El Pregonero

La derrota cultural | La necesaria victoria


Por Juano Villafañe.

Foto de portada: Luis Robayo / AFP

Hacia el Congreso Federal de Cultura y Comunicación

Estamos viviendo en nuestro país una gran derrota cultural. Los motivos por cierto son diversos. Pero es muy notable la enorme catarsis de relatos, reflexiones y comentarios que circulan por las redes, en el periodismo radial, en los medios escritos o audiovisuales. Resulta muy difícil detenerse y completar todas las lecturas posibles. Son muchos los protagonistas que producen este avasallante sistema informativo. Esta gran inflación comunicacional es comprensible por el momento angustiante que se está viviendo en todos los planos de la vida cotidiana. Es comprensible la necesidad discursiva constante. Un fenómeno cultural inscripto en la gran incertidumbre en que estamos todos los argentinos.

Vivimos en el vértigo constante y en la catarsis permanente. Se me ocurre que a esa situación testimonial de cada presente que nos toca vivir hay que ofrecerle posibles formas disruptivas, alternativas y prácticas sociales superadoras de los microclimas que se producen en la sociedad y en particular en el terreno de la cultura. Trato con esta nota de ofrecer algunas propuestas.

Sin establecer un sistema cronológico, ni ordenado necesariamente por ninguna lógica previa, anoto ciertos temas básicos que entiendo deberíamos considerar:

Revista ruda

  • Estamos frente a la necesidad de acordar un nuevo Pacto Democrático y un Frente Político de Salvación Nacional. La unidad debería ser el resultado de profundas discusiones políticas dentro de las grandes movilizaciones de rechazo a las medidas que se están tratando de imponer a los argentinos. El centro de un gran debate nacional debe estar asociado a la lucha en las calles.
  • Hay que pensar si los modelos prolijos de administración del Estado y el relativo reformismo de un progresismo político como forma de gobierno no están ya agotados. La situación que vamos a heredar de este gobierno no creo que nos permita regresar con un nuevo gobierno que administre prolijamente la crisis heredada y la nueva situación económica social. El daño que le hará al país este modelo anarco-capitalista y filo-fascista no podemos dimensionarlo todavía. Vamos a tener que pensar en formas revolucionarias de la política que reconsideren formas de gobiernos democráticos y populares, con grandes cambios estructurales que nos debemos los argentinos hace bastante tiempo.

“El daño que le hará al país este modelo anarco-capitalista y filo-fascista no podemos dimensionarlo todavía. Vamos a tener que pensar en formas revolucionarias de la política que reconsideren formas de gobiernos democráticos y populares, con grandes cambios estructurales que nos debemos los argentinos hace bastante tiempo”.

  • Hace falta una dirección política nacional de oposición y de gran alternativa. No podemos definir la dirección política a través de las encuestas. La dirección social desde la movilización del 24 de enero está representada por la unidad de los trabajadores con la CGT, las dos CTA, los Movimientos Sociales y las Organizaciones de la Cultura. A la dirección social hay que sumarle la dirección política.
  • Esta recirculación de relatos en su retórica de asociaciones solo entre convencidos debe encontrar formas disruptivas de comunicación, formas alternativas. La movilización en las calles es una de ellas, pero no la única.
  • Como siempre ocurre en las grandes crisis, estamos ante la oportunidad de realizar profundas autocríticas sobre los motivos por los cuales hemos llegado a la situación en la que estamos. Creo que el conjunto del sector político nacional no atendió como corresponde los nuevos deseos y necesidades que se expresan en la sociedad.
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  • Algunos de los temas (porque las variables culturales que están en juego son muchas) tienen que ver con la gran mutación cultural tecnológica que estamos viviendo, lo que produce una suerte de desterritorialización del ciudadano que no logra vincularse afectivamente con el barrio, el municipio o la comuna; las redes sociales lo disocian de la vida cotidiana y de sus vínculos tradicionales con la política y las organizaciones sociales.
  • No fuimos inteligentes en relacionar a las redes con el territorio y con las organizaciones básicas de la política. No hemos trabajado como corresponde en el uso e interpretación del rol de las redes y cómo impactan en el ciudadano. En el campo semiótico no llevamos adelante las diferenciaciones que existen entre las distintas subjetividades individuales, el significante vacío y las cargas de los falsos contenidos que han sido utilizados por la derecha política para conquistar voluntades electorales pasajeras, pero que permiten ganar elecciones. No todo se reduce a un análisis puramente economicista
  • En el campo de la disputa simbólica, sobre lo que representa el Estado, hemos perdido la batalla: para el imaginario del hombre común el Estado no lo representa, no se siente defendido y protegido por el Estado y se puso en duda por lo tanto su rol. Entre otras batallas, se ha perdido la batalla digital, la batalla semiótica, la batalla simbólica.
  • No existió tampoco una comunicación disruptiva que nos permitiera salir de los círculos viciosos; no alcanza con escribir o comunicarse con los que están totalmente convencidos, hay que pensar en nuevos modelos que permitan incluir la diversidad ideológica y social, hay que pensar en toda la sociedad en su conjunto y también en sus particularidades.

“No alcanza con escribir o comunicarse con los que están totalmente convencidos, hay que pensar en nuevos modelos que permitan incluir la diversidad ideológica y social, hay que pensar en toda la sociedad en su conjunto y también en sus particularidades”.

  • En lo generacional no comprendimos las nuevas condiciones del goce político que los jóvenes ven en las formas más irreverentes y contestatarias. En general el campo político nacional se ha hecho más conservador en las maneras de comunicarse con la sociedad. Resulta notable que para un sector importante de la juventud, los sectores políticos que defienden el Estado y las transformaciones sociales hayan pasado a ser conservadores y las ultraderechas neoliberales han pasado a representar las formas rebeldes.
  • En el plano de la cultura debemos todos como alternativa apostar para este año a la organización del Congreso Federal de Cultura y Comunicación con el conjunto de las organizaciones de la cultura reunidas en el Frente Cultural Federal y las Secretarías de Cultura de las Centrales del trabajo como la CGT, CTA-A y CTA-T, legisladores nacionales, provinciales y municipales, junto a referentes de instituciones del sector cultural, académico y de las artes, previsto para el 23 y 24 de mayo.
  • El Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas (FATRAC) propone una vez más la necesidad de una Ley Federal de las Culturas que cree el Ministerio de Cultura, el propio Ministerio será la autoridad de aplicación de esta ley, con un presupuesto no inferior al 1 por ciento del PBI, conforme lo determina la UNESCO. Hay que organizar el Consejo Federal de las Culturas con un porcentaje del presupuesto, pero en ese Consejo Federal de las Culturas deben estar representados también sindicatos, colectivos culturales y artísticos. De esta forma garantizamos un gobierno de la cultura nacional, federal, representativo, democrático y con un presupuesto como corresponde.
Foto del Paro y Movilización del 24 de Enero
  • También desde FATRAC proponemos una Nueva Ley Nacional del Audiovisual, La Ley que crea el Instituto Nacional del Libro, la Ley Nacional de la Danza, y la Ley Nacional del Circo, entre otra legislación cultural necesaria.
  • En FATRAC hace tiempo que venimos discutiendo la necesidad de lograr una soberanía digital y del comercio electrónico. El uso de la palabra, la circulación de metáforas, imágenes y símbolos por las redes deben tener sus derechos de autor. Hoy la palabra y la imagen no sólo tienen valor de uso, sino que tienen también valor de cambio.
  • Por eso, desde FATRAC también proponemos una Ley Nacional de Financiamiento Cultural, que se proponga una meta presupuestaria anual de alcance federal, cuyo fondo salga de gravar a las plataformas digitales de contenidos audiovisuales y que sea complementaria de la Ley Federal de las Culturas.
  • La distribución de bienes culturales debe ser democrática y federal. De la misma forma la producción cultural. Todas las provincias deben desarrollar sus industrias culturales y contar con presupuestos para la actividad artística. Hay que descentralizar, regionalizar, toda la actividad cultural que muchas veces queda concentrada únicamente en la Ciudad de Buenos Aires.

“Todas las provincias deben desarrollar sus industrias culturales y contar con presupuestos para la actividad artística. Hay que descentralizar, regionalizar, toda la actividad cultural que muchas veces queda concentrada únicamente en la Ciudad de Buenos Aires”.

  • Tenemos que volver a tener un Ministerio Nacional de Cultura.
  • Debemos debatir políticas de integración cultural con el Mercosur o Unasur Cultural para construir puentes y desarrollos conjuntos. En especial, con Brasil, Bolivia, Chile y Colombia, con México como país invitado.
  • Cuando se discuten temas culturales también estamos discutiendo el país que queremos, Un Congreso Federal de Cultura y Comunicación nos tiene que habilitar también a tratar temas de fondo asociados a la política, la economía y la sociedad, justamente para aportar a una profunda trasformación democrática del país.
  • La derrota cultural tiene en sí una serie de variables que debemos abordar con la mayor amplitud posible. Pero a lo disruptivo hay que agregarle alternativas políticas. A la producción teórica y de sentido hay que agregarle las movilizaciones populares, a los estados de las elites y las excelencias artísticas hay que agregarle los mundos plebeyos y las necesidades que hoy tienen los sectores más humildes de la Argentina. La victoria cultural es posible tanto en las calles como en las academias, en la medida que marchemos unidos en las diferencias, unidos en la diversidad. El Congreso Federal de la Cultura y la Comunicación es el gran objetivo que nos debemos dar todos y todas en esta batalla cultural constante para volver a la victoria.

*Juano Villafañe. Poeta. Director artístico del Centro Cultural de la Cooperación.

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