Música

Charo Bogarín: “La mejor resistencia de nuestros pueblos es su cultura”

La cantante y compositora Charo Bogarín está nominada a los Premios Gardel 2020 en la categoría Mejor álbum folclore alternativo por su disco Legado, editado en 2019 en homenaje a Mercedes Sosa. En esta entrevista aborda su visión sobre la naturaleza, el canto, la cultura de los pueblos originarios y la política en su vida.


Por Pablo Pagés. Fotos: Prensa La Charo

Estos días fueron de mucha tristeza por la sequía que está matando nuestro litoral. Lo sabemos, “el hombre es un lobo para el hombre”. Pero acaso persistimos en dibujar pequeñas humanidades por donde caminamos. Eso es. No es la humanidad el problema sino el altar donde la queremos poner cuando solo se trata de respirar su naturaleza divina.

Hay un peso que ponemos en los artistas que de alguna manera representan nuestra cultura. Este ejercicio tiene dos propósitos; el primero, crear el estigma, el segundo, más generoso, nos invita a sentarnos alrededor del fogón para escuchar nuestras historias ancestrales.

Tuve la oportunidad de conocer a Charo Bogarín. Mi cuarentena en el Delta del Tigre me tiene acorralado con una señal pobre. Pero pese a los problemas físicos que nos pone la distancia en esta cuarentena, como hormigas, vamos construyendo pequeños puentes sobre los que, se pretende, ver las cosas lo menos contaminadas posibles por los grandes medios de comunicación.


Crecer en el Litoral argentino tiene toda una mística que va de la mano del río. ¿En qué medida influyó en tu personalidad?

Dicen que somos los paisajes que habitamos. La energía del agua es poderosa y muy femenina a la vez. Creo que son dos características claves en mi personalidad y también se reflejan en mi obra musical. El agua es fuente de la creación. Allí habitan millones de seres y se genera la vida. De los ríos a veces la calma y a veces la turbulencia. A veces claridad o misterio. A veces el cauce quieto y otras las salvajes turbulencias. En el agua todo fluye y se manifiesta. Según cómo lo abordamos vamos descubriendo su temperamento, lo que lleva dentro. Mi personalidad tiene todos estos modos.

Tu trabajo en función de rescatar nuestros orígenes en los pueblos originarios tiene un gran compromiso. ¿Cómo empezó este camino?

Empecé en pleno inicio del S. XXI con el advenimiento de lo que llamamos posmodernidad. Mi infancia y adolescencia estuvo marcada por una escuela de arte, de danzas clásicas, folclórica y contemporánea. Luego estudié Comunicación Social y ejercí durante siete años el periodismo gráfico en uno de los dos periódicos de Resistencia, Chaco. A finales de los noventa tuve la necesidad de volver a los escenarios, pero esta vez desde la música, desde el canto y la composición. Renuncié entonces al periodismo, pero siempre lo ejercí desde otro lugar. Con Tonolec empezamos a fusionar la música pop con la electrónica y luego dimos un viraje de 360 grados volcando nuestra mirada a los cantos nativos, de nuestras comunidades del norte. Si bien mantuvimos la manera digital de componer música, buscamos un qué decir. Ponerle a nuestras canciones y composiciones un color local. Que el monte chaqueño y la selva litoraleña se hiciera presente en nuestra música. En Chaco desde 1962, existe el Coro Toba Chelaalapi, que significa Bandada de Zorzales. Me acerqué a ellos y pedí ser parte de sus ensayos. Nos abrieron sus puertas a mi compañero de Tonolec, Diego Pérez, y a mí. Ese fue el inicio de cinco años de viajar de Buenos Aires – donde ya estábamos establecidos- al Chaco, para visitarlos y aprender en tiempo real sus cantos ancestrales. Para componer en lenguas originarias, ya sea en qom o en guaraní, hice el camino de los autodidactas pero siempre valiéndome de las herramientas que me brindó la carrera de comunicación social y el oficio del periodismo. Empezamos aquella labor en el año 2000 y recién en el 2005 sacamos nuestro primer disco, donde aparecieron nuestras primeras versiones de fusión entre el canto nativo, las lenguas ancestrales y la música electrónica. Fue lograr en todo ese tiempo, y desarrollar en ya veinte años de trabajo sostenido con músicas ancestrales, una armonía y buena convivencia entre el mundo ancestral y el mundo moderno. Entre lo analógico y lo digital.

“El canto, recuperando su funcionalidad ancestral, tiene el don de curar, de sanar y transformar, no sólo de entretener. Creo que si sostenemos ese camino, esa visión, llegaremos a mejor puerto.”


Hace unas semanas una familia qom fue reprimida salvajemente en el Chaco. Parece que la violencia y el racismo no se detienen, aún con una pandemia. Son comunidades muy sufridas pero aun así con gran necesidad de transmitir su cultura y su visión de mundo ¿no?

Tengo entendido que al día de hoy han detenido a tres policías implicados en ese hecho; sin embargo las comunidades originarias cargan un gran peso en materia de discriminación, maltrato e invisibilización. La mejor resistencia de nuestros pueblos es su cultura. Es la conservación de su lengua y a través de ella, el traspaso de generación en generación de sus saberes, de su filosofía de vida. Si nosotros nos hacemos eco y tomamos elementos de esta diversidad cultural que somos, podemos hacer un gran aporte desde nuestro lugar a cambiar el estigma que pesa sobre ellos. Nuestro desafío es cambiar la mirada colonizada, europeizante, aculturada. La música, como disciplina artística, es una herramienta poderosa de concientización y visibilización de nuestras comunidades. Enamorar al otro de lo que está ahí y somos parte. Despertar nuestro ADN nativo y asumir la interculturalidad en la que vivimos. La música es el arte más elevado en materia de poder transformar sociedades. El canto, recuperando su funcionalidad ancestral, tiene el don de curar, de sanar y transformar, no sólo de entretener. Creo que si sostenemos ese camino, esa visión, llegaremos a mejor puerto.

Tenés una voz muy particular. Me gustaría saber ¿cómo fue este recorrido o búsqueda artística?

Mi voz está teñida de las voces de las mujeres indias. De nuestras mujeres originarias. Cuando empecé a cantar y componer supe abrevar en el canto de las mujeres qom, en las voces de los niños guaraníes, en las sentidas voces de las copleras de nuestro norte argentino. Encontré en sus modos de cantar un reflejo de los paisajes montaraces y selváticos. También por mi registro vocal, donde aparecen los agudos o sobreagudos, tomé clases de canto lírico. Soy una mezcla de la técnica y la no técnica. De lo nativo y lo clásico si se quiere. Pero predomina en mi manera de cantar el paisaje sonoro de mis antepasados.

¿Cuándo aparece Tonolec?

Tonolec aparece como mi primer proyecto musical. Renuncié a ser periodista y formé un dúo. Me puse al hombro las canciones, su composición en lenguas originarias y también en lengua castellana y mi compañero se encargó de las secuencias electrónicas y la producción musical. Así, hermanados por la música y con una química instantánea a flor de piel, dimos inicio en el año 2000 a este proyecto que nos llena de orgullo. Hicimos un hermoso recorrido, pudimos conocer toda la Argentina y viajar por los cinco continentes a mostrar nuestra música.

Siempre que pude te veía en alguna presentación. Tenés un aura bellísima sobre el escenario. ¿Qué sentís en este momento con el público?

Siento que al estar arriba del escenario comienza una ceremonia. De canto, de comunión con la gente. De canalización de energía. Lo puedo decir ahora, con esa claridad luego de veinte años de escenarios de todo tipo. La música que hago, lo que enuncio a través de mis canciones tiene que ver con este estado. No concibo la música como un adorno, como un fondo musical o como mero divertimento. Creo en su poder de transformación, creo en su compromiso social. Cantar en lenguas originarias y difundir la música de nuestros ancestros tiene un significado y un compromiso. Es casi una responsabilidad te diría. Componer canciones en qom o guaraní te sumerge en un universo más espiritual y profundo del que estamos acostumbrados. Creo que cuando cantamos somos canales de comunicación entre un mundo real y otro que escapa de nuestra razón; entre el mundo espiritual y mundo el material que nos ciñe. Existe algo más allá de nosotros con lo que conectamos. Yo simplemente canalizo las energías de un universo a otro en el momento de cantar.

¿Qué te dejó la experiencia de haber trabajado con la obra de la negra Sosa? ¿Qué es lo que más se extraña de ella?

Mercedes Sosa es nuestra gran voz de Latinoamérica. Se la extraña como a todas las grandes figuras de nuestra cultura que han dejado una huella profunda. Como a Jaime Torres, como a Atahualpa, como a Violeta Parra y a Chabuca Granda. El año pasado se cumplieron diez años de su partida y su único hijo, el productor Fabián Matus (fallecido a principios del 2019) me invitó a ser parte de los homenajes a su madre. Fue un gran orgullo para mí y me puse manos a la obra, sobre lo que sería mi segundo trabajo discográfico con mi proyecto solista “La Charo”. Sentí la enorme responsabilidad de tener que re-interpretar a la mayor intérprete de todos los tiempos. Mi propuesta fue hacer una Mercedes electrónica. Se lo conté a Matus y le encantó la idea. Nació mi disco Legado, que tiene 10 canciones, nueve versiones de cantos que La Negra hizo famosos en el mundo, de sus grandes compositores elegidos como Víctor Heredia, León Gieco, Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Pedro Aznar y una canción inédita que me la compuso Víctor especialmente para que se la cante a Mercedes. La canción se llama Cantora y es fiel reflejo de lo que generaciones enteras sienten por Mercedes. Ella es la madrecita cantora de todos nosotros.

“Mercedes Sosa es nuestra gran voz de Latinoamérica. Se la extraña como a todas las grandes figuras de nuestra cultura que han dejado una huella profunda”.


Está pasando algo trágico con los ríos de nuestro litoral. ¿Qué podés decir al respecto?

La naturaleza se manifiesta y ante ello sólo podemos ser observadores y también reflexivos. Están muy comprometidos los ríos Paraná y Uruguay, el Río de los Pájaros. La baja de su caudal afecta a su vez a todos los afluentes y trae aparejado consecuencias en la fauna y flora de cada lugar. Los pobladores de Rosario, de Chaco, de Misiones y Formosa; y tanto en Argentina como en Brasil, están atónitos ante este nuevo y desolado paisaje líquido. Dicen que hace cincuenta años no se veía una bajante de ríos como la de ahora. Los cambios climatológicos, las sequías, los incendios… son una sumatoria de desacomodos en nuestro ecosistema, muchas veces producto de la mano humana. Habrá que mantenerse alerta y empezar a tomar conciencia de la importancia de estas fuentes de vida, para empezar a cuidar nuestro medioambiente como corresponde. Sin agua no hay vida. Está muy claro todo.

De curioso nomás; ¿Peronista, anarca, socialista o de extrema izquierda?

Peronista.

¿Porqué esta elección ideológica?

Mi padre, desaparecido en la dictadura militar, en septiembre de 1976, era peronista. Un joven de 29 años que creía en el proyecto de Perón y se estaba preparando como nueva generación para lo que vendría. Fue un gran referente de Formosa. Un gran orador. Congresal Nacional. Su ausencia me marcó de fuego obviamente y también me inspiró. Me quise reencontrar con mi padre entendiendo su pasión, entendiendo aquel proyecto por el que dio la vida. Me estimuló a estudiar y luego a admirar las figuras fuertes y revolucionarias de Perón y Evita. Me impulsó a entender que no hay una obra sin compromiso social. Entendí que a través de la lucha y con un proyecto de gobierno que acompañe estas ideas, la igualdad, la justicia, la inclusión, eran posibles. Los trabajadores y las mujeres hemos ganado derechos laborales y civiles (voto femenino) gracias a esta gran dupla. El Estado se hizo presente en las cuestiones básicas de la población como la salud, la educación, la vivienda. El peronismo tiene una épica única. La revivimos con Néstor y Cristina. Creo que es el proyecto que mejor se planta ante otras alternativas políticas e ideológías aquí en Argentina. Con sus defectos y sus virtudes, banco el proyecto.

¿Qué recuerdo tomás de tu infancia?

Mi primer infancia transcurrió en Clorinda-Formosa, donde nací y me crié hasta los cinco años. Recuerdo momentos felices jugando alrededor de un enorme gomero, de hojas relucientes, verdes, lustrosas. Un patio de tierra. El huerto de mi abuelo. Los juegos y escapadas durante la siesta. Mis primos. El jardín de infantes. Los cumpleaños. Recuerdo treparme a los árboles, cantar y correr. Fue una infancia feliz y salvaje teñida por el misterio de la desaparición de mi padre.

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