Poéticas

Nía Martínez: “Hay más arte en lo cotidiano, que en los sucesos épicos de nuestra vida”

Admiradora de Fabián Casas y otros contemporáneos, esta noche presenta su obra, editada por el sello tucumano Gerania, después de la pausa de la pandemia. Imagina el encuentro con sus lectores como un “bonus track” de la banda sonora de su vida.


Por Marina Cavalletti.

Un primer libro que funciona como un compendio de anécdotas, poemas que se anclan en la calidez del pasado familiar y que describen hitos mediáticos de los ’90. Nía Martínez estructura su poemario con apartados que emulan al Tutti frutti, ese mítico y simple juego de la infancia, y entre las diversas categorías reflexiona sobre los matices del amor y la potencia de los viajes, entre otras cosas.

Revista ruda

Campeona del Tutti Frutti, tu primer poemario formal, es un libro extenso, una especie de obra reunida. ¿Cómo transitaste el trabajo de recopilar tus producciones, de corregir y reencontrarte con aquella que fuiste en otros tiempos?

Fue todo un viaje, de alguna manera fue como hacer un recorrido en el tiempo. Ver fragmentos de mi historia, de todas las que fui y ya no soy, pero que reconozco sin duda. Me encontré con textos escritos hace diez años, con anécdotas y episodios que tenía prácticamente olvidados. Edité, corregí, pero fui medida un poco para ser fiel a la que era cuando esos sentimientos me atravesaban. Se trató más de un trabajo de “rescate”, de filtro, de ver qué de toda esa catarata de poemas servía, qué no, qué me daba vergüenza y había que descartar, qué me daba vergüenza pero valía la pena mostrar. Es como mirarme en un espejo viejo.

Tu estilo se cruza con Fernanda Laguna o Fabián Casas si pensamos en la cotidianeidad de los versos que a veces se mezclan con diálogos o anécdotas pequeñas. ¿Qué autores de hoy admirás? ¿Cómo dirías que se compone la materia prima de tus poemas?

Mencionaste justamente a Fabián Casas, que es alguien a quien admiro mucho. Tamara Grosso, Gustavo Yuste, Leandro Gabilondo. Son todos contemporáneos que leo y que me generan ganas de escribir. Después, ya si hablamos de narrativa, tengo que mencionar a Lorrie Moore.

En cuanto a mi materia prima, me gusta encontrar la poesía en las pequeñas cosas de todos los días. Creo que hay arte en lo cotidiano, más que en los sucesos épicos de nuestra vida. Porque, siendo sinceros ¿cuántos de esos tenemos? Mejor dicho, definitivamente trato de encontrar un poco de épica en la diaria y apunto a eso, a rescatar, a pescar esos momentos casi imperceptibles para el ojo del resto, pero importantes para mí. Te diría que escribo casi como para llevar un diario de mi vida. Para poder releer en el futuro e identificar qué me estaba atravesando en ese momento.

“Creo que de la poesía no se sale ilesa, pero en el buen sentido. Y después el que la lee cierra una especie de círculo, porque lo toma, lo hace propio, se lo adueña, les pone sus propias caras, sus propias escenas. Y sobre eso ya no tenés potestad, pero bienvenido sea si lo que me salva a mí salva a alguien más”.


La estructura del libro se detiene en diversas categorías, como el juego que lo nombra. En este sentido, el tópico del viaje es muy potente. ¿Hay en tus páginas una doble clave que va del tránsito geográfico al artístico? ¿O qué significado tiene para vos la itinerancia?

La categoría “Lugares” del libro recopila mucho de lo escrito sobre los diferentes viajes que hice. Suena a lugar común, pero uno nunca vuelve igual después de irse y volver, como nunca se vuelve igual después de un poema, ¿no? El poema en sí mismo es un viaje, creo yo, una especie de transformación o evolución. Tuve la oportunidad de moverme mucho durante una época de mi vida, y eso siempre afectó mi escritura además de darme material. Creo que ser un poco itinerante genera eso: encontrar nuevas experiencias, personas, culturas, puntos de vista. Absorber, y en algún momento eso sale y se vuelca en el papel. Como cuando contás en un asado una anécdota, algo que te pasó, porque surge de repente, porque te lo acordás. Como en un itinerario de viaje, hay un momento en el que los puntos se unen y el poema surge.

El poemario es también un mapa de época a través de los medios donde aparecen Función privada, Axl Rose o Xuxa. ¿Cuál es la relevancia de lo audiovisual o lo interdisciplinario al momento de escribir?

Inmensa. Estoy atravesada por esos consumos noventosos de mi vida. Fui criada por mis abuelas y por la televisión. Tengo la nostalgia atada a programas, a canciones, a personajes que para mí son como el Delorean de Volver a Futuro y me llevan directo a una tarde tomando café con pan, a ese momento en el que estás aprendiendo sobre todo, que sos una hoja en blanco y todo lo mirás sin juzgamientos. Son como mis cimientos. Creo que hoy nada tiene ese peso para mí, me cuesta encontrar un ejemplo de contenido audiovisual de la actualidad al que haya hecho referencia. Seguramente vuelva a hacerlo, pero con otra mirada un poco menos inocente.

En este punto ¿considerás que la poesía traduce la realidad, tiene un impacto en la sociedad, en las personas? ¿O por qué se hace poesía?

En este caso mi respuesta es muy personal: yo hago poesía para rescatarme. Y ya usé ese verbo varias veces me parece. Pero para mí es una red, es lo que me salva cuando estoy cayendo, es un autoabrazo. Es la que soy ahora tocándole el hombro a la que era cuando empecé a escribir el primer verso del último poema, explicándome cómo son las cosas. Creo que de la poesía no se sale ilesa, pero en el buen sentido. Y después el que la lee cierra una especie de círculo, porque lo toma, lo hace propio, se lo adueña, les pone sus propias caras, sus propias escenas. Y sobre eso ya no tenés potestad, pero bienvenido sea si lo que me salva a mí salva a alguien más. Y eso para mí es impacto. Mini si querés, pero impacto al fin.

¿Cuáles son tus proyectos o las cosas que te motivan hoy para escribir?

Hoy la maternidad es lo que más me convoca. Me cuesta mucho escribir sobre otra cosa, quizás porque es algo que te acapara, te consume, por momentos dejás de ser cualquier otra cosa para ser madre. Y las contradicciones que llegan con ese rol, las culpas, las dudas, las inseguridades. Estoy atravesada por todo eso hoy en día, y no creo que me abandone pronto.

Hoy es la presentación de tu libro que se da a un año de su salida, la pandemia frenó el encuentro con el público. ¿Cómo viviste esa pausa y qué expectativas tenés?

El libro se publicó en octubre del 2020, en plena pandemia, y la presentación en vivo era definitivamente algo imposible. La respuesta tuve que vivirla a través de las redes, pero de todas formas fue gratificante. Para alguien que jugaba a los 7 años a que tenía un libro con un cuaderno Gloria naranja, fue movilizador tener uno de verdad en mis manos. Así que lo de esta noche va a ser un plus, un bonus track para mí.



Nia Martínez
Campeona del tutti frutti
Gerania
2020

Presentación: Viernes 8 de octubre 22 horas en Espacio cultural Archibrazo, Mario Bravo 441, CABA
Con Tamara Grosso, Lena Díaz Pérez y Melody Abril

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