Literaturas

Modus Operandi | Desnudando el comportamiento social del gen argentino

El último libro de Ariel Idez es un compilado de cuentos que, entre lo fantástico y realista, visibiliza personajes provenientes del campo cultural argentino y donde, con metódica ironía, se construye una genial narrativa sobre nuestras cualidades.


Por Sofía Gómez Pisa.
@chapitasonica

Los personajes de Modus Operandi (Larria Ediciones) se mueven en la sociedad guiados por pasiones comprometedoras, obsesiones extrañas y un hacer del que bien podría desprenderse el ADN de una argentinidad delirante, contradictoria y siempre valiente.

Ariel Idez es Licenciado en Ciencias de la Comunicación, escritor y periodista. Ha publicado: entre otras obras, No vas a ser astronauta, Elogio de la Pérdida y otras presentaciones y La última de César Aira.

Para construir sus personajes, Idez se basa mucho en la observación de rasgos específicos de las personas que lo rodean y también en afinar el oído para captar las voces, porque, como decía Borges, “ahí donde hay una voz, hay un personaje”. En este sentido, dice, “no soy muy de escribir bajo el influjo de la inspiración, sigo más a Picasso en aquello de que prefiero que la inspiración me sorprenda trabajando”. Una de las narraciones más atrapantes del libro, es sin duda la historia de un periodista deportivo en “Break Point”, cuyo título parodia la conocida película de Allen.

“No soy muy de escribir bajo el influjo de la inspiración, sigo más a Picasso en aquello de que prefiero que la inspiración me sorprenda trabajando”.


¿Te valiste de tu experiencia como periodista para escribir “Break Point”?

Lo que puse en juego en ese relato no fue mi experiencia como periodista, ya que la misma se acota al campo cultural, sino mi experiencia como espectador televisivo de partidos de tenis, en la medida en que, como observaba Walter Benjamin, el aficionado deportivo se convierte en un experto de tanto seguir el juego y escuchar a los comentaristas. También evoqué mucho en ese relato la época de la “legión argentina”, cuando los tenistas argentinos disputaban una final de torneo casi todos los fines de semana. De hecho, el personaje de Marcos Sandiz es como una mezcla de Gaudio y Coria.

¿Existe un Modus Operandi actual en la escritura? Y en caso de que la respuesta sea afirmativa, ¿cómo opera en la construcción de estos cuentos?

No creo que exista un modus operandi actual, en el sentido de una ars poética, una forma de escribir que todos sigamos: Sí podría decir que esta es una época, a diferencia de otras en la literatura argentina, muy alejada de la experimentación, que tiende más al relato clásico, a contar historias, pero me parece que en general se escribe con mucha libertad, sin pensar en cumplir con ciertas reglas implícitas del campo literario. Hubo otros momentos en la historia de la literatura argentina donde me parece que se dieron algunas “corrientes” que orientaban la escritura, tanto para quienes se integraban a ellas como para quienes se les oponían, como podría ser el “compromiso” en la década del sesenta o la experimentación con el lenguaje en los setenta (por supuesto, generalizo). Ahora me parece que cada escritora y escritor hace lo que quiere, lo que siente, lo que le sale, y los lectores deciden. Tal vez sí diría que no sé si alguna vez hubo tantos autores publicados, tanta oferta literaria, lo cual es una ventaja y a la vez un problema para los lectores, que tienen que decidir qué leer.

Respecto a mi propio “modus operandi”, por un lado, trato de variarlo en cada libro, me gusta que cada cosa que publico tenga una impronta distinta y, en ese sentido, hago un esfuerzo en no repetirme. En este caso trabajo con el género del cuento, que tiene reglas bastante rígidas. Pero dentro de eso tiendo a pensar que mi escritura en este caso por pensar o arribar a una idea, una situación, el “¿qué pasaría si…?” del que hablaba Ray Bradbury como germen de la ficción y después ir desplegándolo, con paciencia, en todas sus facetas y todos sus detalles, hasta las últimas consecuencias. Como en “Carne”, el cuento que abre el libro, en el que me pregunté qué habría pasado si entre los artistas de la generación del “Di Tella” en los sesenta hubiera surgido uno que hiciera sus obras con carne y que empezara dándole formas figurativas a milanesas y de ahí a otra obra, y a otra, y a otra hasta una performance definitiva y final.

¿Tiene la narrativa la responsabilidad de describir la coyuntura de su tiempo, como lo hiciste con “Only Fans”?

Yo creo que la literatura no debe tener ninguna responsabilidad, más que la de su propia existencia. En otras palabras, pienso que la creación literaria (y artística en general) se resiente si se la somete a cumplir con ciertos requisitos u obligaciones impuestos desde fuera. Dicho esto, por supuesto que la literatura puede, llegado el caso, vérselas con la coyuntura que es lo que yo traté de hacer con ese cuento. De todas formas, esa opción siempre es riesgosa, porque el relato que parece tan “actual”, al ser publicado puede ir perdiendo vigencia con el tiempo y quedar desactualizado. Te diría que lo publiqué porque justamente los otros cuentos del libro me parecen bastante atemporales, por lo que me gustaba la idea de que hubiera un relato de “candente actualidad”. Aun así, cuando escribí ese cuento no tenía el título y yo imaginé una plataforma donde los usuarios pudieran subir contenido erótico personal para lucrar con eso, después me enteré de que existía y se llamaba Only Fans, lo que confirma que la literatura muchas veces anticipa la realidad, o que el delirio es solo realismo de anticipación.

“Esta es una época, a diferencia de otras en la literatura argentina, muy alejada de la experimentación, que tiende más al relato clásico, a contar historias, pero me parece que en general se escribe con mucha libertad, sin pensar en cumplir con ciertas reglas implícitas del campo literario”.

En muchos de los relatos que conforman Modus Operandi parece desprenderse el “gen” de la argentinidad…

Sí, es algo que me han hecho notar y que yo no había advertido. Daniel Mundo, en la presentación del libro, dijo que el hilo conductor era el sino trágico del “ser nacional”. De este modo, los relatos del libro, con apelación al humor, al grotesco, a lo fantástico, vendrían a demostrarnos que el “ser argentino” es condensarse en la tragedia, es decir, que todo lo que hacemos nos condena al fracaso, pero aun así no podemos dejar de emprender esos caminos con todas nuestras fuerzas. Es algo triste pero, al mismo tiempo, heroico. Creo una de las cosas que nos distingue en tanto argentinos es que siempre creemos tener la razón. Es terrible ser indeciso en este país, donde reina la certeza; ahora, esa certeza suele mostrarse falible, incluso errónea, pero eso no parece importarnos mucho como sociedad. Creo que intenté plasmar esa forma de ser tan particular en “Una tragedia argentina”, un relato sobre el conflicto en un consorcio alrededor de un arreglo edilicio. Ahí todos creen tener la razón, todos creen que los otros los quieren cagar y el resultado es un “triunfo” que deriva en tragedia. Puede que haya algo de microcosmos argentino en ese edificio.

En el epílogo del libro hablás de “covers” literarios. Si tuvieras que crear un álbum, una playlist, ¿qué títulos “remixarías”?

Uh, sería muy difícil armar esa serie. Me gustaría ir por el lado de “temas” no tan conocidos, es decir, trataría de no reversionar “hits”, como hice con “Larvas”, el cuento de Elías Castelnuovo que está en el libro como “Claridad”. Supongo que no podrían faltar “La larga risa de todos estos años”, de Fogwill, “El árbol de Saussure”, de Libertella, “La causa justa”, de Osvaldo Lamborghini, “Gracias Chanchúbelo”, de Laiseca, “Memorias de un pigmeo” de Hebe Uhart, “Lloren Riber” de J.R. Wilcock, que entre tantos otros son los que se me vienen a la cabeza.



Ariel Idez
Modus Operandi
Larria Ediciones
2023

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