta y tenés que estar haciendo algo, es porque te tenés que evadir. Y si evadís no pensás, y si no pensás, no creás; pero si creás sin pensar, no salen cosas genuinas.

El tema es ese. El problema es que cuando vos ves la poesía, o cualquier cosa, desde el punto de vista de generar por generar. En hacerlo mercantilista, a pedido. O decirse “hoy no escribí un poema, entonces tengo que publicar uno” o “hace mucho que no pongo algo en mis redes sociales”. Y esto tiene que ver con que se pierde el verdadero enfoque, lo que es el génesis de la escritura. Por lo menos en lo que es la poesía. No responde a una demanda. Me hacía acordar a la época en que Dalí ya a lo último firmaba todas sus pinturas, como si fuera un proceso productivo. Me parece que lo peligroso es cuando se empieza a viciar, a perder la verdadera razón por la que estás escribiendo, y evidentemente el contenido para mí no va a estar bueno. Es lo contrario justamente a la carrera que yo hago, que es el marketing, la publicidad. La poesía es lo contrario, pero bueno, hay que ver el fin de cada uno.

¿La poesia tiene que generar influencia?

No necesariamente tiene que influenciar. No necesariamente la poesía tiene un fin. Si nos preguntamos por el fin de cada cosa que existe, se tornaría una locura. Es más simple de lo que parece, simplemente es algo que te conmueve, es manifestar algo que observaste. ¿Sentiste algo? Lo escribís. No creo que tenga por sí sola la poesía una fuerza tan grande y que impacte tanto en la vida de la gente. No es un libro de autoayuda. Me frustra un poco cuando la poesía cae en la autoayuda. Son estilos y lectores. Igual no está mal que exista.

Habla de una sociedad que demanda eso.

Lo que uno escribe lo hace porque siempre pudo dar consejos con ese formato poético o simplemente son consejos queriendo ser bajados a versos. Ahí se discute lo genuino, pero qué tanto importa, si en realidad uno sabe si se traiciona o no, desde ese punto de vista. No hay cosas malas y buenas, pero la búsqueda va por otro lado.

¿Cuál es la búsqueda de Forzado a viajar?

Es un libro que es un compendio de poemas que mantienen un hilo común, de ciertas temáticas que son recurrentes en mí.

¿Por qué “forzado”?

Bueno, no es muy alentador, pero porque me siento forzado a viajar. Sería como viajar en esta vida, por así decirlo, en términos de que es un deber y una obligación, que existís por otros, y que la otra opción sería algo drástico, como un suicidio. Que sería un absurdo, estás en el viaje y hay que viajar. Lo hice en un momento también bastante complicado, cuando mi papá había fallecido por covid y y me sentía forzado. No queda otra, tenés que poner el hombro y seguir, por más que no te guste nada. Entonces, si estás medio sumergido en ciertas desgracias o infortunios que te fueron pasando, lo forzado es que a veces no te das la posibilidad de sentarte un poco con la vorágine, pero una vorágine también espiritual de no tener tiempo de compenetrarte con la tragedia.

¿Para vos existe una belleza dentro de la pesadumbre?

Sí, pero sin romantizar. La infelicidad existe o la felicidad existe porque está la infelicidad. Es la otra cara de la moneda, y que algo no sea muy alentador, no significa que no sea bello. La belleza está igual y creo que todo arte se desprende del dolor en el mundo. No quiero ser extremista con esto, pero quizás es como se suele creer, esa felicidad que estás más ocupado viéndola en la otra cara. Estás haciendo mal. Porque tenés un montón de cosas que las tenés que hacer supurar, la tenés que sacar. Y en eso hay algo bello, porque la transformación de algo trágico o algo que no está tan bien, como el dolor, cuando lo volcás a la escritura, lo bello no es en realidad el dolor que estás transmitiendo, es porque capaz que le das un cierre (sin darte cuenta) más alentador. O le das un matiz quizás entre la desesperanza. La belleza es encontrar en eso que escribiste, es como la búsqueda del tesoro, y sin darte cuenta ver que no eras tan pesimista. Del otro lado, está el dolor de la felicidad.

Hay una coerción para encontrar cierta vida plena, muy guiada por el optimismo.

Todo se puede. Soy capaz de hacer esto y más. Me tengo que superar, tengo que salir de la zona de confort y ser el mejor en esto, atenerme a los cambios, ser adaptativo. Eso está en servicio del sistema de la economía del capitalismo y de todo este sistema perverso, pero uno puede decir “che, loco, no sirvo para esto” u “hoy no hago nada”. Entonces, en la medida en que vayamos, por lo menos mínimamente, despegándonos de todas esas cuestiones, vamos a ir sintiendo cosas distintas. Es como cuando despegaste un sticker y los poros se abren, le das un poco de respiración, y no estás sumergido en eso. No se te ocurre nada porque estás metido siempre en el mismo lugar, ¿cómo hablas? Si estás en metido en el mismo lugar, vamos a hablar siempre de lo mismo. Solo podés correrte de una esquina a la otra.

También supongo que tiene que ver con un viaje interno.

No puedo desprenderme de eso, de la memoria, porque la memoria es como tu gran base de datos de imágenes y de sabores, de dolores, voces, caras y paisajes. Vos ves algo y te llevás, son como pequeños traumas, lindos o no tan lindos.

Sí, es como una base de datos que uno no tiene encarpetada y a la que puede acceder a cualquier recuerdo, en cualquier momento.

Es bastante fragmentario y aleatorio. Lo que reflota es es lo que realmente puede estar asociado porque fue significativo. Viste 20.000 millones de cosas con el espíritu y no sé por qué carajo uno se acuerda de algo que supuestamente no es tan importante. Me acuerdo la primera vez que compré una Coca-Cola o el primer sueldo, ¿es importante? No me parece, pero evidentemente hay un montón de significados ahí.

Pudo haber sido importante para vos en ese momento.

Siempre vas a manejarte con parámetros que te van a dar una cierta proyección, con certeza o no, pero desde la escritura sí me imagino un futuro -y volvemos a lo mismo- con esta idea de la vejez: ser un viejo y sentarse en un bar con otros viejos, y tener camisa cuadriculada, y charlar de filosofía y de la vida con los amigos. Forzado a viajar, por ejemplo, tiene mucho de pensar en la finitud, ¿qué es la finitud? ¿Dónde viene el futuro? O sea, desde un punto de inflexión se habla mucho del futuro, pero se habla mucho del futuro de la actualidad, obviamente. Entonces, ahí la mortalidad. La poesía está plagada de eso.

Construís también un futuro desde cierta melancolía o nostalgia de lo que se está yendo. Es un mundo que se está viendo y vos lo estás viendo en el futuro, pero hay una cosa de querer refugiarse en algo que se empieza a desdibujar, que empieza a partir cada vez más lejos.

El título del libro no lo pensé demasiado, salió y me cerró bastante bien con respecto al contenido que tiene el libro. ¿Por qué uno está forzado? ¿Qué hacemos con eso? Ese es el punto y sobre qué nos hace sentir ese sentimiento. A mi hija le digo “vamos a pasear”, no soy de dar órdenes, pero imagínate que sea medio autoritario. Bueno, capaz que está forzada, pero en el paseo la puede pasar bien.

Y de golpe uno lo empieza a entrenar, entonces si bien inicialmente pareciera algo negativo, no es más negativo, simplemente es como una ley natural de las cosas. El sentimiento es que tenés tantas opciones, y la única opción es emprender el viaje y seguir viajando, y después terminarlo. De hecho siempre me vienen imágenes en relación a esto que hablábamos del “refugio” y uno de los recursos mentales que tengo son las terminales. Y no sé por qué. A veces viajábamos acá a Capital y terminábamos en las terminales. Me daba un cierto consuelo. Me acuerdo porque no era el lugar en sí, era como mágico: un montón de colectivos que venían a la estación, puede ser un final o un comienzo.

Hay mucho de lo sagrado y de lo espiritual en lo poético.

Tenés que tener un grado de espiritualidad, porque imagínate que no tener eso sería meramente práctico y no tendría capas. Digamos, sería puramente superficial. No creo que sea posible.

Creo que lo están intentando con la inteligencia artificial, ¿no?

Ese es otro tema. Al principio me preocupó eso, pero después me quedé tranquilo. Es muy mala en muchos aspectos, está más hecha como fin informativo y de traducción, y todo eso no tiene un fin, no está ducha, escribe como un niño o una niña. Igual ponele que progrese y se alimente y se nutra. ¿Qué importa? No lo veo como una amenaza, porque es como el proceso cuando empezó la revolución industrial que empezaron las fábricas, los procesos productivos, la producción masiva, en línea, y también estaba el artesano.

Hay cosas que tienen un valor distinto, un tipo que agarra y moldea algo y tiene la capacidad y habilidad, tiene el esfuerzo y la motivación. No es una figurita repetida, es muy personal, viene de la mano de esa persona. No es algo estandarizado y eso tiene un valor mayor, lo mismo con esto. Volvamos al fin, ¿cuál es el fin del escritor? Si lo querés mercantilizar, bueno, ya estamos hablando de otra cosa. Pero incluso va a haber herramientas futuras también para controlar. Eso me imagino, pero para el que escribe no debería de ser una amenaza, no atenta contra nada. Discutir con la inteligencia artificial es como discutir con un árbol, es raro. Entonces habrá negocios por todos lados, pero la esencia o el motivo principal que da origen a la escritura es pura y exclusivamente humana.

¿Qué pasa con la literatura en términos políticos, cómo la ves? ¿Qué pasa dentro del mundo cultural artístico y qué está pasando con todo esto que vivimos?

Ahora actualmente veo una necesidad, es más que obvio que está totalmente desamparada de la cultura. Entonces si antes era a pulmón, ahora es mucho más, y el autoestima o los estados anímicos de la gente que forma parte de ese movimiento. Estoy hablando de centros culturales, de reuniones, de organizaciones literarias que puedan juntarse y participar con lectores, poetas. La reman un poco en dulce de leche, está complicado. Siempre hubo círculos muy cerrados con los escritores, y como que sigue pecando de eso. Sigue habiendo mucho egocentrismo en ese sentido. Hay gente muy piola, copada, compañera, muy buena gente, pero es como que no hace al promedio.

¿Eso es porque está atravesada por una lógica de competencia o por qué?

Sin duda y viene todo la mano de esta enfermedad, ¿por qué querés compararte? Hay una cuestión de ego muy importante, una cuestión de inseguridad y de que no nos ponemos felices por la felicidad de los demás. Y eso tiene que ver con esto que hablábamos del individualismo. Está muy de moda esta palabra, la empatía, y no es una nueva. No hay un cuestionarse con ser más introspectivo, simplemente uno queda con esa emoción y ya fue. Entonces no nos preguntamos esas cosas. ¿Por qué no me pongo contento por este flaco que publicó un libro o la pegó? Es todo lo contrario. También es muy nocivo y muy frustrante para la persona, porque te sentís una cucaracha, entonces el punto es ese, empezar a hacer un poco de trabajo, una práctica un ejercicio y un hábito por los demás y saber que hay lugar para todos.

Lo llevo también a lo político, en el sentido de que se están perdiendo las comunidades y creo que el ámbito cultural también generaba pequeñas comunidades. Lo que vos comentabas de juntarse en un café con colegas y hablar de algo que estás leyendo, de lo que está pasando. Eso es complicado hoy en día.

Hoy en día sí es complicado, pero creo que es rescatable. Es como que todo el mundo necesita cosas, pero como nadie lo dice todos hacen de cuenta que no las necesitan, seguimos viviendo. Esa es mi sensación, es como decir “che loco, si en algún momento uno siente y quiere decir ahora estoy triste, me siento sola”, no sé, cosas, está bien. Porque la imagen es más fuerte ahora, entonces mostrás un poco de vulnerabilidad y no garpa o te dicen frases alentadoras, que bienvenidas sean, pero no siempre es así. El tema y el problema es que uno no se deja atravesar por el dolor, lo evadís todo el tiempo, y eso se ve en las producciones de la poesía, y también en otros lados.

En la política es bien explícito, hay una poesía de querer callar ciertas cuestiones, por ahí no conscientemente, pero hay cosas que si vos pensás que no van a ser aprobadas, o no van a ser bien vistas por la gente, las censurás. No digo que le pasó a todo el mundo, pero lo pensás y decís “che qué onda”. Es muy clave la autoestima de la gente, entonces ahí medio que te armás un algoritmo: ¿qué tengo que hacer para más o menos quedar bien? Y no es así, y lo otro capaz que lo tenés en un cuaderno, dentro de un cajón, y por ahí es el origen por el cual empezaste a escribir, era justamente para decir eso que no podés decir.

Me parece que la poesía funciona al revés de lo que funciona justamente el mercado, no estás pensando en un cliente. Eso es lo último. Esa es la consecuencia.



Pablo Andrés Rial
Forzado a viajar
Paserios Ediciones
2023

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