Vértices

UTT: “La soberanía alimentaria implica que volvamos a conectar con el origen de lo que comemos”

La agroecología va ganando terreno en nuestro país de la mano de una Unión que pisa fuerte. Por eso compartimos una serie de notas para acercar a nuestros lectores a un modelo productivo que piensa en los trabajadores, en la naturaleza, en la soberanía alimentaria, y en el pueblo. #AgroecologíaEsSoberanía


Por Mercurio Sosa. Fotos Pepe Mateos

Arden los humedales, se desmontan tierras a diario para el agronegocio. Se proyecta convertir al país en una industria de sacrificio de cerdos a beneficio de China. Hace tiempo que se empezaron a ver los efectos de la fumigación con pesticidas y agrotóxicos. Con pueblos y aguas envenenados, los tomates perdieron su sabor y cuando los cortás están vacíos, secos. Las bananas y las paltas se importan desde Ecuador y Chile. La televisión constantemente bombardea con imágenes de productos lácteos, ganaderos, con nuevos productos pesticidas. Alimentos a costa de cerdos, pollos y vacas, explotados como en un campo de concentración. Pero todo el mundo es feliz en la publicidad.

El modelo agroindustrial dista mucho de lo que se muestra en la pantalla. Ésta es la problemática del siglo XXI: ¿qué hacemos con los sistemas de producción? ¿Los dejamos actuar libremente hasta que nos lleven a un holocausto medioambiental o les marcamos la cancha? La única forma de frenar la depredación de los recursos naturales es cambiando nuestros hábitos de consumo. Pensar que el 70% de lo cultivado es alimento para el ganado, y que no hay suficiente carne para alimentar a todo el mundo nos da un parámetro de lo desigual que es este circuito productivo. El alimento podría ser el origen del sistema perverso en que vivimos.

La vuelta a los orígenes

Cuando el virus llegó a la Argentina y nos aisló en nuestras casas, ante la imposibilidad de salir al exterior, mucha gente optó por comprar bolsones agroecológicos. Estos bolsones están en constante crecimiento hace por lo menos diez años. Frutas y verduras de primera calidad llegan a las mesas de quienes los compran. Rememorando las viejas técnicas de cultivo y cosecha, los tomates son tomates y las paltas y bananas, argentinas.

Hay una cooperativa en particular: la Unión de Trabajadores de la Tierra, que no solo se dedica a la venta de estos bolsones, sino que tiene un movimiento mucho más profundo. Ante la pandemia no se quedaron de brazos cruzados, repartieron bolsones en comedores y espacios sociales, en una comprometida militancia por ayudar al que menos tiene. Esto es solo un vestigio, de lo que promueven como, entre otras cosas, la Ley de Soberanía Alimentaria para modificar así el sistema de producción y consumo de alimentos.

Rosalía, coordinadora de la Secretaría de Género de la UTT, accedió muy amablemente a esta entrevista.


¿Cómo nació la Unión de Trabajadores de la Tierra? ¿Qué ideología los impulsa?

La UTT surgió a partir de responder a las necesidades de los pequeños productores y productoras, fuertemente convencidos de que, desde pensar la tierra y la producción, podemos construir trabajo, un horizonte de vida digna. Necesitábamos fundar un movimiento así en la provincia de Buenos Aires. Por un lado, con la búsqueda de dar una respuesta a problemas concretos, con un eje gremial muy marcado; pero por otro lado con perspectivas de cambio social, fuertemente asentado en valores que tienen que ver con el amor al pueblo. Desde ahí, desde una asamblea que tiene a cinco productores y productoras, construimos esta organización.

La agroecología fue surgiendo en el propio caminar, desde esta gremialidad que nos aglutina, que siempre tuvo como estrella la idea del bien común y el cambio social, pero parados con los pies sobre el campo. Fuimos percibiendo cuáles eran nuestras problemáticas y cuáles iban a ser las respuestas a estas problemáticas. En principio fue la tierra, la falta de acceso a la tierra. Un 90% de los productores y productoras que abastecen de verduras a la Argentina no son dueños de la tierra que trabajan. Entonces en principio fue organizarnos a partir del eje de la lucha por la tierra. Pero rápidamente comenzó a aparecer, en nuestros talleres, en nuestras asambleas, que la cuestión de la dependencia de las agroquímicas era muy fuerte. Entonces resolvimos que debíamos construir alternativas contra esa dependencia a estas corporaciones, que en un inicio eran negocios que te vendían caros, y con el tiempo cada vez más caros, los venenos. Después fuimos viendo que esos venenos nos hacían mal a la salud, a nosotros y nosotras, que le hacían mal a la gente en general, que eran en dólares. Que son producidos por las mismas multinacionales que controlan la producción de alimentos en el mundo. Ese fue todo un camino, de práctica, de hacer, que nos fue dando cuenta de esta situación.

“Resolvimos que debíamos construir alternativas contra esa dependencia a estas corporaciones, que en un inicio eran negocios que te vendían, cada vez más caros, los venenos. Después fuimos viendo que esos venenos nos hacían mal a la salud, a nosotros y nosotras, que le hacían mal a la gente en general”.


Considerando que las últimas epidemias (incluida esta pandemia) fueron a causa de la falta de protocolos en la producción ganadera, ¿creen que debemos ir hacia un cambio en el sistema de producción?

Luego lo que sucedió es que el alimento se transformó en otra mercancía de consumo del sistema. Así como te venden zapatillas, ropa, productos de belleza…. porque las cosas perdieron el valor de uso que tienen y se transformaron en mercancías. El alimento es una mercancía en la cual no hay ninguna racionalidad. Racional es que el que no tenga pueda comer porque sino se muere. Eso tendría racionalidad, pero en este sistema en el cual el alimento es una mercancía y está regido por el libre mercado, la lucha es por venderte esa mercancía y si esa mercancía son alimentos ultraprocesados y alimentos que hacen daño, no va a importar. Acá lo que importa es quién tenga la billetera más grande y cómo estas corporaciones multinacionales que controlan la alimentación se adueñaron de, justamente, los hábitos de consumo. No solo de los productos lácteos y los de consumo animal, sino que nos alejaron de los alimentos, de lo que se produce en la tierra, que lo producen campesinos y campesinas, y hay un extrañamiento total de eso. Entonces el alimento se transforma en algo que está ahí en una lata, en una góndola y que no tenemos ni idea qué tiene, cómo se produjo y cómo vivimos las personas que produjimos ese alimento.

Con respecto a la pandemia, se habla muchísimo de como este virus se propagó y se generó. No somos técnicos, ni médicos, ni expertos en salud como para afirmar qué es lo que pasó, pero lo que sí podemos decir es que como agricultoras y agricultores pudimos ver los efectos que tuvo la introducción de esta alteración de los ecosistemas a través de los agrotóxicos, de estos productos que la tierra no necesitaba. Son productos que son enmiendas de cosas externas externas a la naturaleza, que son creadas en laboratorios y que usan el petróleo como base. Y vimos cómo la introducción de estos productos, que son ajenos a los ecosistemas, alteraron los territorios, la vida, la vida alrededor de estos ecosistemas también. Es así como cualquier agricultor te puede decir que con el tiempo las plagas se pusieron más fuertes, vos antes le ponías una sustancia para matar a la plaga y hoy no le hace nada. Hay toda una cuestión de que cuando vos alterás ese equilibrio dinámico de la naturaleza que busca regularse a sí misma, se genera una alteración que es negativa.

Si nosotros trasladamos esta situación al mundo… a lo que sucede y a cómo nos comportamos como humanidad para pensar el desarrollo de nuestras vidas: cómo comemos, cómo nos vestimos, qué hábitos de consumo tenemos, qué necesitamos para vivir; si el desarrollo va a estar regido porque hay que destruir todo, alterar los ecosistemas, alterar los territorios, desalojar campesinos y campesinas, y que no importe la vida… Un poco ahí podemos encontrar el porqué de la pandemia.

Ustedes estuvieron haciendo acciones solidarias, repartiendo bolsones ¿Qué perciben cuando ven que la industria ganadera no contribuye?

La industria ganadera, al igual que la industria de oleaginosas del monocultivo de soja y otros cereales, responden a otro modelo de agricultura. Que es un modelo que tiene como filosofía, podríamos decir, como conducta que se derivan de sus prácticas, la mercantilización de la vida, del alimento, de la tierra y los bienes comunes. Para nosotros son lo mismo, están en el lugar de envenenar la vida: nuestros suelos, nuestras familias, y sobre todo… lo que comemos. Creo que están lejos de ser un campo que alimenta, o que produce alimento, que son socios de, por ejemplo, empresas como Monsanto. Es la lógica del capital puro y del libre mercado puestos en nuestros territorios, en nuestros ecosistemas, y siendo foco de las políticas alimentarias de la mayoría de los gobiernos.

Por lo que tengo entendido, ustedes están militando por la Ley de Soberanía Alimentaria. ¿Por qué es tan importante conseguirla y qué beneficios traería a futuro?

La soberanía alimentaria implica que nos volvamos a conectar con el origen de lo que comemos. Creo que este sistema, la profundización del sistema capitalista y sus siguientes derivas, el neoliberalismo y la depredación de los bienes comunes, fue haciendo que las personas nos separáramos cada vez más del conocimiento sobre qué es lo que hay detrás de lo que comemos. ¿Cómo se produce? ¿Bajo qué modelo de producción se trabaja? ¿En qué circunstancias? Y sobre todo, lo que plantea la UTT es: ¿cómo vivimos aquellos y aquellas que producimos alimentos? Hoy más que nunca, ante la pandemia, la soberanía alimentaria implica volver a los orígenes, a los orígenes de donde viene la comida. La comida viene de la naturaleza y de la humanidad trabajando en conjunto con la naturaleza para hacer de un pasto un maíz, de un yuyo un tomate, de una raíz una papa. Algo que la humanidad viene haciendo hace miles de años. La profundización de la mercantilización de la comida y la industria alimentaria hizo que cada vez nos alejáramos mas de los orígenes, con el impacto que eso tuvo en la naturaleza. Por eso hoy estamos como estamos.

Las grandes corporaciones son dueñas de nuestros alimentos, de nuestra agua. Ellos se comunican en el idioma del dinero, y a él responden. Está en nosotros plantear una nueva alternativa de consumo, re-educarnos, comprarle a los emprendedores, que cuando el negocio deje de ser rentable para ellos, desaparecerán de un día para el otro. Y como siempre sucede, ni siquiera se dignarán a limpiar la mugre que dejaron.

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