Literaturas

Julián Axat: “Mi poesía es la forma de mi resistencia”

El abogado, titular de la Dirección General de Acceso a la Justicia de la PGN, tiene una larga trayectoria poética. Ante la salida de su décimo poemario, Perros del cosmos por Ediciones En danza, conversamos acerca de la justicia, su militancia en H.I.J.O.S., el rol de la poesía en lo social y la carrera entre EEUU y Rusia por llevar la humanidad a la luna.


Por Nicolás Igolnikov.

Julián Axat nació en La Plata en 1976. Es poeta, abogado y magíster en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de La Plata y se desempeñó como docente en la misma casa de estudios. Además es titular de la Dirección General de Acceso a la Justicia de la Procuraduría General de la Nación.
Publicó los libros de poesía: Peso formidable (2003), Servarios (2005), Medium (2006), ylumynarya (2008), Neo o el equipo forense de sí (2010), Musulmán o biopoética (2013), Rimbaud en la CGT (2014), Offshore (2017) y Cuando las gasolineras sean ruinas románticas (2019). También las antologías: Si Hamlet duda, le daremos muerte (2010) y La Plata Spoon River (2014). Hasta 2015 dirigió la colección de poesía Los Detectives Salvajes, de la editorial Libros de la Talita Dorada. 


Sos una persona muy involucrada con la realidad social. ¿Cómo empezó esta vocación?

Bueno, es algo que me pasó en mi adolescencia tardía. La búsqueda de la historia de mis viejos desaparecidos desde abril de 1977, saber quiénes fueron, por qué luchaban, qué pasó… Creo que cuando terminé la secundaria, a los 18 años, sentí la necesidad de comprometerme con mi historia, buscar a los H.I.J.O.S. que recién se conformaban (eso fue en 1994),  y me fui metiendo poco a poco. Después entré en crisis con el estudio de Derecho, quise estudiar letras y sociología; me puse a escribir un diario poético de las cosas que me pasaban y con las que quería comprometerme. Ese libro es Peso Formidable, que edité en 2003.  

Sos abogado, ex defensor de menores y actualmente titular de la Dirección General de Acceso a la Justicia. ¿Qué te llevó hacia este ámbito? 

Fue un proceso de involucramiento con el derecho,  y de reflexión sobre su naturaleza del saber. La ciencia jurídica nunca me gustó del todo, solo me interesa su utilización instrumental para promover cambios en beneficio de las mayorías.  De chico, mi abuelo, que fue como mi padre, quería que yo siguiera sus pasos como abogado; me alentó en esa vocación, él tenía un estudio jurídico especializado en temas bancarios. Pero yo hice la mía, a los 21 años ingresé a trabajar en una defensoría de pobres y ausentes, y ahí pude pensar la abogacía desde mi lugar, en el compromiso como herramienta de ayuda a los más débiles que no tienen ni un mango para pagarse un abogado privado, entonces el Estado tiene el deber de proveerte uno. Hice la carrera dentro de ese ámbito, pasé por los cargos intermedios y en 2008 concursé para defensor oficial, optando por la defensa de los menores de edad. El tema me interesaba más que la defensa de adultos por el tipo de vulnerabilidad en juego. Hasta mediados de 2014 fui defensor en La Plata, un trabajo maravilloso, hicimos muchísimas cosas en favor de los pibes, una batalla muy dura. 

“Los usos poéticos del derecho tienen que ver con neutralizar los modos de la crueldad de un sistema de poder y control, sea desde adentro o desde afuera de ese sistema; la poesía es solo el imaginario que lo hace posible, que abre las texturas, que permite mirar de otra manera. Que rompe la banalidad burocrática y la indolencia”.


A su vez, sos el responsable del programa (ATAJO), dependiente del Ministerio Público Fiscal, que busca garantizar el derecho de acceso a la justicia. Contanos un poco al respecto de este programa, que no cesó su actividad a pesar de la feria extraordinaria judicial a propósito de la situación sanitaria.

Sí,  a mediados de 2014 conocí a la Dra. Gils Carbó, quien había sido nombrada Procuradora General de la República, y ella –que conocía muy bien todo el trabajo que venía haciendo en La Plata- me invitó a formar parte de su proyecto. Desde entonces venimos armando un esquema de descentralización territorial de oficinas y equipos, en distintos barrios populares de todo el país (los ATAJOS), en donde se trabaja especialmente con víctimas de delitos, realizando contención, acompañamiento, recepcionando denuncias, generando enlace desde esos lugares con los poderes judiciales, para favorecer el acercamiento y el acceso a la justicia de las personas más vulnerables. Sin embargo, desde que se declaró la pandemia en marzo de este año, hemos reconfigurado nuestro trabajo de manera remota. A partir de los contactos ya establecidos y que potenciamos a través de las redes, recibimos todo tipo de denuncias; y las gestionamos de manera virtual. Las denuncias van desde situaciones por violencia de género, violencia institucional, trata, abuso de consumidores, etc. El volumen de casos y la demanda ha aumentado mucho en estos últimos meses.

Y en todo esto, ¿qué lugar ocupa la poesía en tu actividad? ¿Qué lugar creés que puede ocupar para quienes ayudan las instituciones/organizaciones de las que sos parte?

   El mundo es palabra y silencio. Ruido o música. La poesía es una forma de organizar ese encuentro-desencuentro como una vibración íntima. En mi caso funciona como un método de experiencia con el otro, con el mundo. La forma de percibir y sentir lo que le pasa a los demás. Todo lo que hago está atravesado por esa mirada. Si la poesía es la raíz en el uso de las formas, entonces se utiliza el saber instrumental o técnico de otro modo.  Los usos poéticos del derecho tienen que ver con neutralizar los modos de la crueldad de un sistema de poder y control, sea desde adentro o desde afuera de ese sistema; la poesía es solo el imaginario que lo hace posible, que abre las texturas, que permite mirar de otra manera. Que rompe la banalidad burocrática y la indolencia.  

¿Podrías inscribir la/tu poesía como política, social, ideológica?

Mi poesía es la forma de mi resistencia. Pero de todos modos, toda poesía es política y social, pues toda poesía se inscribe en el mundo, y el mundo es un mar de símbolos políticos y sociales, con posicionamientos ideológicos y disputas por las identidades. La poesía que busca salirse de lo social, que pretende una distancia neutra, aséptica, metafísica pura, enmascara un tipo social e ideológico. Lo que supone un posicionamiento estético por negación de lo político. La poesía concebida como un lujo cultural, o goce para unos pocos, siempre ha sido funcional al orden social imperante que permite la exclusión de millones de personas del sentimiento del arte.

Julián Axat poesía

Emiliano Taverini, a modo de prólogo, escribe sobre tu libro Perros del cosmos: “formé parte de esta tripulación que se propone pensar la historia desde la poesía, leer la realidad como ciencia ficción”. Vos, al final de tu libro, escribís que “este libro nació de la idea de fabricar poemas con noticias de la épica espacial”. En todo caso, en esta aparente dualidad entre poema-documental y poema-inspirado-en, ¿dónde ubicarías el trabajo de este libro?

Perros del cosmos es un libro de búsqueda y viajes durante el encierro. Lo escribí durante la cuarentena bajo el efecto astronauta, mirando escenas de Space X y el lanzamiento del satélite SAOCOM 1B,  observando la locura de los terraplanistas. Mi casa era la nave espacial y yo flotaba en ella persiguiendo cierta épica que sentí revivir cuando la carrera espacial es reemplazada por la carrera por la cura del coronavirus. De hecho, la vacuna rusa ha sido bautizada Sputnik V.  La poesía documental ya la había trabajado en mi libro Musulmán y biopoética, a partir de las notas periodísticas sobre los pibes que yo defendía.  Volví a ese mecanismo, al que yo le digo: fábrica. La nota es tan solo un resto, un disparador exteriorista, una ruina de lenguaje que hay que trabajar muchísimo para que se forme el poema. 

¿Qué te convoco a la temática de la carrera espacial?

Me convocó mi hija de 9 años, que le gusta que le cuente historias del espacio. Con ella siempre hablamos que sus abuelos viven en las estrellas.  Son una suerte de sociedad galáctica de desaparecidos. La generación de mis viejos quiso tomar el cielo por asalto, y ese sueño es –en cierta forma- literal, pero también la metáfora de un tipo de cambio social que no pudo ser, y se los llevó puestos como generación. En algún lado del universo ese sueño sigue en pie y se repite. La luz viaja, aunque las estrellas ya se hayan apagado. Lo importante del libro es que es el resumen de historias que le conté a mi hija durante la pandemia antes de irse a dormir. Ella tiene ahí toditas las historias, y lo va a tener siempre, cada vez que lo abra.

“Después de la segunda guerra las potencias se quedan sin un mito para generar creencia, y lo refundan con un tipo de gasto exponencial en tecnología que les permitiera realizar distintos tipos de propaganda de ambos lados del muro.  Como la religión, la poesía puede ser también un sistema de propaganda”


El libro presenta una estructura casi de documental/crónica poética. ¿Hay alguna lectura que te haya servido de referencia, o fue algo más intuitivo?

Trabajé recopilando materiales de lectura en revistas, documentales, libros, etc. Todo eso me permitió pensar un esquema o línea de reescritura poética a partir de las pequeñas historias que se suceden y van contando la peripecia del espacio desde 1957 en adelante, con los acontecimientos que marcaron época. De ambos lados del muro, las historias dejaron anécdotas colgando para revivir: La historia de perros,  monos, ratones, ingenieros, muñecos, magnates, héroes, heroínas, cosas trágicas, cómicas, sorprendentes, irónicas, etc. Yo quería meter todo en el libro de poesía, y hacer de todo eso la tensión entre memoria y olvido. Hay dos libros de poesía que me sirvieron mucho de referencia como obras poéticas: Canto Cósmico, de Ernesto Cardenal, y  Altazor, de Vicente Huidobro. En lo demás  fui intuitivo. 

Al final del libro, señalás que éste “también nació de un poema del nicaragüense Leonel Rugama (1949-1970): ‘La tierra es un satélite de la luna’, escrito a los 20 años y poco antes de que la dictadura somocista lo asesinara. A modo de homenaje, a lo largo del libro, dicho poema se encuentra no solo transcrito, sino reescrito y parodiado”. Ahora bien, otros poemas, incluso uno tuyo, aparecen descritos en este libro. ¿Qué te lleva a la elección de este mecanismo? ¿Qué encontrás en él? 

Hay una obsesión mía de reescribir ciertos poemas, de hecho algunas cuestiones que trabajo, están ya en Cuando las gasolineras sean ruinas románticas, libro que publiqué en 2019. Un tono, una forma de pensar los versos, de re-diseñarlos en futuros libros dándoles vueltas patas para arriba. El poema de Rugama al que aludís, es un poema de tipo matemático. Se nota que él era profesor de matemáticas, cada verso funciona como una fórmula que se engarza con otra, como si fuera una ecuación compleja de números primos. Mi idea era ir alterando esa fórmula, variándola, para ver si el orden de los factores alteraba el producto. Si vos te fijas bien, vas a ver que casi todos los poemas del libro Perros del cosmos, nacen de alteraciones matemáticas a ese mismo poema.  

Uno de los poemas de tu libro, titulado “En el planeta de… / Los hombres de Dios”, me llaman estos versos:

& Todos los simios muertos /los Simios de Dios
son imaginados viviendo en planetas

entregados al sacrificio de otra humanidad
/altamente sofisticada
Pero existencialmente
/desesperada

¿Qué rol juega la desesperación existencial en la construcción de tu poética? En particular, ¿en qué encontrás esta desesperación en la humanidad?

La desesperación existencial de este momento es la búsqueda por un sentido del mundo, que las nuevas generaciones no encuentran. Ante lo absurdo: Trump, Bolsonaro, la peor derecha…   Y esto tiene que ver con mi libro y su escritura. Después de la segunda guerra las potencias se quedan sin un mito para generar creencia, y lo refundan con un tipo de gasto exponencial en tecnología que les permitiera realizar distintos tipos de propaganda de ambos lados del muro.  Como la religión, la poesía puede ser también un sistema de propaganda (Maiakovski eso lo sabía bien). La carrera espacial es también una guerra de marketing épico sobre quién lleva a cabo la mejor hazaña. El nivel de gasto que implica es lo que el poeta asesinado Leonel Rugama, a quien le dedico todo el libro, pone en cuestión en “la tierra es un satélite de la luna”. La luna de los pobres. La luna de los revolucionarios y de los que se mueren de hambre, contra la luna de los ricos, la de los dueños del mundo.  Con todo el dinero que utilizaron Rusia y Estados Unidos en la carrera espacial, se podría haber sacado a los países del tercer mundo del subdesarrollo. Pero eso no importaba, porque llegar a la luna era algo hermoso, era la Luna de los poderosos. Hay que aprender de estas cosas, lo absurdo de los tiempos que vivimos, la desesperación humana se cura con la imaginación poética, con memoria  y con capacidad de asombro.


Julian Axat perros del cosmos poesía

Julián Axat
Perros del Cosmos
Ediciones En Danza

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