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Norman Briski: “El anarquismo no es una utopía, es simplemente una buena vida para alcanzar”

Norman Briski Teatro Caliban

El actor, director teatral y dramaturgo brinda pinceladas de su carrera y su mundo actual. En 2019 tuvo en cartel obras como La Medicina. Tomo I; No te vayas, con amor o sin él; La conducta de los pájaros y Potestad. Foto: Teatro Caliban


Por Pablo Pagés.

Se hace difícil explicar quién es Norman Briski. El que quiere andar viendo su cronología de laburos puede consultar en la web. De parte de quien escribe, es complicado describir a una persona que ha mantenido a lo largo y ancho de su vida un compromiso social fuera de los aparatos de Estado y partidarios. Briski es alguien a quien le importa poco la novedad, porque siempre está indagando. Un referente del teatro argentino. Un anarquista romántico, tal vez, solo, una inmensa persona. De seguro estamos de acuerdo en lo político, también, quizá, en lo existencial. Ese algo más que no podemos decir tan fácil. Eso es Norman. Un ácrata, un insolente, un niño que juega con esas generosas trivialidades que muchos de nosotros no estamos preparados para incorporar.

Sí, Norman es un tipo que labura todo su tiempo desde la trinchera.

Esta entrevista tiene cierto carácter de rigidez, por no poder compartir un mismo lugar a la hora de charlar sobre diferentes temas. Pero, en fin, se nos hizo esencial Norman Briski, a la hora de buscar algo de calor ante semejante frío.


¿Pensás que hubo alguna influencia de tu familia en el devenir de tu carrera?

Yo no la llamaría influencia, sino cariño de padres que comunican a sus hijos siempre con esa premisa libertad. Eso es lo que yo tuve como privilegio, libertad, y cierto libertinaje. No es que no hubo límites, sino que nosotros, mi hermano Mario y yo, ingeniero, ya hombrecitos, y mi hermana Perla, no influíamos sobre la llegada libertaria de mis padres. Ellos fueron exiliados europeos judíos, y mi padre comunista. Por lo tanto, lo que yo recibí casi hasta los 20 años fue eso. Yo me alejé mucho desde entonces, fueron posibilidades deportivas, intelectuales, de romper, de jugar; creo que eso combinado con el social histórico “Perón y la Libertadora”, son printing que después han llegado a mí existencia.

¿Cómo fue el paso de Santa Fe a la Capital? ¿Qué significado tuvo para vos?

El paso de Santa Fe a Capital es primero de Santa Fe a Córdoba, y éste ha influenciado mucho sobre mi crecimiento. Escuela industrial, recibido de técnico electromecánico. Y el crecimiento de esa ciudad en términos de fábrica, en términos de clase trabajadora obrera, ha sido también la parte artística que se inicia en Córdoba con María Escudero, muy importante persona que ha tenido influencia no solamente en Argentina con su grupo de teatro popular, sino después en Ecuador. Ya falleció. María Escudero, María Inés Andrés son las personas en actuación que han intervenido en mi formación en Córdoba. Recién a los 20 años, después del servicio militar, que es una fábrica de anécdotas traumáticas inclusive, llegué a Buenos Aires. María Fuxs es la tercera persona que me ayuda en la parte de mi formación como mimo. Así llego a Buenos Aires, con un corto que había hecho entonces, que tuvo premios en el Fondo Nacional: Los pequeños seres.

El teatro no rompe nada, desgraciadamente. Puede acompañar, puede apañar, pero romper, no. Responde a esta estética que maneja la contradicción. Nuestra labor, que bien interesante es en el mundo crítico, no es en el mundo revolucionario“.


Yo nací en octubre, amo esta palabra y este mes. ¿Qué significado tuvo para vos?

Octubre. Sí, es un mes lleno de acontecimientos: el Che Guevara, la Revolución Rusa, el 31, el 17 de octubre y otros. Me parece que es un mes de la agitación en mi vida, siempre ha sido un mes significativo. Yo cumplo en enero, el 2 de enero, pero es una fecha no muy factible para que sucedan otros hechos en alguna sarasa del año nuevo.

A esta altura del partido y en vistas de lo que tan penosamente acontece, ¿te considerás anarco, ácrata, socialista, demócrata o peronista?

Sí, yo me considero hoy anarco, más cerca del anarquismo. También me considero ácrata. También me considero socialista y dentro de esas categorías, que es una manera de ubicarse nomás, podría ser que dentro de esas formulaciones, tenga cierta consideración por la democracia. También he sido peronista. Hoy ya con el comportamiento de aquel líder hay una enorme indisposición con respecto a lo que sucedió en su vuelta a la Argentina y su alianza con todo lo que sabemos. Yo siento que tuve, simplemente, más bien bronca, un sentimiento negativo por esa parte oscura de la historia del movimiento peronista que hoy sigue coexistiendo conmigo.

Ni Godot ni Dios existe. ¿Qué esperamos para tomar la Bastilla?

Eso me pregunto todos los días…¿La Bastilla? Ahora tomamos más bien la pastilla… Siempre he tenido una genética de los que trabajan al poder, de que “por favor, basta con las herencias”. Inclusive soy diseñador de paisajes para una sociedad más juguetona, más feliz, y no veo que sea muy acompañado. Yo no acompaño a esos que parecen colaboradores de que Hitler gane por elecciones generales.

¿Hay algo de este presente que te suene a 1984 de Orwell?

Sí, Orwell es un irónico profeta que se arrepiente de su ironía, es un inglés sostenido, es un inglés inteligentemente burlón. Al mismo tiempo que 1984 es una obra profética para no ir preso como hizo Mozart, Shakespeare, como hicieron tantos otros y que tampoco cambió demasiado, como Los Simpson. Todos los días te dicen cómo son, se denuncian todos los días, pero no parece que Trump se vaya a ir por eso.

¿Cómo vivimos entre tantas dependencias?

No soy de esperar algo que me da mucho placer, me da entusiasmo y me da alguna alegría. Aunque esté muy desprendido de un social histórico irritante, estúpido, que no alimenta para nada los juegos. Subsistir pertenece al campo de sobrevivir, no de vivir, está lleno de “viditas” y trato de rajar de eso, pero parece que no es fácil. Yo me doy cuenta porque la sigo, yo digo siempre: “Si querés que haya una luz al final del túnel comprate una linterna”. La mayor dependencia es uno mismo, la televisión. Bien, claro, se puede ver que solamente sirve cuando hay documentales o cuando hay un revisionismo cultural como The films and arts, que pasan cosas bien hechas de los ingleses, aún cuando ya la mentira incluye en Shakespeare su idea colaboracionista, porque Shakespeare fue un colaboracionista para poder sostener su teatro, pero fue el creador de la cultura inglesa contemporánea.

Foto: Teatro Calibán

¿Estamos ante un genocidio?

El genocidio de maneras sutiles, hasta del buen trato, hasta de estas democracias insuficientes, insulsas, que producen un glorioso Chile, que no le tiene ni miedo a la pandemia. Mirá cómo será su fuerza. Así que hay un genocidio en cómodas cuotas, como una tarjeta, esos son pequeños genocidios; es la pecera, te van calentando el agua de a poquito.

¿Cuándo aparece la derecha?

La derecha aparece, es lo que más aparece, porque la no-derecha es derecha. No me da la impresión de que haya una distinción, que no haya sido algún percance o discontinuidad en la historia como fue un pedacito de Yrigoyen, de Perón con el 17 de Octubre; y después viene el achanchamiento o la dependencia o el no atrevimiento, todos estos factores que hacen que lo que más sobre es el conservadurismo. La derecha ni siquiera está agazapada en Argentina, porque la otra derecha trabaja para que no se enoje o que voten, con todo lo que ya sabemos que significa la urna.

¿Por qué los sectores de izquierda parecen no poder llegar al sillón de Rivadavia?

Ya sentarse en el sillón de Rivadavia significa que te van a adaptar o mejor dicho te van a someter a las pautas de los factores de poder del capitalismo dependiente, porque ni siquiera es la cuestión. Así que no creo que nadie se puede sentar en el sillón de Rivadavia para no ser Rivadavia. Únicamente la esperanza fascista de la obra pública que podrían llegar a dominar los ingenieros. Una cosa es la izquierda y otra son los troskos. Por suerte los troskos nunca han llegado a gobernar ni a tomar el poder, porque Dios me libre y me guarde. Si hay alguien que quiera estudiar quién era Trotsky, que lo haga. Porque una cosa es ser un intelectual que analiza y otra cosa es la calle y la confrontación con el enemigo. El trotskismo no parece posible, bueno, podrían decir lo mismo con el anarquismo, pero a mí me parece que el anarquismo no es una utopía, es simplemente una buena vida para alcanzar.

¿Te parece que los “K”, de alguna manera, actualizaron y resignificaron al peronismo?

No creo, son ese pragmatismo, que hasta se podría decir es inocente. Muchas veces y otras veces, simplemente, enfermos de la política. Yo no sé por qué todavía hablan bien de la política como ciencia, porque desde su creación -creo que ha sido Maquiavelo el creador de estas argucias, picardías, que también parecen tener aspectos trotskistas- no llegan a ningún lado. En la política, que tiene como consecuencia la clase política, son enfermos sociales. Muchos de ellos con preciosas intenciones. No sé qué pandemia cerebral hace que la corbata o la ritualidad determinen la posibilidad de pensar en mayorías. El control liberal que hoy ejerce el poder con la ciudadanía es viejo y nace en Estados Unidos, como cuando perseguían el negocio del alcohol. Me parece que acá tenemos la invención de la picana eléctrica ¿no? Hay un monumento a Ramón Falcón que es el hijo de un poeta nacionalista anticlerical.

¿El permiso del teatro esconde un hecho lúdico?

El teatro no rompe nada, desgraciadamente. Puede acompañar, puede apañar, pero romper, no. Responde a esta estética que maneja la contradicción. Si yo tengo que hacer de Hitler en teatro tendría que pensar en por qué ese odio a esa madre o a ese tío o a esa orfandad. Nuestra labor, que bien interesante es en el mundo crítico, no es en el mundo revolucionario. Es una idea de Walter Benjamin. Para mí sería el ejemplo más lúcido de la tarea crítica, que tengamos sobre el accionar, como lo tuvo Orwell en su momento, diría. Yo de todas maneras defendería a la Revolución Rusa ¿no? Ahí, en el quilombo del gallinero.

“Ya sentarse en el sillón de Rivadavia significa que te van a adaptar o te van a someter a las pautas de los factores de poder del capitalismo dependiente. Así que no creo que nadie se puede sentar en el sillón de Rivadavia para no ser Rivadavia”.


De alguna manera volvemos a ser niños. Me acuerdo de esa frase de Luca Prodan: “Un tornado arrasó mi ciudad y a tu jardín primitivo, pero no, mejor no hablar de ciertas cosas”.

Luca Prodan es un suicida que, en ese estado tan intenso, siempre va a tener novedades, vivir en la grieta; siempre va a decir cosas que no son escuchadas y no nos gusta oír. Como diría Orwell: “Yo no creo que nos quiten los espacios, sino que no los defendemos”. Yo creo que los están defendiendo de todas maneras. Reivindicando, llenando papeles burocráticamente. No lo sé.

¿Qué significa el desnudo para vos? Hay muchos prejuicios aún sobre ese tema.

El desnudo es lo que todos estamos esperando, aún cuando en invierno nos haga falta que el otro nos abrigue. Es tan raro que todavía andemos tan vestidos, ¿no? Tan raro… Pero bueno, el cuerpo con los griegos se ha vuelto un enemigo, en el sentido de que Apolo lo mató a Dionisio, y me parece que el perfeccionamiento del músculo aquel terminó con los desnudos y los arropados, solamente muestran el músculo que le puede brillar… Y todavía los prejuicios siguen porque falta para el despojo, y el despojo significa que somos iguales, como tan bien dijo Orwell, me parece, “pero algunos son más iguales que otros”.

Fuiste actor en La Peste de Puenzo. ¿Cómo fue esa experiencia tan visionaria?

Sí, yo fui actor de La Peste de Puenzo. Una experiencia lateral, porque yo no participé del guión. Muy buenos actores pero la película salió lenta y “la peste” es un tema con el que nadie quiere confrontarse. Entonces se entiende que produjo, también, rechazo en su tiempo. Como vos bien sabés, lo visionario no quiere decir que se visione. O sea, lo que puedan ver algunos espíritus inquietos, con cierta sensibilidad, que sepan mejor lo que está pasando, no quiere decir que es “rescatada”. Por lo que parece, te das cuenta, que la visión de La peste yo no la considero visión, porque peste hubo siempre y el rescate de la peste es como una discontinuidad imprevisible que no permitiría la contingencia en sí misma. Porque la confrontación de algo es con terceros: yo, vos, y la peste. Entonces aparece el tercero en discordia, entonces se une Larreta con la camiseta, Alberto con la suya y el otro de la Provincia que quiere dar testimonio, que la contingencia sigue posponiéndose hasta nuevo aviso.

¿Qué pensás que pasa cuando se cierra el telón y pasamos vaya a saber a donde? ¿Es terrible no tener una certeza para vos?

No pienso en esas cosas porque es como pensar en la muerte. No hay que patearla y hacer estos juegos para negarla. No sé si vamos a ir a parar a algún lado, así como las cosas las llenaremos de basura el martes.

Cada mañana que me levantaba para ir al laburo me venía a la cabeza el comienzo de “La fiaca”. Quiero decirte que te admiro. Me hacés reir mucho en esa primera escena esperando que suene el despertador. Vos encarnaste ese papel porque sabías muy bien lo que significa el tiempo en este sistema, podrías haber hecho una tragedia pero el libreto no apuntaba a eso. Creo que en ese momento solo vos pudiste hacerlo.

La fiaca es una rebeldía sin consecuencias, digamos. Es una característica de lo insurreccional o del movimientismo: mucho quilombo y pocas nueces. La fiaca se inscribe en eso, y se doblega volviendo a trabajar el lunes.

¿Cómo te recordás por esas épocas?

Es lo que te comentaba. Me ofrecieron varias veces, después de entonces, hacerla de nuevo, pero de ninguna manera. Porque creo que hoy el tema de no ir a trabajar el lunes no está inscripto en algo existencial que estoy haciendo de mi vida, sino que hoy es “por favor denme trabajo y hago la cola, la cola de la cola”. ¿Interesante, no? Parece que estamos como el culo.

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