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María Castillo: “No vinimos a ocupar un lugar sino a cambiar la realidad de un sector que muchos no quieren ver”

Al mando de la Dirección Nacional de Economía Popular del Ministerio de Desarrollo Social, sigue considerándose cartonera. A diario busca lograr condiciones dignas para el sector en todo el país y revalorizar la actividad por el gran aporte que da a la sociedad.


Por Marvel Aguilera. Fotos Matías González y Federico Muiña

A pesar de que María forma parte de la Dirección Nacional de Economía Popular en el Ministerio de Desarrollo Social, sigue considerándose cartonera. Una más entre sus compañeros. Es necesario para poder ver lo que pasa en el sector, relata. Cuenta que, una vez en su cargo, se seguía levantando a las siete de la mañana para ir a hacer bolsas de nylon a la Cooperativa hasta que se hiciera la hora de entrar a la oficina. Con muda de ropa de por medio, permanecía entre esos dos mundos, en un puente que todavía considera vital para poder desarrollar los cambios estructurales tan postergados en el sector. “Es como un terapeuta ese lugar. Es porque uno ama lo que hace, no se puede alejar”, dice.

Cuando habla de las experiencias de trabajo, en las distintas cooperativas o fuera de ellas, hay algo más que la identificación de una labor, que una mera clasificación de materiales o la puesta de un valor agregado sobre ellos: hay una hermandad que se plasma en ese día a día. Una gran familia atravesada por el uno para todos y todos para uno. En esos vínculos radica buena parte de la energía que María le pone a su trabajo y a las expectativas por sistematizar y profesionalizar un sector para muchos invisibilizado y, en muchas circunstancias, estigmatizado. Comenta que se puso a estudiar Licenciatura en Gestión Ambiental Urbana para poder ampliar su mirada respecto a la organización del sector, una perspectiva con la que solía chocar en su discusión con amigos académicos. En su filosofía, todo lo que sume a construir tiene las puertas abiertas.

Hay dos acciones claves que resalta a la hora de pensar en cómo generar las condiciones óptimas para la cotidianidad de los trabajadores de la economía popular: la predisposición y la voluntad. Dos cimientos sobre los que se debe apoyar la organización para alcanzar las metas. Un esquema que debe contar con el apoyo del Estado en todos sus estamentos, pero también con la intención colectiva de cada uno de los propios trabajadores, sin miradas individualistas o mezquinas. Ella lo sabe con certeza. Su quiebre en los años 2000, en un país incendiado por la crisis social y económica, le significó encontrar no solo una forma de supervivencia sino también una identidad social que ha sido reafirmada año tras año. Hoy, desde un lugar de responsabilidad gubernamental, no olvida aquellos momentos de trabajo continuo en zona sur o en la Ciudad de Buenos Aires, las noches sin poder dormir, los actos de discriminación en las calles. Pero sabe que este año es central para que el reciclado y la economía popular en su conjunto den un salto definitivo hacia su dignificación.


En algunos artículos se te menciona como encargada de la Dirección Nacional de Reciclaje en vez de la Dirección Nacional de Economía Popular. ¿Cuál es el área en que desarrollás tu laburo y qué funciones tiene?

Soy directora en la Dirección Nacional de la Economía Popular. Formalmente no existe la “Dirección de Reciclado”. Nosotros le pusimos ese título informalmente. Pero dentro del Boletín Oficial figura Dirección Nacional de Economía Popular, que es una responsabilidad bastante grande porque conduce todas las otras direcciones. Pero a diferencia de otros momentos dentro del Ministerio de Desarrollo Social, se trabaja bajo líneas de trabajo. En la organización a la que pertenezco hablamos de “ramas”. Entonces, tenés las líneas del Ministerio que son textil, reciclado, cuidado, recuperado, construcción, alimentos. Quisimos ponerle lo de “Dirección Nacional de Reciclaje” para empezar a darle entidad a lo que nosotros estamos haciendo, a lo que nos dedicamos. Formal por todo lo que hacemos, pero informal como dirección en sí. La idea es que en algún momento sea una Dirección Nacional de Reciclado, pero para eso tenemos que demostrar que lo que venimos a hacer es lo correcto.

¿Y particularmente tu labor tiene que ver con ampliar la organización de este trabajo en diferentes regiones?

Sí, la idea de que sea nacional es que sea de punta a punta del país. El reciclado es un trabajo que tiene distintas modalidades, quizás como todas las ramas, pero son muchas modalidades y en la gran mayoría son informales, sin reconocimiento y en condiciones de trabajo pésimas. Con la gestión de las cooperativas que se construyen con mucho esfuerzo, porque administrativamente demanda mucho conocimiento y los compañeros a veces no están preparados para eso, pero se van formando, van aprendiendo. Fuimos aprendiendo, yo también fui aprendiendo esas cosas. Algo que siempre reclamé, y que veía muy injusto, es que hay que formar una cooperativa, tenemos la matrícula, pero lo que viene después de la matrícula… Los compañeros van adquiriendo conocimiento a medida que nos van diciendo “mirá che, te falta este papel”, y nos damos cuenta de un mundo que no conocíamos pero es lo que se debe hacer para la formalidad del grupo de trabajo; facturar y un montón de cosas que no teníamos en cuenta pero que hay que hacer. Desde la cooperativa que pudo llegar a trabajar en ese nivel, pero en condiciones pésimas, que tiene la legalidad para vender en blanco, para producir bolsas o su material reciclable o darle su valor agregado, están los compañeros que trabajan en un basural, que es lo peor que hay, lo que menos legislación tiene. Entonces, en lo que es el reciclado hay diferentes etapas de condiciones de trabajo. Diferentes situaciones de gestión. Tenés un abanico de realidades y tenés que buscar cómo unificar. Y no solo unificar la realidad sino lograr que todos tengan el mismo criterio de constitución, porque no todas las cooperativas quieren hacer lo mismo. No todos están orientados en la organización del sector completo. Entonces a veces es contradictorio. En mi caso yo lucho por la igualdad de condición y la integración de todos los compañeros. Veo muy injusto que se arme una cooperativa y que sea cerrado para ese sector. Para mí la cooperativa es como mi casa, porque la construimos desde cero y la tenemos que cuidar porque es una fuente de trabajo no solo para mí sino para los compañeros. Y pasa de que no todos quieren estar abiertos a eso. Yo, junto a Juan, que es un compañero que me está dando una mano, lo que buscamos es armar un plan o un sistema, que es el “Argentina Recicla”, donde todos puedan trabajar dentro de ese nodo de trabajo. Y el compañero que no tiene la oportunidad o quiere permanecer independiente, más allá de eso pueda tener dignidad: un seguro social, un seguro de vida. Un montón de cosas que debe tener, que cualquier trabajador tiene, pero los excluidos no. Deben empezar a tener esos derechos arrebatados. Los nodos de Argentina Recicla son el primer desafío que encaramos.

“Lo que buscamos es armar un sistema, el “Argentina Recicla”, donde todos puedan trabajar dentro de ese nodo. Y el compañero que no tiene la oportunidad o quiere permanecer independiente, más allá de eso pueda tener dignidad: un seguro social, un seguro de vida. Un montón de cosas que debe tener, que cualquier trabajador tiene, pero los excluidos no. Deben empezar a tener esos derechos arrebatados”.


¿Es un paso para profesionalizar, digamos, el laburo de reciclado?

Es dificil de explicar porque es mucha información para entender. El compañero que está en un basural, hemos descubierto que en algunos lugares del país tiene tercerizado y explotado su trabajo. Una empresa o alguien que compra el material dentro del basural lo tiene explotado al compañero ahí adentro. Y hay muchos que no tienen un horario fijo de entrada, por ahí están con la linternita y son las dos, tres o cinco de la mañana y están revolviendo la basura para recuperar el material. En esa situación hay compañeros viviendo dentro de basurales y tenés compañeros que hasta han fallecido dentro del basural, aplastados por el volquete o por un camión que por ser de noche, está atrás del montículo de basura, no lo ve y lo termina aplastando. Pasan un montón de situaciones. Y vivir es lo peor que he visto. Cuando vi a una familia vivir en un basural me quería morir, volví muy mal a mi casa. Esto pasó cuatro años atrás. Porque lo de vivir es literal: cuatro chapitas, un techito, comer y hacer sus necesidades donde puedan, y no solo el que trabaja en el basural, sino ellos y su familia. Esa visión ya te da una panorama de las diferentes realidades, de ahí va avanzando. Está el que clasifica el material y lo vende, el que se junta y arma una cooperativa y por ahí termina en una casa o un garage clasificando, viendo de qué manera resolver su situación de trabajo. Después los que por ahí pueden acceder a un espacio, alquilado por ellos mismos o por el municipio. Eso va dependiendo de la gestión que haga la cooperativa o el grupo de trabajo. Y ahí empieza la demanda de organizar la cooperativa, constituirla y toda la legalidad, hasta en algún momento poder emitir un certificado de exposición final que es firmar un contrato con una empresa y emitir el servicio. Variedad de gestión de cooperativa tenés, desde que pueden ser 10, 20, hasta 170 o 200 o la más grande que está en la Ciudad de Buenos Aires que es de 5 mil cartoneros. Obviamente la Ciudad de Buenos Aires es un sistema paralelo.

¿Dista tanto la situación de la Ciudad respecto del interior del país?

La ciudad de Buenos Aires es un modelo a seguir con corrección. Soy cartonera desde el 2000. Pasé todas las situaciones de la Ciudad de Buenos Aires. Maltrato, persecución -porque era un delito cartonear hasta que se logró reconocer el trabajo-, todo lo que te puedas imaginar. Y la organización de todos los compañeros, el dedicarle tiempo; entender que sin organización del sector, sin lucha, sin las marchas de las que muchos se quejan, no íbamos a tener hoy lo que existe en la Ciudad. Para llegar a las estructuras de la Ciudad hubo mucha organización, por eso hay la cantidad de compañeros que ves con un montón de derechos: uniformes, camiones, todo lo que es logística; tienen un incentivo por el trabajo que prestan; las cooperativas lograron tener su espacio donde están todas las maquinarias. Esa fue la lucha del sector. En la Ciudad de Buenos Aires reconozco que hay un presupuesto completamente distinto del que hay en el resto del país, y el presupuesto es fundamental. Igualmente se puede empezar a planificar en el resto del país sistemas de reciclado similares, con el derecho a la inclusión de todo el sector. No tiene que ser uno u el otro, todos los que quieran ser parte de ese sistema. La idea de Argentina Recicla es esa. Arrancó siendo de líneas de asistencia, por base, la línea al recuperador de base. Es decir, que si no fortalecemos la línea uno, que es la dignidad del trabajo del compañero, no podemos avanzar hacia la siguiente. La línea dos es asistencia con maquinarias. La línea tres es fortalecer nodos de comercialización, porque con el nodo tenés un gran problema: hay compañeros que están vendiendo a un tercero -una persona que compra en cualquier barrio- que incluso he escuchado que a 6 pesos el kilo de cartón, cuando los compañeros venden a la industria directamente a 19 pesos. Obviamente facturados. Pero con esa red de comercialización vos lográs que al que le están pagando, al menos se le pague como corresponde. Y que esa red de comercialización favorece no solo el ingreso de los compañeros sino que va a ir facturado, con toda una línea de blanqueamiento, que va a ir a la industria del país. Es toda una economía circular que empieza a formarse. Y la cuatro es el valor agregado, que es todo lo que se puede re-producir: bolsas, baldes; lo que cada uno quiera desarrollar. Pero para llegar a la línea cuatro, tres o dos, sin fortalecer al compañero que pasa por enfrente de tu casa con lo que le corresponde, que es carro, uniforme, barbijo, guantes, todas las cosas esenciales más aun con la pandemia, no podemos seguir avanzando. A veces me pasa que compañeros me dicen que no están de acuerdo, porque ya tienen un lugar. Sí, pero es injusto. Estás con tu casa y a dos casas hay una persona que está entre chapas. ¿Por qué tiene que haber esa desigualdad cuando estamos discutiendo la dignidad de todo el sector? También hay que entender que están los fondos del Estado. ¿Con qué criterio lo hacés? Y mi criterio tiene que ser la integralidad del sector. Armar nodos de reciclado, dependiendo del municipio. Si es grande y tiene mucha gestión ya de residuos y hay planificación, hay que armar dos. Si es un municipio chico como nos pasa en el interior del país, armar uno acompañado de las diferentes necesidades. Pero eso con una mesa de gestión sustentable, donde los compañeros referentes de cada cooperativa o cada espacio se sienten a planificar cómo deben ser esos sistemas, más el estado municipal, más las diferentes partes del Estado; no puede haber un sistema de reciclado sin la referencia o la necesidad del trabajador. Porque sino terminan siendo, como pasó en algunos lugares, sistemas vacíos.

¿Qué significa eso de “sistemas vacíos”?

Que no estás integrando al que todos los días te reduce los residuos en el municipio, no le das dignidad de trabajo. Y no termina siendo una política de inclusión social con reducción de residuos -que es lo que se debe hacer- clara y completa. Vas a seguir teniendo el problema de que el compañero informal va a seguir discutiéndote, exigiéndote las condiciones de trabajo -porque obviamente tiene que exigir- y otro sector va a estar trabajando en condiciones. Todo ese sector se tiene que sentar en esa mesa, que funciona, porque ha funcionado en los sectores que pude participar. En Lomas funcionó bien. Funciona porque los compañeros te discuten desde la necesidad, y nunca se debe planificar sin el conocimiento del sector, porque fracasa y porque es imposible hacerlo. Eso es lo principal, reconocer que hay trabajadores que todos los días te prestan servicio. Para mí el reciclado es una actividad esencial, dentro del COVID-19 y fuera de él, como la recolección de residuos, nada más que es informal y no reconocida en algunos de los casos. Entonces, Argentina Recicla viene a eso, a organizar los sistemas, a organizar la política pública y la legislación también, acompañado obviamente del sector. Son los que se tienen que sentar, como hicimos siempre, a decir “esto se hace acá”, “generamos tanto”, “hicimos aquello”. Porque son los compañeros los que salen todos los días con frío o lluvia, calor, en las condiciones que pueden y como pueden, a prestar ese servicio no reconocido. Argentina Recicla le da el marco de reconocimiento a ese sector que no se visibiliza.

Hay situaciones de violencia que parecen persistir y que se vieron visibilizadas hace poco en Chaco, contra los trabajadores de la economía popular. ¿Por qué siguen sucediendo?

Estuve “así” de estar en Chaco. Había ido a visitar a unos compañeros de Corrientes e iba a cruzar a Chaco. No viajé porque a un compañero le faltó hacerse el test de COVID-19 y suspendimos. No tiene que haber represión ante nada. Es injusto. ¿No es más fácil sentarte a dialogar y armar una política de inclusión, no sólo con los de reciclado sino con todos los compañeros? Doy el ejemplo del reciclado porque es lo que hago, pero el compañero que trabaja en una cooperativa y le vende a la industria, ese material se vuelve a insertar en la economía del país. La plata que cobra la cooperativa va al bolsillo del compañero, ese bolsillo se llena y va a la familia, que compra la mercadería en el barrio, por ejemplo en Fiorito. Bien, ese vecino que está enfrente de mi casa compra al mayorista, entonces va y vuelve a la economía del país. Eso es no reconocer el trabajo que todos los días se hace y que reactiva la economía. Solamente hay que sentarse y planificar. Cuando hay predisposición y voluntad, no solo del Estado sino de los trabajadores, de que eso sea la activación de las condiciones de trabajo y del reconocimiento, y de un sistema económico, ¿por qué no te sentás a hablar? Esa lógica, como cartonera, es algo que siempre me costó entender. Hoy como funcionaria tengo que tratar de que los diferentes municipios del país empiecen a entender que no solo es una obligación porque nuestro CEAMSE está colapsado. Que no tienen que venir las plantas de incineración porque nos vamos a terminar matando. Y porque no hay cultura de educación de separación de residuos. En Alemania, en Estados Unidos, hay una cultura de separación diferente. Acá ni mis vecinos separan el material. Los que lo hacen son los cartoneros. Por enfrente de mi casa pasa un pibe con un carrito que ve y abre la bolsa, porque entiende que no hay cultura de separación. Entonces ahí vienen las promotoras ambientales, que son las educadoras. Las que enseñan y forman a nuestros compañeros y compañeras de cómo concientizar sobre los residuos e ir casa por casa. Eso lo aprendimos nosotros en la calle. ¿Por qué no tomar esa bandera verde que todo el mundo se apropia y toma? Hablo de todos, los trabajadores y el Estado, para que haya una política clara de generar empleo, con condiciones de trabajo y una política pública de inserción. Quizás mañana o pasado ya no esté -tengo 44 años- pero mi hijo o mi nieta o mi sobrino, pibes que conocí, hijos de compañeros y compañeras que van a quedar acá, es para los que tiene que cambiar la realidad. Yo soy cartonera desde el 2000. Pasaron veinte años y en el único lugar que veo que con la lucha se pudo cambiar un poco es la Ciudad de Buenos Aires, con otro presupuesto sí.

“Dentro de la cooperativa no solo se trabaja y después te vas a tu casa como una empresa. A diferencia de una empresa, el compañero que tengo al lado es mi familia. Mi compañero no tiene para comer y yo saco un paquete de fideos, otra compañera saca otra cosa y así colaboramos entre todos. ¿Por qué? Porque es mi familia, y si yo no la cuido nadie va a venir a cuidarla. Esa es la diferencia de la Economía Popular con otros espacios”.


¿Cómo definirías todo lo que fue la experiencia en el municipio de Lomas?

En Lomas en total hay, de cooperativas organizadas, alrededor de diez. Tenés 540 cartoneros, que son de diferentes sectores, de diferentes federaciones, pero particularmente en Lomas hay una legislación. Y eso se logró con ese sector pidiéndole al municipio poder armar esta mesa de gestión sustentable. Obviamente del otro lado alguien escuchó. Antes de eso hubo que demostrar que había cartoneros, que estábamos ahí, presentes, y que nos tenían que escuchar porque queríamos cambiar la realidad del sector y tener una política clara de trabajo. Entonces cada referente de cada cooperativa se empezó a sentar en esa mesa, y del otro lado concejales, representantes de medio ambiente; organizando todo el sistema de reciclado. Después empezaron a salir ordenanzas: generadores, una ordenanza de separación domiciliaria que están por implementar. Eso permite que vos como Estado, primero, te tengas que sentar. Segundo, hay una estructura muy buena de muchos trabajadores que hacen de todo: gestión ambiental, estaciones de reciclado, escuela de formación de promotoras ambientales; dan clases de educación en escuelas, tienen puntos verdes en escuelas de Lomas de Zamora; dan valor agregado, están tratando de producir bolsas ahora en la que es la cooperativa más grande, donde son 180 trabajadores. Hay una organización de todo el sector, hay una ordenanza del registro de cartoneros, donde cada cooperativa tiene su zona y por ese lugar trabaja cada una. Es como la Ciudad de Buenos Aires, como una réplica. Pero siempre con la discusión de sus referentes. Las cosas buenas, malas, las que hay que discutir, las llevan adelante ellos. Entonces ese modelo es el que se trata de reflejar, corrigiendo algunas cosas. Y de a poquito se va avanzando. Pude hablar con varios intendentes del AMBA y hay muy buena predisposición. Desde mi lado cartonera siento que hay predisposición pero poco conocimiento.

¿Se sigue viendo al reciclaje como una “changa” que ayuda en vez de un laburo establecido que incluso modifica las condiciones del ambiente? ¿Permanece la estigmatización aún en el reconocimiento?

Pienso que sí. Decir que no hay cartoneros en alguna parte del país es mentir. Además, creo que en todos los municipios hay una cooperativa o un grupo de cartoneros trabajando. Si ese grupo te toca la puerta de tu casa y te pide empezar a armar un sistema que implica un montón de cosas ¿por qué no aceptar? A veces es falta de presupuesto, falta de conocimiento o a veces están queriendo arrancar pero no se animan. Pero creo que sí, que a veces se entiende más como, no se si decir “molestia” pero no se quiere ver. Siento que es parecido al 2001, cuando se decía “no queremos ver”. He visto a compañeras llorar. Y cuando lo veo me salta un poco la chaveta, me digo: “pateo todo y vuelvo a ser cartonera como antes”. Pero al toque me digo NO, estamos haciendo las cosas bien. Estamos por el buen camino. Lo del Ministerio de Desarrollo Social me pone muy contenta, que por primera vez en la historia de nuestro país haya un lugar donde se hable de reciclado y de diferentes ramas, es el inicio. Y también algo que está muy presente, que no es solo cuestión de dar maquinaria y asistir con la dignidad de dar un galpón o que tengan baños, sino que va más allá. Y eso le debe pasar a todas las ramas. Dentro de la cooperativa no solo se trabaja y después te vas a tu casa como una empresa. A diferencia de una empresa, el compañero que tengo al lado es mi familia. Mi compañero no tiene para comer y yo saco un paquete de fideos, otra compañera saca otra cosa y así colaboramos entre todos. A la compañera maltratada o golpeada, yo la acompaño a Fátima Catán y la ayudo a hacer una denuncia. Si mi compañero tiene problemas de adicción, articulo con Vientos de Libertad, interno a mi compañero y sigo cubriendo sus necesidades. ¿Por qué? Porque es mi familia, y si yo no la cuido nadie va a venir a cuidarla. En una empresa las personas son números. Si vos no estás va a haber otro, con mas títulos o más intelectual. En mi casa si comen diez, comen veinte. Si tocás a un compañero, tocás a todos mis compañeros. Esa es la diferencia de la Economía Popular a otros espacios. Estamos todos, bien o mal, la venta es en conjunto y todos cobramos igual. Si perdemos, perdemos. Si se me prende fuego la casa y pierdo todo, y hay que reconstruirla, si tenemos que laburar doce horas, laburamos. Porque de eso vivimos, esto construimos y esta es nuestra lucha. Y eso es lo que se siente todo el tiempo cuando vos hablás con los compañeros. Entonces por qué no sentarte a planificar una política de trabajo con esos trabajadores. Eso vino a hacer la Dirección de Reciclado, no tiene que haber desigualdad. No puede haber una cooperativa que tenga maquinaria y que sean veinte, treinta o cincuenta; sino que tiene que haber dentro de los nodos de nuestro país, todos los cartoneros trabajando y todos cobrando lo mismo, con obra social, seguro de vida. La diferencia de una cooperativa que tiene una estructura a un compañero independiente que va con su carrito a juntar y hacer unos mangos, y encima quizás termina explotado, es que a ese compañero pasó un colectivo o un auto y lo chocó, termina en el hospital, su familia no come y él quizás no tenga guita para los remedios. Pero dentro de la cooperativa hay seguro de vida, que cuesta mucho para la cooperativa. No solo es cubrir los gastos de la cooperativa sino también los administrativos. Ese compañero va a una clínica, le cubren su día, tiene el acompañamiento de sus propios compañeros. Ese cambio de vida hay que darle al sector. Y no hablo solo de reciclado, hablo de todos los sectores. No tiene que haber compañeros textiles explotados en ningún lugar. No tiene que haber compañeras en las guarderías. Porque dignificar no significa solo dignificar al compañero dentro de un galpón, es que tenga un baño y duchas para bañarse y no irse sucio a su casa. ¿Sabés lo feo que es para una mujer irse sucia y viajar tres horas para volver a su casa? Es indigno. Más para una piba de 19 o 20 años. Yo me la aguanto, he venido a las dos o tres de la mañana completamente sucia de la Ciudad de Buenos Aires, pero ya era grande. Una piba no va a querer volverse sucia a su casa. Es esa dignidad la que tiene que cambiar.

¿Cómo se vivió el trabajo del reciclado en estos meses de pandemia?

Fue difícil, muy difícil. Nosotros desde la Dirección trabajamos igual. No paramos en ningún momento, llegamos a trabajar hasta sábado y domingo. He ido a visitar cooperativas que sabía que seguían trabajando igual. Con compañeros que conozco sigo mandándome mensajes igual, no porque esté trabajando en el Estado quiere decir que no hable con ellos. Seguí hablando. Me seguían consultando. Algunos se enteraron después de que estaba en el Ministerio trabajando. He visitado Villa Itatí en Quilmes y era un desastre en plena pandemia. Y le metí igual. Muchos me decían: “sos re inconsciente”. No, ¿por qué? Es lo mismo, lo que cambia es el nombre. Yo sigo siendo la misma persona, vivo en el mismo lugar y cuando esto termine voy a volver a cartonear. Me molesta mucho cuando me dicen que me tengo que cuidar. Pero yo siempre voy a estar a la par de mis compañeros. Por eso me metí en Villa Itatí. Estuve en una cooperativa, y vi situaciones terribles. Ese día me asusté. Pero al otro me levanté y fui a visitar otra cooperativa. De golpe ver a toda la gente como astronautas, vos te preguntás en qué mundo estamos. Y tratando de que la gente se cuide, pero lo que decían los compañeros es que si no trabajan no comen. Y desde mi lugar, ¿qué les puedo decir? Si yo fuese cartonera y tuviese a mi hija diciéndome “mami tengo hambre”, ¿qué hago? La he pasado. Entonces desde el otro lado tenemos que ver qué herramienta le podemos dar como Estado a los compañeros y compañeras para trabajar. Muchas charlas, mucho acompañamiento, pero creo que se entiende que cuando uno es mamá o papá y te dicen que tienen hambre, no hay olla que alcance. Y si tenés chiquitos a los que tenés que comprarle pañales, que se te enferman, ¿qué podés hacer? Mi prioridad es mi hijo. No pienso en mi salud, ni siquiera ahora. Es un poco contradictorio. O me cuido o como. Y no solo yo, también mi familia. Entonces cuando vos te sentás y le decís a los compañeros que no se puede salir a laburar, los compañeros te dicen que no, y quizás se enojan. Está bien que se enojen. Por ahí te dicen “vos porque tenés trabajo”. Pero los compañeros fueron muy precavidos todos, se cuidaron, con barbijo, alcohol en gel. Tomaron muchas medidas, y los primeros meses la gran mayoría no trabajaron. Los que sí tuvieron que trabajar son los que prestaban servicio, que tienen contrato con alguna empresa. Y para la empresa sos un número y si no el contrato se te cae. Y perder un contrato para una cooperativa es terrible, porque cuesta mucho, estás compitiendo con gente de empresa, además de que los compañeros hacen un trabajo excepcional. Hay otros compañeros que todavía no pueden trabajar, como los que están en basurales, que no los dejan ingresar. Desde mi lugar de funcionaria es difícil hablarle a los compañeros y tratar de que entiendan que hay que cuidarse o qué es lo que queremos hacer, porque la prioridad de ellos es la misma que tenía yo hasta noviembre. Es hoy, no mañana. Las herramientas las necesito hoy. En cada cosa del día para las cooperativas o el compañero independiente, es para ahora, no para mañana. A veces hasta a mí se me hace difícil. Y vengo acá al patio de mi casa y me encierro y trato de despejarme un poco. Entiendo cuando a veces los funcionarios me decían a mí, “che Mari, no hay”, pero también entiendo que cuando hay predisposición, las cosas se pueden hacer.

Y desde el lugar que ahora estás ocupando, ¿qué expectativas tenés de conseguir para el sector?

Lograr poder armar los sistemas. Que los compañeros puedan tener primero un techo, porque sin eso no se pueden tener maquinarias. Después sí las maquinarias, y que puedan vender como corresponde. Esa es la prioridad, después que vaya acompañada de las distintas necesidades. Creo que si un modelo en cualquier lugar del país funciona, tiene que ser el común denominador, una cadena de voluntad y predisposición de todo el conjunto. El “sí” de los laburantes siempre está. El otro “sí” tiene que estar del otro lado, del Estado. Si fuese por mí tendría una varita y diría acá y acá y acá, y todos estarían contentos; pero la realidad es que no hay presupuesto para todo. Pero sí mostramos que hay modelos que se pueden hacer viables en lo nacional, provincial, municipal, más el sector que todos los días hace tremendo trabajo y que es un ejemplo a seguir, porque con nada trabaja, se puede hacer. Por eso repito que tiene que ser con voluntad y predisposición. Y eso acompañado de legislación y un montón de cosas que cambien la realidad, porque no es poner una planta para que vaya el material ahí y los compañeros clasifiquen y lo pongan en condiciones para la venta o para darle valor agregado; sino que sin concientización ambiental, sin una política clara de cómo se ejecuta ese modelo y de qué manera se va a desarrollar, cuál va a ser la orgánica de ese sistema, sin un diagnóstico del lugar al que vamos a ir a trabajar, no es posible. Si tenemos todo eso, soy feliz. Creo que este año vamos a lograrlo. Hay muchas pilas puestas para que este año tengamos varios modelos y demostremos que los compañeros saben hacer las cosas, y muy bien, solamente necesitaban un oído del Estado, que entienda qué es lo que quieren hacer y por qué lo quieren hacer. Desde el primer compañero al último que llega a su casa, es un trabajador esencial para nuestro país. Un compañero que activa el país, que logra que el material se recupere y no vaya al CEAMSE, que activa un montón de cosas. Nada más que no se lo ve. Quiero creer que no se lo ve y no que no se lo quiere ver. A veces me pasa que no puedo dejar de hablar como cartonera, pero la verdad es que sin mi visión de cartonera estas cosas no las podría ver. Sería otra funcionaria que no entiende las necesidades del sector y construye una política vacía. Tiene que ser una política inclusiva, siempre fortaleciendo a la base. Es como una pirámide. Y si no fortalecés los cimientos de tu casa para seguir construyendo hacia arriba, cuando te quieras dar vuelta todo se va a caer. Y eso, sin el acompañamiento de la Secretaría de Economía Social -de Emilio [Pérsico]- , sin el acompañamiento del Ministerio, sin el acompañamiento de las organizaciones sociales, de los compañeros en el territorio, esto no se podría hacer. Hoy por suerte está esto, antes no lo teníamos. Entonces hay que valorarlo y saber aprovechar la situación. No vinimos a ocupar un lugar sino a cambiar la realidad de un sector que muchos no quieren ver. No estamos en el 2000 o el 2005, estamos en un año más avanzado y hay una organización diferente a la de antes. Y el que por ahí no entiende, y por ahí critica sin entender, es sencillo, basta con googlear una cooperativa que no sea de la Ciudad de Buenos Aires, ir a visitarla y sentarte a hablar con el compañero y que te diga cuál es su realidad y su necesidad, qué es lo que construye, cuántos empleados genera, en qué condiciones trabaja, y qué gestiona. Antes era difícil que el vecino entienda por qué vos ibas y abrías una bolsa. Recibías discriminación, insultos. Hoy cuando vas, cualquier vecino, ya sea del centro de Lomas o de Banfield, te ve pasar y vos le contás quién sos, qué haces, qué empleo generás, cómo trabajás; todo lo que vos hacés en tu lugar de trabajo. Y ese vecino empieza a entender que es otra cosa, y que tiene que ser parte de cambiar esa realidad. Esa realidad es generar empleo y dejar un mundo mejor para las futuras generaciones. No es solo decir “le di al cartonero para que no me rompa la bolsa”, no. Ese compañero que pasa por enfrente de tu casa o va a tu negocio, ese compañero esta prestando un servicio, que permite que no colapse el CEAMSE, que no importemos residuos, y que hace que viva mejor. A mí y a muchos compañeros nos ha pasado experiencias de compañeros que eran informales y que se pudieron integrar a la cooperativa, y que venían a los dos o tres días y te decían “gracias”. ¿Gracias de qué? Mirá cómo laburamos. Ese compañero te habla desde otro punto de vista, no como si vos lo hubieras sacado de la calle. Y hoy puede estar clasificando material, manejando un camión. Hay un ejemplo que siempre doy. El de un compañero que iba con su carrito a caballo para juntar, y que por la ley de tracción a sangre -que reconocemos que lo somos también y nadie se fijó en eso- dejó de estar con su carrito y pasó a clasificar dentro del galpón. Y ese compañero entraba a las siete de la mañana y se iba a las dos de la tarde. Y por primera vez en diez años fue a las cinco de la tarde a buscar a su hija a la escuela. Eso le cambió la vida. Entonces, esa realidad no la vemos. Pensamos todo el tiempo en cómo conseguir más materiales para que el compañero gane mejor, para el reconocimiento, para tener derechos.

Es la parte humana que moviliza todo lo otro ¿no?

La parte solidaria, que todos tenemos. Y que el día a día no te la hace ver, pero una simple acción y también la voluntad del compañero de integrarse al grupo de trabajo -porque hay reglas en ese grupo- le cambia la vida a un compañero. Eso no lo cambio por nada. El que tiene un hijo por ahí le es normal irlo a buscar a la escuela, pero para ese compañero en diez años fue la primera vez. O los pibes que salen de Vientos de Libertad y no pueden insertarse en la sociedad y vuelven al consumo, dentro de algunas cooperativas tienen las puertas abiertas para trabajar. Esa compañera que es violentada y que nadie le dio bola y tiene que volver a su casa, hay compañeras que la llevan a su casa hasta que pueda alquilarse algo. Eso es la economía popular y el cooperativismo. No es solo ir a discutir o como dicen otros “vienen los negros y nos cortan la calle”. El día que cortes la calle vas a entender por qué tenés que salir a hacerlo. El que está de la vereda de enfrente nunca entiende, pero cuando te cruzas la vereda vas a decir “ahora entiendo por qué pasa eso”, por qué ese “negro” o “negra” está cortando la calle. Es un mundo difícil y muy sacrificado. Yo durante quince años llegué a dormir tres horas por día. Yo y el papá de mis hijos, para poder tener nuestra casa. Hace seis años tuve otro hijo que por suerte la pasó mejor. Pero los dos primeros pasaron de todo, discriminación, bullying. Es más, después de dieciocho años me enteré que mis hijos sufrieron bullying en la escuela por ser cartoneros. Es terrible, no es nada sencillo. Y hace unos meses sufrí discriminación dentro del Ministerio, por alguien que ni siquiera sé quién es y no se quiso subir a un ascensor conmigo. Otra persona me dijo que una funcionaria no podía venir con zapatillas, pantalón de jean y remera deportiva. No me importó, estoy acostumbrada a eso, pero quizás a otra persona sí. Entonces para mí eso no es nada. Lo que hay que hacer es que los compañeros tengan dignidad y reconocimiento. Después volveré a el lugar que tenga que volver, en funciones o llevando un carrito de vuelta, pero siempre siendo clara con las cosas que hay que hacer y con la participación de los compañeros. Cada cosa que tengo que hacer, hablo con mis compañeros. Con el que veo siempre de la organización y al que nunca veo. Cazo el teléfono y le digo, “che necesito un Zoom”. Me siento y le pregunto “qué te parece esto”. Y por ahí ese compañero no me vio nunca, pero yo le pido a cualquier referente que me de su punto de vista. Le consulto si les parece bien, qué falta, qué hay que criticar. Lo que digo es, primero critiquen, que de las críticas salen cosas buenas y quizás hay algo que no estoy viendo. Eso es lo que estamos haciendo. No sé si es poco o mucho. Para mí este año, si Dios quiere, y logramos cambiar la realidad de un grupo bastante grande, donde todos puedan ser parte de esa voluntad, todos tirando del mismo carro para adelante, se van a poder hacer muchas cosas. Ahi va a quedar claro que no son compañeros que están por planes o que están sentados en su casa, sino que son compañeros que todos los días construyen una realidad distinta.

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