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Pareidolia | Cuando los sueños se transforman en pesadillas

En la obra de Javier Naudeau, cinco personajes transitan sus vínculos atravesados por la incomunicación y los secretos, construyendo un pandemonium que pondrá en riesgo su destino inmediato.


Por Marvel Aguilera.

Como dice el filósofo coreano Byung-Chul Han, vivimos en una comunidad sin comunicación. Una era de hiperconexión que paradójicamente profundiza nuestras distancias, las soledades, los aislamientos. Un tiempo en que el decir está supeditado al mostrar; a construir un culto de nosotros con terceros, muchos de los que quizás nunca llegaremos a conocer. Una frecuencia que nos empuja a seguir adelante con lo no dicho, entre vínculos imaginarios y lazos vaciados de contenido, arrastrando las palabras como océanos de culpa. Pareidolia de Javier Naudeau nos presenta los diálogos desencontrados de una familia, en apariencia tradicional, que paulatinamente irán desgranando sus capas hasta filtrarnos esos dramas irresueltos, aquellos secretos que perviven como subterfugios entre la mera cotidianidad.

Dos inseparables amigos, Willy y Luciano, ven la oportunidad de marcharse al exterior a partir de un negocio ilícito que cae fortuitamente entre sus manos. Cruzados por la incertidumbre y las motivaciones de romper la monotonía, deciden llevarlo a cabo escondiendo el producto en la habitación. A tan solo unos pasos, la familia de Luciano transita sus rutinas, ajenos a esa proximidad, como si participaran de una realidad paralela dentro de la misma casa. Entre ellos, Nerea, la hermana de Luciano, también tiene otro secreto que contar, uno que impactará directamente en la confianza de esa amistad y en el destino inmediato de toda la familia.

Por otro lado, el padre -interpretado notablemente por Claudio Amato- representa esa imposibilidad por exponer la realidad en el ejercicio de su habla. Las palabras se le estancan, salen a medias, son empujadas. Divagando en la sala familiar pasa sus horas frente a los videojuegos, los naipes y el propio efecto lúdico del ocultamiento a los más cercanos. Por momentos su presente pierde temporalidad, bordea resabios de juventud de la misma forma que lo hace su esposa (Heidi Fauth) a través de viejas fotografías. La nostalgia de un tiempo mejor aparece en ellos, pero también el recuerdo de un presente que era vivido, en donde las risas y las acciones tenían el peso de la voluntad y no la inercia de una inmediatez que los avasalla, disociándolos de su propia familia.

“En Pareidolia los conflictos van anudando a la familia desde diferentes planos. Una problemática empuja a la otra, así hasta construir una roca de Sísifo repleta de mentiras que arrastra a los personajes hacia una caída en masa”.


La puesta escenográfica de la obra es el espejo de la familia. Cuatro personajes que forman parte de un mismo ambiente sin advertirlo, al estilo Dogville, apenas separados por vigas, por paredes invisibles. Obstáculos creados por ellos en esa automatización efectista que los acopla, que los amontona como muñecxs de juguete puestos en diferentes ambientes de una casita infantil. Juan Manuel Artaza, Juan Cottet y Violeta Postolski construyen un triángulo actoral que brilla en los momentos de tensión, en las líneas de diálogo que juegan entre la comicidad y el dramatismo, en los silencios profundos apoyados en sus miradas.

En Pareidolia los conflictos van anudando a la familia desde diferentes planos. Una problemática empuja a la otra, así hasta construir una roca de Sísifo repleta de mentiras que arrastra a los personajes hacia una caída en masa. Lentamente, los cinco van perdiendo su eje, se tambalean ante un destino trágico que parece inexorable, y que se avecina sobre la mirada de los espectadores que son testigos subjetivos de ese declive. Es que la obra juega con las percepciones individuales, con una trama mental que es necesario configurarse para entender el posible desenlace.

Con un tono que bordea la sátira negra y que provoca brotes de incomodidad, Pareidolia invita al juego reflexivo sobre las relaciones humanas en una sociedad en donde prima el individualismo, la farsa, y en que la escucha queda flotando en la superficie de nuestra comunicación. Una obra que nos muestra que los sueños pueden transformarse en pesadillas cuando las represiones explotan y diseminan nuestro más cercano horizonte.

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Dramaturgia: Javier Naudeau
Actúan: Juan Manuel Artaza, Juan Cottet, Heidi Fauth, Violeta Postolski, Claudio Amato
Escenografía y Vestuario: Jose Escobar, Alicia Leloutre
Iluminación: Matías Sendón
Audiovisuales: Boria Audiovisuales
Fotografía: Ignacio Salinas
Diseño gráfico: Sergio Calvo
Asistencia de dirección: Teresita Rellihan, Alejo Sulleiro
Prensa: Ati Zarate
Community Manager: Boria Audiovisuales
Producción ejecutiva: Marina Kryzczuk
Supervisión: Javier Daulte
Dirección: Javier Naudeau

El Portón de Sánchez – Sánchez de Bustamante 1034, CABA.
Función: Domingos 20:00 hs.

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