Música

Lol Tolhurst: el testigo de otros días

El lunes 18 de noviembre Lol Tolhurst, fundador y ex baterista de The Cure, brindó un show en The Roxy junto a la banda tributo Obsura Bananafishbones, en el contexto de la presentación de su autobiografía Cured, the tale of two imaginary boys en Buenos Aires. Un viaje en el tiempo íntimo a través de los sonidos de una época que perdura.


Por Esteban Galarza. Fotos Nazarena Talice.

“Vine al mundo el día que murió la música”, escribió en el primer capítulo de su autobiografía Lol Tolhurst. ¿Quién es el autor de frase tan terrible? Definirlo como fundador y ex baterista de The Cure no es hacerle entera justicia. De hecho, son simples datos sin espíritu y quien escribió frase tan contundente lo hizo tras haber vivido (y sangrado) mucho. Pero empecemos por lo primero.

Argentina y The Cure tuvieron un tercer episodio emblemático el fin de semana pasado. Tras los caóticos shows de Ferro en 1987 que provocaron un hiato de 26 años hasta el regreso de la banda en 2013, entre los fans de la banda se creía que faltaba una última reconciliación de The Cure con el público cada vez más numeroso de Argentina. El baterista, Lol Tolhurst, se presentó en Buenos Aires en calidad de autor de la autobiografía que buscó reconciliar al músico con su pasado y con su amigo Robert Smith.

La gira de presentación de la edición en castellano del libro Cured, the tale of two imaginary boys incluyó un show musical en vivo en Chile y Argentina como baterista en sendas bandas tributo (Fiction en Chile y Obscura Bananafishbones en Argentina). Además, Lol Tolhurst presentó su libro en La noche de las librerías, firmó en una sede de la cadena de librerías Cúspide en Recoleta y en el Grand Splendid de El Ateneo de la Avenida Santa Fe. Todos datos duros que no revelan la importancia de tener a un ex The Cure por estos días.

El lunes a la noche en The Roxy fue encantador porque en todo el evento hubo un hálito de festejo sin grandes pretensiones y con ganas de reencuentros. La idea del reencuentro es múltiple y tal vez difícil de transmitir en palabras: porque, ¿quién es Lol?

Ante todo, es un baterista de post punk, responsable de un sonido cavernoso, obsesivo. Se le puede atribuir a él junto con Stephen Morris de Joy Division / New Order, o el productor Martin Hannett, la creación de esa percusión que fusionó sonidos tribales con la podredumbre del estallido punk. La marca de sus baterías se percibe en la primera etapa de The Cure, desde Three Imaginary Boys (1979) hasta Pornography (1982); para luego pasar a ser el tecladista hasta la época de Disintegration, momento en el que es expulsado de la banda debido a terribles problemas de adicciones, insalvables para el normal funcionamiento de la banda. Pero todos estos datos aún no alcanzan para entender el sentimiento que genera el reencuentro de Lol con el público.

Lol es ante todo partícipe y testigo de la creación de la banda que más perduró de todo lo que fue el estallido del post punk en Inglaterra. Fue amigo de Robert Smith antes que coequiper en la diagramación de la banda; estuvo, vio, fue parte vital de los primeros shows dantescos de la banda y otras agrupaciones de post punk como Siouxie and The Banshees, The Pop Group, PiL, Gang of four, etcétera. Toda una generación que no tranzó su sonido aún mucho tiempo después de que varios de sus referentes hubieran caído en el olvido o traicionado el espíritu. Greil Marcus, en Rastros de carmín, trazó paralelismos entre esa generación y la dadaísta / surrealista de principios de siglo XX. Ambas estéticas nacieron a la sombra de momentos oscuros y reflejaron cual danza macabra medieval el espíritu de los tiempos. La idea de romper todo y comenzar de nuevo estaba en la cabeza de jóvenes que apenas habían pasado los 20 años. Y tal vez por eso esos Ícaros del siglo XX ascendieron tan rápido como descendieron: aspirar a construir una nueva cultura, un nuevo sonido puede quemar cabezas más rápido que el sol a las alas pegadas con cera. Y Lol ascendió, cayó, se despedazó y sobrevivió. El libro que vino a presentar es memoria de su tiempo, de su sonido, pero, sobre todo, de su amistad con Robert Smith en los años en los que eran dos chicos imaginarios (e imaginativos).

Aún cuesta entender el porqué de la fascinación de ver a un baterista ex miembro de una banda londinense, alejado de toda la escena desde hace décadas y cuando ya todo su tiempo pertenece a los libros de historia [NOTA: tal vez los viejos monstruos fascistas de su tiempo nunca murieron del todo y simplemente mutaron en los nuevos fascismos que leemos en las noticias de hoy]. Difícil dar cuenta en palabras del sentimiento, la estética y el espíritu detrás de un músico perdido en los días y los libros.

Ese lunes 18 de noviembre, Obscura Bananafishbone comenzó a tocar puntualmente a las 21 en The Roxy y el setlist, comprimido en una hora, incluyó solo hits. Ese sonido tan familiar era gracioso de escuchar en otros músicos distintos a la banda original. Complacían y agradaba reencontrarse con esos sonidos en vivo, sin entrar en detalles sobre lo perfecto o perfectible que pueda ser la ejecución de un instrumento u otro. Promediando el show, el cantante Rodrigo López introdujo al baterista, quien tras un breve saludo se sentó detrás y comenzó Three Imaginary Boys, tema homónimo del primer LP. Entonces el encanto ocurrió, la batería cobró otra presencia y décadas de distancia se sintetizaron en el momento. El sonido, la música, la presencia hermana. La banda ejecutaba los temas de un grupo que los acompañó tanto a ellos como al resto de los presentes en distintos momentos, íntimos e intransferibles. Pero al ejecutar la batería el intérprete original, The Cure se vuelve presencia real, tangible. Tocarían algunos temas más con Lol (Fire in Cairo, Play for Today, Grinding Halt, 10:15 Saturday Night y Killing an Arab), pero el momento ya se había consumado, el cierre de otra deuda pendiente de la compleja y mística relación de The Cure con el púbico de Argentina.

Como último regalo de la noche Lol pasó música durante una hora en la que la mayoría del público lo contemplaba como tótem sin prestarle tanta atención a los temas que se sucedían uno tras otro, de New Order a Siouxie and the Banshees, a Happy Mondays, a The Cure. Vestigios de un tiempo pasado que se volvió presencia por un par de horas, que tal vez no logren definir del todo quién es Lol Tolhurst, pero eso no importa: solo la música permanece.

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