Literaturas

Cecilia González: “Hay más similitudes de las que uno pensaría entre el gobierno de López Obrador y el de Macri”

La periodista mexicana radicada en Buenos Aires, presenta su nuevo libro de crónicas , Al gran pueblo argentino, sobre su trabajo periodístico y su vida en la ciudad porteña. En esta entrevista conversó sobre las similitudes y diferencias entre la política argentina y la mexicana y sobre el periodismo en los últimos tiempos.


Por Marvel Aguilera. Fotos Eloy Rodríguez Tale

El Bar de Cao es más cálido de lo que uno puede imaginarse a través de las fotos. En la esquina de Independencia y Matheu algunas mesas rodean una fachada tradicional que se despliega ante la tozudez de los monótonos rascacielos que la enfrentan. Los noticieros dicen que es el día de más calor de los últimos meses. Esta vez parecen estar en lo cierto. La humedad se mete por los poros y enlentece el andar en una ciudad que pierde los últimos claros de luz de la tarde. Cecilia González ya está sentada con un vaso entre sus manos. “Yo era el que te levantaba la mano por la vereda”, dice el fotógrafo, para romper el hielo, previo al saludo pertinente. Adentro: el piso ajedrecístico nos invita al mecanismo de intercambio. Ella está acostumbrada a hacerlo con funcionarios y líderes mundiales. Ha entrevistado tanto a Néstor Kirchner como al actual presidente Mauricio Macri. Cecilia colabora regularmente en Russia Today (RT) y Tiempo Argentino y acaba de sacar un libro (el cuarto editado en el país) por la editorial Marea titulado Al gran pueblo argentino. Una recopilación en modo diario de varias de las crónicas sucedidas durante sus casi 17 años en el país. Desde la cumbre del “No al ALCA” y la primera marcha de Ni una menos hasta el encuentro con Ernesto Sábato y sus incursiones en el tango. El primer trabajo en estas tierras no fue fácil, tuvo que cubrir como corresponsal de Notimex los meses posteriores a la catástrofe social que rodeó al gobierno de Fernando de la Rúa, el que dejó 39 civiles muertos en las calles y una histórica renuncia presidencial con helicóptero de por medio. Cecilia dice que fue un curso acelerado de aprendizaje no solo por la exposición al duro clima social que se vivía en aquel entonces sino por el estudio teórico al que tuvo que someterse en muy poco tiempo, tanto en historia como en economía. Cuenta que previo a su decisión de venirse a Buenos Aires vivió en Europa, en algunas de las ciudades más bellas, pero que la comodidad que encontró en la capital porteña fue única, el motivo indeclinable para tomar la decisión de hacer sus maletas y venirse a un monoambiente de Sarmiento y Rodríguez Peña, a pesar de las seguridades laborales que tenía en México y de la tensión que se vivía en las calles de la Ciudad por esos años. “Hay momentos en que sientes algo inexplicable en lo concreto, porque es algo de percepción, de sentir ‘éste es mi lugar’”, dice.

En pocas horas se van a cumplir cinco años de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, una de las tantas tragedias ocurridas en el marco de la llamada guerra contra el narcotráfico, la que inició el gobierno mexicano en la década pasada y que provocó más de 40 mil víctimas. Cecilia menciona que el fracaso de esa estrategia se ha repetido en varios países y que lo mismo está ocurriendo actualmente en la Argentina, donde los números de las estadísticas no demuestran lo que los discursos gubernamentales pretenden exponer ante la sociedad.


Es muy intersante lo que contás en el libro acerca de tu aproximación a los juicios por los delitos de lesa humanidad acá en el país mientras en México la guerra contra los narcos provocaba miles de desaparecidos. ¿Cómo viviste esa situación?

Esa fue una situación muy contradictoria. Mientras iba viendo cómo se desarrollaban los procesos de justicia con los juicios de lesa humanidad -que acompañaba obviamente- me empiezo a enterar que en México está habiendo desapariciones masivas. Un año en que voy a México por cuestiones personales, allá por el año 2009, coincido con la primera marcha que hacen periodistas mexicanos para denunciar el recrudecimiento de la violencia, que también los estaba afectando a ellos. Y quedé muy impactada, porque es algo que no me había pasado en el país, al menos con esos niveles de gravedad. A partir de ahí es que empiezo a escribir el libro Narcosur, el primero que publico acá (ya había publicado otro en México). Porque si bien quiero vivir en Argentina y me encanta vivir acá, no obsta para que siga en contacto con mi país. De hecho sigo viajando, tengo mis círculos afectivos intactos, y me interesa lo que pasa allá. Lo que empecé a hacer fue un puente informativo, de contar acá lo que estaba pasando allá, porque me llamó y me llama la atención que no se vea tanto la crisis humanitaria que en México continúa hasta estos días. De hecho, mañana se cumplen cinco años de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y no ha pasado nada, sigue impune. Lo que yo trato de hablar mucho y de rescatar es la importancia de la sanación que produce la justicia. Y lo primero -esto lo dicen mucho los organismos de derechos humanos- es no dejarse vencer por la idea de la impunidad, porque acá pasaron décadas antes de que los genocidas pudieran ser juzgados. No es esperanzador, obvio, para los organismos de derechos humanos de México pensar que de acá a unos cuarenta años haya justicia. No lo sabemos. Ojalá que sí la haya. Todo ha sido muy contradictorio. Y a su vez cuando asume el gobierno de Macri constatar que todos esos avances, aún con cualquier base social económica y política, siempre pueden retroceder, nunca hay que darlos por hecho. Hubo muchas presiones para que esos juicios dejaran de hacerse y si bien el gobierno de Mauricio Macri no cedió ante ellas, tampoco le dio la importancia que le habían dado las otras administraciones kirchneristas.

“Hay más similitudes de las que uno pensaría entre el gobierno de López Obrador y el de Macri. Por ejemplo, despidos masivos de trabajadores desde el Estado, sin ninguna justificación y con difamación en el medio. López Obrador no le dice ajuste, dice ‘vamos a ahorrar'”.


Uno no puede dejar de recordar la marcha multitudinaria contra el “2X1” que revirtió la medida judicial.

Es lo que valoro mucho de acá, el activismo en mucho ámbitos, porque son una sociedad muy peleonera, siempre lo digo, y lo bien que hacen. Hay un dique de contención. No hay sociedades homogéneas, y es increíble que se tenga que estar explicando, pero aquí y en muchos otros países se habla de unión y de que ojalá todos pensáramos lo mismo, pero siempre va a haber factores en pugna. No necesariamente polarizados, pero sí puede haber otros segmentos sociales. Es imposible que todos pensemos y querramos lo mismo; entonces en esta oscilación va a haber momentos históricos en los que unos segmentos van a tener más incidencia en la opinión pública que otros. Cuando termina el kirchnerismo todo lo que es tema de derechos humanos, en esta cuestión pendular, vuelve a sufrir intentos de desacreditación. ¿Qué pasa con el 2X1? Se demuestra que hay una base muy sólida de lucha que no va a permitir que ese proceso sea tan fácil.

Hace poco veía el documental Al filo de la democracia y me pasaba de ver todo ese desaire político y judicial en Brasil como algo lejano que era imposible que pudiera pasar. Pero pasó.

Es importante, más desde mi rol de corresponsal -porque lo sigo siendo-, no caer en los lugares comunes como el de “esto en este país no pasa” o “en los países normarles”. No hay un país normal, lo que es normal para uno no lo es para otro. Por ejemplo, los ex presidentes de la región han estado denunciando toda una campaña judicial. Por una parte puede ser cierto, pero por la otra si no hubiera habido corrupción sería más difícil que los acusaran de eso. Hay elementos ahí. Entonces esto de no ver la realidad en blanco y negro es más complejo pero más interesante y más difícil para contarlo, es un desafío más enriquecedor.

¿López Obrador significa un cambio de paradigma en México?

Discursivamente sí. En los hechos vamos a ver. Lleva gobernando nueve meses y lo que ha habido en términos generales fue, por ejemplo en derechos humanos, un reconocimiento de las desapariciones masivas. Hay una comisión de la verdad por Ayotzinapa, y hay un compromiso por la búsqueda de los más de 40 mil desaparecidos. Es un reconocimiento de la gravedad del problema. Hay una declaración por modificar las políticas sobre drogas, regular la marihuana y la heroína, ya que México es un país productor. Eso sí. Pero el problema es que en los hechos hay más similitudes de las que uno pensaría entre el gobierno de López Obrador y el de Macri. Por ejemplo, despidos masivos de trabajadores desde el Estado, sin ninguna justificación y con una andanada de difamación en el medio. También recortes en el área de ciencia, tecnología y cultura que sorprenden. López Obrador no le dice ajuste, dice “vamos a ahorrar”. No usa la palabra “ajuste” porque es una política neoliberal y él la da por terminada. Pero la realidad es que aplica esas políticas de austeridad, que en realidad son ajuste: recorte, recorte y recorte; que ha afectado a miles de trabajadores del Estado. Por otro lado, tiene una actitud sumamente autoritaria en su vínculo con la prensa que también hacen temer lo que viene. Pero insisto, son apenas nueve meses de un gobierno que en México dura seis años y sin posibilidad de reelección. Veremos si al final logra algo de la justicia social que es su principal oferta de campaña, y será buenisímo. Pero por ahora hay muchas luces de alerta.

¿Tuviste que replantear tu rol y lugar de periodista en el contexto de polarización que se vive en los medios?

Sí, tuve replantearme, adaptarme y reflexionar pero justamente para no caer en esa lógica. Era muy fácil hacerlo. Lo cuento en una de las crónicas: la tentación de ponerte en un lado o en otro, que es un lugar común, y yo todos los lugares comunes los odio. En mis talleres hablo de construir nuestro propio lenguaje como periodistas, eso es muy importante. Hay lectores, lectoras y audiencias que te quieren obligar a tener ese activismo o militancia. Por ejemplo, ayer el escándalo del día fue que la candidata a vicejefa de gobierno (Gisela Marziotta) dijo que está de acuerdo con una CONADEP del periodismo. Yo critico esa posición y me dicen que ya hablo como La Nación y Clarín, cuando la realidad en principio es mucho más compleja. Tuve en un momento que sentarme y reflexionar sobre qué tipo de periodismo quería ejercer y cuál me hacía sentir cómoda. Decidí que tener que elegir forzosamente por los públicos, los políticos o por otros periodistas no era algo que me interesara.

Lo que pasa es que a los periodistas que apoyaban al gobierno de Cristina les decían “militantes” y a los que apoyan a este gobierno se los identifica como “independientes”, ¿eso no implica que la vara es distinta?

Si yo formara parte de la grieta no podría tener esa mirada. Lo que intento hacer siempre es tener una mirada generalizada. A mí el periodismo militante no me gusta, pero respeto a quienes lo ejercen, son decisiones y elecciones. El periodismo militante asumido. Lo que vengo diciendo desde el 2015 es que el llamado periodismo independiente vino ejerciendo un periodismo militante redoblado sin asumirlo, mentiroso.

¿Pero un periodista no puede defender ideas a través de su oficio como hicieron Rodolfo Walsh o Paco Urondo?

Sí, el periodista puede hacer lo que quiera. No soy tampoco sommelier de periodistas o de periodismo. Lo que suelo decir es que -es algo que arrastro a mis talleres- hay muchos tipos de periodismo, y que la frase “el periodismo está en crisis” es mentira. Hay muchos tipos de ejercicio del periodismo y cada unx tiene que elegir con cuál se siente cómodo para con lo que quiere hacer. Hay periodistas más cercanos a lo que se llama “periodismo neutral” (lo equilibrado o equidistante) y hay otros que hacen activismo. En eso no me voy a meter. El que defiendo es el que yo trato de hacer, y ni siquiera creo que lo practique de la manera más coherente posible, porque tengo mis contradicciones como todos los seres humanos.

El tema es que a veces pareciera que el periodismo se vuelve mero denuncista y no propicia un debate sobre cuestiones de fondo relacionadas a los modelos de país en puja.

En el caso de la corrupción, siento que se la intenta minimizar por parte del kirchnerismo. Y no es una cosa menor. Se denuncia persecución, y yo creo que efectivamente la hay, tanto judicial como mediática, pero sería más difícil llevarla a cabo si no hubiera habido corrupción. Es eso. Ni blanco ni negro. Además, cada segmento político, acá y en el mundo, construye su propio relato. Entonces, lo que a mí me gusta como periodista es poner en cuestionamiento o dudar de ese relato. Si bien hay cuestiones en las que puedo coincidir, se trata de pensar, dudar y, sobre todo, cuestionar.

Empezaste como corresponsal, seguiste como especialista en narcotráfico y últimamente te veo abordando temas de información general y cultura. Como si estuvieras siempre buscando correrte de un lugar específico.

No me gusta encasillarme, aunque escribí tres libros consecutivos sobre el narcotráfico. Con este cuarto (Al gran pueblo argentino) pensé en algo personal y en otro género, justamente porque no quiero ser la “periodista narco”. Tampoco lo había hecho antes en México. Hay determinadas coberturas que provocan que te adhieras a etiquetas, y a partir de eso una se vuelve una opción operativa: soy periodista narco y hablo y participo en televisión de este tema. No me gusta mucho eso, no me siento cómoda encajonada. No lo estuve ni en Europa ni en México. Lo sigo el tema, obviamente, pero es solo uno de mis temas. Me encanta además la literatura, por eso el festival Basado en hechos reales. Es un activismo interesante. La mayoría de los que lo hacemos somos periodistas y nos salimos de nuestro trabajo para invitar a los demás. Y tiene que ver con otra concepción de laburo, que es lo colectivo, algo muy lindo que aprendí en Argentina, aunque también lo podría haber aprendido en México por esto de la guerra narco. Hoy a la mañana estaba haciendo una entrevista, y noté que la noción de la exclusiva y el egoísmo periodístico de la primicia ha ido quedando atrás, no solo por cuestiones trágicas como la guerra narco sino por cuestiones humanas. Si vemos la mayoría de los trabajos periodísticos premiados a nivel internacional en los últimos años son trabajos de periodismo colaborativo. Esa es mi apuesta. Me interesa más que la idea de una nota exclusiva y que salir en la portada de una revista o un diario. Eso no me interesa. Y lo que me parece bueno es que se está perdiendo esa noción del estrellismo; si bien va a continuar, pero no en los niveles que nos hacían estudiar en las escuelas de comunicación y periodismo.

Lo que vengo diciendo desde el 2015 es que el llamado periodismo independiente vino ejerciendo un periodismo militante redoblado sin asumirlo, mentiroso.

Se nota una puesta estética en tu periodismo, una impronta cercana a la literatura en la línea de periodistas como Josefina Licitra o María Moreno.

Sí, pero no es buscado. Eso es súper importante. Hablo de mis talleres porque estoy dando muchos y me encuentro con cuestiones comunes. Veo que hay mucha preocupación de periodistas o escritores jóvenes por el tema del estilo. Y eso es algo que se desarrolla con el tiempo. Las decisiones estéticas -si es que las hay- son totalmente involuntarias. No digo “voy a escribir de esta manera”. Un día me di cuenta que escribía así y a partir de eso lo traté de pulir. Pero no fue planeado ni creo que alguien lo planee estratégicamente. Ni siquiera tomando grandes talleres de ficción o literatura como maestrías, porque eso te daría algo forzado. Creo que lo importante es leer y consumir todo tipo de literatura y de cuestiones de no-ficción, y en algún momento todo eso que leímos se va a plasmar.

Estoy de acuerdo pero en muchos medios hay una bajada respecto a la escritura simple, para que la entienda el mayor grueso de público.

Habría que ver el texto en particular. Pero yo coincido, creo que explicar un tema de manera sencilla es complicado, es mucho más fácil poner palabras.

¿No hay una subestimación al público que continúa la idea de “Doña rosa” de Nestaud?

Eso ya es un prejuicio. Doña Rosa no existe. Pero sí creo que es importante ser claro, sencillo y conciso, porque eso acerca, lo otro es exclusivo. Y creo que ser sencillo no significa ser condescendiente, diría que es difícil. Pensemos en los abogados y en médicos. Es un ejercicio interesante.

Entrevistaste tres veces a Mauricio Macri. ¿Cómo es él a nivel personal?

La primera vez que lo entrevisté era Jefe de Gobierno. Todavía no tenía un entrenamiento de medios tan marcado como ahora, porque él es muy buen alumno, es obediente. No digo que esté bien ni mal, es una característica. Me soprendió su frialdad, su alejamiento y sobre todo que no mira a su interlocutor de frente. Es algo que pasa hasta con amigos, gente que habla y mira para otro lado. Kirchner era igual, no miraba de forma frontal. También me di cuenta, sobre todo en la tercera entrevista (la de mayor impacto), que como no tiene una formación intelectual -no está bien ni mal, así es- sus frases son sumamente breves, no tiene desarrollo de ideas. Eso en la primera entrevista me llamó la atención. En la tercera ya sabía que iba a ser así, por eso supe que en media hora le podía hablar de veinticinco temas. Y respecto a su personalidad, creo que es amable.

Decís que es un buen alumno, y Durán Barba ha dicho en declaraciones que trató de contraponer al líder mesiánico de los partidos tradicionales un mandatario que pareciera débil, común, que comete errores y pide perdón.

Le salió muy bien.

Hay una necesidad de mostrar la imagen de un Macri que está aprendiendo, pero es una imagen. ¿Se lo subestimó?

Sí, eso yo lo discutí mucho sobre todo con militantes macristas y kirchneristas. Porque yo lo veía venir o, mejor dicho, veía la posibilidad de que Macri ganara. En el 2015 se le subestimó mucho. Eso lo hablé con Marcos Peña en privado, fue una de sus armas la subestimación de los demás. Este año se la subestimó a la ex presidenta creyendo que se iba a postular ella. Nadie pensaba que iba a optar por la vicepresidencia. Lo que siempre digo es que como periodista a una le preguntan: ¿cómo lo ves? ¿qué va a pasar? Y no tengo idea. No vaticino nada. Hasta hoy lo que trato de explicar es lo que está ocurriendo, pero en el futuro no tengo la menor idea. Lo que pasó en ese momento, que ya no ocurre ahora, es que no había una experiencia de gobierno tan visible, porque la de la capital ha sido muy poco cubierta por los medios de comunicación; por todos, ni siquiera solo por los macristas.

¿Ves un blindaje?

No usaría esa palabra. Sí fue poco cubierta, pero también por parte de Página/12 o de Radio con vos.

¿Por qué?

Por muchos aspectos. Por un lado porque no hay una cobertura especifica de la Ciudad: no se cubre su Legislatura, no hay una sección en ningún medio de comunicación. Entonces, esa subestimación a Macri se debía, más allá del escándalo de espionaje, a que no se sabía bien qué hacía. Ahora ya hay tres años y medio de un gobierno que termina con una de las peores crisis económicas del país. Hay cómo evaluarlo y no puede entrar más esa subestimación. Es la desventaja con la que juega ahora el presidente.

Por eso su mensaje es que lo voten sin argumentos.

Sí, claro. Pero él nunca dio argumentos. Bueno, en 2015 trató de dar algunos, pero su gran golazo fue salir a decir después de la primera vuelta que iba a mantener la Asignación Universal por Hijo y los demás programas sociales. Esa fue una estrategia que estuvo muy bien. Yo lo que creo es que ahora está volviendo a pasar algo que pasó en 2015, esto de pensar que la formula triunfadora gana porque fueron súper inteligentes en la estrategia electoral. Creo que es mentira, porque por más estrategia buena que haya, la ciudadanía -a la que sí se la suele subestimar- vota de acuerdo con los beneficios o el esquema de bienestar en que ha vivido o de acuerdo con el agotamiento de determinado modelo político. Hay muchos elementos, no votan solo por lo que ven en la televisión. Eso es mentira.

¿No te parece que actualmente el público consumidor de medios se rige por el sesgo de confirmación de su pensamiento?

Sí, hay un porcentaje de la población que hace eso. Pero si ves los niveles de votación generalizada te das cuenta de que no todo el que mira a Lanata le cree absolutamente todo, ni todos los que leen Página/12 le creen absolutamente. Es lo que hablábamos al principio, la realidad es mucho más complicada de lo que a veces se quiere simplificar.

Pero el gobierno usó mucho lo emocional a través de las redes para apoyar su campaña.

Sí, pero Cristina también, en especial cuando murió su marido.

¿Por las redes?

No, pero lo emocional lo ha usado la ex presidenta todo el tiempo. La redes eran las cadenas nacionales, incluso llorando en determinada parte del discurso, No digo que esté bien ni mal. Trato de tener una lógica de juicio descriptiva. A veces los poderosos se parecen mucho más de lo que creemos y nos quieren hacer creer.

A lo que voy es que la corriente emocional en el sector, tanto de medios como de público, pone en jaque a ese periodismo que pretende objetividad.

Sí, eso es verdad. Siempre tienen más éxito los que se radicalizan a favor de alguna posición política. Pero pasa en todo el mundo. Yo ya no lo veo en términos de hacer periodismo sino que es algo humano: nos gusta estar con gente que sea como nosotros y confirmar que tenemos razón. Por eso salirnos de ahí es un ejercicio, y está bueno cuando invitamos a la ciudadanía a que salga justamente de esa lógica.

¿Por qué crees que el tema narcotráfico ha perdido peso en los medios?

Yo que creo que la cobertura es permanente, bajo esta lógica de la guerra contra el narcotráfico, en prensa y televisión. Sobre todo en Clarín y La Nación, que son adherentes muy fieles a Patricia Bullrich, donde salen trabajos y artículos sobre su famosa guerra contra el narcotráfico. Lo que no ha habido son escándalos para usarse electoralmente como hubo en el 2015 con el caso de la efedrina. Yo acabo de escribir un artículo largo en el que intento explicar por qué la guerra contra el narcotráfico de Macri fracasó, como pasó en todo el mundo, si uno mira estadísticas. A veces todo se parece mucho más de lo que nos quieren hacer creer. Y si ves las cifras de incautaciones de drogas ilegales entre el kirchnerismo y el macrismo no cambiaron sustancialmente. Lo que se modificó fue el discurso permanente. De hecho uno de los sloganes de la campaña y el único que le quedó a Macri es “estamos combatiendo las mafias del narcotráfico”.

Bueno, es cierto, en uno de sus tweets de campaña escribió sobre el peligro de transformarnos en una “narco-república” en caso de perder.

Sí, por eso está. Si bien no tiene los picos que tuvo en algún otro momento. Para el gobierno sigue siendo prioritario, porque además ellos se lo creen, que deteniendo gente y secuestrando drogas ilegales se está haciendo algo positivo.

“Me llama la atención que no se vea tanto la crisis humanitaria que en México continúa hasta estos días. De hecho, mañana se cumplen cinco años de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y no ha pasado nada, sigue impune”.


¿Qué tres cosas te llevarías de Argentina?

No sé si cosas. Creo que personas, pero no tres, son muchas. Como hechos abstractos me gusta que acá son muy parranderos. Sé que si cualquier día de la semana tengo ganas de salir o ir a ver a alguien o que vengan a mi casa, se puede hacer. En México pasa más los fines de semana. Acá hay una disposición parrandera, una disposición para el disfrute.

Disfrutamos pero también somos dramáticos.

No los definiría como dramáticos, creo que creen que son dramáticos. Pero yo en mi cotidianidad no los definiría con esa palabra. Son exagerados sí, pero dramáticos no.


Cecilia González
Al gran pueblo argentino. Crónicas de una corresponsal mexicana
Marea Editorial

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