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El Ardor | La lucha intestinal del sentir nacional

La obra de Marcelo D’andrea dirigida por Ricardo Holcer parte del dolor de un cuerpo laburante para narrar la lucha intestinal de una sociedad plagada de ciclos de crisis, enfrentamientos y degradación de su identidad.


Por Marvel Aguilera.

¿Cuál es la consecuencia de un shock estomacal? ¿Cuánto estamos dispuestos a digerir sin generar una revuelta y posterior estallido? ¿Hay una memoria estomacal que estamos ignorando? El Ardor de Marcelo D’andrea es una obra de introspección que nos pone de cara a la historia de tragedias y rupturas que han dejado huella en nuestro cuerpo. La violencia política, la domesticación social, las desigualdades estructurales, los discursos coloniales hechos carne. El eterno retorno de la crisis se traduce en un fondo negro. Una cabeza cortada cada vez que asoma por encima de la línea de ahogo. La historia de Argentina y sus luchas intestinas reverbera en cada recuerdo, en cada ilusión perdida, en cada revolución combatida, en cada ideal proscripto.

El protagonista es un mecánico que en la pequeña intimidad de su taller intenta reparar una sólida pieza, fallando en repetidas ocasiones. Un locro, el símbolo de ese criollismo patrio que nos conduce imaginariamente a lo argentino, hace tensión en su estómago. Revuelve, se esparce en el organismo y traslada al cuerpo a una situación límite donde los dolores y angustias pasadas se vivencian, regurgitan como espasmos; heridas internas de una nación en desarrollo, de una clase trabajadora en busca de emancipación, de una juventud emergente frente a los mandatos, de una identidad libre contra las estigmatizaciones.

¿Se puede reparar lo que internamente está crujiendo? ¿Somos espectadores de una patria maniquea o estamos dispuestos a ser protagonistas de nuestra revolución interior? D’andrea aglutina en su cuerpo más que una voz, configura una polifonía social y colectiva, una identidad que desborda lo corpóreo y trepida a través de la memoria del pueblo, de la educación sentimental, de los símbolos que nos hacen semejantes en tiempos de indiferencias y sesgamientos.

“Un locro, el símbolo de ese criollismo patrio que nos conduce imaginariamente a lo argentino, hace tensión en su estómago. Revuelve, se esparce en el organismo y traslada al cuerpo a una situación límite donde los dolores y angustias pasadas se vivencian, regurgitan como espasmos”.


En una escenografia que juega con las maquinarias, las chispas que friccionan lo estático, las luminarias inestables que convocan a una oscuridad de reseteo, El Ardor se compagina como una obra que hila los tejidos de la memoria; de los vínculos que nos trascienden pero sientan nuestro destino; de los sentimientos que se transforman en el tiempo, que cambian de acuerdo a un clima de época.

¿Vivimos en un cortocircuito constante? La obra dirigida por Ricardo Holcer nos invita a reflexionar acerca del conflicto y las disputas que forjaron los cimientos de la identidad nacional. De la civilización y barbarie al anarcocapitalismo. La patria, como la salud corporal, atentada por el coloniaje intestinal, se parasita una y otra vez de un virus que infecta la mirada sobre nosotros mismos, que nos desdibuja, que borra lo que padecimos para volver a sumergirnos en el mismo desamparo.

Foto: María Horton

En un presente donde la angustia vulnera el sentir colectivo de las mayorías, El Ardor de Marcelo D’andrea ironiza con ingenio sobre la tragedia más visceral de la identidad argentina.

Ficha Técnica y Artística

Actor: Marcelo D´Andrea
Diseño de escenografía e iluminación: Ricardo Holcer
Realización de escenografía: Marcelo D´Andrea
Vestuario: Claudia Curetti
Dirección: Ricardo Holcer

MUY Teatro: Humahuaca 4310, CABA.
Funciones: Sábados 22:00 hs.

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