Vértices

“Cuando se quema un territorio, se queman formas de vida, de estar en el mundo”

Foto: Nicolás Aguilera

El fuego continúa encendido en distintas localidades de Córdoba, y lleva quemando más de 300 mil hectáreas de monte, bosque nativo y humedales. Conversamos con Cristina Mancini, antropóloga cordobesa e integrante de La Colectiva, acerca del impacto natural y social que tiene en las vidas, no solo de las personas, sino de todo el ecosistema.


Por Marvel Aguilera.

La provincia de Córdoba atraviesa una de las peores catástrofes de los últimos tiempos. Los incendios que vienen azotando a gran parte del país han arrasado con casi 300 mil hectáreas de sierra y monte, provocando daños de magnitud inusitada en la biodiversidad, el suelo y la regulación hídrica. Los crímenes contra la naturaleza ocasionados intencionalmente parecen no encontrar culpables, pululan en fojas que se acumulan para no poner en evidencia los negocios agroindustriales e inmobiliarios que corren detrás de la destrucción de más de 3.000 kilómetros cuadrados de bosques. Lo que ocurre en Córdoba se suma a la trágica situación de otras 13 provincias argentinas y que ha dañado considerablemente al Delta del Paraná, en un ecocidio generalizado que tiene en vilo a miles de ciudadanos, campesinos y familias agricultoras que se autosustentan con su pequeña producción y que son obligadas a abandonar su territorio entre llamas.

A las consecuencias globales del cambio climático que han traído a la zona extensas lluvias seguidas por duraderas sequías, se le suma la especulación económica en el monte, que aparece como nuevo horizonte de negocios a raíz del poco llano que sobrevive al avasallante paso de la soja transgénica. El combate contra el fuego ha puesto a los vecinos al frente de una lucha encarnizada por defender sus suelos y recursos. Dos víctimas fatales y pérdidas materiales inconmensurables son el resultado de una odisea que tiene en alerta a toda una provincia y que no parece vaya a mermar en el corto plazo.

Persecuciones entre llamas

El accionar de las organizaciones autonvocadas que protestan por el “alto el fuego” y que exigen el cumplimiento de las Leyes Nacionales de Bosques y el juzgamiento de los responsables han generado la reacción persecutoria de muchos funcionarios cordobeses, entre ellos el intendente de Agua de Oro, Orlando Belli, quien decidió amenazar vía redes sociales a los militantes y allanar a una familia que participara de una caravana convocada por Vecinxs Unidxs por el Monte.

La criminalización de la protesta por parte de los estamentos del Estado en la provincia, como el de Belli por una pintada de protesta, son el símbolo de la perplejidad e incertidumbre que rodea a quienes debieran ponerse al frente de un acontecimiento de tales magnitudes. “Se queman no solo los árboles y los pastos, se quema la microflora y microfauna, todos los animales y plantas que están interactuando en ese ecosistema”, dice Cristina Mancini, antropóloga cordobesa e integrante de La Colectiva, que viene hace tiempo trabajando sobre el tema y que junto a otras organizaciones lleva adelante acciones en territorios para realizar huertas agroecológicas. Menciona que es escasa la propuesta gubernamental de reforestar, ya que no solo se trata de plantar árboles nuevos sino de permitir que las partes no afectadas del ecosistema pueden recrear la biodiversidad en los suelos incendiados. Mancini comenta que los incendios comenzaron en agosto, pero luego se incrementaron con la primavera y que a pesar de ello el gobierno provincial no declaró la “emergencia roja” que le permitía solicitar ayuda a otras jurisdicciones, tanto provinciales como a nivel nacional, y contar con brigadas y aviones hidrantes que pudieron haber paliado la situación. “Quizás no se hubiera impedido la quema, pero no habrían sido tantas las hectáreas, aparte que no habrían sucedido esas dos muertes, que es imposible aceptar”, dice. Por otra parte, señala la responsabilidad del gobierno de la provincia en el desmantelamiento de las estructuras para protección del fuego: cuerpos de bomberos que en las épocas de sequía establecían un sistema de vigilancia en las zonas altas de las sierras para detectar los incendios y tener una reacción temprana. “Eso se dejó de lado y es responsabilidad de la Secretaría de Ambiente y el gobierno de la provincia”, comenta. Asimismo, los pobladores que deben lidiar con el fuego a veces son consumidos por el desaliento de haber perdido todo; sin embargo la cooperación entre los vecinos y la organización en asambleas son las que llevan adelante las protestas y la presión contra los funcionarios para el cumplimiento de las leyes de protección ambiental. “Las asambleas cumplen un rol importantísimo en la defensa del ambiente y en organizar las ayudas mutuas”.

Se habla de 300 mil hectáreas arrasadas por los incendios y en la mayoría de las apreciaciones se entiende que son intencionales. ¿Cuál es la causa detrás de esa intenciones y quiénes son los que estarían impulsando esta situación?

Es la pregunta que nos hacemos siempre los que estamos en estos temas. En la provincia de Córdoba, ¿qué sucede? Hay distintas escalas de análisis. Si pudiéramos hacer un análisis de lo que pasa en el mundo respecto del flujo de materia y energía, personas e información, podríamos poner el eje en el metabolismo del mundo, en cómo se metabolizan estos flujos de energía y materia. Y uno vería que en muchísimos países, nosotros entre ellos, exportadores de commodities, estamos exportando al exterior no solamente los granos de soja sin ningún valor agregado sino que además exportamos suelo y exportamos agua, porque con el grano de soja se va todo eso. Entonces, ¿qué sucede con una economía que mira solo la forma de salir de la crisis y el pago de la deuda externa en las cuales siempre estamos imbuidos?¿Cuál es la solución? Bueno, siempre es expandir la frontera agropecuaria. Si bien existen muchas hectáreas ya sembradas, en nuestra provincia las tierras para la agricultura están ganando el monte. Y por otra parte, las formas que tiene una economía que está atada no a una producción real sino a algunos rubros de la producción como es la construcción, que mueve mucha mano de obra y empresas asociadas, la vuelta de tuerca para reactivar la economía -más en esta casi pospandemia- es -y siempre lo fue- invertir en ladrillo y construcción. Con el dinero de la soja se compran dólares y el que no compra dólares, compra un departamento, y así se activa la construcción. Y ahora el poquito monte que nos quedaba, un 3%, debe ser arrasado por esos intereses, la expansión agropecuaria y la inversión inmobiliaria, y también algunos intereses de la ganadería que están comiendo parte del monte. Por otro lado, yo sospecho que este tema del convenio con China y los chanchos va a ir sobre estos territorios, terrenos robados al monte mediante los incendios. No es un fenómeno solo de Córdoba, está en muchísimas provincias argentinas, pasó también en La Chiquitania en Bolivia el año pasado, cuando se produjo uno de los grandes incendios de La Amazonía. La Chiquitania boliviana se incendió y nadie la apagó porque hubo convenios muy grandes hechos por Evo Morales, lamentablemente, con los intereses sojeros no solo de Bolivia sino también brasileros. Hay una mano muy grande, poderes económicos interesados en que se expanda esta frontera agropecuaria a los que no les importa la biodiversidad ni los territorios ni las personas que quieren vivir acorde a ellos, cuidándolos, sobre todo a las fuentes de agua. Entonces, estamos frente a un metabolismo donde alguien está comiendo más de lo que debe. Hay un combo, no es una cosa unilineal, pero vos fijate que después de los grandes incendios, acá y en otros lugares, se implantan grandes extensiones de soja y cultivos para ganadería o intereses inmobiliarios. Hay muchas notas que aparecieron en este últimos tiempo que dan cuenta de esta cuestión, que donde hubo incendios hay countries o canchas de golf; una apropiación privada de terrenos que deberían ser cuidados como bienes comunes por la comunidad.

“Hay una enorme responsabilidad de los estamentos del Estado en lo que pasa, que es muy grave. Y es fácil sacarse la responsabilidad aludiendo a que los factores climáticos son imponderables. Es un poco así, porque estamos viviendo situaciones extraordinarias por el cambio climático, pero también es verdad que hay muchísima formación científica para afrontarlos y hacer algo más racional”.


Y también está el desarrollo de canteras y mineras. Hay varios casos, en Casa Bamba, La Tapias, Traslasierra; muchos emprendimientos mineros para extracción de distintos minerales y áridos que van introduciéndose en las zonas de bosque y abren caminos para generar estas canteras, atropellando y destruyendo el bosque nativo. Allí hay muchas asambleas que están actuando para tratar de parar esta situación. A pesar de todo, la ley no permite el cambio del uso de suelos cuando hay incendios. ¿Pero qué pasa? La provincia de Córdoba, al tener tanta inoperancia, tanto en el gobierno como en la Secretaría de Ambiente, cuando algo se quema, pasa un tiempo y viene un emprendimiento privado de cualquiera de estas ramas: ganadería, agroindustria, inmobiliarias, canteras; y le pide al municipio autorización para realizar “x” actividad en el bosque. Y si estas autoridades no tienen un control sobre las zonas que se han incendiado, con la intención y la capacidad técnica de parar estos pedidos que se terminan dando a amigos o conocidos que pasan dinero por debajo de la mesa, termina siendo un mecanismo perverso. A pesar de que hay una Ley de Bosques, la 9.814, que impide el cambio de suelo.

En ese combo que mencionás, ¿el cambio climático y la sequía cuánto juegan en esto?

Por supuesto, eso está dado por las circunstancias. Estamos atravesando un fenómeno climático del pacífico que se llama La Niña, que se sabe es un período de sequía como El Niño, que viene con mucha lluvia. Nosotros hace varios años que estamos en un período de cambio climático, sabemos que podemos enfrentar catástrofes, ya sea por mucha lluvia, por vendavales, por derrumbamientos o lo que fuere; todas las cuestiones que conlleva un clima impredecible. El cambio climático significa eso, lo que no se puede predecir. Puede haber grandes sequías, tornados, granizadas. Todo eso en un país que tiene un plan nacional de manejo del fuego, planes provinciales de manejo del fuego, un impuesto en Córdoba para el manejo del fuego, gente que maneja la Defensa Civil… ¿Qué sucede entonces? Vos, como Estado, en todos los niveles de gobierno, nacionales, provinciales o municipales, no podés planificar una acción frente a todas estas posibles catástrofes que se van a venir. La Defensa Civil, por ejemplo, es una institución que debe ocuparse de entrenar y capacitar a las comunidades y a la población de los municipios -los lugares pequeños de ciudades o de pueblos, por fuera de los bomberos o policías-, a los mismos vecinos, para que puedan afrontar y no tener una respuesta reactiva sino acciones preventivas frente a esos posibles contratiempos climáticos. Entonces, una como ciudadana o ciudadano debería poder entender que Defensa Civil no puede decir que ésta es una cuestión meramente climática, sino que en los meses en que no se producen estas sequías tan grandes, empezar a hacer los contrafuegos, indicar a todos los vecinos que tengan campos que se pueden poner plantas que resistan más los incendios, que no los propaguen con rapidez como los pinos que encima son exóticas. Te doy un ejemplo, aunque hay muchos y ellos lo saben: si vos tenés mucha biomasa en el suelo, en los caminos en donde se puede diseminar el fuego, en las laderas de las montañas donde ha caído mucho palo y ramita seca, tenés forma de alertar a los dueños de los campos de cómo se tiene que hacer el manejo.

Foto: Matías Contreras

¿En esos manejos entra en juego el rebrote que a partir del fuego se usa para el alimento ganadero?

Son prácticas que se han venido haciendo desde siempre. Puede ser que algunos o varios focos de incendios puedan haber sido originados por esa imprevisión o actitud arriesgada de la gente que maneja las vacas o la ganadería, para que con el rebrote tengan con qué alimentarse. Pero eso se hizo desde siempre, son cosas de siglos, y no han tenido tanta injerencia como ahora. Puede existir esa práctica, pero siempre se le asigna toda la responsabilidad. Muchísimas veces y en muchos incendios a lo largo de estos tiempos, la misma policía dice “se descubrió a un persona que tenía un bidón de nafta”, pero nadie nunca sabe cómo se llama esa persona, a quién respondía, en qué campo trabajaba, si era dueño o peón, si esa persona después fue juzgada, si estuvo preso o declaró algo; es todo tierra de nadie, nunca te enterás qué pasa. Por eso es fácil ante esta situación de los incendios producidos por estos factores económicos grandes que hablamos antes, puede quedar bien ante la opinión pública decir que los incendios se dan por estas prácticas que son imprudentes y que se queman los campos para el rebrote de la hierba. No es esa toda la responsabilidad, es un combo de desidia. Y Defensa Civil junto a Bomberos tendrían que hacer cursos con los dueños de los campos, con la gente, con los vecinos, para saber cómo maniobrar con la biomasa de estos campos y cómo cuidar el monte nativo.

Si vos tenés un campo o una estancia y sos un pequeño productor, sabés que debajo de los árboles del monte tenés que evitar tirar los yuyos, juntar los palos, no dejar la biomasa abajo de los árboles. Te lo cuento porque yo provengo de una familia campesina, y todos los contrafuegos, los árboles que se ponían alrededor de los cercos, eran siempre mantenidos sin tantos yuyos abajo. Mi abuelo lograba tener un manejo de las plantas y de los árboles que no era tan difícil de hacer, con cualquier carro tirado por caballos o máquinas vos hacés un manejo de la biomasa. Lo que quiero decir es que no podemos siempre estar reaccionando frente a los problemas y echándole la culpa, como lo hacen el gobierno o las autoridades, a que no llueve, a la corriente del Niño; porque ya pasó esto con la inundación en la zona de Río Ceballos y de Unquillo. La gente destruida… ¿Qué pasó? ¿Llovió mucho? Sí, pero fue tal la desidia de los municipios que permitió que las casas se hicieran a la orilla de los ríos. Un montón de construcciones muy lindas pero que se hacían en la zona de inundación del río. Por supuesto que hay un problema si llueve, se va a inundar todo, porque hay un mal manejo de los declives y desagües. A lo que voy es que hay una enorme responsabilidad de los estamentos del Estado en lo que pasa, que es muy grave. Y es fácil sacarse la responsabilidad aludiendo a que los factores climáticos son imponderables, más grandes que cualquier previsión que pueda tomar el ciudadano. Es un poco así, porque estamos viviendo situaciones extraordinarias por el cambio climático, pero también es verdad que hay muchísima formación científica para afrontarlos y hacer algo más racional.

“Decir que no se recupera más es funcional al cambio del uso del suelo. En ese sentido hay que tener mucha claridad y cuidado con las palabras. Sí se va a recuperar el bosque, si le damos la posibilidad de recuperarse, si lo cuidamos, si dejamos que vuelvan los animales, si permitimos que las zonas no dañadas regeneren la vida, si no lo seguimos dañando. Tardará generaciones, pero va a volver”.


¿Qué tipo de territorios se vieron afectados? ¿Cuál es la vegetación y fauna que se ha perdido con estos incendios?

Hay un mapa que ha hecho la CONAE que muestra de forma satelital todas las zonas incendiadas. La magnitud es grave, porque ha tomado zonas de las sierras, no es solo llano. Es el Bosque Nativo, de esas 185 mil hectáreas es un tercio del poquito bosque que nos queda. Solo un 3% nos queda, y de todas esas hectáreas incendiadas es casi un tercio. Es dramático porque va a tardar muchísimo tiempo en recuperarse. No es que no se va a poder, pero va a tardar. Uno escucha a muchos, biólogos incluso, que dicen “se quemó el bosque y no se recupera más”. Ojo con esa frase, porque por hacer ver que es muy grave utilizan ese tipo de palabras, como “irreversible”. Y si es irreversible entonces chau, le ponemos cemento y ya. Por eso, decir que no se recupera más es funcional al cambio del uso del suelo. En ese sentido hay que tener mucha claridad y cuidado con las palabras. Sí se va a recuperar el bosque, si le damos la posibilidad de recuperarse, si lo cuidamos, si dejamos que vuelvan los animales, si permitimos que las zonas no dañadas regeneren la vida, si no lo seguimos dañando. Tardará generaciones, pero va a volver. Por otro lado, ¿por qué es terrible que se haya quemado un bosque? Porque en el bosque viven muchísimos animales, la fauna autóctona: el zorrino, la corzuela, los halconcitos, los chimangos, la variedad enorme de pájaros que hay, las comadrejas. Todos son seres que están en un ecosistema que hace posible la vida en la provincia. Porque esa interacción entre plantas y animales hace que el bosque esté vivo; y cuando vos tenés bosque, vegetación, árboles, los mismos árboles generan la lluvia. Los árboles sacan la humedad del fondo con sus raíces, el árbol transpira y respira, y nos da el oxígeno. Tiene muchísimas funciones como ser vivo. Al extraer el agua del suelo hace que se evapore y forme las nubes. Y cuando llueve mucho, torrencialmente, el árbol con su follaje impide que el agua caiga con toda la fuerza, rompe las gotas para que caigan despacito, y al hacerlo permite que se infiltren; el suelo actúa como una esponja que alimenta las capas de agua subterráneas que son las que alimentan los ríos. Las napas subterráneas cuando no llueve, suben, y eso hace que los ríos tengan agua. Así de importantes son los árboles. Entonces, la importancia tremenda que tiene el bosque, porque ahí están también los polinizadores: abejas, avispas, abejorros; las de apicultores y las salvajes; los picaflores, los murciélagos; todos esos seres voladores son grandes polinizadores que permiten que las plantas generen los frutos. Y eso lo hacen también en cultivos. Muchísimos vegetales que comemos están polinizados por los seres voladores de los bosques, y si eso se incendia se va a reducir la producción de alimentos tanto para animales como para humanos.

Foto: Nicolás Aguilera

¿Y cómo vienen atravesando esta catástrofe los campesinos y las familias de la agricultura familiar en la zona?

Los campesinos tienen su forma de interactuar con el bosque. Desde Vía Campesina, hace mucho, se tomó una frase muy bonita que dice “ordeñar el monte”. Uno se relaciona con el monte ordeñándolo, extrayendo sus alimentos, las semillas, la miel, los frutos; también la leña. Entonces ¿qué se hace? Se aprovecha todo lo que el monte da pero se le permite regenerarse. Es un vínculo sano con el monte que les permite a las personas tener auto-sustento. Cuando se piensa en la gente que vive en el monte, que muchas veces se los ve que están mal y demás, no es porque la vida campesina en sí misma sea escasa o tenga demasiados problemas, es porque los han ido cercando, dejando sin tierras. Y uno necesita tierra para vivir. Si a uno lo van cercando por esta cuestión de la frontera agropecuaria, el desarrollo inmobiliario, la apropiación privada de la tierra y demás; por supuesto que a los campesinos y a la gente del lugar le va quedando cada vez menos para valerse de ese monte y ordeñarlo. Es muy grave en ese aspecto porque se quema el monte, pero lo que se quema es un territorio. Es lo que tenemos que tener en cuenta. Y el territorio es la interacción constante, la creación y producción constante de los seres humanos que lo habitan y la tierra que le da sustento. Es un ir y venir, un territorio creado por los seres humanos y una tierra que te crea a vos, una interacción biunívoca entre los humanos, los animales, las plantas y la tierra, y ahí se genera el territorio. Entonces, se quema un territorio, se queman formas de vida, maneras de estar en el mundo, filosofías, se queman historias. Alguien que muere o se tiene que ir porque ya no le queda nada en el campo y debe ir a la ciudad, algo de ahí quedó vacío, algo no va estar más. Por eso es tan grave lo que pasa, porque con estas quemas puede haber una migración de esas personas a los cinturones de pobreza de la ciudad, como ya pasó en los noventa con el tema de la soja. La soja expulsó a muchísimas personas, pequeños y medianos productores de los campos, de toda la zona núcleo de la pampa agrícola: Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires. Todos los cinturones de pobreza del gran Buenos Aires y de Córdoba han tenido una afluencia enorme de gente que fue desplazada de sus pequeñas producciones en los campos, que no tenían cómo afrontar el paquete tecnológico de la soja transgénica. Esta situación nos puede llevar a una cosa muy parecida. El gobierno de la provincia declara “emergencia ambiental” y dice que le va a dar créditos a los agricultores, o sea a los que tienen agronegocios. Se sigue favoreciendo a los mismos intereses que están detrás de esta cuestión, que quieren que se expanda la frontera agropecuaria. Fijate la perversión que genera esta asociación de poder del Estado con los poderes privados del agronegocio.

Y a su vez los que terminan perdiendo son las familias agricultoras que tratan de velar por el cuidado de la naturaleza.

Exácto, son los desplazados y dejados de lado. Los que quedan como medrando en los intersticios que les deja el agronegocio, cuando debería ser al revés. O al menos que pudiéramos tener de vuelta una vida rural. Tenemos campos sin campesinos prácticamente, son mares de soja, desiertos de soja. La gente migró, y la que no migró se enfermó con el glifosato. La economía familiar y campesina está medrando en esos intersticios de la soja que no había llegado todavía a las sierras. Por eso la gente se había metido en la sierra, porque ya no le queda campo o llanura, no hay posibilidad de algo por fuera del agronegocio. Hay algunos intentos pilotos de agroecología, pero lo que quiero remarcar es cómo un sistema tan opresor y voraz desplaza a la gente del campo a la ciudad cuando les quita los campos o directamente los va arrinconando en los pequeños reservorios de biodiversidad que por suerte tiene a los campesinos ahí, cuidando el monte. Esa es la gravedad que estamos viviendo.

“Tenemos campos sin campesinos prácticamente, son mares de soja, desiertos de soja. La gente migró, y la que no migró se enfermó con el glifosato. La economía familiar y campesina está medrando en esos intersticios de la soja que no había llegado todavía a las sierras”.


¿Y cuál es el tratamiento que le están dando los medios de Córdoba a esta situación?

En los medios de Córdoba, si te ponés a pensar, hay un pensamiento único, hegemónico. Por suerte existen otros medio alternativos de comunicación. Pero los grandes medios, los masivos, tienen el discurso de la catástrofe que no puede evitarse, y que Defensa Civil, Diego Concha, los Bomberos, están haciendo todo lo posible para que no se expanda. Es el discurso del héroe frente a la tragedia inevitable, es esa la imagen. Es Cadena 3 el que expande esa noticia. Hay un tema, por ejemplo, para ver qué tan grave es el tema. En Cuchi Corral, cerca de Quebrada de Luna y del camino a La Falda, fueron un día que no había incendios a arreglar un cable de alta tensión, y cuando se van los técnicos, el cable se cae al suelo, se produce un chisperío y un incendio. El dueño del campo fue a la comisaría a hacer la denuncia, porque cómo podía ser que los técnicos hubieran tenido una desidia tan grande en ese arreglo que originó un foco de incendio. Bueno, la comisaría no le tomó la denuncia. Cuando empezás a ver esos datos te das cuenta. Por ejemplo, los aviones hidrantes, nada. Recién ahora se pidió uno de Río Negro en Villa de Soto, que fue un incendio tremendo que todavía lo tienen, donde hay una pista chiquita en que pueden venir los aviones por el agua y cargarla. No hubo un avión que fuera a Soto a hacer nada. Yo tengo muchísimos testimonios de gente que se comunica conmigo, que han estado peleando con la policía y los bomberos porque no los dejaban pasar a ellos mismos a cuidar sus propios campos para chicotear el incendio. Es tu campo, es tu terreno, tu casa y tenés el derecho de tratar de apagarlo, y hablamos de gente ducha, que han peleado con bastantes fuegos. Entonces, hay una serie de desajustes y maniobras. Por fuera de que hay muchos bomberos que apagan el fuego, eso no está en discusión. Lo que está en discusión es lo que pasa por abajo y se deja hacer. Muchos nos decían que unos curas le habían pagado 3 mil pesos a los bomberos para que se quedaran allí apagando ese fuego y no fueran para otro lado. Así, varias, muchas irregularidades que son de boca de gente afectada.

Contame lo que sepas o te hayas enterado de cómo lo están viviendo en las comunidades, la cotidianidad que se vive con esta situación.

Lo que yo percibo de la gente con la que estamos en contacto, por un lado, si tenés tu campo incendiado, tus animales que pudiste salvar, y no te quedan alambrados; de lo único que podes esperar es de la solidaridad de los vecinos, de la gente, de los contactos, de las redes sociales que te sostienen y que aparecen en estos momentos de mucha angustia y mucha necesidad. Uno te trae alfalfa, otro un rollo de alambre, otro te presta postes o te tienen los animales en el campo que no se incendió. Eso lo ves, la solidaridad y las redes sociales de los horizontales, los pares. Desde el Estado no se está esperando mucho. La sensación es de que hay que volver a empezar, y esta situación sumada a la sanitaria que estamos viviendo. Si ahora se llega de nuevo a fase 1 en Córdoba -como se presume- va a estar más difícil trasladar la ayuda. Porque ya en la sola época de incendios era difícil pasar de un departamento a otro llevando ayuda: remedios, medicamento, alimentos y comida para animales y personas; había que pelearse con la policía para que en los retenes te dejaran pasar. Entonces, roguemos que no se vuelva a fase 1 y que se pueda más o menos seguir circulando, porque la ayuda viene de la solidaridad entre nosotros mismos, así de corta.

Arte de Protesta por Artistas del corredor de Sierras Chicas
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