El Pregonero

Porro, humo y dos ciudades


Por Marvel Aguilera.

El comentario de María Eugenia Vidal en el canal digital Filo News, en el que distingue al que fuma marihuana en Palermo de aquel que lo hace en la villa 1-11-14, es parte de uno de los tantos prejuicios con los que viene gobernando el oficialismo en la Ciudad. Pero esa distinción territorial también deja entrever otro horizonte no menor: el rumbo con el que vienen gestionando los recursos en la franja más rica del país y que es el origen de la desigualdad que cada vez se acrecienta más entre un extremo y el otro. Para el PRO hay dos Buenos Aires distintas. Una privilegiada, donde ellos residen, invierten, juegan al golf y hacen sus negocios inmobiliarios, la zona norte de la Ciudad. Del otro lado está el resto, la otra Buenos Aires: un territorio representado en su imaginario como lo “bárbaro”, las comunas donde aún resisten sectores poblacionales no colonizados por la noción de una “ciudad shopping”; “peronchos” que se niegan al “cambio” y que deben sufrir las lisonjas presupuestarias, la falta de infraestructura y el desprecio de parte de quienes deberían representarlos, los cuales preferirían tenerlos del otro lado del Puente Avellaneda.

La falta de inversión en las comunas del sur de la Ciudad es una constante, la cual se ha agravado a partir de la crisis que produjo la pandemia. Para la partida 2020, Larreta asignó un monto de $600 millones solo para el barrio de Palermo, mientras que la suma de los barrios de Villa Soldati, Villa Lugano y Villa Riachuelo solo alcanzó los $400 millones. Comunas como la 4 y la 8, que fueron ganadas por el Frente de Todxs en las pasadas elecciones, apenas tuvieron un aumento del 27% y 36% respectivamente, en comparación con otras como la 13 y la 14 que aumentaron un 82% y un 147% respectivamente. El viernes 27 de agosto se cumplieron 10 años de la puesta en adjudicación de la estación Sáenz de la línea H del subte, la cual nunca comenzó y desde el 2014 no presenta novedad alguna, y por la que se presupuestó un monto de 200 millones de dólares al bloque Techint-Dycasa, quienes construyeron ya el tramo de Las Heras y Facultad de Derecho, pero parecen haberse olvidado del sur de la Ciudad.

El comentario estigmatizante de Vidal no es fruto de su ignorancia. Ella sabe cuál es la situación de los barrios de la Ciudad. Durante su gestión, primero desde la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud donde monitoreó diferentes programas sociales, y como ministra de Desarrollo Social donde tuvo el rol de acercarse a los diferentes barrios populares, en los cuales finalmente intervino de la mano de Miguel Ángel Rodríguez, alias “El comandante”, quien se encargó de organizar los barrios mediante operaciones y aprietes desde su función en el IVC. Villas como la 1-11-14, la 21-24 o la 20 eran territorios habituales de la “Leona”. ¿Por qué entonces estigmatiza tan burdamente a ese sector poblacional? ¿No habría que preguntarle al prófugo “Pepín” Rodríguez sobre su vínculo con el narco “El rengo” Pacheco? ¿Será que hay una necesidad de reforzar un estereotipo tan habitual en la clase media para evitar perder adeptos ante la escalada de los libertarios? Es posible, pero también es cierto que el PRO siempre ha tratado de trabajar sobre el sentido común como una gran pantalla de la puesta de sus negocios. En ese sentido, la falta de inversión y gestión por el sur de la Ciudad se justifica desde esa inestabilidad que trata de vender Vidal, un “no están dadas las condiciones” que se maquilla desde un lugar paternalista, y que a su vez deja tranquilos a los sectores conservadores, quienes ven a los sectores humildes como promotores de una violencia que quieren mantener lo más lejos posible.

“Los dichos de Vidal seguro pasarán rápido de la agenda mediática. Se aplacarán, como los de Fernando Iglesias o las provocaciones de Sabrina Ajmechet. Lo que no puede obviarse es una gestión vidalista que sembró hambre y pobreza en la provincia de Buenos Aires. Tampoco una gestión santillista que junto a Horacio Rodríguez Larreta han profundizado la brecha entre los sectores populares y los más privilegiados de la Ciudad”.


Ciudad de Buenos Aires VIP

En 1964, la socióloga inglesa Ruth Glass acuñó el término “gentrificación” para hacer mención a los cambios demográficos al interior de las ciudades que tenían que ver con el avance del nivel de vida de las clases medias por encima de los sectores más humildes. La mayoría de las políticas que desarrolló el PRO en el sur de la Ciudad fueron grandes emprendimientos de alto impacto público, sin embargo nunca fueron acompañadas por gestiones de vivienda con algún tipo de criterio social que permitiera a los vecinos y vecinas crecer a medida que el barrio sumaba una suba en la calidad de vida, revalorizado por los negocios en su entorno. El caso paradigmático es el de Parque Patricios, en donde la lógica del mercado avanza a paso firme sin ningún tipo de moderación pública que pueda equiparar los costos para que los habitantes del barrio puedan sostenerse allí. Muchos debieron irse al conurbano, después de décadas de ser vecinos. La ciudad que propone el PRO tiene derecho de admisión: solo entran las billeteras engrosadas.

Los grandes conglomerados a los que apuesta el gobierno porteño, como las torres en Costa Salguero y Punta Carrasco, y el proyecto de IRSA en Costanera Sur; son parte de una lógica unilateral que prioriza al núcleo duro, que deja a la deriva al sector poblacional que se ve perjudicado por la suba del valor de los alquileres cercanos a esos emprendimientos de lujo. La gentrificación es un problema global, está claro, pero la falta de regulación por parte del gobierno de la Ciudad es alarmante. El problema habitacional ha estado presente desde los inicios de su gestión: para los sectores bajos y también para los medios bajos es prácticamente imposible acceder a algún tipo de vivienda sin un programa de créditos híper accesible.

En los barrios populares el problema se ha intensificado en estos años. El barrio Mugica atraviesa un momento de tensión extremo luego de la ordenanza de regulación dominial que aprobó el oficialismo sin ningún tipo de participación vecinal, y que perjudica a cientos de familias, entre ellas mujeres con hijos pequeños, que no pueden acceder a un alquiler y que en las últimas semanas han tenido que realizar un acampe en el predio “La containera” para exigir una salida habitacional digna. Por otro lado, los repetidos incendios que se vienen produciendo responden a las pésimas instalaciones de servicios que la Secretaría de Hábitat ha realizado en el barrio, sin consulta previa, que ponen en riesgo la vida de las familias y perjudican el día a día, ante los constantes cortes eléctricos y la falta de presión en el servicio del agua.

Créditos: Info news

Los medios y la campaña zocalera

La marketinera campaña eleccionaria, plagada de clichés y eslóganes, se ve intensificada por la lógica de los medios, que buscan debilitar a los rivales de María Eugenia Vidal y Diego Santilli mediante pequeñas operaciones, azuce en los canales del establishment TN y La Nación +, y el desvío del foco político económico en cuestiones periféricas como la maestra de La Matanza o la expresión de Tolosa Paz. Medios que deberían poner en ojo la paupérrima gestión de Vidal en la provincia de Buenos Aires, que la obligó a escapar a CABA en busca de revitalizar su alicaída carrera, y un “Colo” Santilli totalmente blindado, que parece no tener pasado ni haber gestionado hasta hace unos días del otro lado de la General Paz.

Los dichos de Vidal seguro pasarán rápido de la agenda mediática. Se aplacarán, como los de Fernando Iglesias o las provocaciones de Sabrina Ajmechet. Lo que no puede obviarse es una gestión vidalista que sembró hambre y pobreza en la provincia de Buenos Aires. Tampoco una gestión santillista que junto a Horacio Rodríguez Larreta han profundizado la brecha entre los sectores populares y los más privilegiados de la Ciudad. Un corte profundo en la City que no solo se marca desde la retórica sino en los hechos mismos, en la gestión, en el presupuesto y en cada política pública que parece tener prioridad por aquellos que mejor viven. Dos ciudades. Una constante en esa idea del PRO que también quiso partir la provincia de Buenos Aires en dos; un muro entre los ricos y los pobres que, por más que no sea físico, parece ser cada vez más alto.


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