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La Medicina: virulencia y humor negro

La más reciente obra de Norman Briski interpela al sistema de salud con soltura, virulencia y humor negro. Una obra jugada que finaliza su temporada este viernes 13 de diciembre en Teatro Calibán.


Por Pablo Pagés.

En El ciudadano Kane, esa obra maestra del genial Orson Wells, cuando un grupo de periodistas buscan el significado de Rosebud, se advierte que la propiedad privada no solo es un bien material, cuyo basamento jurídico se apoya con holgura en este monstruo llamado capitalismo sino, acaso, también una metáfora: por lo general algo inmaterial, que se forma como una distopía trunca y maltrecha, dentro del tripero sentimental y sin educación de las pasiones coaccionadas del ser humano, en esta modernidad mal pensada por unos pocos.

¡Qué espanto, este globo no es de nadie! Así empieza nuestra existencia cuando nos escupen dentro de las aulas tóxicas del sistema de salud tradicional. Una vida que apenas sale a ese aire patibulario y tóxico, comienza sobre ella la catarata infernal de dispositivos legales que la convierten en un bien que tiene el derecho de poseer otros bienes. Así comienza a formarse nuestro deseo por los objetos hasta que llegamos a la inexorable muerte.

También George Orwell en 1984, con la clarividencia de un profeta al que todos pueden entender, hizo su aviso hiperbolizado. O el barbudo amigo que advirtió en sus gordos tomos de El Capital, de qué se trataría este futuro, que parece “todo un palo, ya lo ves”.

Norman Briski maneja con soltura y virulencia el humor negro, por momentos terrible. En La Medicina vemos una obra muy jugada donde se quiere interpelar al mismo sistema de salud que, intuyo, hace gambetas extraordinarias con el chiquero que llamamos sociedad.

“Los secretos más turbios, las conversaciones más abyectas y los festejos más primitivos suceden ahí”.


Es la historia de un grupo de enfermeros, con un texto hilarante que no da respiro y al que se ajustan todas las significaciones de esta organización corrupta. En donde la salud sólo lucra con las expectativas y las posesiones de los enfermos que están a un paso de perder lo que nunca tuvieron.

Un perfecto resumen de la miseria humana. Una muestra más de Norman Briski que parece ser un denunciante con un gran poder de imaginación. Todo el texto se mantiene sobre las acciones. Como si se tratase de mantener con vida una esperanza adornada de religiones y mucha ambición sobre las cosas que quedan cuando la vida deja de serlo.

Por debajo, una zanja recorre la puesta en escena. Ayuda también, con apagones de luz, a plantear otra puesta en cuestión de segundos. Pero esto es algo absolutamente distinto de lo que quiere expresar. Los secretos más turbios, las conversaciones más abyectas y los festejos más primitivos suceden ahí. No quiero asegurar esta hipótesis pero todo me lleva a pensar en el submundo donde conviven las morales más estropeadas y las intenciones más bajas.

Norman Briski juega de forma permanente con el mundo. Este, sobre el que estamos parados entre gases lacrimógenos y balas de goma. Entre Imperios y Países Bajos. Si por un momento se pusiera solemne perdería el efecto potente de lo lúdico.

Otra genialidad del maestro que sigue en la trinchera haciendo teatro sin parar ni dar respiro. Otra vez al Teatro Calibán. Otra vez a ver la gracia de este hombre que comparte sus propiedades privadas, que ha luchado toda su vida para transmitir la posibilidad, entre el circo y la tragedia, de un mundo más amable.


La Medicina. Tomo I

Escrita y dirigida por Norman Briski.
Actúan: Ignacio López Diez, Marcos Joakin, Alexis Rellán, Carolina Vojvoditch, Guillermo Rivera, Marisa Picollo, Wenceslao, Laura Tarchini, Liza Rule Larrea, Fabiana Katz y Sofía Molinari.
Viernes a las 21 en el Teatro Calibán, México 1428.

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