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La Noche Oscura: La tragedia como picardía del destino

La obra de Eugenio Soto cruza el drama y la parodia en una experimentación que desmantela la solemnidad de lo trágico, al tiempo que desde el humor aborda la delgada frontera de los vivos y los muertos.


Por Marvel Aguilera.

En su Poética, Aristóteles decía que lo que caracterizaba a la tragedia era su ambigüedad, ese limbo entre dos extremos que pujan alrededor de las fuerzas nobles y perversas, transformando a la muerte del protagonista en un efecto catártico que impulsa a la purga emocional por parte del público. Pero qué pasa si ese personaje se niega morir, qué ocurre si se propone desafiar su propio destino final en busca de una paz certera y no forzada o si acaso los límites entre la vida y la muerte son más estrechos de lo que podemos conocer, de los márgenes de nuestra finita percepción. En La noche Oscura – Tragedia Santiagueña, Eugenio Soto, autor y director, construye un escenario en donde las tradiciones se tonifican desde lo metafísico, y en que lo performativo atraviesa a los personajes creando un clima que juega con la parodia y la picardía, rompiendo el molde solemne del típico drama familiar.

Doña Rosa Quiroga acaba de morir. Pero ella se niega a ser sepultada en el hoyo. Dice haber sido asesinada por su hijo, Santiago, que le hizo comer un pescado con espinas. Entonces retorna, una y otra vez, para atormentarlo. Planea su venganza, desde la soledad del campo y la compañía de una dupla de cantores-espectros enviados por la parca que juguetean en la complicidad y el ridículo. Porque a fin de cuentas las verdades son relativas y la burla es una manera más entretenida de ver las desgracias de esta injusta realidad. En ese eterno retorno, las piezas van reconstruyendo el rompecabezas, pero los personajes están atrapados en esa ambigüedad que interpela al espectador. Verseros. Burlones. Sinceros. Ventajistas. Pasionales. Perversos. En La Noche Oscura nadie es inocente, pero tampoco del todo culpable.

En una puesta que coquetea entre la calidez de la peña folklórica y la tierra yerma del Santiago profundo, la historia parece también recrear las condiciones de la soledad apremiante del campo, ese solipsismo en donde las voces de la conciencia se arriman, quejumbrosas, y los sentimientos encontrados por las acciones potencian el remordimiento. Por momentos, la obra podría encajar en ese clima onírico de Una historia sencilla de David Lynch pero atravesada por el humor pícaro del Pochi Chávez. La siesta es, en gran medida, el principal catalizador de una culpa que recrudece y rompe las fronteras entre la vida y la muerte.

“Porque a fin de cuentas las verdades son relativas y la burla es una manera más entretenida de ver las desgracias de esta injusta realidad”.


La Noche Oscura es una obra donde lo mínimo se hace grande, se aprovecha. En donde la escenografía se agiganta y toma un cuerpo que escapa a la longitud de la visión. En donde la música se contagia desde la energía que emana el sentir popular; y en que cada personaje tiene para aportar su propia dinámica, el manejo de sus tiempos, un pequeño mundo aparte. Los lunfardos y el ingenio de las chacareras, brillantemente ejecutados, aclimatan a un público que se ve convidado a ser parte del ida y vuelta de una historia por demás cocoliche. Una experiencia teatral autóctona y transgresora, que va más allá de la trama, que se bifurca entre risas y angustias, así como la vida misma se plasma en nuestra frágil memoria.

Ficha técnico / artística:

Intérpretes: Pedro León Alonso (Juan Carón), Paula Baigorri (Sara Carón), Lucas Delgado (Estanislao), Darío Pianelli (Santiago), Bianca Vilouta Rando (Doña Rosa Quiroga).
Diseño de Espacio Escénico: Félix Padrón, Nicolás Botte y Eugenio Soto.
Realización de Escenografía: Nicolás Botte.
Diseño y Puesta de Luces: Aquiles Gotelli
Diseño de Vestuario: Silvia Luzuriaga.
Realización de Vestuario: Romina Vi.
Entrenamiento Musical y Vocal: Pedro Berreta, Camila Warner.
Diseño Gráfico: Pedro León Alonso
Ilustración: Julia Pérez Ortego.
Fotografía: Mariano Martínez, Selene Scarpiello.
Prensa: Valeria Franchi 
Asistente de Dirección – Producción:  Mora Grinblat.
Dramaturgia y Dirección: Eugenio Soto.

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