El Pregonero

Gobernar es hacer… peronismo


Por Marvel Aguilera.

Estamos a días de las PASO, pero hay algo más que está en puja en estas próximas elecciones, algo más que la repartija de unas bancas más o unas bancas menos en el ámbito legislativo. Lo que está en juego es el ejercicio político mismo. La política como herramienta de transformación al servicio del pueblo.

El clima es tenso. Y las campañas flaquean ante la construcción narrativa “twittera” que proponen los medios. En ese contexto, el desprecio por la dirigencia va calando hondo en una parte de la sociedad, una franja que excede al público meramente “joven”, como parecen querer señalar simplificadamente algunos analistas alejados hace años del almacén y la plaza de barrio. La antipolítica siempre fue un virus latente a inyectarse por parte del establishment cuando ve cómo se cercenan parte de sus privilegios. Los gobiernos de Néstor y Cristina pusieron en el centro de la escena a esa elite corporativa. La expusieron. Y eso todavía les duele. A esos mismos que hoy parecen haber esquivado la marca, morigerado el viento de época a su favor, y ganado terreno en el debate mediático con sus esbirros libertarios: empleados de turno de aquellos que controlan el mercado y el ritmo de vida de los argentinos. Aquellos que exigen libertad, lo que exigen en realidad es el monopolio de la misma, decidir nuestro futuro desde los privilegios de su pasado.

El peronismo necesita volver a salir a las calles. Es su lugar por naturaleza. Romper con el relato que construyen los “loros” de la televisión, que fogonean la política como una rosca sin sentido, alejada de los problemas reales de las personas. Una camarilla que, en realidad, es una foto recortada de la política nacional y popular que circula en los barrios, en las organizaciones sociales, en los clubes de pueblo, en los centros culturales, en los centros comunitarios, en los comedores sociales, en cada rincón del país donde realmente se viene gestando una lógica de reivindicación de la política como tal, a veces con banderas pero a veces sin partidos. Desde el amor por la militancia y el interés por el otro. Eso es la patria. Allí vive el corazón del peronismo, y desde ese lugar es necesario transformar nuestra orientación como Estado-Nación, en pos de los intereses de las grandes mayorías, escuchándolas en su gesta política diaria, que han venido trabajando exiguamente desde que dio inicio esta fatídica pandemia. El Frente de Todxs esta ante el desafío de dar vuelta la atmósfera de la antipolítica, para ello es necesario construir una agenda propia. Dejar de discutir con falaces comunicadores que solo buscan recortar chicanas y transformar el debate público en un panel de Animales Sueltos. La grieta seguirá en tanto la representación política siga alimentando ese juego perverso de los medios del bipolarismo. No hay tal bipolarismo, seguir en ese camino solo abre el juego de los “falsos transgresores” de la antipolítica, los sicarios de las elites. El pueblo es un todo, con sus matices y aristas culturales e ideológicos; del otro lado, solo restan los oligarcas de siempre: el empresariado cipayo, la sociedad rural, los medios del poder y la embajada norteamericana. Si acaso realmente hay dos modelos en disputa, es el del pueblo y la oligarquía, como ha sucedido siempre en nuestra historia desde el surgimiento del movimiento peronista.

Como bien dijo Cristina en el cierre del acto en Tecnópolis, gobernar es hacer. Pero es hacer peronismo. El pueblo. Las bases. Las masas. La clase trabajadora. Allí está la columna vertebral del proyecto nacional y popular. La sociedad debe recobrar su espesor político y romper con esta dictadura simbólica del mercado a través de sus filosofías del marketing y de la autosuficiencia que ya están instaladas en los barrios más humildes y profundizan la desigualdad. La política tiene que ser crítica, y desde esa crítica empezar a generar discursos que puedan poner en jaque a los poderes que controlan históricamente nuestra Nación y que hoy amenazan con querer apropiarse de la libertad. O el peronismo recupera su esencia para adoctrinar esos poderes dominantes o el mercado asimilará a la política en otra de sus tantas formas de venta al por mayor.

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