Música

Lucy Patané: “La música está ocupando el espacio de la tele, de repente es un accesorio más”

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Lucy Patané, multiinstrumentista y productora, publicó en mayo su primer disco solista. Luego de veinticinco años de presentarse en escenarios, ser parte de la creación de Las Taradas, componer uno de los discos más conmovedores de la última década en la escena argentina, El Poder Oculto (2013) junto a Marina Fages, y ser una de las mujeres que impulsan el proyecto de ley de “Cupo Femenino en festivales” (que al momento cuenta con media sanción en senadores); Patané emerge y llega a los escenarios con la fuerza de un corcel cimarrón, blandiendo su guitarra de doce cuerdas y la estremecedora sensación que genera un disco formidable.


Por Dante Fernández. Fotos Eloy Rodríguez Tale

Esta entrevista está compuesta por dos encuentros. El primero en julio de 2018, durante una noche tormentosa de invierno, y la otra durante una tarde soleada de mayo de este año. En ambas ocasiones, los sonidos sincopados de la moledora de granos de café, el vapor expulsado por la antigua cafetera, la vajilla chocando una contra la otra y las voces de los concurrentes, proporcionaron un ambiente de ritmos caóticos que acompañaron la voz de Patané en el café La Orquídea, en Almagro. La producción y culminación de su disco homónimo, la crisis social y económica producida por el gobierno de Cambiemos y la revolución feminista atravesaron los dos encuentros y resultaron temas inevitables en la conversación.

Entender Lucy Patané como el simple resultado de la suma de sus proyectos e influencias, resultaría una lectura superficial y perezosa. Porque sí, en su obra podemos apreciar su paso a través de La Cosa Mostra, Las Taradas, el dúo con Marina Fages, Diego Frenkel y sus inicios hardcore adolescentes, pero hay muchos aspectos involucrados en el nacimiento de la carrera solista de Patané. Para interpretar de mejor manera esta obra, primera prueba del todo que significa Patané como artista, resulta menester rescatar el concepto de origen de Walter Benjamin: “El origen no designa el devenir de lo que ha nacido, sino ciertamente de lo que está naciendo en el devenir y la declinación. […] El origen es un remolino en el río del devenir y arrastra en su ritmo la materia que está apareciendo. El origen no emerge de los hechos comprobados, sino que se refiere a su prehistoria y su posthistoria”. El origen de su obra es la relación caótica y rítmica de veinticinco años de creación artística consciente e inconsciente, lo poco que sobresale y alcanzamos a vislumbrar en el remolino del río del devenir y el todo que aún es sedimento río arriba que está por aparecer, por romper, por superar.

Comenzaste la producción de Lucy Patané hace dos años, y durante este proceso viajaste al Laboratorio de Artes Musicales para Mujeres (LAMM) en Belo Horizonte, Brasil, y luego giraste por Perú con las participantes del Laboratorio. ¿Qué efecto tuvieron estas experiencias en la culminación de la obra?

En el caso de Brasil, encontrarme con estas chicas y aportar los conocimientos que cada una tenía de su cultura me hizo entender mis conocimientos, y no solo eso, sino cómo interpretar la cultura argentina. De alguna manera me hizo tomar unas decisiones en el disco, pero no tan literal. Brasil fue como un refresh en lo personal que me hizo avanzar más que en los dos años que estuve produciendo. Un impulso fuerte para terminarlo. Hay una conexión entre los dos viajes; cuando volví del LAMM hice una canción sobre el viaje, que no está en el disco, y que luego la toqué en Perú y se volvió como un himno en el pequeño ambiente en que nos movimos. Esos dos viajes se conectaron con una canción, fue intenso. Hermoso.

Entre estos dos eventos pasó el Cosquín Rock, con el protagonismo de las declaraciones de José Palazzo, “no hay suficientes mujeres con talento a la altura del Cosquín Rock” (sic), y la presentación del proyecto de ley de Cupo de Mujeres en los festivales (hoy con media sanción en el Senado). La primera es la negación de la industria mainstream de convocar más mujeres y disidencias, expresión de una raíz machista y misógina, y la segunda una acción, legislativa en este caso, que busca generar espacios para mujeres y disidencias en festivales y eventos culturales. ¿Crees que este abordaje desde una concepción liberal, mujeres y disidencias “ganando” espacios en el mercado mainstream/patriarcal, es una solución plausible para la batalla en el campo cultural o existen otras salidas?

Hay que crear nuestros propios espacios. Soy partidaria de ese pensamiento. Cuando explotó lo de Palazzo, se le dio mucha prensa, muchos periodistas desesperados para que las mujeres salgamos a hablar. En lo personal nunca me interesó Cosquín y su programación, tampoco me parece que ese tipo de festivales desaparezca, pero si se le aplica la ley de cupo me parecería genial. No es una curaduría que me parezca interesante. Ahora como resistencia está la visibilización de un montón de gente que está produciendo, un montón de espacios culturales, como Mandril y Casa Brandon, que no solo son espacios físicos, sino una propuesta para la vida, filosófica y política también. Teatro Mandril está ahora con una nueva propuesta que se llama Soberanía Cultural. Ese espacio lo tienen que comprar y tienen un año para hacerlo. Se va a autofinanciar con la gente que consume cultura. Cuanta más resistencia, más se visibiliza. Para mí, es el momento de crear una nueva movida. Querer invadir el Cosquín es ridículo, no es el camino. Apoyo la ley de cupo, para que este Palazzo tenga que sí o sí meter un 30% de minas y se quiera morir, que se joda. Pero no me parece la solución golpearle la puerta a estos tipos que nunca les interesó y nunca lo hará.

“Hoy tenés que hacer un circo para sacar un tema y que la gente en ese mar de información diga: ‘ah, sí esto me interesó’. Todo por la maldita tendencia de ‘generar contenido’. ¿Qué es generar contenido? “


En esta era regida por la epistemología de la Internet y las redes sociales, con la inmediatez como norma, y las comunidades de seres interconectados e hiperinformados, que se supone deberían ser el producto del mundo unido por la gran red, no son más que millones de personas a merced de la hegemonía del contenido y el entretenimiento. La cultura, en este caso la música, mainstream o independiente, no puede escapar a esta realidad. Muchos artistas, seres modificados por ésta era, acatan estas reglas, o, al menos, intentan reinterpretarlas, lo que los obliga a “generar contenido” para un público ansioso e impaciente. ¿Cómo te relacionas con estos condicionantes a la hora de producir?

Es lo que pienso y voy analizando, qué es hoy promocionar tu música independiente. Las nuevas reglas las dicta Spotify, que no deja de ser una plataforma virtual de almacenamiento. Estaba súper reacia a sacar un adelanto, quería sacar el disco entero, porque así lo pensé. Porque si sacas singles ya es otra manera de producir, ‘este tema lo tenés que terminar primero porque es el que sale primero’. Para mí es un imposible terminar un tema primero. Porque cuando más o menos arrimaba un tema, me ponía con otro, y eso me disparaba para terminar otro tema. Esto de lanzar tema por tema es porque la gente tiene menos capacidad de atención. El corte que yo saqué dura cuatro minutos y es largo. Es largo, ¿entendés? La gente no puede escuchar más de tres minutos. Si hay una persona que no tiene la capacidad de escuchar un disco, tal vez no me interese llegar a esa persona. Si hay diez personas que tienen la capacidad, yo me intereso por esas diez personas. Sé que suena rebelde y utópico, y hasta un poco snob también, no me sale hacer estas estrategias para avispar a la gente para que lo escuche. Hoy se usa escuchar una musiquita y dejar de fondo. Hay algo como del sonido que la gente necesita, en un proceso medio esquizofrénico de tener un sonido constante de fondo. Es la típica de entrar a una casa y que esté la tele prendida sin nadie mirándola. La música está ocupando ese espacio también. De repente es un accesorio más, de alguna manera es entretenimiento, de una manera horrorosa. Hoy tenés que hacer un circo para sacar un tema para que la gente en ese mar de información diga: ‘ah, sí esto me interesó’, y después sacas el disco. Todo por la maldita tendencia de ‘generar contenido’. ¿Qué es generar contenido? ¿Qué contenido?

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También, con las políticas económicas y sociales del Gobierno, sufre un detrimento la producción cultural, el emerger de nuevos actores y espacios y el consumo de arte.

Además de que estemos todos con la soga al cuello con el dinero, el arma más importante de este Gobierno es desmoralizarnos, angustiarnos. La escena que se va armando se está tejiendo muy fuerte. Salen discos que están buenos, hay que insistir en que la gente se siente y escuche un disco entero. Estoy diciendo mucho que mi disco no sale por ningún sello, que es independiente, que la mejor red nunca deja de ser el boca en boca. A Las Taradas nos fue bien por eso, porque se notaba que el público venía porque otro lo recomendó o lo trajo. Hay que confiar en eso. Conectarse de manera real. La desmoralización es el arma más fuerte que tienen, desesperarte. Siento que estamos en un momento de ficción. Estaba con un amigo esperando para cruzar la calle y vimos una gigantografìa de La 25 en Obras. ¡La 25 en Obras! Macri con sus planes, Cristina con su libro, que me parece algo surrealista. Esto de la música, lo que significa sacar un material, es como mandarte en un mar de fuego a quemarse y morir. Es todo a muy al palo y tenés que poner todo lo que tengas.

Tal vez, ese “a todo o nada” podría rescatar a la escena de tanta desidia.

Eso hace que la escena sea muy interesante. Estoy muy de a poco escuchando orquestas de tango. Hay algo de la actitud, la puesta porteña, la melancolía, pero también de darlo todo. Hay un espíritu de la ciudad, que tiene una cuestión bastante esquizofrénica, porque mucho descendiente europeo, pero no sos europeo, pero tampoco tenés las raíces latinas, pero sí sos argentino. Hay una conjunción extrañísima. Con todas las contras que tiene, es una escena bastante guerrera. Tiene sangre. Y se está armando, a pesar de que todo se está pudriendo cada vez más. Se va tramando. Hay que insistir en el boca en boca y en que la gente encuentre el tiempo y espacio para escuchar un disco. De todas maneras, está muy difícil, se nota que al público le está costando comprar los tickets, pero hay muchos que están yendo a modo apoyo. Yo misma trato de ir a los shows que puedo, a las presentaciones de discos. Como un poco más de cara a cara y menos de las redes.

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A pesar de esto, algunas bandas nacieron del seno independiente y lograron mucha convocatoria, estableciendo, por decirlo de alguna manera, un mercado propio.

Una banda, que está complicada ahora, me parecía súper interesante el lugar que estaba ocupando, que sigue ocupando, es Los Espíritus. Me pareció que era la banda que tenía que aparecer, y que logró captar mucha gente. Estaban empezando a llenar estadios, digo estaba porque no sé en qué situación están ahora. Cuando explotaron ellos (puedo tener mis opiniones, por qué cada banda que explota son todos chabones, todavía no hay una banda de pibas que esté en esa posición) y empezar a acercarse a algo más mainstream, para mí fue algo feliz. Y luego sucedió lo que tenía que suceder.

Los Espíritus fueron un fenómeno cultural que logró unificar dos tipos de públicos totalmente separados, el público de la escena indie/independiente y el de la escena mainstream y popular. Esto abrió el juego para muchos artistas, que podrían encontrarse con un nuevo público, masivo, y estos con nuevos experimentos culturales. Esta oportunidad de crecimiento de una escena que es hasta sectorial y cerrada quedó cancelada. ¿Ahora a quién le quedará esta responsabilidad?

Espero que seamos las chicas. Puede suceder. Los varones están en un momento en el que es difícil que puedan aportar algo. Es un momento de mucho replanteo, no sé si hay voces masculinas interesantes, me parece que no está sucediendo eso. Hay otra voz que viene de las mujeres, es una voz interesante que está sucediendo. Y quizás ahora la posta la tomen las mujeres.

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En todos los proyectos que participaste siempre fuiste guitarrista, o en su defecto, bajista o baterista. Pero nunca al frente de un proyecto -como frontwoman, cantante o líder-. Interpretando “Ustedes” parece que te referís a esto: “no me dejaron terminar de hablar […] y aunque no me escuchen, yo grito como un animal, desde la jaula; y aunque no me miren voy a iluminarlos como el sol”. ¿Esto es una expresión de disconformidad con la posición secundaria que tenías en tus otros proyectos? Este paso al frente, producir esta obra, ¿parte únicamente de un proceso introspectivo y personal, o hubo factores externos que pesaron en la decisión, como el empoderamiento de las artistas argentinas a raíz de la explosión feminista?

Es muchísimo más personal. La mayoría de mis colegas son mujeres, son con las que más toco. Hay algo que cambió, el escenario cambió. Eso, claramente, nos hace pararnos de otra forma. Aunque esto es un poco más personal. Tiene que ver con una insatisfacción que me venía envolviendo desde hace mucho tiempo, no porque los proyectos en los que participo no me gusten. Era esa acumulación de demos en mi computadora que me exigían preguntarme ¿qué hago con todo esto? Es un viaje más personal como música e instrumentista, también como productora, en el que vengo acumulando muchas cosas para hacer y decir. Siempre fui un lateral en el equipo, siempre me sentí muy cómoda y me gustó; siempre había un o una front, en La Cosa Mostra: Paula Maffía; con Diego Frenkel: él mismo, y cuando hicimos el dúo con Marina Fages siempre era ella la que cantaba más. Con el tiempo ese lugar me empezó a incomodar. Comencé a ver que tenía todo un material detrás y tenía que salir, me estaba generando demasiada insatisfacción. Es una cuestión muy personal, pero que está abrazada por todo lo que está sucediendo. Somos un montón de mujeres saliendo adelante, entonces sale por ahí también. Hay algo que se conecta, de algún modo, y es que a mí me costó mucho salir a tocar en vivo. Cuando empecé a los nueve años en una banda de niñes, yo me quería morir cada vez que teníamos que tocar. Rogaba que se suspendieran los shows. Luego, cuando empecé a tocar punk y hardcore, me encontré con que no había muchas chicas. En la escena del punk melódico debimos ser muy pero muy poquitas. Ahí sí, el hecho de ser mujer fue algo bastante hinchapelotas. Siempre hubo algo que me presionaba un poco más para poder salir adelante, mucho más que a un varón. Quizá sí, cosas que pude hacer antes fueron retenidas por eso. Cuando empecé a tocar con La Cosa Mostra y a curtir otras bandas de chicas, eso se liberó por completo.

“Hay otra voz que viene de las mujeres, es una voz interesante que está sucediendo. Quizás ahora la posta la tomen las mujeres.”


En tu primer ejercicio como solista compusiste y produjiste integralmente el disco sola. ¿Elegiste este título porque representa un “todo” significante de tu carrera?

Siento que no podía tener un título. El disco muestra todo lo que soy, lo que fui, lo que sé hacer, como lo sé hacer, la manera en que me gusta exponerlo, como lo toqué y lo produje. Cada una de las canciones tienen su peso, y todo eso conforma Lucy Patané. Ponerle un nombre no soy yo. Es todo lo que tuve en la cabeza durante mucho tiempo. La manera de abordar los arreglos, el sonido. El disco tuvo un encare de audio low-fi, pero lo mezcló Brian Iele, técnico muy hi-fi. Eso pudo ser una bomba de muerte o un fuego. Siento que lo logramos. Le di mi mugre, y le dije “hace que ésta mugre explote todo”

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No sólo es todo lo que tenías guardado, sino que también experimentaste en todos los métodos de producción. Tu infancia estuvo marcada por la experimentación, tus dos padres son músicos y comenzaste a relacionarte con instrumentos desde muy pequeña.

Sí, pero las películas también fueron mucha influencia, no solo la música. Las películas me han despertado muchas ideas musicales, a veces son imágenes y eso viene como en sonido, ritmo, que después cuando lo bajas, se transforma en algo distinto a lo que estaba en tu cerebro, y cuando lo grabas vuelve a ser otra vez algo distinto. Queda algo que tiene su propio movimiento, lenguaje, y resulta un monstruo. Ese típico monstruo que te imaginas, cuando sos niñe, en el placard, que tenés una idea de lo que te pueda dar miedo, pero no es una figura clara. Yo siento así mucho el disco. Siento que está hecho desde muchos errores. Hay muchas cosas que parto desde el error y lo desarrollo. Para mí el disco fue un poco eso, como “ah, mirá esta mugre que encontré acá, no me había dado ni cuenta; fue a partir de un error, un acople que deje, ¡me encanta! Usémoslo”. Si bien hay cosas que las tenía claras en mi cabeza, muchas otras fueron casualidades, espontaneidades, vivos que quedaron, errores. Caos. Me encanta esa palabra.

Esto pudo llevarte por caminos que no tenías planeados.

Me han sorprendido las vueltas que tomó el disco. Simplemente me guío en que si me pasa algo o no. Si me mueve o no. Hay un track que se llama La Osa en La Laguna, que tiene un final particular. Casi no dejo esa canción en el disco. Me parecía que era linda, pero no tenía ningún momento de vértigo, de molestia. Me gusta que moleste. Sentí que esa canción necesitaba algo que la rompa, y surgió un final que desarrolla una batería grabada con un micrófono que estaba colgado por ahí. Fue algo espontáneo que grabé, luego lo escuche y dije “está buenísimo, pero el audio no me gusta”. Luego microfonié toda la batería, e intente copiar lo que había hecho y no salió ni a palos. Fue eso que encontré debajo de la cama, ese monstruito. Ahí lo encontré y ese track quedó. Hubo mucho trabajo en cada canción para encontrar todos los elementos que yo necesito, que tengan para que me cierren, molestia, vértigo, dinámica. Hice lo que quise, pero el disco también hizo lo que quiso conmigo.


Próximas fechas

C. C. Richards
Jueves 18 y 25 de julio, 22 hs puntual
Honduras 5272, CABA

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