Vértices

Brigitte Baptiste: “el componente identitario de la educación sigue siendo fuerte y genera frustración y violencia”

Brigitte Baptiste - Paola Sánchez

Paola Sánchez – Instituto de Recursos Biológicos Alexander Von Humbold

Una ráfaga amarilla entra corriendo, pide disculpas por la demora mientras saluda con afecto al encargado de prensa. Se acomoda el pelo rubio y azul mojado por las lluvias que azotan a Bogotá en esta época del año. Sin embargo, Brigitte Luis Guillermo Baptiste (55) luce radiante. Un vestido corto y amarillo se estrecha a su cuerpo. Sus gestos y actitud sumado a las medias negras y los zapatos de tacón le terminan de imprimir un aire de diva.


Por Lucas Tyan.

Desde 2011 Brigitte es la directora del Instituto de Recursos Biológicos Alexander Von Humbold, organismo público que realiza “investigaciones en biodiversidad y en servicios ecosistémicos para la toma de decisiones gubernamentales”. En sus años de gestión destaca el acercamiento del instituto al público no científico, siendo los chicos los principales apuntados con la idea de generar consciencia y acercarlos a la ciencia de una manera amigable.

Ubicado en un séptimo piso y, a pesar de ser un organismo público, nada tiene que ver con esas grises oficinas kafkeanas. Ambientes amplios, luminosos, de color verde vivo y con empleados sonrientes, de cabellos de colores y vestidos de manera casual reflejan la diversidad del instituto.

Además de haber sido profesora durante más de 15 años de la Pontificia Universidad Javeriana, Brigitte es una de los 25 miembros del Panel Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) en representación de América Latina y el Caribe. Sus aportes a la ciencia y a la biodiversidad han sido reconocidos internacionalmente con becas, premios y menciones.

Pero antes de llegar a este lugar atravesó un largo camino.

A los 5 años era Luis Guillermo, sabía leer, escribir y las operaciones básicas de matemáticas. Al finalizar los estudios secundarios, cursó algunas materias de Arquitectura y allí tropezó con lo que, según sus palabras, o mejor dicho las palabras de un docente, fue su segundo fracaso.

El primero fue el de cumplir con los mandatos de ser varón.

Biólogo de la Pontificia Universidad Javeriana en 1988 y casado con su primera esposa, realizó una maestría en Florida, Estados Unidos. Lugar donde ingresaría al mundo del feminismo a través de la literatura. Sin embargo, fue 10 años después, separación de por medio y una nueva compañera, Adriana Vásquez, que Luis Guillermo renacería en Brigitte.


A los 35 años fue tu punto de quiebre, ¿sentís que demoraste mucho?

En algún momento pensé que tardé demasiado en tomar la opción de manifestarme como deseaba ser. Pero son momentos de crisis en la vida. Escogí mal mi profesión, me casé mal, estaba viviendo en el sitio que no quería, y siempre equilibraba para tranquilizarme. Fui afortunada, tuve una familia espectacular que me dio muchas oportunidades, pero eso llega hasta un punto de quiebre: donde si tu no tomas las riendas de tu vida, donde si no rompes ciertas cosas, no puedes mantenerte, mirarte al espejo, no tienes dignidad, ni autoestima.

¿Cómo vivías?

Todo era muy difícil, sobre todo por el problema de expresión, de capacidad de manifestar la diferencia de una manera constructiva que abra caminos, y, en la mayoría de los casos, si uno no logra encontrar ese camino, si no logra hablar del tema, si no encuentra un interlocutor, la frustración y la depresión hacen que el riesgo de suicidio sea muy grande. Afortunadamente, vivo entre muchas redes. Interactúo en redes familiares chéveres, con amigos y amigas chéveres y esos son los pilares de los cuales hay que aferrarse con confianza. Así vas encontrando la manera de expresar lo que tú sientes y te das cuenta que hay espacio. Eso es algo que siempre trato de mostrar a las personas que me llaman y me buscan para decirme que ya no quieren seguir viviendo, que no encuentran la manera de resolver dudas de género, de comportamiento sexual, de profesión o de situación familiar. Les digo: desenfócate un poco y busca otras alternativas, porque siempre las hay.

Brigitte Baptiste - Felipe Villegas 01
Foto Felipe Villegas – Instituto de Recursos Biológicos Alexander Von Humbold

¿Qué rol juega la educación formal en nuestra identidad?

La educación formal es uno de los elementos que más obstaculiza la innovación y la capacidad adaptativa de las personas a los nuevos retos, a los nuevos ambientes, a las nuevas preguntas. Porque la educación se constituyó sobre proyectos identitarios, nacionalistas, de clase e ideológicos, de manera que el componente identitario de la educación sigue siendo fuerte y genera frustración y violencia porque las personas no están dejando que terceros sean tan presentes en sí mismos.

¿Qué significan los dogmas?

A los dogmas los entiendo como resoluciones de la complejidad del mundo, bajo una serie de principios que operan muy bien durante un corto tiempo. Entonces, por ejemplo, el rol de la mujer en la sociedad operó muy bien en todas las culturas durante cientos de años, en los cuáles había que garantizar la reproducción sexual y el cuidado de los niños a cargo de ellas. Pero una vez que esas condiciones cambian y las mujeres ya no están obligadas o condenadas a contribuir sexualmente con la reproducción, se abren otras posibilidades y el dogma se convierte no en una estrategia adaptativa sino en una estrategia inadaptativa.

¿Qué papel representan los viajes en tu vida?

Viajar es fundamental para darse cuenta que el mundo es mucho más diverso y complejo de lo que uno ha experimentado. Los viajes te obligan a reposicionarte en relación con lo local, te obligan a reestablecer canales de comunicación, incluso a innovar e inventar formas para habitar, para conectar, para sobrevivir, creo que son fundamentales. Son la receta para curar el miedo y para abrirse a nuevos mundos. Viajar, y viajar más a sitios y espacios realmente distintos para salir de ese umbral de seguridad y exponerte.

“La ciencia tiene que hablar en niveles de certeza y reconocer que no es capaz de dar razón completa de ningún fenómeno. (…) Hay que vivir dentro de umbrales de certidumbre que nos tienen que mantener nerviosos, pero que no nos tienen que matar del miedo.”


¿Cómo creés que el avance tecnológico pueda afectar los vínculos con nosotros, con los demás y con el ecosistema?

La tecnología va a permitirnos más plasticidad identitaria, movernos más a través de nuestras expresiones, ya sea de género, históricas, étnicas. Vamos a poder elegir cómo manifestarnos y eso implica cambios en la relación entre las personas y los patrones que nos permiten estereotipar a las mismas para comportarnos con ellas bajo ciertos parámetros. Eso, además, da miedo. El saber que hay una posibilidad de diluirnos en medio de tantas posibilidades como también el no saber con quién estamos hablando en medio de tantas posibilidades. Es un problema ontológico de con quién y en qué condiciones nos relacionamos. Será un momento particular de la historia de reorganizar la identidad, jugar con ella y de generar nuevas reglas de interacción entre nosotros. También hay un riesgo muy grande de separación definitiva del ecosistema biológico, ya que la virtualidad puede simular todos los ambientes, las experiencias, y puede ser riesgoso. Sin embargo, las nuevas tecnologías traen nuevas oportunidades, disminución en huellas de carbono, ya que, por ejemplo, ahora no hay que viajar para reuniones. Hay, como siempre, riesgos y oportunidades.

Fotos Paola Sánchez – Instituto de Recursos Biológicos Alexander Von Humbold

¿Qué opinas del lenguaje inclusivo?

El castellano es un lenguaje fuerte en términos de género. Me parece que hay que usarlo (al lenguaje inclusivo) como un argumento para llamar la atención sobre las cosas y dejar que la dinámica instaure lo que se vaya a definir, nada se puede hacer por autoritarismo. El lenguaje mucho menos. A mí me encanta experimentar con el lenguaje porque es un espacio que siempre ha sido dinámico, el purismo no tiene sentido. No hay razón para reclamar limitaciones a la innovación lingüística, pero como también experimentamos con tantas cosas, si el lenguaje varía demasiado rápido corremos el riesgo de dejar de entendernos. Creo que las cosas se irán acomodando.  Los jóvenes dirán si eso tiene o no sentido. Lo uno me lleva a lo otro y configuran un universo de posibilidades narrativas y performativas con efectos en la realidad material. Son espacios en los que se puede llevar el lenguaje y la construcción de las ideas a extremos, donde se demuestra claramente que no somos tan consistentes como creemos serlo, que muchos de nuestros prejuicios están anclados en supuestos lógicos o en supuestas consistencias que no lo son en absoluto. Si uno lo trabaja con humor y perspectivas distintas incrementa la posibilidad de interactuar con muchas comunidades, distintos tipos de personas y logra efectos creativos muy bonitos, entonces hay un aspecto estético en el cuestionamiento de los lenguajes. Hay personas que son más o menos apegadas a la certidumbre, a las garantías, a la seguridad y otras que son más afectas al riesgo, la adrenalina, innovación y eso creo que esta instaurado en nuestro ADN. Pero sí es cierto que la ciencia tiene que hablar en niveles de certeza y reconocer que no es capaz de dar razón completa de ningún fenómeno, pero que sí es capaz de dar razón, hasta cierto punto, de un fenómeno. Entonces, hay que vivir dentro de umbrales de certidumbre que nos tienen que mantener nerviosos, pero que no nos tienen que matar del miedo.


Además de la arquitectura y el rol como “varón” ¿qué otro “fracaso” te ha marcado?

Fracaso total como deportista, no tengo ninguna habilidad deportiva y hoy en día hace falta. Me atraía mucho el fútbol cuando era pequeña. Pero entonces era un niño que quería ser niña que quería jugar fútbol y que usaba lentes y que no tenía habilidad. Así que nunca tuve la oportunidad, no me la dieron: antes le daban la oportunidad a una niña de jugar que a mí. Entonces es un fracaso desde el punto de vista de la frustración de no haber podido siquiera intentarlo. Frustración con los demás, pero también con mis propias habilidades.

Y hoy, ¿quién es Brigitte?

Es una Brigitte muy plástica, amplia, libre en medida que me permiten ser en muchos espacios, porque en la medida, que yo me lo permití, encontré la posibilidad de posicionarla y arriesgarla, porque ya estaba todo perdido: o la dejaba existir o ya no había ninguna razón para ser yo. A medida que fui viajando me di cuenta de que Briggitte no era necesariamente más extraña para aquellos espacios a donde llegaba de lo que yo hubiera sido en mi personaje masculino, porque si eres un viajero o viajera que viene de lejos las personas te miran y dicen “es una persona rara” y dependiendo de su capacidad de aceptar lo diferente no te clasifican en una categoría de diferencia específica. También veo una mujer que se está quedando calva y me preocupa mucho, pero ya tengo varias pelucas (risas). Veo a una persona más tranquila respecto a su identidad porque se da cuenta de que es algo realmente más flexible de lo que hemos pensado. Veo a una mujer que le puede aportar esa mirada a otras personas, que bien sea por su condición de género, por sus preferencias sexuales, por su origen étnico, por su ideología o por su profesión se consideren en el cuerpo o en el lugar equivocado. No hay lugares equivocados y cada vez más en el mundo hay un espectro de posibilidades gigantesco, entonces el espejo hoy es más una pantalla interactiva donde puedes convertirte en muchas cosas y eso es muy bonito. Sobre todo, de las mujeres trans, quienes somos o hemos sido adictas al espejo, y eso le da a una un sentido de menor transcendencia al valor del problema identitario. Es un juego artístico, un juego estético, una pérdida de tiempo, pero definitivamente te induce una sensibilidad particular hacia la posibilidad de moverte con más flexibilidad por el mundo

“Me parece que hay que usar el lenguaje inclusivo como un argumento para llamar la atención sobre las cosas y dejar que la dinámica instaure lo que se vaya a definir, nada se puede hacer por autoritarismo.”


En varias entrevistas hacen referencia a tus senos, ¿cómo convivís entre la cosificación y la libertad de tu cuerpo?

Es un juego, me gusta ser juguetona en ese sentido, porque nada es tan importante. Mucho menos una parte de tu cuerpo como para que te defina. Ni mis genitales que nadie conoce (salvo excepciones) o las cosas que están expuestas. Hay gente que vive atormentada por el tamaño de sus orejas o porque se está quedando calva, pero realmente ninguno de esos elementos debe constituirse en una marca, mucho menos en una marca que te brinde o quite derechos. Es muy importante saber jugar con eso y ponerlo en juego en las relaciones porque te permite ampliar el rango de las interacciones con las demás personas. Creo que eso pasa mucho por los estereotipos y con la manera que nos enseñaron a amar y a expresar el amor. Si yo te gusto mucho porque mis labios te seducen y crees que eso es suficiente para casarte conmigo estás en un error, la realidad es más compleja que eso. El patriarcado jugó un rol en eso ya que define la feminidad como objeto de consumo y lo utiliza activamente. Un objeto de consumo, de regulación, de organización y expresión de poder. Entonces, al patriarcado hay que refutarlo constantemente. Es un ejercicio de resistencia y rebeldía que nos corresponde en todos los ámbitos.

¿Te considerás libre?

Creo que no soy una persona suficientemente libre. Todavía tengo muchos prejuicios. Pero soy libre en el sentido en el que acepto y adopto las cosas que deseo con plena responsabilidad. A veces me considero una persona extremadamente convencional, porque no considero que haya roto esquemas o estándares: en mi familia somos 4 mujeres (Brigitte, Adriana y sus hijas: Juana Pasión y Candelaria) y 3 gatos, que visitamos a los abuelos, salimos, comemos pizza, es decir, realmente no somos miembros de una comunidad extremista. 

¿Tenés miedos?

Hay cosas que todavía me dan miedo. Por ejemplo: la estructura de la familia. El poliamor, siempre he creído que las personas somos poliamorosas, que somos capaces de tener relaciones afectivas plurales, pero tengo mucho temor de que eso no sea manejable. Para mí ya no es una preocupación, pero pienso en mis hijas y en cómo van a crecer en ese ámbito pluriamoroso y en su relación con las máquinas y la virtualidad.

Brigitte Baptiste - Felipe Villegas
Felipe Villegas – Instituto de Recursos Biológicos Alexander Von Humbold

¿Qué te gustaría dejarle a tus hijas?

Junto a mi esposa intentamos dejarles mucha libertad, por ejemplo, libertad en la religión, fueron criadas sin dogma religioso. No tienen ese tipo de prejuicios, y, espero, que tampoco tengan prejuicios de género. Para mis hijas la femineidad y masculinidad son elementos de juego y de su capacidad expresiva y espero que no estén angustiadas por saber si sus parejas son del mismo sexo o si tienen tatuajes o si son mayores o menores. Creo que hay un par de regalos importantes que reciben ellas para el futuro.

¿Qué pensás hacer en tu retiro?

La música y el dibujo están a la espera, si todavía me queda talento y pulso. También la escritura. La ficción es una manera de generar consciencia. Uno de mis planes de retiro es dedicarme a escribir divulgación científica y ecológica. El trabajo en ficción me apasiona, pero la prueba de talento es como la de fútbol: ácida.

¿Cómo imaginas el futuro con optimismo o pesimismo?

Hay días, pero en general y a medida que voy envejeciendo me doy cuenta de que las nuevas generaciones son tan distintas, como el mundo lo es. Y que uno tiende a pensar y a asociar su vejez y su eventual incapacidad de renovarse con el desastre, pero pienso que el futuro será muy distinto y raro pero que nuestros hijos y nietos van a estar en capacidad de ser felices y estar a la altura de eso.


A esta altura de la charla, Brigitte es interrumpida por su equipo de trabajo, quien le acerca su notebook ya que tiene que brindar una videoconferencia y luego atender una demanda del Estado. En los próximos días viajará a la frontera con Venezuela así que su tiempo con nosotros llegó a su fin. Se levanta y como vino se va, apurada pero intacta.

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