Poéticas

Memoria fantasma: Un canto para enfrentar el olvido prematuro

Memoria fantasma es el tercer libro de la poeta y docente Bárbara Alí, ganador del XXXV Premio Unicaja de Poesía en España. El 5 de noviembre de 2022 se presentó en Buenos Aires con la presencia de Carlos Battilana y Valeria Cervero, cuya participación compartimos.


Por Valeria Cervero.

La mancha de los días y Movimiento de ida, los dos libros de Bárbara Alí publicados anteriormente, anuncian de algún modo a Memoria fantasma: la mancha imperfecta del primero pasará luego a ser mamarracho, monstruo, mariposa extraña, “repetición [que] imprime fantasmas”. O, como concluye (y a la vez anticipa) La mancha de los días, “la forma/ de una ventana/ que solo da/ hacia adentro”.

En ella comienza el viaje interior, el largo recorrido de una nadadora que en Memoria fantasma mutará “de mujer a hombre/ de hombre a pez/ de pez a tiburón/ de tiburón a ola/ de ola a aire/ de aire a luz”, y que terminará transformada en sirena. “La nadadora es aquí/ el hilo que te mantiene/ en la superficie/ la tabla de salvación/ en tu viaje hacia adentro”.

De la pecera de Movimiento de ida hasta el comienzo en mitad del mar de Memoria fantasma, el camino de la poesía de Bárbara Alí es esencialmente una búsqueda del canto, y sobre todo del canto como respuesta a las preguntas sobre el origen y sobre la historia: “quiero una canción para/ cantarme/ cuando me pierda/ otra vez/ cuando alguien/ me pregunte por mi nombre”.

Una canción para enfrentar el olvido prematuro, que este libro cuestiona desde el comienzo: “Hay en los cuerpos/ una capacidad de adaptarse/ al medio/ que no siempre debe ser/ celebrada/ ese error histórico o científico/ sobre todo ideológico/ de llamar fuertes a/ quienes olvidan/ tan rápido”. En ese recorrido de búsqueda y metamorfosis del que Memoria fantasma intenta dar cuenta, la sirena es, desde su conversión, justamente la que puede cantar. La que inventa un canto para nombrar, a su modo, quién es quién.

“De la pecera de Movimiento de ida hasta el comienzo en mitad del mar de Memoria fantasma, el camino de la poesía de Bárbara Alí es esencialmente una búsqueda del canto, y sobre todo del canto como respuesta a las preguntas sobre el origen y sobre la historia”.


Ese canto que “es una lengua de Babel”, lugar de encuentro más allá de los diferentes idiomas, u otra cara (también otra versión) del silencio, puede ser también “todo eso que se abre paso/ y crece ruidoso y explotando de vida” más allá de cualquier Historia con mayúscula. Si para Rilke, como tanto nos recordaba Javier Galarza, “el canto es la existencia”, Memoria fantasma nos lleva a ver la existencia como forma del canto, o al menos su posibilidad.*

Es justamente en diálogo constante con los otros dos libros de Bárbara Alí que Memoria fantasma se presenta, sin embargo, como el desafío de romper con la eterna repetición o el viaje en línea recta. El desafío de nombrar después de leer con la punta de los dedos o de cavar; el de encontrar el verbo en el fantasmeo de las palabras.

Si en Movimiento de ida “recordar” es “inventar cada vez”, en Memoria fantasma –después de haber vuelto a empezar en el libro anterior “conla memoria de un recién nacido”– puede verse, más allá de “lo vuelto piedra” o de “restos (…) que no hallan su nombre”, el despliegue de “la memoria de un agujero”, ese lugar “donde retumba el eco”, y frente al que incluso se cuestiona la necesidad de permanecer adentro: “¿Para qué viajar/ kilómetros hacia adentro?/ Una vez leíste/ en un libro de alquimia/ que en los pozos milenarios/ a donde pocos exploradores/ se aventuran a ir/ es donde se encuentran/ cierta clase de piedras/ que brillan solas/ en la oscuridad”.

Escribir poesía puede ser entonces otra forma de iluminar y de hacer memoria, esta vez trazada en la superficie por y para los astros: “mamá dice que mi origen es el sol/ (…) que todo lo que sucede/ está escrito allá arriba/ yo la escucho/ y uno los puntos como/ en esos dibujos que se/ van armando mientras/ el lápiz va / de un extremo hacia otro./ Por ahora va quedando/ con forma de monstruo/ sin embargo sonrío/ no importa que no parezca una flor/ ni un árbol milenario/ es mi pequeño monstruo político/ y yo me enamoro de él/ le escribo poesía”.

¿Y qué implica escribir un libro de poesía sobre la memoria  –o para hacer memoria– en un país que ha sufrido el terrorismo de Estado pero también la reinvención constante del proyecto político-económico que lo produjo? Dice Javier Galarza en La religión Hölderlin, su último libro: “La poesía también es tocada, quedó marcada luego de los campos o de la dictadura o las guerras. Nos quedan restos de palabras, un lenguaje de interferencias, cortes o interrupciones”. Dice Memoria fantasma: “Recordar es/ la mayor parte del tiempo/ desenvolver un rollo con/ la mayoría de las fotos veladas”, e insiste una y otra vez con que “las palabras no alcanzan/ hay que buscar/ en otro lado”. “¿Los desaparecidos/ dejarán su huella/ sobre las cosas?”.

¿Qué significan los restos entonces? ¿Qué significa el silencio también, cuál es su potencia y su recorrido? Podemos pensar que en Memoria fantasma las que no alcanzan son las palabras que hunden; las que impiden salir a flote, sentir la superficie; las que se niegan a nombrar (y también a amar) al propio monstruo político. “¿Habrá que tocar/ un poco más/ el mundo/ acariciarlo suavemente para que al fin/ el silencio/ ceda? // ¿Será que en el contorno/ en la superficie/ de las cosas/ hay una respuesta?”.

La respuesta parece estar en escribir poesía como quien acaricia el mundo, porque la memoria también es “este cuerpo/ que dice/ existimos resistimos/ aunque alguien/ se haya llevado/ las palabras”. Memoria fantasma nos recuerda que “escribir es también/ buscar palabras/ que queden/ a la medida del cuerpo”. Como los pañuelos blancos, “que brillan sobre la cabeza/ de madres/ que dan vueltas/ pensando en estrellas/ que aún muertas/ siguen desprendiendo brillo/ en mitad de la noche. // Hoy di vueltas con ellas,/ acompañé/ su movimiento circular/ fuimos pequeños soles/ reclamando nuestro lugar/ en el universo”.

“Podemos pensar que en Memoria fantasma las que no alcanzan son las palabras que hunden; las que impiden salir a flote, sentir la superficie; las que se niegan a nombrar (y también a amar) al propio monstruo político”.

Hace unos días conversábamos con Bárbara y otras compañeras sobre la dificultad de elegir algunos versos de Memoria fantasma para darlo a conocer, como si simplemente extraer un fragmento no fuera posible. También en el momento de escribir estas líneas me resultaba difícil recortar versos como ejemplos con un comienzo y un fin claros. El recurso posible entonces, poético y político, parece ser unir los puntos; cruzar, entretejer las palabras, las “propias” y las “de otres” –y vuelve a sonar la voz de Javier Galarza en La religión Hölderlin: “Este trabajo traza líneas, abre meridianos, intersecciones, puntos de encuentro. Una línea que va desde Abya Yala y los pueblos originarios (…) hasta el bar donde alguien corrige unos borradores”–.

Es necesario, por lo tanto, actuar como una forastera “que lleva la valija de otra” esperando encontrar “vestidos de su talle”. Vestir palabras de otras, cruzarlas con las propias, como se cruzan también los pasos y los recorridos: los de los cuerpos en las rondas de la Plaza y los de los astros en el cielo. Entretejer las lenguas, los silencios, y los cantos por la Memoria: “Cuando muchas forasteras se juntan/ pueden hablar aunque sean diferentes idiomas/ el canto es una lengua de Babel/ desquiciada y salvaje/ que tiene la belleza/ de un recién nacido”. Porque “memoria/ es también esto/ una corriente que pasa/ y cambia el rumbo que/ teníamos/ tan prolijamente/ trazado”: una memoria como posibilidad de metamorfosis que permite el canto; canto que, al igual que la escritura, se convierte en una manera de dar testimonio. Y “quizás en la mezcla/ en el mamarracho/ aparezca la forma”.

Si leemos/escuchamos Memoria fantasma desde esa perspectiva, podemos considerarlo justamente como un largo canto compuesto de una multiplicidad de voces: las de la realidad, las de los sueños, las inventadas, las repetidas, las silenciadas. Hasta incluso las difíciles de comprender o clasificar.

* Mi mención a Javier Galarza, poeta y amigo que murió hace poco, no es casual. Más allá de que distintos intereses y luchas en común nos hayan unido con Bárbara en los últimos años, no dejo de recordar que nos conocimos hace tiempo, justamente porque Javier hizo de nexo, y que incluso empecé a leerla por su recomendación. Y si bien no intento proponer una genealogía poética, es indudable que los diálogos entre poetas con los que Javier tantas veces insistió (recordando a su vez otras voces con las que también dialogaba: Hölderlin, Celam, Mandelstam, entre otros), esos diálogos inevitablemente suceden.



Barbara Alí
Memoria Fantasma
Pre-Textos
2021

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