Música

Rosario Bléfari: La embajadora del under

La artista, música y actriz marcó a una generación cuando todavía no se hablaba del empoderamiento de las mujeres en el rock y en las calles.


Por Mariano Pugliese. Fotos Rodrigo Ferrari

El pasado 2 de julio el ex presidente Carlos Saúl Menem cumplió 90 años. En relación al hecho, se compartieron historias, anécdotas, memes y crónicas vinculadas al extenso período en el que gobernó el país. La gran mayoría, claro está, eran trágicas. Hablaban de la destrucción socioeconómica que sufrió la Argentina durante esa década. La muerte de Rosario Bléfari fue una semana después, a sus 54 años. Curiosamente, lo que pareció conectar a esos dos mundos a primera vista tan antagónicos fue un tweet del periodista Gabriel Plaza:

“El otro día muchos hablaban de los noventa. Los noventa para mí fueron Rosario Bléfari y su banda Suárez. Hasta siempre a la maestra y poeta de la nueva canción”.

Si bien Bléfari alcanzó el reconocimiento con Suárez, la banda que formó junto a Fabio Suárez en 1988, y que sería un pilar fundamental de lo que se conoció como el indie argentino (más su larga trayectoria solista en simultáneo de otras intervenciones artísticas, como la poesía y la actuación, que denotaron su impronta multifacética), hay dos proyectos que la convertirían en la artista más importante de la historia en la escena under argentina: el filme Silvia Prieto y el último disco de Suárez, Excursiones, ambos del mismo año, 1999. Dos proyectos con una fuerte relación con la década que terminaba, tanto por el gran retrato que pintan de ella, como por la marca que dejaron a quienes experimentaron esa época y pudieron vivenciarlos en directo.

La película de Martín Rejtman (considerado uno de los padres del cine argentino moderno) y protagonizada por Rosario Bléfari, Valeria Bertuccelli, Mirta Busnelli, Vicentico, Marcelo Zanelli y Mucio Manchini, cuenta la historia de Silvia Prieto, una mujer recién divorciada que comienza a trabajar en un bar. Ella odia su trabajo, pero no quiere seguir dependiendo económicamente de su ex marido. Y ésta es la principal característica del personaje. Hablamos de una época donde el insulto más recurrente hacia las mujeres era “andá a lavar los platos”. La figura de la mujer era (y aún lo es en buena parte de la sociedad) típicamente asociada a la ama de casa.

“Si bien ya existía la figura de la mujer en el rock argentino -aunque no tan visible como lo es hoy- (…) no invitaban a ese empoderamiento de la forma en que Rosario Bléfari lo lograba al frente de Suárez.”


El rasgo de independencia en la protagonista se puede ver claramente en la escena en la que Brite (Bertuccelli) le pregunta a Silvia si sigue usando su apellido de casada (debido a que no estaba divorciada legalmente), a lo que ella, enojada, le responde: “¿Acá qué dice?/ Silvia Prieto/ Yo soy Silvia Prieto”.

Es problable que el propósito central de Silvia Prieto sea otro, el de mostrarnos qué pasaría si nos enteramos que hay alguien como nosotros, ¿cómo reaccionaríamos? Es más, el desenlace de la película gira en torno a esa obsesión que lleva a la protagonista a desearle la muerte a otra persona que solo lleva su mismo nombre y apellido, a la imposibilidad de ser la “única” Silvia Prieto. Sin embargo, el trasfondo del filme nos muestra algo distinto, que un mundo tiene que terminar para que otro nuevo nazca. Un mundo que trae consigo nuevas costumbres y grandes cambios sociales y económicos. Una era distinta, la de las videocaseteras, los contestadores automáticos, los viajes a Estados Unidos, los reality shows, los locales de comida rápida, los restaurantes mexicanos, las promotoras y los recitales del El Otro Yo (que marcaban un cambio en la línea del rock nacional). Incluso una nueva concepción sobre los vínculos amorosos, algo que mucho tiempo después, más en el cercano presente, empezaría a etiquetarse en los medios como “poliamor”. Y que es una recurrencia durante todo la película. Ya que el ex marido de Silvia, Marcelo (Zanelli), comienza a salir con Brite, y luego ella le presenta a Silvia a su ex marido, Gabriel (Vicentico). Lejos de haber algún tipo de incomodidad, todos salen juntos, se hacen regalos y hasta miran sus videos de casamiento.

La otra gran obra de Rosario Bléfari ese año fue Excursiones, el último disco de Suárez. El álbum fue declarado como uno de los mejores de la década del noventa y uno de los esenciales dentro del pop de habla hispana. Excursiones cuenta con canciones como “Río Paraná” y “Excursiones”, verdaderos himnos del pop moderno. El honor al minimalismo que proyecta “El Imán”, la bossa-nova alterada que se gestó en “El camino” y la balada roquera lograda en “La Niebla” formaban parte de la increíble lista. Un álbum cargado de emblemas que aunque marcó el comienzo del fin, dejó una huella gigante en esa generación. Y que, además de contar con un gran sonido e increíbles estribillos, también asentó a la banda como una de las grandes referentes en la escena alternativa. Suárez publicaba sus discos de manera independiente y había establecido su propio circuito de lugares para tocar: podían hacerlo en teatros chiquitos, grandes, bibliotecas o antros, no importaba qué tan pequeño o feo fuese; solo importaba expresar el arte.

Si bien ya existía la figura de la mujer en el rock argentino -aunque no tan visible como lo es hoy- y contaba con artistas de la talla de Fabiana Cantilo o Hilda Lizarazu, que tenían éxito y eran convocantes, no invitaban a ese empoderamiento de la forma en que Rosario Bléfari lo lograba al frente de Suárez.

A principios del 2001, se realizó en el Club Hípico de Palermo el Festival Argentina en Vivo 2. En el line up había artistas como Daniel Melero, Turf y Leo García. Los que estuvieron presentes dijeron que podría haber sido un festival de rock más, hasta que en un momento hizo su aparición Suárez en el escenario. Quizás no todos los conocían, pero esa noche lo hicieron. Rosario Bléfari se subió a tocar al escenario embarazada. En ese show, Rosario le lanzó al público todo el arte que tenía.

Aunque la polémica estuvo al caer, ese gesto simbolizó la carrera de Rosario Bléfari. La necesidad de hacer arte, de cualquier forma y en cualquier estado. Sin importar la plata o la prensa; hacer y causar sensaciones, con una canción, con una escena, con un libro.

Quizás la mejor enseñanza que Rosario nos dejó es que si bien puede haber muchas Silvias Prieto, todos tenemos la posibilidad de hacer de ellas alguien único.

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