Literaturas

Fusiles en el paragüero | Freud y el resentimiento deshumanizante

El escritor uruguayo Mauricio Bergstein relata en su novela la investigación de un posible encuentro entre Sigmund Freud y un pequeño Adolf Hitler. Una sesión fallida que décadas después tendrá su desenlace en la ocupación de Austria y el plan de escape del padre del psicoanálisis.


Por Marvel Aguilera.

¿Es el resentimiento el síntoma histórico de las grandes tragedias sociales? ¿Toda barbarie es a fin de cuentas el desenlace de una venganza íntima que necesita capitalizarse? Los acontecimientos que confluyeron en el Holocausto, que causó más de 17 millones de víctimas, entre ellas alrededor de 6 millones de judíos, fueron también parte de una trama de rencores, insatisfacciones, odios acumulados y, por supuesto, mezquinos intereses económicos particulares.

Un punto de inflexión en la moral de la condición humana; en los límites corridos de una civilización que mostró su rostro más caníbal en aras de ideales megalómanos y antisemitas, es cierto, pero también de la miserabilidad y el deseo de aniquilamiento que brotó desde una porción importante de la humanidad.

Sigmund Freud diferenciaba el resentimiento del rencor, ambos provenientes de lo que supo denominar “narcisismo de las pequeñas diferencias”. Es que, mientras el rencor recogía una variante vindicativa que podía impulsar la lucha de superación de los traumas, una rebeldía por recuperar el sentido de la dignidad adormecida en nuestro interior; el resentimiento podía llevarnos a un anclaje en un pasado imposible de resignar, un rumbo carente de toda compasión que nos disponga a diseminar el deseo totalitario del control ajeno.

“El concepto de debilidad es puesto en perspectiva por la novela como un sentimiento que debía ser borrado de la historia para sostener la imagen del superhombre del nacionalsocialismo”.


Si pensamos esa disyuntiva en torno a este presente, ¿estamos en condiciones de transformar nuestros rencores como sociedad? ¿Puede la historia volver a mostrarnos los peligros que acarrea simpatizar con climas políticos totalizantes que no ven espacio alguno para las diferencias de pensamiento?

Mauricio Bergstein escribe en su primera novela Fusiles en el paragüero (Espasa / Planeta) la historia de una investigación histórica que pone en perspectiva el derrotero del padre del psicoanálisis, y su huida de Viena, con las causas originarias del avance nacionalsocialista en Europa.

Partiendo del supuesto de una ignorada sesión en 1898 de Freud con un histérico Adolf Hitler de apenas nueve años, el texto abre las vías de interpretación de la historia en clave moral, de los límites que la sociedad fue corriendo, del paulatino caldo de cultivo que culminó con la razia del pueblo judío en el viejo continente.

En un ida y vuelta de informaciones, documentos, revisionismo e hipótesis soslayadas, dos investigadores trazan, desde los recovecos del bar montevideano Arocena, una línea de tiempo de los acontecimientos que marcaron el “anexo” nazi de Viena, la cuna del psicoanálisis, para encontrar las huellas de esa sesión fallida que bien puedo cambiar, o no, el destino de la humanidad.

A partir del abordaje minucioso de los hechos que conformaron el Anschluss en 1938, Roselli, el interlocutor del protagonista, un especialista en el universo freudiano, despliega un gran cuadro de relaciones que ilustrarán los sentimientos que atravesaba una sociedad envuelta en un terror paralizante, donde el mínimo atisbo de resistencia podía traer consecuencias fatales. Angustia, frustración, desesperanza, impotencia, perplejidad; registros todos de un pueblo vaciado identitariamente por el afán desbordante del imperativo ario.

Freud, maestro y sabio de una ciencia que contaba con denodados seguidores como detractores, expresa los dilemas del profesional que carga con su impronta humana, el compromiso con sus estudios y el tortuoso escarnio al que su familia es sometida por parte de la Gestapo y sus lacayos; el sentido de pertenencia pero, asimismo, la asimilación de su amada patria devorada por el antisemitismo.

Su hija y discípula Anna, su criada Paula, la colega y confidente Marie Bonaparte, y el comisario Anton Sauerwald, el verdugo que elige callar la partida del psicoanalista, construyen un esquema narrativo a partir del cual Bergstein va hilando hechos, detalles, anécdotas y cuadros de situación que dan cuenta del infierno por el que el intelectual debió pasar antes de su escape a la capital londinense.

El concepto de debilidad es puesto en perspectiva por la novela como un sentimiento que debía ser borrado de la historia para sostener la imagen del superhombre del nacionalsocialismo. El fuerte, imperante, poderoso, dispuesto a doblegar a los que, por ser inferiores, no están capacitados para regir los destinos del mundo. La posible búsqueda de Hitler y de sus fuerzas, de los documentos que dan cuenta del trastorno psicológico infantil del führer, serán la guía de un texto que permite trasladar una mirada hacia el presente, donde abundan los impulsos capitalistas por construir una sociedad de rendimiento, transparente, superadora, incapaz de flaquear frente a los obstáculos de la competitividad.

Fusiles en el paragüero es una novela que permite una mirada profunda sobre el retorno de las persecuciones ideológicas, y de cómo la libertad solo es posible a partir de una lucha permanente contra aquellos que dicen detentarla en nombre de lo más sagrado.

Mauricio Bergstein
Fusiles en el paragüero
Espasa
2021

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