Literaturas

Heterotopías: un mundo humano amenazante

El primer libro de cuentos de Pablo Américo, publicado por El Bien del Sauce Edita, atraviesa un mundo en crisis, en el que discute los valores dominantes y vislumbra el futuro como un hilo frágil.


Por Silvina Pizarro. Foto Eloy Rodríguez Tale

Una tesis: la democracia es inviable en el mundo moderno. La democracia terminará siendo como la monarquía inglesa, una mera fachada, una formalidad por tradición. Vamos a elegir a un presidente para recordar los buenos tiempos, pero este no tomara ninguna decisión real. La única forma de continuar el sistema es mediante el autoritarismo; y la única forma de cambiarlo, también. ¿Qué hacer con los medios? ¿Con las grandes corporaciones? ¿Qué hacer si el producto anual de una empresa es mayor al de importantes economías nacionales? ¿Cómo se defiende la democracia ante eso?

Extracto del cuento “Populistar”

El mundo que se presenta en Heterotopías es, como el real, hostil. Este es, a mí entender, uno de los grandes méritos del libro. Nos encontramos con una mirada crítica que, absolutamente ajena a lo panfletario, se interna en la carnadura de lo real para decirnos: el futuro es un hilo frágil con el cual nos hemos acostumbrado a dar pasos acrobáticos. Acrobacia, de hecho, naturalizada. Un claro ejemplo de esto es el cuento “Disciplina de los cuerpos”.

El mundo humano (pareciera decir Américo, con profundidad y astucia) es amenazante: crisis de valores, trabajos con unos niveles de explotación encubierta que asustan, porvenir vaciado de futuro, entre otros.

Pareciera también que, en el presente actual de su escritura, Américo encontró un estilo propio que es el humor. La voz del autor es irónica y desenvuelta. Esa risa que nace en plena lectura alivia. Si bien el universo ficcional de Heterotopías produce un lindo dolor (ese que, justamente, moviliza “para adelante”) la hilaridad con la que se presenta nos facilita todo. Quiero decir: si nos reímos, abrimos nuestra mirada, nuestro pensamiento crítico, nuestra propia lupa deconstructiva frente a aquello que siempre nos quieren convencer (orden dominante hegemónico mediante) es “lo natural”. Para decirlo de otro modo: el humor de Heterotopías es inteligentemente voraz y contestatario.

En ese mundo humano que Pablo dibujó con su pluma nos encontramos con situaciones tales como la violencia inusitada de todo un grupo escolar para con el “pibe especial” de la cursada (en este sentido “Fátima” es un relato que grita); la doble moral de la ideología eclesiástica con sus métodos anti-abortivos, mientras en los pasillos oscuros el propio alumnado sufre, con “naturalidad”, abusos de todo tipo. Un muchacho que reproduce la golpiza nocturna (que recibe, invariablemente, su madre por parte de su padre) con los pájaros, con los gatos, cualquier nido. Una golpiza brutal para con la vida misma.

Recitales que ¿terminan con muertos? Fotos de pibas besándose que se viralizan en las redes por el solo hecho de tener una elección sexual diferente a la aceptada según los criterios dominantes. Los valores hegemónicos, los valores correctos; aquello que el rebaño debe de seguir sin cuestionar, metidos (como si de un pin correctivo se tratase) en las células de los estudiantes.

En el colegio eran todos unos imbéciles. Los padres, los alumnos, los profesores, los directivos, los curas, los catequistas. Todos unos inútiles que le habían llenado la cabeza con mierda. Que les habían hecho interiorizar un montón de información dañina y errónea. Y ahora tenían que trabajar durante el resto de sus vidas para expulsar todo eso de sus cuerpos

Extracto de “El cielo sabe que (II)”.


En el medio de este grito donde pareciera que Américo se para frente al mundo para denunciar el tejido de los cuervos, una también se encuentra con otros terrenos ficcionales que producen mucha gracia y ternura. Son como recreos frente al vacío. En este sentido, los cuentos “Pinturitas” -con el que además se inicia el libro- y “Los sepultureros”, se agradecen.

Hay otro código que el escritor maneja con suspicacia: el erótico. Una mezcla exquisita entre las hormonas a flor de piel y lo carnal mismo hilvanado con potencia y belleza sin rozar ni de lejos lo chabacano que puede suscitar este tipo de telares literarios (párrafo aparte, la constante denuncia que se despliega respecto de los cánones hegemónicos de la cultura patriarcal). El erotismo tiene un protagonismo elocuente, con el que el autor logra abrir nuestras propias fibras sensoperceptivas a la par con la que lo hacen los personajes.

“El erotismo tiene un protagonismo elocuente, con el que el autor logra abrir nuestras propias fibras sensoperceptivas a la par con la que lo hacen los personajes”.


Por último, el escritor escribiendo sobre el acto de escribir es algo que, para todo aquel que ama la literatura, seduce. Para el que escribe, allí encuentra una llama que nunca se apaga frente a lo creativo (¿para qué escribo? ¿qué siento mientras escribo lo que escribo? ¿busco popularidad o contarme cosas? ¿qué se puede escribir después de los grandes relatos literarios o los grandes escritores de hoy y todos los tiempos?). En este sentido, “Muchacha post-punk” y “El fin del mundo”, son dos relatos que cualquier apasionado por lo literario degustará como esos vinos añejos que uno preserva en el fondo de la alacena para una celebración importante. Pareciera que aquí el autor desplegara todos sus recursos frente a lo creativo. Son relatos cuya delicadeza y belleza producen sensaciones de lo más variopintas (risa, asombro, identificación y desmesura, entre otros).

Meterse adentro de un relato para convivir con los personajes que el mismo autor inventa y además darse el gusto de desearlos carnalmente es como zambullirse a un universo que si bien todo el tiempo avisa: esto no es real, esto es ficción, una no puede dejar de pasar página tras página porque las palabras simplemente atrapan y lo logran con todas sus fauces.

El último relato es, para quien escribe esta reseña, como la guinda del postre de un libro que nos hace reír a carcajadas al mismo tiempo que nos conecta con el filo vidrioso de un mundo que escupe para afuera todo lo que no “cabe” en el estrictísimo “deber ser”.

También es una obra que, para todo aquel que ya ha traspasado la era de la primera juventud, nos regala un buen puñado de añoranza. Heterotopías nos lleva a la reflexión activa (sobre temas tan variados y profundamente humanos como lo político-social, el deseo, el amor y la identidad) a la vez que nos erotiza con una risa estridente, sin prisa y sin pausa.

Celebro entonces que la voz de un joven de veintiún años tenga tantas cosas para decirnos con ironía, profundidad y una calentura que nos revitaliza.


Lee Tres Banderas, cuento dentro de Heterotopías, por Pablo Américo.



Pablo Américo
Heterotopías
El Bien del Sauce edita

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