El Pregonero

Que nadie se duerma

Foto: Frente de Todos


Editorial

No ganaron todos. Nunca pueden ganar todos. Pero ganó la mayoría, inclusive muchos que votaron el macrismo. Ganamos los laburantes, los que madrugamos todos los días y vimos nuestro sueldo irse por el caño mientras debíamos aceptar condiciones cada vez más insalubres con tal de no perder el trabajo; ganamos los despedidos que fuimos echados por abultar los egresos de la patronal, sin derecho a réplica y sin poder entrar a buscar nuestras cosas a la oficina, rodeada por docenas de policías; ganamos los jubilados, los que perdimos medicamentos y la capacidad mínima de comprar el pan y la leche; ganamos los asesinados por doctrinas homicidas prestidigitadas por un Gobierno cómplice de los genocidas; ganamos los humillados y ofendidos, acusados de crímenes y calumniados, incapacitados de acceder a un micrófono para un derecho a réplica; ganamos los científicos y los que queremos acceder a la educación, los que fueron obligados al exilio por ver el futuro ennegrecido mientras se prometía la revolución del Iphone. Ganamos los que vieron su escuela cerrada y cuya única devolución fue una promesa para volver a ser colimbas; ganamos los pequeños y medianos empresarios, dueños de pymes que sistemáticamente fueron cerrando, los que debieron masticar promesas sobre el bidet y engrosar a sus empleados a la larga lista de despidos. Ganamos las minorías reprimidas, una y mil veces, por reclamar derechos que nos corresponden. Ganamos los laburantes de prensa, que vimos perder nuestra ley de medios y cómo se bastardeó al oficio más hermoso que pudimos conocer.

Quienes perdieron son los especuladores, los de siempre, los que viven de la bicicleta financiera, los que parasitan créditos en nombre de nosotros pero que fugan apenas pueden; perdieron los mal llamados empresarios cuyo único emprendimiento es fundir nuestra industria; los que buscan desesperadamente que vuelvan los militares a las calles; los que hacen negocios con el hambre ajena y simultáneamente esclavizan con sueldos miserables; los hijos y nietos de asesinados del pasado reciente; los mercenarios de prensa: adalides de la desinformación, la calumnia y la complicidad.

No, no ganaron todos. Y aún no ganó nadie, porque faltan dos meses para ratificar esta victoria. Que no se duerma nadie porque la infamia tiene múltiples aristas y ninguna es legítima. Basta recordar las injurias durante estos últimos cuatro años en complicidad con el partido judicial y los medios hegemónicos. Basta ver, también, el documental Nada es privado, de Karim Amer y Jehane Noujaim, para saber que los que perdieron en las urnas no están dispuestos a perder el poder.

No, que aún no se duerma nadie porque ahora comienzan los días más difíciles, los de la resistencia, hasta ratificar en las urnas la respuesta a los apatridas. La lucha que empieza ahora nos necesita con los ojos bien abiertos.

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