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Der Kleine Führer | La serpiente somos todxs

La obra de Eugenio Soto retrata el huevo de la serpiente de una sociedad atravesada por el odio y el exterminio a través de la venida de un niño führer comprometido en una nueva lucha contra la negligencia del mundo adulto.


Por Marvel Aguilera.

Nietzsche dijo hace más de un siglo “Dios ha muerto”, pero quizás haberlo matado no haya sido la mejor de las ideas. Más si analizamos en retrospectiva cómo ese sistema de creencias y valores en decadencia desembocaron en este humanismo atroz. En una carrera frenética por ocupar ese trono divino; en la omnipotencia de poder alcanzar la sensación de creación y destrucción absoluta, sin respiro, a costa de la perpetración de guerras, del consentimiento de genocidios y de la generación de epidemias que siguen poniendo en jaque a la propia existencia humana. Dios ha muerto, es verdad, pero el hombre sigue vivo. Der Kleine Führer de Eugenio Soto nos retrata ese oscuro sentimiento de terror que anida en nuestras sociedades, en un mundo donde la felicidad es la mueca de una tragedia permanente y la inocencia infantil ha sido cambiada por un presente donde la imaginación es solo el consuelo de los miserables.

En el sótano de un edificio, a metros del Obelisco, se esconde un oscuro secreto. Un niño ideado por la corporación Bayer y su logia neonazi, con el fin de transformarlo en el nuevo führer, está a punto de recibir una vacuna que le permitirá superar una enfermedad congénita y poder salir a la luz en un nuevo aniversario de la muerte del líder nazi. El mayordomo del extraño sitio ha decidido buscar a dos payasos entre las calles porteñas para recibirlo con risas en un reducto circense, pero las peripecias de ambos ante la incertidumbre del escenario y el miedo que impone Hanna, la cuidadora del pequeño Adolf, hacen que lo planificado se vaya lentamente distorsionando entre un intercambio de carcajadas y violencias, de confesiones y amenazas. Finalmente, en medio de esa zozobra, el niño Adolf se levanta para dar cuenta de una nueva lucha, una que vuelva a poner a los niñxs en el centro de la escena, los únicos capaces de salvar a este planeta derruido por la avaricia y la maldad innata de la “madurez” humana.

Con una puesta que empieza en la misma calle Lavalle, en esa interacción permanente a la que lleva Soto en sus trabajos -que puede verse en La noche oscura-, la obra cimienta paulatinamente las bases de una conexión atrapante con los personajes. Desde la virtud de Lucas Delgado mostrando ese declive anímico de Hans, el histrionismo de la Hanna de Jazmín Diz, y el contrapunto siempre ocurrente de los payasos encarnados por Pedro León Alfonso y Vladimir Klink; Der Kleine Führer se despliega como una atmósfera en todos los resquicios de la sala de Máquinas, y a través de una escenografía con tintes de Stanley Kubrick: un pequeño reducto del tercer reich de colores rojizos, masónicos, y luces que hacen foco en los cambios de tono de una obra que entremezcla la hilaridad con la tragedia para canalizarse en el público mediante una risa agria, necesaria pero culposa.

“El horror no abarca únicamente lo incubado, sino el retrato de una tierra arrasada por la negación, el odio y la violencia cotidiana que siembran el camino para que la serpiente aplique la estocada final en un terreno ya arrasado”.


El tramo final de la obra, luego del brutal enfrentamiento entre los padres, interpretados por Dario Pianelli y Karen Hawryliszyn, abre el concepto del “Huevo de la serpiente” de Bergman, pero aquí el horror no abarca únicamente lo incubado, sino el retrato de una tierra arrasada por la negación, el odio y la violencia cotidiana que siembran el camino para que la serpiente aplique la estocada final en un terreno ya arrasado.

El discurso del pequeño Adolf en boca de Julia Pérez Ortego, de un magnetismo elocuente que toma los movimientos y tonos que el führer copiaba de la ópera de Wagner, nos aclara que este mundo bombardeado de falsas noticias, injusticias, epidemias y extremismos que buscan apropiarse del concepto de “libertad” son producto de nuestra propia desidia, pasividad y conformismo. Un terror cíclico al que volvemos cuando el pasado es ocultado para reciclar las formas de sometimiento como vías transgresoras del progreso.

Der Kleine Führer nos habla de esa inocencia tan propia de lxs niñxs corrompida por el deseo de poder que carcome las estructuras sociales. Un presente sin piedad ni remordimiento que nos empuja a un “no futuro”, uno en el que jugar quizás implique sobrevivir más que divertirse y en donde la única risa posible sea la expresada por el cinismo de ver al hombre arrodillado ante el Leviatán que él mismo ha creado.

Der Kleine Führer

Autoría: Eugenio Soto
Intérpretes: Pedro León Alonso, Lucas Delgado, Jazmín Diz, Karen Hawryliszyn, Vladimir Klink, Julia Pérez Ortego, Darío Pianelli.
Asistente de Dirección: Mora Grinblat Seldes, Micaela Alonso.
Diseño Lumínico: Aquiles Gotelli.
Diseño Espacio Escénico, Realización Escenográfica y De Objetos: Félix Padrón.
Diseño de Vestuario: Silvia Luzuriaga.
Peluquería Teatral: Soraya Ceccherelli
Fotografía y Video: Selene Scarpiello, Gabriel Riesco.
Diseño Gráfico y Audiovisual: Julia Pérez Ortego, Pedro León Alonso.
Diseño Sonoro: Pedro León Alonso.
Entrenamiento Vocal: Mara Ferrari.
Prensa: Valeria Franchi.
Producción general: Der Kleine Führer.
Dirección: Eugenio Soto.

Sala de MáquinasLavalle 1145, CABA.
Función: Domingos 18:00 hs.


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