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Desertoras | Romper para resignificar nuestros vínculos

La obra basada en Las aventuras de la China Iron, recrea el vínculo que La China y Elizabeth van construyendo sobre el camino pampeano, entre el cruce de lenguajes y culturas, y la búsqueda de una historia que las haga protagonistas de su propia vida.


Por Marvel Aguilera.

Desertar no es propiamente huir, es un gesto político y social contra el conformismo. Una línea de fuga creadora que nos impulsa a reconstruir otra forma de identidad desligada de los tantos compromisos alienantes. Agamben hablaba de desmontar la biopolítica para romper el esquema de las prácticas culturales que atraviesan a nuestra sociedad. Escapar, en ese sentido, es una ruptura para volver a comprender las conexiones humanas; una subjetividad que vuelve a hacer valer los lazos reales, aquellos que no son filtrados por los deberes del sistema. Lo que nos junta sinceramente. Desertoras de Violeta Marquis nos narra la historia de dos mujeres encontradas por lo fortuito, pero unidas por la espontaneidad sensible de un vínculo que las encaminará por los llanos de la pampa, donde el lenguaje de las palabras y los cuerpos se acoplarán en ellas amalgamando un universo nuevo a sus pies.

La británica Liz ha emprendido un viaje en carreta por el desierto pampeano. El sol ofusca la vista y el silencio apremiante es cortado al ras por el surgir de alimañas y roedores salvajes. La monotonía que la sofisticada y blonda mujer observa y deja constancia en su diario de viaje, se interrumpe con la presencia de una morena que, a la vera del camino, decide orientarla en ese recorrido. Entre el temor de mundos encontrados y un lenguaje que pasa de la incertidumbre a la comicidad, La China se va desenvolviendo a medida que acepta el acto de confianza de Liz. Las dos tienen cosas que aprender de la otra, desvincularse de sus prejuicios, ofrendar su tiempo en pos de una relación que paulatinamente ira ganando en deseo y compromiso.

La puesta de la obra es recreada con una escenografía mínima que se hace imágenes gracias al movimiento permanente e histriónico de las intérpretes que marcan los tiempos y la cadencia del transcurrir del texto. Los diálogos son breves, pero ganan presencia con la creatividad de los tonos que cada una esboza desde su personaje: en su lunfardo, en sus muecas, en las risas que denotan diferentes geografías. Recreaciones que generan una atmósfera de relato cinematográfico al estilo Joel y Ethan Cohen, marcado por la voz narradora y la guitarra de las gauchas Sol Zaragozi y Catalina Telerman; la química que se establece entre las actrices Camila Betbeder y Nicole Kaplan en sus contrastes, en la recuperación de una inocencia robada, en un deseo que deja de estar cautivo por un otro para hacerse voluntad propia.

“La obra dirigida por Violeta Marquis resignifica la presencia femenina para potenciar la fuerza de un relato que nos habla de la importancia de luchar por forjar otra historia distinta más que luchar por ser partícipe de aquella que escriben los dominadores”.


En ese cruce, las palabras son parte de algo mayor, una comunicación corpórea que traduce sus idiomas a una lengua común en donde pueden reconocerse. Libres y singulares, distanciadas del rol de personajes secundarios, de posesión preciada por la suerte de un gaucho o la riqueza de un estanciero. La China, en ese desmontar, dejará atrás no solo a Fierro, sino a sus propios paradigmas y sentimientos. Su nombre y sus ropas empezarán a mutar, a buscar una forma personal. Liz, por otra parte, alivianará sus modales y sus metas, se quitará las capas de domesticación hacia un rumbo indeterminado pero buscado con creces con su compañera.

Es que La China y Liz podrían ser las Thelma y Louise pampeanas, pero ellas no huyen solo de la opresión de sus relaciones pasadas, ellas están eligiendo su destino juntas, en ese descubrir de los campos amarillentos criollos y el disfrute de sus identidades plenas.

Si bien Desertoras está basada en la novela de Gabriela Cabezón Cámara, Las aventuras de la China Iron, su voz es propia y eso se ve reflejado en el gesto de poner en foco a cuatro mujeres que llevan adelante el relato, comprometidas arriba y abajo del escenario. Así como la literatura sirve para interpelar los cimientos de la historia, y en el caso de la novela resquebrajar la disyuntiva de civilización y barbarie a partir de las voces silenciadas de las mujeres del poema; la obra dirigida por Violeta Marquis resignifica la presencia femenina para potenciar la fuerza de un relato que nos habla de la importancia de luchar por forjar otra historia distinta más que luchar por ser partícipe de aquella que escriben los dominadores.

Desertoras es una obra que fluye, que sabe entreverar con prestancia las melodías, los momentos de reflexión y la relevancia de los silencios. Que usa la comedia y la picardía criolla como un puente para mostrarnos que construir cultura en las diferencias sigue siendo el gesto humano que siempre nos moviliza a pensar, y también a superarnos. Una historia que reivindica los impulsos, las miradas y los goces como actos plenos de comunicación en una era en donde los algoritmos y las tendencias imponen nuestra forma de relacionarnos.

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Actúan: Nicole Kaplan, Camila Tamagnone Betbeder, Catalina Telerman, Sol Zaragozi
Vestuario: Maricel Aguirre
Escenografía: Maricel Aguirre
Iluminación: Augusto Sanguinetti
Música original: Catalina Telerman
Colaboración artística: Martina Coraita
Dirección: Violeta Marquis


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