Literaturas

Jotaele Andrade: “Se está llevando la escritura a cierto utilitarismo y a una mercancía de la subjetividad”

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En plena cuarentena, la poesía siguió saliendo a las calles y circulando en libros y ebooks que se venden vía internet. El nuevo poemario de Jotaele Andrade salió a comienzos de abril y en esta entrevista, como peces, nos sumergimos en sus profundidades.


Por Nicolás Igolnikov.

Hace pocas semanas, la editorial Añosluz publicó Cuervo negro cuervo blanco, el más reciente poemario de Jotaele Andrade. Pleno de significaciones y con una apuesta poética que contiene los rasgos distintivos del poeta, el libro abre múltiples sentidos que busca abordar esta entrevista. Jotaele vive en la Ciudad de Buenos Aires, aunque creció en Azul y en Mar del Plata. Publicó La rosa orgiástica (añosluz, 2016), Sombra de dos colores (BuenosAires Poetry, 2018), entre otros.


En tu último libro Cuervo negro cuervo blanco hay una marcada presencia de mitologías: ¿éstas te llamaron al libro o el libro te llamó a ellas? ¿Qué tipo de fuentes o lecturas colaboraron a esta construcción?

Son visiones que llegaron con la escritura; claro que debe haber en las capas de mi memoria infinidad de cuervos ya que tienen una fuerte representación simbólica en diversas culturas. En realidad estaba tratando de hacer una unidad con otro poema pero ni bien aparecieron los cuervos también apareció el concepto del libro. Sin perjuicio de lo antedicho puedo decir que El cuervo, de Poe, es algo que está dentro de las capas más superficiales de mi emoción. Es un poema perfecto. El cuervo tripartito fue una visión mientras escribía. Luego, en un descanso, fui a buscar a qué mitología pertenecía.

En “El feligrés”, poema de apertura del libro y a la vez introductorio de la figura del Feligrés (sin duda central en el poemario) se experimenta junto a la voz poética una transición por una serie de estados existenciales, que me resonaron de ciertas lecturas whiltmanianas. ¿Cómo fue la composición de este poema?

Bien podría ser que Whitman esté gritando desde el fondo del poema. Cualquier poeta que se precie debe tener a Whitman resonando, como otra voz, como un eco. En este caso, digo que bien puede ser. El Feligrés viene decantando hace años, muchos. Primero lo reconozco en El Impuro, una especie deformada de Mesías que apareció en siete poemas. Y luego en la figura del Nonato alguien que tiene conciencia de su no-nacer porque está en la sombra del mundo creado por la fluctuación de lo amniótico. Ahí ha nacido no-nacido. Pueden tratarse de visiones prenatales las que tiene, no lo sé. Luego fue ese poema que mencionás, donde ya posee todos los elementos pero con una conversión del mesianismo hacia el pertenecer a un determinado modo de la materia, es parte de esa feligresía, de lo que está vivo o va a estarlo. También lleva la conciencia de ser en el no ser y puede ver lo total, esa idea aberrante. Fue un trance escribirlo. Comenzó conmigo en plenos dolores corporales, me reía y a un mismo tiempo pensaba que me iba a morir y siguió en ese “Yo que soy enfermo y jubiloso/-es decir que me habita un fuego que clama su ceniza- …”, ahí ya me fui de mí y apareció el Feligrés y el cuervo con sus tres patas. Pensándolo es una idea de lo funesto y de lo irrevocable.

“La experiencia humana es válida poéticamente, para mí, en tanto contenga la experiencia de todo lo que está vivo, el respeto y armonía hacia todo lo demás, que le permita su lugar en el mundo. Ubicada ahí la poesía embellece la tragedia de existir.”


Recordando que, etimológicamente, “feligrés” denota al hijo de la iglesia, ¿qué relación encontrás entre la experiencia religiosa y la poética?

Una vez dije que quería escribir cosas como el Verba Dicendi divino que dice y crea eso que dice. Entonces yo quiero crear cosas con alma. Quiero decir la rosa del hueso y que duela esa flor escondida tras la carne, que pugne por salirse. La poesía es un mismo hilo en la tremenda hiladura de la existencia, nos une con el escarabajo, con el chancho jabalí, con el hincha de fútbol con que nada me uniría, hace una misma cosa de la diversidad y eso también, para mí, es lo espiritual: una conjunción múltiple de la mismidad.

En este sentido, en el poema “Consideraciones del feligrés”, encontramos: “¿cómo le hablas al hombre que está solo/ en la larga noche de su vida / mientras eres ya / huesos / cenizas / un guijarro gastado por el soplo del tiempo?”. ¿Qué posición tiene la voz poética frente a las limitaciones de la experiencia? Ante todo: ¿dónde se ubica, en relación a la experiencia humana?

Bueno, la posición es adelantada, quiero significar en el futuro. Esa es la pregunta que busqué hacer ahí ¿Vas a hacer de tu escritura una maraña de confesiones íntimas donde ya ni siquiera las pueden encuadrar porque el espacio de tu vida, que es donde sucede la experiencia yoica cotidiana, ya se ha terminado o vas a sobrepasarte y comenzar a decir en la conjunción con lo otro, con toda la otredad? La experiencia humana es válida poéticamente, para mí, en tanto contenga la experiencia de todo lo que está vivo, el respeto y armonía hacia todo lo demás, que le permita su lugar en el mundo. Ubicada ahí la poesía embellece la tragedia de existir. No ahuyentamos al gato que acecha al ave. No dragaríamos las montañas por un kilo de oro. En la poesía la experiencia confesional a veces me parece un chiste kistch y no más que eso. Es cierto que hay una voz propia, de alguien, que dice pero no es necesario que haga una sesión emotiva de su subjetividad. Me gusta hacer un chiste con eso: “hay que tercerizarse”.

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Si vamos a uno de los últimos poemas, “Alma Sísifo”, encontramos: “estabas / en la agonía de lo que nace / en la agonía de lo que muere”. O en “Cuervo con grano de oro”: “acostumbrándome / como se acostumbra el agua a las formas / que la contienen / di en mí / del modo en que despierta / la carne al dolor”. ¿Qué reflexión te merece la dualidad nacimiento-muerte? ¿Qué de este tema resuena en tu búsqueda poética?

Muchos de mis poemas contienen líneas de lo dual y también el intento de romper esa dualidad. Yo quisiera ver la esfera completa a un mismo tiempo. Supongo que la poesía es la que puede hacerlo. Mientras tanto se está entregado al goce y a la agonía de no poder pasar la mano a través de las cosas. A mí me han dado el dudoso privilegio de ser nombrado “el poeta que mejor habla de la muerte”. Me gustaría que ahí sí se viera lo dual, al menos, que hablo también de la vida. Que sobre todo hablo de la existencia. Ese es el tema fundamental en lo que escribo, más que la dualidad nacimiento – muerte. Ahí sé que me muevo como pez en el agua. Y también intento que la imaginación establezca sus nexos en mí; cuando yo puedo imaginarme pez, saco de una patada al tipo que soy, al pluralmente insoportable que soy. Eso es un poco lo que significa, fuera del chiste, el tercerizarse.

Encuentro en el libro un particular tratamiento de la angustia existencial. Especialmente en “Garganta atravesada por un coro” donde un verso puntual se repite: “¿cómo pude cantar?” dialogando con poema anterior, “El Feligrés”, donde la repetición es “dije” y con “Reversión de Tántalo”: “oh cómo cerrar el gran párpado de la nada / luego que su ojo ha atravesado / el fugaz estallido de la existencia“. Con esto en mente, y considerando tu trayectoria como poeta: ¿qué rol te parece que tiene la voz poética frente a la existencia en sí?

Sí, esos dos poemas abren y cierran el concepto del libro. No quise que uno fuera primero y el otro último para que no sea evidente esa correlación. En “El Feligrés” hay un paneo por las eras humanas, hasta llegar a la nada y un esfuerzo por no ser arrastrado a la existencia y “Reversión de Tántalo” ya es alguien que está madurando como existencia y se piensa como alguien obligado a tomar los frutos del existir. El rol, supongo, de la voz poética es ser dicha por la parte menos doméstica y menos íntima de une. Que ahí hablen también los caracoles que viste devorando el jardín de tu madre, las hormigas enloquecidas que anunciaban una tormenta casi apocalíptica, el sonido de la noche cuando la noche era un solo animal contra tu espalda. Todas esas voces en tu sola garganta.

“Intento que la imaginación establezca sus nexos en mí; cuando yo puedo imaginarme pez saco de una patada al tipo que soy, al pluralmente insoportable que soy. ‘Hay que tercerizarse'”.


Yendo más a tu trabajo en general, ¿cómo discute o dialoga tu trabajo poético con el surrealismo?

No dialoga ni discute. ¡Qué tremenda pretensión sería! A veces suelen haber líneas que puedan más o menos llevar esos ropajes pero no tengo escuelas. Y en eso sí soy whitmaniano, las conozco, las leí, sé que existen, las amo pero las dejo en suspenso cuando escribo. “Me permito hablar corriendo cualquier peligro”.

¿Creés que el poeta se sueña dios como el pétalo se sueña flor, citando a tu poema “Crece al revés la flor del alma”?

Hay una desvalorización del concepto dios. A partir de ahí creo que se busca otro parámetro. Hay un muy extendido goce de ser el que escribe. Creo que se está llevando a la escritura a cierto utilitarismo y a mercancía de la subjetividad. Y a mercancía, a secas. La poesía, no la poesía, sino la escritura de poemas ha caído al fin en las manos del negocio, pingüe, pero negocio al fin.

En “El amor y su ternera de oro”, poema también de tu último libro, escribís: “es solo el amor / y su ternera que pastan / en estos campos / verdes“. Aparente simpleza que dialoga con el registro lírico del libro. ¿Qué podés aportar a la discusión entre lirismo y objetivismo?

Aporto lo que escribo. Esa es mi postura más elemental, profunda y clara al mismo tiempo. Que es mejor que andar discutiendo con lxs kioskerxs de la poesía. Ni con sus clientes.



Jotaele Andrade
Cuervo negro cuervo blanco
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